“American Gods” de Neil Gaiman

De este autor únicamente había leido la multimentada “novela gráfica” (lo sé, yo también odio esa expresión) “Sandman” y visto el capítulo de los simpsons en que los personajes escriben un libro de fantasía. Sinceramente no tenía expectativas, si acaso sospechaba que probablemente se abordarían algunos temas mitológicos.

Y así fue, en parte. “American Gods” es ¿una novela? que empieza con un hombre misterioso llamado Shadow que está a punto de salir de la cárcel, donde cumplía una condena por no recuerdo qué crimen. El caso es que pocos días antes de cumplir el plazo es liberado a causa de que su esposa, la única persona en el mundo que lo esperaba allá afuera, ha fallecido en un accidente. Hasta ahí todo bien.

En su viaje ¿inexplicable? de regreso a casa Shadow es contactado por un misterioso hombre que le propone un trato demasiado bueno para ser verdad: mucho dinero a cambio de hacer sencillos encargos en su nombre. Shadow lo rechaza en varias ocasiones pero este hombre tiene el don de aparecer en los momentos más inesperados. Hasta que Shadow se da cuenta que no tiene a donde ir y acepta el sospechoso trabajo.

Hasta aquí todo bien.

Sucede que Shadow realmente no tiene que hacer muchas cosas, su trabajo consiste en acompañar a este misterioso hombre, llamado Miércoles. O Mr. Wednesday, si es que les ofenden las traducciones (parece que así le pasó a la editorial, que no tradujo el título al español. Yo lo leí en idioma original.). Vamos a hacer unos espoilers porque este libro no merece que le guarde sus secretos. Wednesday es Odin y tras unas páginas resultará más que obvio quien es Shadow.

“American gods” aborda el tema de los “dioses” que otros trajeron a América, como personas particulares, y el olvido que han sufrido a lo largo de los años y de la transformación de la sociedad americana, que finalmente los cambia por “dioses” como la fama y el dinero y las drgoas. Es alguna clase de metáfora.

Yo leí este libro luego de leer uno muy pobremente redactado y fue refrescante encontrar una prosa bien hecha. Lo que me llamó la atención en un principio fue que la encontre muy “articulada” en un sentido “arquitectónico”. Es decir, sentí que mostraba claramente los elementos de los que está compuesta sin apenarse ni nada. El autor estaba usando trucos y fórmulas por todos conocidos, sí. Pero lo hacía con maestría y eso no afectaba en ningún sentido a que la lectura fuera agradable y fluída.

Y así vamos llegando a la mitad del libro, sin grandes sorpresas ni sofisticado espectáculo. Todo aceptablemente “bien” y bonito. Estos dioses se pelean con aquellos por el hueso que les cae del puesto de los tacos que son las ocupaciones del hombre moderno. Hay grandes escenas bella y gráficamente y casi espectacularmente redactadas al inicio de muchos capítulos narrando lo que fue de los dioses antiguos al llegar a nuevas tierras. Hay momentos y personajes excelentemente descritos. Pero hay una gran desconexión entre todos los elementos de la historia.

Y hay una cosa que no puedo tolerar: el autor usa trucos y técnicas conocidos, lo cual no es bueno ni malo en sí sobre todo porque lo hace sabiamente. Pero entonces intenta plantar al final del libro unas cuantas revelaciones que… se veían venir casi desde el principio. El libro pierde mucho entonces. Y el texto es largo, largo, siente uno que quizá no lo va a terminar jamás. Y al investigar un poco más al respecto verán que ni el autor sabe muy bien qué hacer de su obra.

No lo sé, es un libro mediocre que deja muchos cabos sueltos y los que ata no son particularmente interesantes. Ademas cuenta solamente con un único párrafo quotable que graciosamente pertenece a uno de los personajes que quedan más sin resolver…

No lo sé. Sinceramente no lo recomiendo. No es un libro “MALO” pero hay textos tan hermosos, tan grandes, tan gratificantes que encontrarán en otros lados… que sencillamente les recomiendo no perder su tiempo con esto.

El primer rack, Part II

Fue por medio de los familiares de un amigo que llegó el tanque de 100 litros. Yo no sabía que las empresas de paquetería no permiten el envío de artículos de vidrio (ni de animales ni de recipientes con líquidos… que es por lo que no he conseguido camarones vivos). Estas personas venían de la ciudad dondé dejé el tanque a donde vivo ahora, en una camioneta de carga. Una llamada (y una desmañanada) a un familiar fue necesaria para realizar este envío.
100 lts

Este tanque fue mi primera pecera “seria” allá por 1996 y apabulla la mente pensar en el tiempo y esfuerzo que alguna vez invertí en lograr que hubiera vida en ella. La he tenido “retirada” por varios años. Y ahora que la recibí me di cuenta de que el tiempo no ha sido bueno con ella. El agua del grifo que he usado trae demasiados minerales y el vidrio se ha manchado horriblemente de salitre, haciéndolos quedar opacos y con una textura irregular en la que ya no pegan las ventosas con las que se fijan ciertos equipos. En algunas aristas el cristal está mellado, debido a las veces que se ha movido de lugar y ha golpeado con una y otra cosa y a los años en que ha estado sin vida en posición vertical.

100 lts - sarro

Los sellos de silicón aún soportaban la presión del agua y no dudo que haya podido instalarse así y estar feliz por muchos años. Pero no hay necesidad, recurrí a los profesionales y la mandé rehacer. Se le cambió el vidrio del frente y los pequeños de los costados. Las “vistas” como dijo el señor que los cambió. Costo total $260, y el señor me dijo que eran $160 del vidrio frontal, así que como en 1996 me costó la pecera completa $150 pues es oficial que por el precio original ya no se consigue uno de los vidrios principales. Los cristales de atrás y de abajo se mantuvieron y nada más mandé hacerles una limpieza. El costo no era problema, fue más que nada una cuestión de nostalgia. Por cierto que ya ni me acordaba de las estampitas de las chicas superpoderosas que traía en una esquina.

100 lts - estampas

Esta semana llegó el tanque “reparado”. Los sellos de silicón quedaron mejor de como estuvieron originalmente hace 16 años. Los marcos de aluminio, con los que nunca quedé satisfecho y que tienen una función estructural (en teoría evitan que los vidrios largos se curven a causa de la presión del agua) todavía tienen varias décadas de vida. Y pues estoy muy contento con los resultados, sobre todo porque estuve a punto de reemplazarlo con un tanque de 80 litros que costaba el triple.

Primer rack

Llegó el tanque con los pedazos de cinta canela y el penetrante aroma a silicón fresco. Puede que para algunas personas sea molesto pero a mi me trae pura alegría.

Primer rack

100 lts - cinta canela

Como ya había planeado instalar este tanque ya disponía de un filtro previamente colonizado con bacteria y la mayor parte de la decoración, así como tres brotes de vallisneria. Creo que no quedó tan mal. Ahora solo falta esperar a que la arenilla que sigue enturbiando el agua se asiente.

100 lts -  Vallisneria

La lámpara sumergible LED es insuficiente y creo que el tezontle perforado de la izquierda sale sobrando.

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Piedras…

La historia se remonta … ya no me acuerdo, pero como doce años pa’atrás.  En uno de esos dias de febrero con sus vientos locos, el árbol que estaba en el camellón frente a mi casa se derrumbó, arrancado de raíz por las violentas corrientes. Yo venía en autobús de la escuela y fue desconcertante ver que se desvió varias veces de la ruta de todos los días. Al principio me pregunté si no me habría equivocado de autobús pero, al mismo tiempo que los demás pasajeros, noté que había árboles caídos obstruyendo el camino. En una de esas desviaciones cerca de mi casa pensé que llegaría mas rápido a pié así que mejor me fui caminando.

Puse cara de what cuando di vuelta a la esquina, por un lado se veía la hilera de coches circulando a vuelta de rueda para salirse de la avenida y entrar a una calle secundaria. Por el otro, el árbol que había estado frente a mi casa yacía en el asfalto, tapando los dos carriles. Y claro, no podían faltar los mirones aquí y allá. Cuando me dí cuenta de la cara que tenía, lo segundo que pensé fue que no tenía mucho sentido: el árbol era de esos que crecen demasiado altos y flacos y ni dan sombra, dos personas podían fácilmente arrastrarlo y liberar por lo menos carril y medio. No era como cuando aquel camión de volteo con sabe Dios cuantas toneladas de arena se descompuso a media glorieta. Y como buen miembro de la comunidad y ciudadano ejemplar que soy, pasé de largo y me encerré en mi casa, desentendiéndome completamente del asunto. A la mañana siguiente algún superhéroe ya había tenido la misma idea y el árbol estába aventado a un costado del camino, la circulación ya era casi casi normal. Pero ni yo ni ninguno de los vecinos mirones del otro día nos habíamos dado cuenta de que aquél árbol ralito y medio feo ocupaba una posición estratégica. Con su ausencia ese tramo de camellón resultaba ideal para que los coches se saltaran las pobres guarniciones y dieran vuelta en la avenida, ahorrándose los 30 metros hacia el retorno más cercano.

Creo que a nadie le gustó la idea porque hubo varios planes que, como todo proyecto vecinal, terminaron en fracaso. La tía de la vecina de la cocina económica se organizó con las señoras del grupo de estudio de la biblia para hacer una coperacha y compraron y plantaron unos pinitos feos que no duraron ni el mes. El señor del acuario de la calle de atrás puso ahí su anuncio con una enorme flecha “Acuario y mascotas para acá” y hasta acarreaba cubetones de agua sucia para regar los arbolitos aquellos. Al estacionarse en un paseo a una presa un familiar atropelló a un pequeño maguey y yo arranqué los restos y los planté ahí. Pareció al principio que iba a vivir y ya me imaginaba pasando a un lado de mi tieso y espinoso maguey cada mañana. Pero el tránsito de peatones no perdonó y a las pocas semanas ya estaba todo pisoteado y ya ni me acuerdo en qué acabó, el caso es que murió/desapareció.

En una ocasión que un auto pasó vertiginosamente y se dió la vuelta por ahí y casi atropelló a unas personas que estaban esperando el autobús en la esquina de enfrente nos lo tomamos más en serio. Alguien puso un poco de cascajo, yo transporté desde la presa un piedrón como de ochenta kilos y fue necesaria una maniobra de la kombi con cejass en sentido contrario para lanzarla al suelo por la puerta corrediza porque nadie en su sano jucio la iba a colocar ahí de otra manera, problema que las soccer moms de ahora no tienen porque sus modernas minivans japonesas traen puertas de ambos lados. Era eso o meter una pick up de reversa pero no perdamos el tiempo en cuestiones de logística.

La piedrota cayó y sacudió uno de los cadáveres moribundos de los pinitos, para gran consternación del peluquero coreano de enfrente que me miró siempre con el ceño fruncido desde entonces. Los pinos no tardaron en morir pero la piedra no se inmutó. Como dice la canción, uno cuenta los siglos mientras ella parpadea. Y así estuvimos contentos un rato hasta que otro árbol aledaño se marchitó y la historia se repitió. Pero en esta ocasión ya nadie se lo tomó muy en serio. Sí, los riesgos para los peatones eran los mismos, los coches tuneados con deslumbrantes luces de zenón seguían pasando a velocidades vertiginosas que no permitían leer las placas y todo eso.

Y entonces a mí se me ocurrió plantar unos arbolitos. Llevaba 15 años viviendo ahí y otros tantos con ganas de plantar ciertas especies pero en casa los patios siempre se habían cubierto de concreto y ninguna maceta es suficientemente buena para un árbol (una de tantas razones por las que no soporto los bonsais, pobrecitos arbolitos torturados). Y pues tomó década y media para que la idea hiciera click y se me ocurriera plantar en ese camellón. No sabía muy bien cual de tantísimas opciones sería la correcta pero sí sabía que tenía que ser algo muy rudo y aguantador y como de un metro o más de altura para que tuviera al menos una oportunidad. Y quizá flores que no necesitaran mucha agua para ablandarle el corazón a los vecinos y que de vez en cuando alguno se acordara de echarle un cubetazo de agua. Para no hacer el cuento largo baste con decir que ninguna planta murió, aunque algunas si “desaparecieron” gracias a que el departamento de parques y jardines no está muy familiarizado con ciertos pastos africanos y los consideró una plaga, de modo que los removió de raíz. Me da mucha risa cuando paso por los jardines del nuevo mall “de lujo” en la ciudad y tienen exactamente esa planta, o cuando lo veo por entre las rejas del exclusivo campo de golf. También pueden encontrar la variedad “vulgar” de un color más claro en el parque bicentenario de SLP, donde tuvo que pasar un muy exigente casting para ser seleccionada entre otras muchas especies compatibles con el biotopo de la región. Ya ni ganas me quedan de señalar que era ideal para el suelo pobre y las escasas aguas que caen en la región. A veces algunas personas se roban las espigas pero no es el fin del mundo. Además crece muy rápido por lo que no es gran inconveniente que de vez en cuando algún bruto lo pise o algún jardinero incauto y descalaficado le de una rasurada con la desbrozadora marca Truper. La mayor preocupación sería la flamabilidad de las hojas secas pero ¿un incendio en el camellón? ¿en serio?

Bueno, frustraciones aparte, lo que noté es que esos empleados blanden su desbrozadora como si no hubiera un mañana y dañaban los pequeños troncos de mis arbolitos. Ahora una breve lección de biología: ¿cómo funciona un árbol? pues a grandes rasgos el tronco es una estructura fibrosa de multitud de vasos que acarrean agua y nutrientes del suelo a las hojas, conforme el árbol crece los vasos del centro del tronco mueren y se convierten en la columna de madera que soporta el peso de todo lo demás. Únicamente la capa más externa del tronco está viva, así que si quieres matar a un árbol basta con agarrar tu navaja y hacer un corte de unas dos pulgadas que le de la vuelta al tronco. O en menor escala para árboles jóvenes nomás hay que pasar la desbrozadora alegremente alrededor… por eso volví a la presa y me traje unas piedras como de 5-8 kilos para rodear y proteger los troncos. Y así fuimos todos felices un rato.

Pero entonces llegó la señora loca de la tiendita de baratijas de al lado con sus anuncios de cartulina y su soporte metálico de PTR que con la más leve ventisca se cae al piso. Y se le hizo fácil agarrar mis piedras y ponerlas en la base. Y pues ni modo, a pesar de que en una ocasión me vió examinando las piedras en la base de su anuncio y me dijo que las iba a devolver en la noche, lo más seguro fue ir y acarrear más piedras.

Los arbolitos del camellón, mal que bien, ya cumplieron el año. Ninguno murió. Y el otro día que pasé por un fraccionamiento residencial vi que en una casa habían puesto montones de piedras pesadas como que para que nadie se estacionara ahí (contradiciendo no sé cuantos reglamentos y normas de tránsito). Y pensé que algunas eran muy adecuadas para mis árboles. Y pensé en “robarlas”. Y luego me dio mucha risa porque ¡¿robar piedras?!

Las piedras no tienen dueño.

El primer rack

Me acuerdo que fue con un aguinaldo que decidí comprar una mesa para la TV. Luego de años de estar en muebles demasiado pequeños, feos y temblorosos, por fin le tocó ubicarse en algo firme y medianamente estético. Ahí pasó más de un año y luego cambiamos los quinientos kilos de cinescopio por una “pantalla” plana (ese antiguo televisor todavía existe y tiene pantalla plana, creo que es un término que ha llegado a perder su significado) que, conforme a las modas actuales, se colgó de la pared.

Por un tiempo usé la mesa como mesita de noche o buró. Uno de generosas dimensiones que por lo mismo y por mis habitos de acumulador de chatarra solamente contribuía a que la llenara de cosas y más cosas, llegando a extraviarla entre las cosas inútiles de mi habitación en una ocasión. Por cierto que me acuerdo que me costó $200 en una importadora del centro histórico.

Luego vino la mudanza y el qué te llevas y qué no. Y al planear la segunda remesa de cosas viejas resultó obvio que ahora si tenía un uso para esa mesita.

Mesa tubular antes

La usé como base de una pecera que compré hace como seis o siete años a un conocido. Me acuerdo porque es un conocido de la carrera. Su casa quedaba de camino entre la universidad y mi casa así que cerramos el trato y un día que salí de clases pasé a recogerla y me la llevé cargando en el autobús, como si fuera lo más normal. Muestra de que he alcanzado la tercera edad es que si me pidieran hacer lo mismo hoy en día, no aceptaría. La pecera tiene casi las dimensiones del clásico tanque de 10 galones que todos hemos visto y conocido pero con la peculiadidad de que es más alta, elevando su capacidad total como en 2.5 galones. Parece poca diferencia pero eso le da un tamaño más práctico para usos diversos y mayor capacidad y estabilidad biológica y, a mi gusto, una apariencia mucho más agradable. Mi conocido originalmente la usaba para un par de iguanas, hasta que les quedó muy chica. Fue el único tanque con el que cargué en la mudanza puesto que, muy apretaditos y de manera temporal, ahí podían vivir todos mis peces.

La mesita en cuestión tiene otra peculiaridad: mide 75 cm de ancho y por el diámetro del tubo, es muy estable y resulta ideal para sostener mi tanque de 100 litros, que no es que sea la gran cosa pero fue mi primera pecera “en serio” que mandé hacer allá por 1996. Recuerdo claramente que me costó la friolera de $150 pesos. Actualmente no te consigues por ese precio ni dos de los cinco vidrios que se necesitaron para fabricarla. Otra señal inequívoca de mi senilidad.

Ahora que tengo el espacio estaba pensando en instalar nuevamente esé antiquísimo tanque de 100 litros jugando con la idea de hacer un rack de camarones. Pero había un detalle: yo no me quería deshacer de la pequeña ex pecera de las iguanas. Y aunque el tanque grande cabe perfectamente arriba de la mesa, no cabe nada de nada en el entrepaño de abajo porque la altura entre los dos entrepaños no llega a los 33 cm (que por convención es la altura mínima de tanque que manejamos los profesionales). Eso sin contar que se necesitan como 15 cm adicionales para meter el brazo y manipular objetos dentro del tanque así como para las luces y demás accesorios.

¿Qué hacer? Pues me sorprende que me tomó varias semanas para que se me ocurriera lo obvio: llevar la mesita con un herrero (que he descubierto, en algunos lugares de la República les llaman “balconeros”) para que la modificara. Total, que desmonté mi tanque, que en realidad no estaba usando mucho que digamos, y la llevé. El señor, a pesar de todos mis intentos, se mantuvo firme y me cobró solamente $50 pesos.

Creo que algún día pintaré de blanco los detalles que quedaron pendientes. Y así comienza este experimento.

Mesa tubular despues

Hanako

El otro dá me pidieron que hablara de las cosas que me interesan. En respuesta dije “De acuerdo, en ese caso hablaré de ‘koi’ (que en japonés puede entenderse como “amor”).” La persona, sin embargo, me malentendió y dijo a manera de reproche: “No, no; te lo pregunto en serio. ¡Interesado en el amor! ¡Debes estar bromeando!” Sus palabras me indignaron un poco y le dije “Lo que llamo ‘koi’ no es lo que significa ‘amor’, me refiero a las carpas, una especie de pez de estanque.” “Oh, ya veo; por favor hábleme de eso.” Así es como empecé a hablar de la carpa roja que tenemos en nuestro hogar en Gidu, el lugar donde nací. Cariñosamente llamamos a esta carpa “Hanako”.

Bien, podemos encontrar a la carpa en todos lados, pero esta carpa roja que tenemos, “Hanako”, tiene 215 años de edad. Les sorprenderá saber lo preciosa que es. De acuerdo al Sr. Masayuki Amano, que es un notable entusiasta de las carpas y ha trabajado en la Estación de Pescadería Experimental en la Prefectura Niigata, conocida por su producción de carpas, esta carpa es uno de los peces más longevos que han existido. Dice que ha visto algunas carpas de más de cien años de edad, pero ninguno que pase los 200 años, y que uno que alcance los 215 años es precioso más allá de toda medida, desde el punto de vista científico. Yo, en lo personal, me pregunto sobre la longevidad que nuestra carpa está gozando.

No existía en el mundo un país como los Estados Unidos de América todavía cuando nació esta carpa. Pasaron venticinco años hasta que América publicó la Declaración de Independencia en 1776. Es muy interesante pensar que durante los largos años que esta carpa ha vivido, un país llamado Estados Unidos de América ha surgido y ha construido su presente cultura de alto estándar. Si hablamos en términos japoneses, la carpa nació el primer año del Horeki, es decir, a mitad de la Era Tokugawa. Por favor consideren lo larga que ha sido su vida, sobreviviento el shogunate y más tarde el avance Meiji y Taisho, y aún así continuando con vida hasta este dia de Showa.

Hanako se encuentra todavía en perfectas condiciones y nada majestuosamente en un tranquilo barranco que desciende a corta distancia del Monte Ontake. Pesa 7.5 Kg y mide 70 cm de longitud. Ella y yo somos los mejores amigos. Cuando la llamo diciendo “¡Hanako! ¡Hanako!” a la orilla del estanque, ella viene sin dudarlo a mis pies. Si la acaricio ligeramente en la cabeza ella parece complacida. A veces me atrevo a sacarla del agua y abrazarla. En una ocasión una persona que me vió me preguntó si estaba haciendo algún truco con el pez. A pesar de ser un pez ella parece sentir que es amada, y parece haber alguna comunicación de sentimientos entre nosotros. Actualmente uno de mis más grandes placeres consiste en ir a mi lugar natal dos o tres veces al mes y pasar un rato con Hanako.

Con frecuencia me preguntan cómo puedo saber la edad de un pez. Así como un árbol tiene sus anillos anuales, un pez tiene  tiene sus anillos anuales en sus escamas, y solamente necesitamos contarlos para saber su edad. De hecho, no podemos hacerlo. Se necesita la ayuda de un especialista y el uso de un microscopio. Ahora, ¿qué me ha hecho comprobar la edad de una carpa? Se dice que mi abuela del lado materno, que dejó este mundo a la edad de 93 hace unos ocho años, escuchó de su suegra la siguiente anécdota: “Cuando me casé, mi suegra me dijo, ‘Esa carpa ha pasado a nosotros de tiempos más antiguos, debes cuidarla bien.’” Cuando me dijeron esta historia, me dió mucha curiosidad saber qué edad tenía la carpa. Descubrí la edad de Hanako por el método mencionado anteriormente, pero pueden imaginar lo mucho que me pesó verme forzado a tomar una escama de su precioso cuerpo. La atrapé en una red cuidadosamente, y repetidamente le pedí que me perdonara. Tomé un par de escamas de su cuerpo usando fuertes pinzas. Las escamas fueron examinadas por el Profesor Masayoshi Hiro, D.Sc., del Laborat de Ciencias Domésticas del Colegio de Mujeres de Nagoya. Le tomó dos meses llegar a un resultado satisfactorio. Usando un microscopio, fotografió cada parte de las escamas. Parece que le presentó muchas dificultades. Cuando tuvo la seguridad más allá de cualquier duda de que la carpa tenía 215 años de edad, ambos intercambiamos una mirada de encantada sorpresa.

Entonces hice que el Profesor examinara las otras cinco carpas del mismo estanque, tres blancas y dos negras. El examen tomó un año, y se encontró como resultado que tres tenían respectivamente 168, 153 y 149 años de edad, y que las otras dos tenían 139 años. Esos resultados nos llevaron a la convicción de que no solo se trata de carpas raras, sino que su existencia es muy preciosa desde el punto de vista científico. Debemos considerar, entonces, en qué ambiente y bajo qué condiciones estas longevas carpas se encuentran. El estanque se ubica en lo profundo entre las montañas de la Provincia Mino. La localicad se llama Oppara, pueblo Higashi-Shirakawa, condado Kamo, y se encuentra más o menos a la misma distancia de las aguas termales de Gero en la Línea Takayama como lo está de la ciudad de Nakatsugawa en la línea central, ambas líneas pertenecientes a los Ferrocarriles Nacionales. En las cercanías se encuentran las aguas termales rústicas llamadas Oppara-onsen. De cara al sur hacia el Pacífico en lo alto del Monte Ontake, se puede observar la localidad al pie de la montaña. A través de la localidad corre el Shirakawa, un tributario del Río Hida que a su vez es la parte alta del Río Kiso. Una corriente de agua limpia nunca cesa de fluir durante todo el año. Este es el agua que fluye en el estanque en que vive Hanako y que fue cuidadosamente construido con piedras en el pasado. Aparte de eso, agua pura brota de los pies de los arroyos de las montañas cerca a la laguna, por lo que las condiciones son aún más favorables. El estanque no puede ser llamado grande, siendo tan sólo de unos cinco metros cuadrados.

Mi familia, del apellido Koshihara, ha sido la cabeza del pueblo de generación en generación desde el comienzo del shogunate Tokugawa hasta la abolición de los clanes y el establecimiento de las prefecturas en la era Meiji. Tanto la casa como el estanque se encuentran en sus lugares originales y no han cambiado en nada, lo cual puede ser comprobado por los antiguos documentos que se manejan hasta el día de hoy.

Ahora, quisiera pedir su atención para escuchar un pequeño poema que escribí acerca de la carpa roja Hanako.

Poema de Hanako, la carpa roja

Vive en nuestro estanque Hanako, una carpa
Más de doscientos años y todavía.
Todavía brillantes llamas es Hanako, la carpa roja
Puesta a nadar hace mucho tiempo en Horeki por nuestro padre.
Un día brillante después de la lluvia, un pez killi cruza el camino
De la carpa roja que venía a mí a mi llamada.
Hanako, Querida, tú comes alimentos de mi mano
A continuación, con cariño pruebas mis dedos vacíos.
La carpa de edad, a sabiendas de toda la historia de la familia de los nuestros,
Profundo bajo el agua límpida se ha ido.

Aquí, cambiando del tema de la longevidad de las carpas, me gustaría referirme a la esperanza de vida del humano. No hace falta decir que no me dedico a la medicina, pido que escuchen con una mente abierta.

El período de vida de todos los seres vivientes ha sido asignado por Dios, y la humanidad no puede hacer nada para cambiarlo. Animales grandes como las vacas y caballos pueden vivir 30 a 40 años cuando mucho, mientras que animales pequeños como las carpas tienen una vida de 60 años, y rara vez pueden alcanzar los cien años de edad. Se dice que la vida de todos los seres vivientes es mantenida por un lipoide, ácido nucléico y proteína que están contenidas en cada célula. A esto se le llama con el nombre genérico “escencia de la vida”. Por lo tanto creo que se debería analizar las células de una carpa que puede vivir tanto, para saber cuantos lipoides, ácido nucléico y proteína, los componentes escenciales del cuerpo, contienen y que propiedades tienen estas escencias. Entonces probablemente podamos recomponer las células del cuerpo humano  de manera similar a las células de la carpa. Cuando se complete la investigación, será posible para los humanos vivir hasta 200 años. Esta es la era en que el hombre no solo está tratando de alcanzar una revolución de energía atómica sino aspirando a viajar por el vasto espacio en cohetes. Deseo de todo corazón que el hombre ponga un fin a su descabellado intento de destruir a la humanidad con la explosión atómica y se entregue a la revolucionara hazaña de extender la vida humana, siguiendo el ejemplo del primer emperador de la Dinastía Shin, en lugar de dejarse absorber por el vano intento de alcanzar la Luna.

Pareciera que el reciente método científico consiste en establecer un principio hipotético primero y luego proceder a demostrarlo con hechos. Yo prefiero los métodos de Edison, el rey de la invención que soñó con hacer tal y tal cosa y finalmente lo logró con base en la ciencia. Corresponde a la esfera de la bioquímica, creo, estudiar la extensión de la vida humana con base en la realidad que permite a las carpas vivir tanto tiempo y esperaría que la nueva generación haga frente a esta hazaña de hazañas.

Recientemente le conté a un científico acerca de este sueño mío y él me elogió al decir “Es una maravillosa idea, de hecho, en el mundo sin sueños de hoy.” Me complació mucho escucharlo decir eso, pero yo tenía una duda que le pedí que aclarara. Le pregunté “Si los componentes del cuerpo humano son exitosamente modificados a la manera de los del cuerpo de la carpa ¿no cambiaría la constitución y forma del cuerpo humano a los del cuerpo de la carpa?” Inmediatamente me respondió “No debes preocuparte. Los cromosomas del hombre son muy diferentes a los de la carpa.” Ahora hagamos todo lo posible, con la mente tranquila en el intento de prolongar la vida de la humanidad.

Traduzco pobremente libremente de acá (donde se puede encontrar más información e imágenes), aunque el texto está ampliamente disponible en diversas fuentes. Se trata de la entrevista al Dr. Komei Koshihara, Presidente del Colegio de Mujeres de Nagoya, que se transmitió a la Nacion Japonesa en la estación de radio NHK a las 9:15 p.m. el 25 de Mayo de 1966. Hanako murió el 17 de Julio de 1977, a la edad de 226 años. Existe cierta controversia sobre la veracidad de esta historia.

- Después de que él falleció, vino ella y me preguntó qué creía yo que debía hacer: irse o quedarse.

- ¿Y qué le contestaste?

- Que era su decisión y yo no podía decirle qué hacer, fue todo.

- No creo que le haya ayudado.

- Es que realmente, cual sea el camino que escoja, no puede equivocarse.

- ¿No te das cuenta? Eso era lo que necesitaba oír.