Un servicio de primera

Fabricas de FranciaAhora les voy a contar lo feo…

El empleado de Cinépolis entra al baño y por un instante se queda mirándome, incapaz de comprender qué hago ahí. Es sábado, poco después de mediodía. Elegí el baño del cine porque es el más limpio y el que está más vacío a esta hora. El empleado da una vuelta por los alrededores, me mira sospechosamente pero, al ver que me pongo un lente de contacto, sigue su camino tranquilamente. El niño que entra después de él no entiende porque le miro con una gran sonrisa, y se dirige a los mingitorios. No se da cuenta de que lo sigo con la mirada, cubriendo alternativamanete cada uno de mis ojos con la mano, examinándolo detenidamente mientras hace lo suyo. Y una gran sonrisa se dibuja en mi rostro. Ha terminado la agonía.

El inicio de la historia se remonta a octubre, cuando empezé a buscar donde hacerme unos nuevos lentes de contacto, en vista de que los que tenía habían cumplido su año de servicio y expirado en agosto. Pero aún funcionaban razonablemente bien, sin molestia alguna y eso había suficiente para, con el buen espírutu de “deja para mañana lo que puedes hacer hoy”, “si no está descompuesto, no lo arregles” y “las fechas de caducidad son siempre exageradas”, dejar pasar mucho tiempo y estar considerando la idea de sacarle los seis meses extra de jugo a la pasada inversión oftalmológica.

Sin embargo mi familia me hizo entrar en razón, y el domingo 23 de octubre elegí el departamento de óptica de Fabricas de Francia para mandarme hacer un nuevo par de lentes de contacto. Lo recuerdo bien porque ese día fui a un bautizo y me dieron un recuerdito con la fecha. Mi decisión estuvo basada en los meses sin intereses, el 20% de abono a monedero electrónico y sobre todo, en las anécdotas que había escuchado, “te hacen el examen, abren un cajón y te entregan tus lentes en ese mismo momento”. Ah, caí seducido esperando la misma sofisticacción en la administración de operaciones aplicada a la BigMac. Cualquiera que ha tenido que mandarse hacer unos lentes o alguna pieza dental de refacción me entenderá, la tentación es simplemente demasiado grande. Me atendió una señorita de look profesional y amable, solicitó mis datos y me pidió que tomara asiento frente a uno de esos modernos aparatos de alta tecnología que no sabría explicar. Ya antes me habían hecho la prueba con uno similar, en el que se ve como una estrella verde que poco a poco se va enfocando, pero este era más amigable, se veía un campo con una cerca y una pintoresca cabaña al fondo. Tras enfocar y desenfocar un par de veces, el aparato dejó salir lo que parecía un ticket de compra, pero que en realidad era la más exacta medición de la aberración esférica y cónica de mis globos oculares (mi graduación, pues) realizada hasta la fecha. Por primera vez nada de aparatosas gafas de lentes intercambiables y carteles de letras en distintos tamaños, que ya me sé de memoria. Como cliente, eso te hace sentir muy confiado, y como ingeniero, uno se deja seducir por la tecnología, en especial cuando la maquinaria en cuestión está conectada a una computadora. Sonrientes cerramos el trato, a pesar de que el costo había ascendido a los $1’600 y se me dio como fecha de entrega el 2 de noviembre, porque me alegré ante la noticia de que mi miopía y astigmatismo se habian detenido, pues la graduación era exactamente la misma que la última vez.

Pero el 2 de noviembre fui a la tienda y mis lentes no estuvieron, solamente me dieron un número teléfonico para preguntar cuando llegarían y evitarme la molestia de tener que ir a la tienda en persona. Todavía un poco ilusionado, comienzo a llamar todos los días, hasta que me contestan con el fatídito y temido nosotros le llamamos y entonces ya sólo me quedaba esperar. Fue hasta el 16 de noviembre que recibí la llamada y acudí a la tienda. No estaba la señorita que me había atendido, sin embargo un hombre que parecía igual de profesional me dió las cajitas, preguntó si ya había usado lentes de contacto y yo, confiado de ver que la etiqueta indicaba la graduación adecuada, le dije que sí y me fui sin probármelos. En mi casa me probé primero el derecho y todo en orden, si acaso un poco extraño pero podría ser normal en vista de que eran nuevos y de otro tipo, que nunca había probado pero se supone es mejor. A la hora de ponerme el izquierdo comenzó la tragedia. Veía borroso. Después de extensivas pruebas con el calendario, la TV y la foto de la boda de mis padres estaba muy claro que el izquierdo no funcionaba adecuadamente. Aquí es donde debo aclarar que compré de los lentes que duran un mes, o sea que tenía yo doce pares en total. “Puede que sea un pequeño defecto”, pensé, y saqué de su empaque otro lente izquierdo. Igual. Imaginen mi desencanto.

En Fábricas de Francia no sólo hay empleados, hay personas…

… y las personas se quivocan.

Al día siguiente me dirigí a la tienda y, como soy una persona muy razonable, les expliqué el problema, tanto a la empleada como al empleado que me había entregado los lentes. Se pusieron en el plan de no hay cambios ni devoluciones, además, como ya había sacado dos lentes del mismo ojo, parecían determinados a mandarme muy, muy lejos. Yo exigía le devolución de mi dinero o la solución al problema más una compensación por el tiempo de retraso y las molestias. Al final acordaron volverme a hacer el examen de la vista, pero debía ir sin haberme puesto lentes desde que me despertara y como al día siguiente tenía examen, les dije que podría ir hasta el sábado. Así lo hice, pero al parecer llegué a la hora de la comida y el empleado me dijo que debía realizarme la prueba la señorita que me había atendido, que volviera en hora y media. Tranquilamente me dirigí a servicios al cliente donde informé a una señorita de mi problema y le presenté la queja de que no se me permitía hacer la devolución. “Ahorita lo atiende el jefe del departamento, vaya a óptica, ahí lo espera” y volví a óptica solo para encontrarme con el mismo empleado que me había mandado a esperar… Discutí con él un rato y entonces un misterioso señor de traje y reloj fino, con una sonrisa y un rostro de infinita amabilidad, se metió en la conversación y propuso que me realizaran el examen en ese momento. Vaya, tan fácil que hubiera sido hacerlo desde el principio, total, el jefe de departamento que antes me había pedido que esperara fue el que lo realizó. Para consternación de todos, la prueba arrojó exactamente el mismo resultado, con precisión de dos decimales.

Me mandaron con mi oculista, dijeron que me hiciera el examen con él y ellos me harían lo que él mandara. Media semana de complicaciones en localizarlo y hacer la cita, pero ya estando ahí inmediatamente vio el tipo de lente que había comprado (tóricos) y dijo que eran muy problemáticos. Me los puse, hice el examen tradicional con el cartel de letras y quedó muy claro que ninguno de los dos lentes servían bien. Fue el examen de la vista más penoso, yo que al menos le tenía fe al derecho. Al parecer lo que sucedió es que como tengo miopía y astigmatismo en teoría el lente tórico es el único que puede resolver los dos problemas juntos. Sin embargo, mi oculista me recomendó unos que sólo sirven para la miopía, pero compensan el astigmatismo con un pequeño ajuste en la graduación. Para determinarlo, consultó una extraña tabla numérica, detalle que le ganó mi confianza, porque fue lo único que los empleados de Fábricas de Francia nunca hicieron. El primero de diciembre fui a dejar mi receta al departamento de óptica y la señorita la recibió, muy seria. Ya no me prometieron fecha de entrega, llamé un par de veces, en otra ocasión mi hermana andaba por ahí y pasó a preguntar. Le dijeron que para el 5 de enero.

Enmedio de todo eso surgió la oportunidad de hacerme unos nuevos lentes de armazón, o sea lentes convencionales, no de contacto. Fue algo así como un programa de asistencia social, costaron $700, todo incluído, y son de policarbonato con antirreflejante y todo eso. Me los retrasaron una semana y aún así los tuve a los 16 días. Tienen un pequeño defecto, pero funcionan, bendito Dios, funcionan. Ya no pensé jamás en quejarme de ese detallito. Quedé mucho más satisfecho.

Mamá, no sé cómo le voy a hacer, pero hoy regreso a casa viendo bien…

El sábado 14 de enero regresé a Fábricas de Francia, dispuesto a no irme de ahí sin una solución definitiva. Pregunté amablemente si ya tenían mis lentes, la misma señorita de siempre me pidió mis datos y fue a buscar a su bodega o que sé yo dónde. Cosa muy curiosa, siendo que cuando mi hermana preguntó en diciembre y dió mi nombre, la empleada le dijo “ah sí, Kurazaybo, lo tenemos muy presente”. Regresó con la respuesta que esperaba: un no, y que llamara el martes. Sin embargo mencionó que había una diferencia de precios y que me devolverían una parte de lo que había pagado. Quise saber si el martes sería la fecha difinitiva y dijo que no.

Kurazaybo: “Ok, ¿puede llamar al gerente de la tienda?”
Empleada: “¿Para qué? ¿qué es lo quieres?”
Kurazaybo: “Hablar con él…”
Empleada: “Sí, pero ¿qué está mal?”

Creo que para esta altura ya todo mundo sabe la respuesta, pero ella, muy amablemente, no tenía idea. Esas tres sencillas palabras son la pregunta más estúpida que alguien me ha hecho en la vida. Me contuve y le dije que lo que estaba mal era que ya tenía dos meses y medio esperando y todavía no me podían dar una fecha. Ella asintió y fue a la caja a hacer una llamada, por lo que alcancé a escuchar sólo le dejó un mensaje. Me pidio que esperara. Me puse a ver los lentes de sol y unos armazones de madera, mientras oía que ella, el jefe de departamento y el misterioso hombre elegante de la vez pasada, discutían sobre qué hacer. De pronto la voz de ella resonó en mi cabeza “¿Y si hacemos la devolución”? Caray, es lo que estaba esperando… me llamaron, me preguntaron si tenía monedero elctrónico y me pidieron que les prestara mis recientemente hechas gafas, a lo que obviamente pregunte para qué. No me dieron respuestas claras, luego comprendí que pretendían obtener la graduación a partir de los lentes que llevaba puestos, los de la asistencia, y que iban a tramitar la devolución de los que había comprado ahi, cargar el importe a mi monedero electrónico y luego cobrar de ahí un nuevo par. Abrieron un cajón enorme lleno de paquetitos de lentes de contacto y empezaron a buscar unos que correspondieran a los de la receta de mi oculista, al advertir esto les dije que en efecto esa era mi graduación, pero que el doctor había recomendado la graduación de más abajo, sí, esa, la que compensa el astigmatismo… siguieron buscando y me dieron cuatro pequeñas cajas con los lentes adecuados. Los recibí, dije “espero que no haya más problemas” y me fuí.

Había pensado en probármelos ahí mismo pero ¿qué diferencia habría? Quedaban muchas preguntas sin contestar ¿por qué es que la transacción me había descontado $9 de mi monedero electrónico? ¿acaso el misterioso hombre trajeado era el gerente de piso? ¿qué pasó con la llamada al gerente de la tienda? ¿por qué no se habló más de la devolución de la diferencia? ¿para qué me hicieron esperar tanto si era cierto lo de que ya tenían los lentes en un cajón? Por eso decidí probarme los nuevos lentes lo más pronto posible y elegí el baño de cinépolis. Funcionaron perfectamente, incluso aún mejor que mis lentes de contacto que acababan de retirarse. Fue uno de los momentos más felices de mi vida.

Pide tu deseo…
Fabricas de China

El lunes siguiente fui a buscar al gerente de la tienda, resulta que se llama Luis Alar y se le localiza preguntando por él en el departamento de mueblería. Acudió al llamado casi de inmediato, es un hombre alto y de voz potente, no me es difícil imaginarlo como estudiante de LAE o algo así. Estrecha mi mano con fuerza y pregunta qué ocurre. Le digo que la verdad voy a presentar una queja y me invita a sentarme en una fina sala de piel beige. Al principio de mi relato hace algunas preguntas e incluso parece auténticamente sorprendido de que no se le llamara cuando lo solicité. Ofrece ir a aclarar la situación con los empleados de óptica, pero yo lo rechazo, ya no quiero tratar con ellos. Me aplica la técnica del vendedor* y me ofrece una disculpa, asegurando que esa no es la forma de trabajar de su tienda y que de inmediato revisará qué sucedió. Creo que en parte era lo que buscaba, que a alguien pareciera importarle un poco por lo que yo estaba pasando. Tal vez mucha gente no lo entienda. Ah, y me quedé sin compensación de ningún tipo. Mejor no vuelvo a comprar en tiendas nice nunca jamás.

Cuando salgo de la tienda imagino que, a mis espaldas, el departamento de óptica arde violentamente en llamas. Como en las películas de acción.

*Técnica del vendedor: modelo de discusión-enfrentamiento en el que se deja hablar libremente al oponente hasta que ya no tiene nada que decir y, agotado y en vista de que su contrario no reacciona, finalmente sucumbe. Se basa en la teoría de que, si vas a vender algo usado, ganarás la confianza del cliente dejándolo hacer todas las preguntas y contestándole amablemente, en vez de destacar las cualidades del producto, lo cual sólo generaría desconfianza.

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Estufa

La estufa nuevaDesde la noche anterior me avisaron “duérmete temprano para que mañana cuando traigan la estufa nueva, ayudes a meterla a la casa”, pero no hice mucho caso. Por eso cuando esa mañana me despertaron al son de “ya llegó la estufa, ¡córrele!” tardé un poco en levantarme. Me vestí y cuando salí ya era tarde, la estufa nueva estaba en la cochera y el señor que la trajo esperaba solamente a que le dieran el visto bueno, mientras los ojos de toda la familia recorrían la estufa de arriba a abajo verificando que todo estuviera en orden, salvo por mi padre, quien no se dignó levantarse siquiera.

Todo el día lo tuve que dedicar a sacar de su lugar la vieja estufa, que más bien era un pedazo de chatarra, y el refrigerador, porque estorbaba para meter la nueva. Mi padre llegó a la casa a media tarde, cuando ya iba yo como a la mitad del proceso y la estufa vieja descansaba plácidamente a mitad de la sala. Ahí estaba yo, limpiando, desconectando, jalando y empujando, descubriendo un sinfín de maravillas perdidas detrás y abajo de la estufa vieja y el refrigerador, que no se habían movido en años. Harry Potter y la cámara de los secretos saltaba derrepente en mi cabeza. Mi padre ayudó un poco con el refri, nadamás. Luego me pidió que le ayudara a subir la estufa vieja a la camioneta para venderla como fierro viejo “¿me vas a ayudar a limpiar?”, le pregunté. Dió media vuelta y yo seguí limpiando, mientras a lo lejos se oía como si alguien subiera chatarra a una camioneta. No hubo necesidad de decir nada más.

Más tarde, con un peso de casi 60 Kg, la estufa vieja fue vendida por el precio de $30.

Folklore

La esculturaAcaba de pasar la comida de la carrera ISC y no puedo evitar hacer la comparativa con lo que ha venido siendo años atrás. Antes no alcanzaba la comida, había manteles y profesores con los que daba gusto platicar. Incluso iba Escamilla, el director del campus, a darnos una vuelta. Pero ya no, ahora la comida sobra, cabemos todos en unas cuantas mesas y para donde quiera que volteo veo profesores que tienen mucha cola que les pisen. Y no dan ganas de sentarse con ellos. ¿Alguien notó la cara de compungida que tenía Fabiola? ¿o al nuevo profesor, Rafael Fernández, con sus aires de grandeza y su sangronería insoportable? Me reconforta que Luz Adriana sigue siendo agradable, lástima que no da ninguna clase.

Pero no puedo decir que sea malo en su totalidad, de alguna manera todos formamos parte de ese ambiente, esa cultura. Ya es parte de nuestra identidad, querámoslo o no. Como nuestros padres cuando se ponen difíciles. Por eso me puse a pensar en todo lo que forma parte de ser un ISC del Tec campus San Luis. Lo primero que viene a mi mente es la imagen de Luis Murillo en uno de aquellos eventos para promocionar la carrera cuando apenas estaba viendo si me inscribía. Le pregunté qué diferencia había entre ISC, ingeniería en informática y otras carreras e inmediatamente y sin saberlo estuve expuesto a su inseguridad, sus comezones, su hablar dudoso lleno de este… y esas cosas. O por ejemplo cuando conocí al pata en las clases de computación I y II, me da pena admitir que yo creía que era un muy buen maestro, pensaba que sabía de lo que hablaba, que sus chistes tenían su gracia oculta en algún lugar y que sí me estaba enseñando a programar porque, al no explicar nada, uno tenía que hacer todo por su cuenta y genial, esa era la manera de trabajar en la universidad, ya por fin no era como en el kinder. Gran error. También forman parte Fabiola, los acrónimos y los ruteadores, Fernando Solar alimentándose en su oficina o quedándose atrapado en el elevador y Julián rescatándolo, previa carcajada.

Algo que me molestó fue que en esa comida Luis Murillo se acercó a algunos ISC y les platicó de una propuesta de trabajo, pidiéndoles que lo mantuvieran en secreto y no corrieran el rumor ¿por qué? ahí si quién sabe, la propuesta era de la empresa blueDNA y a mi gusto sí dejó qué desear, pero a la vez es de las propuestas más realistas de las que he sabido. Esas extrañas ideas de Luis por mantener el secreto nunca las comprenderé, para empezar de lo de blueDNA se envió un email a todo el mundo o por ejemplo una hace dos semestres manejó muy por debajo del agua una oferta de la empresa Fisher, sólo con los alumnos de más alto promedio y que según él llenaban el perfil. Ninguno de los que él mandó estuvo interesado, y cuando, en vista de lo ocurrido, otro incauto le pidió que le diera los datos de la empresa para ponerse en contacto, Luis simplemente le dijo que no, alegando lo del promedio. Luis, por favor, tan siquiera que quien los rechaze sea de la empresa ¿no?

Eso sólo habla de la integración de mierda que existe entre los ISC, disculpen la expresión, pero es muy cierto. No sé si a todo el mundo le ha pasado que mientras están todos juntos todo parece ser alegría y amabilidad, o de menos un trato razonable. Pero apenas se cierran las puertas del elevador o alguna persona poco popular sale del salón, todo se transforma y quienes antes le daban un saludo amigable empiezan a hablar pestes de él (o, muy improbablemente, ella). Me ha tocado saber de casos en que alguien que de plano no soporta a cierta persona y se dedica a hacer campaña de desprestigio, muy amablemente accede a formar equipo de trabajo para todo el semestre con él. Puede que sea un comportamiento muy profesional, pero de menos que dejara de hablar mal de él ¿no? porque ¿a quién engaña? al final todos sabemos lo que se dice de todos…

En verdad que lo que constituye la cultura y el sentimiento de ser ISC son cosas que muy fácilmente podrían pasar desapercibidas. La escasez de mujeres, el no despegarse de la laptop, los polis golpeando la máquina expendedora para no perder su dinero por algún producto atorado, el laboratorio de redes, la voz desentonada de Fabiola, las certificaciones, las comidas ISC y Luis Murillo rolando de mesa en mesa haciéndose el gracioso… como decía un cuate, todo es parte del folklore.

Elisa Carlos

Retrato art�stico de Elisa CarlosPara ti, Elisa, porque sé que mis palabras no te harán justicia…

Curso propedéutico para entrar a una prestigiosa prepa en el verano de 1999. Yo venía de una secundaria muy mala. Quizá todavía eran tiempos algo turbulentos para mí porque, después de haber tenido una vida tranquila y medio elegante en colegios bien, había ido a caer a una secundaria que de fina y elegante no tenía nada. Pero eso me abrió un poco los ojos a la realidad. Me había ido muy bien en esos dos años, viéndolo en perspectiva quizá porque tuve una ventaja injusta pero eso no importa, el caso es que se había tomado la decisión familiar de que regresara a los colegios de prestigio y ahí estaba, en ese curso propedéutico.

Se trataba de estar sentado varias horas al día repasando temas de física y matemáticas. Elisa era licenciado en física y por eso ella daba el curso. Era aburrido, cansado, las galletas emperador de nuez acababan de salir al mercado y su aroma me sacaba de concentración con frecuencia cuando un compañero abría furtivamente un paquete en clase. Yo era muy serio y callado, pensándolo bien me sorprende que haya hecho amigos. Y ahí es donde entra Elisa. Su clase simplemente no era normal, ella era una mujer de edad, quizá una septuagenaria consumada pero poseedora de una agilidad mental extraordinaria. Dominaba completamente el cálculo y la física, amaba su profesión. Su sentido del humor, siempre alegre, siempre agudo, nunca faltaba para hacerle frente a las más insospechadas circunstancias de la vida. Valiéndose de él, Elisa era capaz de instituir la más prodigiosa disciplina en sus alumnos.

Personajes imaginarios como el niño del mal, la niña del bien y la palabra “TAREA” eran la herramienta clave. Al iniciar la clase Elisa era como cualquier otro profesor que repartía ejercicios, explicaba ecuaciones y se quejaba de que mi signo de igual no estaba a la misma altura que la línea indicadora del cociente, en los renglones de mi libreta cuadriculada. Pero apenas comenzaba el desorden en clase, Elisa escribía en una esquina del pizarrón “TAREA” y tachaba la primera letra. Ese último gesto era suficiente para hacernos callar al instante porque la experiencia nos había enseñado que no era buena señal: si seguía el desorden la maestra tacharía la letra siguiente y al tachar la última dejaría una tarea de investigación o algun trabajo monumental de varias decenas de páginas de extensión. Habría que entregarlo el lunes siguiente, escrito a mano. Sin embargo, si nos portábamos bien y había orden y silencio por un rato, ella dibujaría en lo alto una niña con alas, armada con un arco. Si el orden seguía la niña del bien dispararía una flecha y la letra tachada sería liberada de sus amarras. El niño del bien era similar pero a la inversa, se presentaba en casos de extremo desorden y tenía mañas como poder tachar las letras de dos en dos, aniquilar a la niña del bien o simplemente verle las pantaletas por debajo de la falda. Un sistema poco convencional, una analogía quizá fuera de lugar en una preparatoria pero que funcionaba y más aún, que demostraba la peculiaridad de una mujer que ha hecho del humor una fortaleza para seguir adelante.

Por cierto que una vez dejó algo así como veinte páginas de la biografía de Oppenheimer y yo la hice por adelantado para luego no andar a las carreras… pero Elisa la canceló, estoy casi seguro de que soy el único que la hizo. Gran moraleja para los que son precavidos

Así es Elisa Carlos Dávila. Buena para jugar al ajedrez, pero no tan buena como para reconocer que retrocedió ilegalmente un caballo para no perder. Excéntrica, pero muy cuerda. Culta, llena de anécdotas. Alguna vez nos platicó que cuando estudiaba la preparatoria quiso participar como actriz en una obra de teatro para ver si se le quitaba lo tímida, pero no funcionó. Esas, contadas chuscamente con el ánimo y la vivacidad que yo no soy capaz de reproducir, fueron sus palabras para motivarnos a apoyar a un compañero que iba a hacer una función con el fin de recolectar fondos para la fiesta de graduación.
Portada del libro de Elisa
Yo no supe de su afición a la literatura hasta muy tarde, cuando ya prácticamente no la veía. Pero le di a leer mi ópera prima, un fracaso teatral titulado “El lado izquierdo”. Ella fue lo suficientemente delicada como para criticar únicamente la extensión de los diálogos y la excesiva “blancura” del texto y no desanimarme. Elisa dejó el colegio antes de finalizar mi último semestre ahí, en medio de rumores y oscurantismo institucional. Fue casi al mismo tiempo que se fue mi profesor de inglés, Mario Abán. No se despidió, sólo nos mandó con una compañera su dirección de correo electrónico y el mensaje de que no había ido a decirnos adiós porque no habría podido contener las lágrimas, y que si queríamos podíamos mantener contacto por email.

No sé si alguien más le haya escrito, pero yo lo hice buscando conocerla más, dándome cuenta de que no había apreciado lo que había tenido, sorprendido de haber conocido a alguien asi. Mantuve con ella comunicación, no me contó mucho de su vida, nunca supe como es que perdió a su marido y creo que no la conocí suficiente para admirarla como lo hacen otras personas que la conocen.

Algunos fragmentos de sus cuentos:

“Un hervidero de sensaciones olvidadas le recorría el organismo e imágenes confusas de señoras nadaban desnudas en su mente.”, en Relámpago en invierno.

“Joyita de los campos ruborosa
que beberá este jugo blanquecino
quiero de ti tu boca primorosa.”
, fragmento de Margarita.

“…miró hundirse en el horizonte las últimas casas del pueblo, y tuvo la certeza de que jamás volvería. Al único ser por el que hubiera regresado, lo llevaba dentro.”, de Unas hierbas mojadas.

“Un calorcito de esperanza se instaló en su pecho mientras pensaba, que tal vez, al final del camino, cuando las estrellas se apagaran para ella, una sonrisa, como la última de Juan Bautista, florecería en su boca.”, tomado de El legado de Juan Bautista.

Se dió entre nosotros esa especie de amistad por carta basada en la literatura, yo le mandaba algunos escritos míos y ella me contestaba con su opinión profesional, dándome apoyo:

“Querido Kurazaybo:
Tu relato es un buen relato en serio, creo que ese es tu camino, escribir. No dejes nunca de escribir aunque sea una línea antes de ir a dormir, creo que tienes talento. ¿Cuéntame qué estás leyendo? ¿Cuáles son tus libros preferidos? ¿Qué personaje literario se te ha quedado grabado para siempre en tu corazón? Hay en tu relato uno que otro pequeño detalle sin importancia, revísalo cuando haya pasado un tiempo y lo vas a descubrir. Vuelvo a repetir el relato es muy excelente (sic.), sería muy bueno que buscaras algún lugar donde publicarlo. Me despido con cariño
Elisa Carlos”
Elisa en clase
Ese apoyo ha servido de mucho, todavía lo siento y se lo agradezco. No sé que tan cierto sea lo que dice de mi talento, yo sólo escribo porque me gusta hacerlo. Elisa es escritora, no fuí a la presentación de su libro el 29 de noviembre del 2002 en la casa de la cultura, ya no recuerdo por que, pero tengo una copia de “Una ayuda ficticia”, que es un libro de cuentos humorísticos que ella escribió. Ha publicado varios libros y tratado temas de ciencia ficción, pero la verdad yo no conozco esa faceta de ella. En alguno de esos correos le conté que estaba yendo al gimnasio del Tec y que había visto a alguien desmayarse ahí. Ella me compartió su opinión:

El gimnasio es uno de los lugares que me hacen pensar en tanta energía desperdiciada, se me ha ocurrido que todas esas máquinas estimuladas por graciosos fisicoculturistas pudieran muy bien ser aprovechadas para poner en movimento pequeños motores que sirvieran para algo, por ejemplo una máquina para hacer tortillas, algúnos ventiladores en un local vecino, transformar esa energía en energía eléctrica y calentar en tiempo de invierno algún salón de clases, etc. etc. Creo que los gimnasios son los lugares en dónde la energía se transforma en vanidad, deben de ser buenos para las personas con una baja autoestima, y para descargar la angustia de los narcisistas. Algo positivo debede haber ahí.”Por lo visto ella no creía en aquello de “Mente sana en cuerpo sano”. En una ocasión en que Elisa dejó de comunicarse por un largo tiempo, me comentó que su madre se había fracturado una mano y estaba con ella. Nunca pude verla en persona porque todos nuestros intentos fracasaron, sin embargo me la encontré en Carranza a la altura del jardín de Tequis en el verano del 2004. Fue la última vez que hablamos. Ya algo tarde la entendí, cuando me escribió:“Soy más bien humorista o irónica o sarcástica no sé exactamente. Creo que huyo de la solemnidad como del chamuco, creo que hay cosas más serias en la risa que en la pura solemnidad.”

Uno suele ir por la vida abriéndose camino y, con un poco de suerte, se topa con alguien peculiar en su forma de ser y de ver el mundo, alguien capaz de enriquecerle de verdad. Me gusta pensar que son como flores en el camino.

Se te extraña mujer, se te extraña.

Bienvenido a mi pueblo

Mujer: “Honey, sometimes when you go to sleep you go on a little walk, and sometimes you talk about a place called Silent Hill.”

Niña: “I don´t remember”

Así dice el trailer de la película de Silent Hill, que ya está disponible en el sitio oficial, bellamente acompañado del soundtrack original del primer Silent Hill. Normalmente las películas creadas a partir de videojuegos son un fracaso, un insulto mayúsculo a la audiencia y los fans hemos quedado casi siempre defraudados. Si acaso quedará en alguna parte de la conciencia popular el recuerdo de “Mortal Kombat”, aquél film de 1995 que demostró que las películas de videojuegos podían ser una realidad más o menos competente, que si bien no podía competir con los estrenos veraniegos de Hollywood, era capaz de entretener, mantener satisfechos a los fans y ganar algo de dinero extra para la franquicia. Pero después… baste con decir que la historia no se ha repetido.

Mi primer encuentro con el juego no fue muy agradable, un amigo me lo mostró y yo sólo vi a un hombrecito con zapatos de caja de kleenex sacando una llave atorada en un grifo de agua y entrando a una habitación con una jaula ensangrentada. Todo muy mal iluminado por cierto. Luego ya le di una oportunidad y acabó siendo el juego que más me sorprendió y uno de los pocos que he jugado de principio a fin en más de una ocasión. Las imágenes de las que me llenaba, a pesar de ser de mala calidad, evocaban un gran terror a la vez que un sentimiento de encanto muy extraño. Como acabar amando a una muñeca fea y desgastada. Me gustó mucho la música, de hecho en ese respecto es mi favorito porque los sonidos tienen fuerza y sutileza a la vez, echan raíces en lo más recóndito de la memoria. Bueno, no tiene mucho caso contar de él si no lo conocen, me imagino que resultaría incomprensible. Sólo quisiera mencionar que la propuesta estilística e intelectual de Silent Hill me parece la más interesante y compleja de los videojuegos en la actualidad, no como videojuego en sí, más bien viéndolo como un producto cultural y de entretimiento. Es posible en él encontrar referencias obvias, como los nombres de las calles que pertenecen a renombrados escritores de historias de terror, a algunas más rebuscadas como la atmósfera y la metáfora tremendamente similares a “Pedro Páramo” de Juan Rulfo. Y como olvidar ese detallazo en Silent Hill 3 cuando Heather descubre un cadáver semioculto en el muro “Oh como en el gato negro” (de Edgar Allan Poe).

Yo estoy sorprendido por la increíble fidelidad con que el look del juego ha sido trasladado a la pantalla. Al menos en el trailer, es reconocible al instante y no defrauda. Ejecutivos de hollywood, tomen nota de cómo hacer buen marketing para promocionar su producto a los fans: dénles lo que esperan. Se mantiene la oscuridad, la neblina y hasta las enfermeras-monstruo, el pyramid head y el aspecto granulado del video. Las escenas oscuras no serán pobres en detalle porque se filman en formato de alta definición. Es curioso saber que en realidad la película no surge de una iniciativa gringa ni japonesa, sino del francés Cristophe Gans que quiso trasladar la idea al cine al conocer el videojuego (para saber más del diferente enfoque que Japón y USA le dan a los videojuegos chequen esta galería. En particular la versión japonesa de “Backyard Wrestling” me resulta más interesante que su contraparte americana). Él es el director de “Pacto de lobos”, una película extraña y que divide opiniones pero con mucha atmósfera, que era de lo que siempre pensé que carecería una adaptación al cine de Silent Hill. El sonido, elemento clave del concepto y la experiencia, se mantiene gracias a que Akira Yamaoka, músico de toda la vida de la franquicia, es el responsable.

Pueden leer algunas entrevistas aquí y aquí, y ver algunas galerías de stills del film aquí, aquí y conocer algo de los escenarios reales del pueblo de Canadá en donde se filma aquí. La foto que acompaña a este post no es auténtica pues la tomé yo, debo confesarlo, en un intento de recrear el feeling del juego.

Espero con entusiasmo, el estreno es en abril de este año (en USA, claro ¿qué esperaban?), y aún si la película es una bobada será muy reconfortante volver a ver ese trailer y soñar con lo que pudo ser. Los dejo con las primeras palabras que se escuchan en Silent Hill 2 (ya sé que el 1 es el único universalmente bueno, pero a mi también me gustó el 3):

In my restless dreams,
I see that town.
Silent Hill.
You promised to take me there again, someday.
But you never did.
Well, I’m alone there now…
In our “special place…”
Waiting for you…

Y ahí vamos, directo a la butaca.

Actualización: ya está disponible un trailer más completo, bájalo aqui(32 MB).

La máquina no lo entiende

NextSTEP on Mac OS X

Hoy estuve llorando.

“…The Intel chip…”

No recuerdo muy bien cuándo o como fue que tuve contacto con una computadora por primera vez, probablemente en 1993 cuando cursaba el tercero de primaria y mi familia adquirió una Olivetti 286 con disqueteras de 3 1/2 y de 5 1/4. Nunca corrió Windows. De vez en cuando veía a mi madre, secretaria bilingüe titulada, tecleando alguna tarea de mi hermana a una velocidad tal que se necesitaria video de muy alta velocidad para distinguir sus dedos. Resultó ser más que una máquina de escribir magnificada y pronto, apoyado por los poderosos recursos de bases de datos de Microsoft Works, eché a andar mi propia institución bancaria miniatura con un innovador servicio de cuenta de ahorros en el que los intereses eran proporcionales a la cantidad de dinero y tiempo que el cliente dejara sus monedas en mis manos. A la larga ese proyecto fracasó, no porque yo perdiera el dinero de los cuentahabientes sino porque no pude generar suficientes ganancias. Mis ojos aún eran vírgenes frente a las posibilidades. Yo conocería los videojuegos gracias al Famicom (NES edición japo-tepiteña) y tendría mi primer encuentro con el internet 4 años después, en el ahora desmantelado laboratorio subterráneo de la UP donde, incapaz de comprender que esos mouses con un solo botón significaban algo que no volvería a ver jamás: un laboratorio de puras Macintosh, me infiltré como último recurso para buscar una tarea.

“…For years, it’s been trapped inside PCs…”

Luego caería en mis manos el libro “Introducción a la computación” (súmenle otro a la Editorial McGraw Hill) de Peter Norton (sí, el del antivirus). La edición vieja en blanco y negro, no las estúpidas ediciones actualizadas. Esas páginas me darían la oportunidad de conocer las posibilidades verdaderas de la computación, pues cubría temas desde el génesis de la PC y los sistemas operativos, hasta implicaciones ergonómicas, sociales y prácticas de seguridad. Lo más fascinante, sin embargo, eran los apartados al final de cada capítulo, titulados “Qué esperar en el futuro” en los que el señor Norton se daba la libertad de soñar con los pies en la tierra, hablando de lo último en experimentación como redes neuronales, realidad virtual y los sistemas informáticos del futuro. Su enfoque es tan perfecto que la mayor parte de esas especulaciones son válidas hoy en día, con la única diferencia de que ahora nos sentimos un paso más cerca de alcanzarlas.

“…Inside dull little boxes…”

Ese sería el inicio de mi incansable interés por conocer más del tema porque, como dijo Arthur C. Clarke, “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Quise llegar a la verdad detrás de la magia y cuando supe suficiente me di cuenta de que jamás podría abarcarlo todo. Pero al menos tengo una buena idea y esa inquietud es tal que ha marcado profundamente mi vida. Por eso estudio Ingeniería en Sistemas Computacionales, a mucha honra como María la del Barrio.

…”dutifully performing dull little tasks”…

De todo lo que he aprendido de computación, leyendo bizarros y espesos sitios, estando al pendiente de la última tecnología, tratando de comprender como funcion la magia, como una maquinita estúpida e inanimada puede entender las letras, imágenes, sonidos e incluso crearlos. Como es posible que se puedan establecer comunicaciones sin errores, sistemas que se autocontrolan, máquinas que aprenden. Lo que más me ha sorprendido ha sido descubrir que la computadora no es más que una abstracción, que de alguna forma todo lo que hace no es real porque todo lo que hace no lo entiende, no tiene la menor idea. Es el ser humano el que resuelve todos los problemas, los abstrae y los reduce en pequeños trocitos que pueden ser trabajados por un montón de fierros viejos electrizados. No importa la pequeña diferencia de que esos fierros son producto de la más avanzada ingeniería, fabricados con el más alto grado de precisión microminiaturizada, sometidos a los impulsos eléctricos más finamente controlados con los que se pueda soñar. No, no importa, para mí sigue siendo un milagro que esa enorme pirámide de abstracciones trabajando una sobre otra no sólo no se caiga en pedazos, sino que trabaje de modo razonable, que nos haga adictos porque para nosotros esos detalles pasan desapercibidos, al igual que para la computadora no significan nada las imágenes y letras, el significado se lo ponemos nosotros, volvemos a dotar todo de un alma en proceso igual de fascinante y mágico.

“… when it could have been doing so much more…”

Todo eso ha quedado demostrado ya muchas veces, estoy seguro de que ustedes lo experimentan día a día y no sé si me comprendan, si ustedes todavía se sorprendan con ello de vez en cuando. Yo no pude menos que maravillarme cuando supe de algo llamado NextStep que pretendía cambiar al mundo. Con el tiempo el ese producto fracasó, pero la gente trabajando en él no se dió por vencida, decidieron morir una muerte digna luchando, cambiando el mundo una vez más creando OpenStep, un robusto entorno de desarrollo orientado a objetos con la peculiar habilidad de compilar aplicaciones que correrían en más de seis plataformas distintas. Sí, un hecho que casi no se menciona en los libros de historia es que la idea detrás de Java no es tan original. Esa fue la demostración más brutal de que el mundo efectivamente opera en capas que son independientes. Han sido abstraídas exitosamente.

“…Starting today, the Intel chip will be set free…”

Disculpen si los aburro, yo soy el tipo de persona que se conmueve al ver la versión de NextStep para Intel corriendo en un emulador de procesadores Intel en Mac OS X y procesador Motorola. Si te necesito explicar que NextStep fue adquirido por Apple y ahora es la base del Mac OS, que fue renovado y actualizado con tecnología que quizá no sea la mejor, pero que sigue teniendo muy buenas intenciones. Que lo que me conmueve al verlo es el gusto de ver que la tecnología que me inspira no solo no ha muerto, sino que ha sido superada por su hijo y que hay en algún lado del planeta alguien igual o más geek que yo, entonces no me comprendes.

Perdona, para mí significa mucho saber de la doble vida secreta que ha estado viviendo la tecnología de la que hablo. Son las ideas con las que yo crecí y cualquiera puede tener una ilusión IT. Y si para tí eso no significa nada, entonces entre tu yo existe la misma distancia que entre una persona y una computadora, porque la computadora en realidad no entiende nada. Pero no me juzgues, este post no es sólo por mí, es por toda la gente que ha dedicado al menos una parte de su vida a comprender y construir un universo abstracto pero con una función.

“…and get to live life inside a Mac…”

Todo esto surgió porque hoy, por fin, Apple pone a la venta computadoras con procesadores Intel. Si eres tan geek como yo y estuviste al pendiente de los rumores, ya sabías que esto iba a suceder justamente hoy. Pero en la realidad no me había golpeado hasta que vi el primer spot* para la TV, via MacTV. No, no es que crea que los productos de Apple son mágicos, rebeldes o estén de moda, ni que Intel sea el rey del mundo. Yo creo que la tecnología nos da herramientas y las opciones son siempre buenas. Nunca he visto una caja de herramientas con una sola herramienta. Como sea, Apple aún se esfuerza un poco, fue la primera en sacar al mercado una computadora personal (léase: “no servidor”) de 64 bits con el lanzamiento del G5 y hoy es la primera en anunciar una laptop de doble núcleo. La competencia podrá hacerlo también, pero no tiene el mismo encanto. Fue un momento que marcó mi vida, porque me despertó emociones que no me había dado la libertad de sentir, la emoción infinita de saber que pronto, en algún lugar, un teen adinerado le dirá a su papi que le compre una MacBook Pro para entrar al Tec porque, ilusionado con su iPod, esperará la misma atención al detalle y calidad. Tal vez la encuentre, tal vez algún ISC se compre una pensando que es un buen pretexto para por fin tener la máquina que corra Linux, Windows y Mac OS. Pero lo importante no sucede ahí, la belleza se presentará cuando insertes un disco del viejo Xbox en un Xbox 360 y, via emulación cada maldito byte será invertido por algo llamado endianness, que no me atrevo a traducir. Cuando en una Mac con procesador Intel esa inocente y voluptuosa muchachita LAE quiera usar un programa nativo para PowerPC y pueda hacerlo gracias a la más moderna y sofisticada tecnología de software. Nadie se dará cuenta de el monumental castillo de naipes que hay detrás de todo eso, y ahí está la magia.

Por eso el anuncio de la MacBook es uno de los más emotivos que he visto en mi vida, ya lo vi cinco veces y seguirá dando vueltas en mi cabeza por un buen tiempo, así como una canción llegadora es escuchada una y otra vez cuanto te han roto el corazón. Y si ves una lágrima destellar en mis ojos no te preocupes, es de alegría. El gozo de ver mi sueño de niño hecho realidad y poder decirle a todos los que dedicamos nuestra vida a esta absurda abstracción que es la computación: “misión cumplida”.

“…Imagine the possibilities…”

Perdónenme por ser tan geek.

* Requiere Quicktime 7, pero puedes ahorrarte la molestia con VLC.

Colisiones

Creo que ya hemos pasado muchas veces por eso del regreso a clases y ya esos días no resultan interesantes, pero ayer si me llevé algunas sorpresas. Para empezar Fabiola llegó así como la ven en la foto, con falda y botas como queriendo recuperar la juventud perdida o recordarnos que debajo de todo eso sigue siendo una mujer. Bueno si es así, después del shock inicial, se le concede. ¿A poco ese cabello al hombro no es genial para disimular la encantadora papadita?

Pero luego llegó la hora de la clase de Julián y sus desalentadores anuncios de que se va Fernando la mascota Solar, el pata (a quien le debemos todo lo que sabemos de Java y de programación en general) y al final lo más notorio: que Julián ya no va a ser director del departamento de computación porque ya no existe esa dirección. O sea que ahora las quejas de los ISC serán desatendidas por el Mocte, el nuevo director académico. Un paso más hacia la extinción de los ISC.

Por eso me puse a recordar las grandes impresiones y sorpresas que me he llevado en clases, y creo que una de las más grandes pasó apenas el 11 de noviembre pasado, el viernes que tocaba un examen final de redes 3, cuando el poli llegó al salón y dijo “que no va a haber exámen porque la maestra se accidentó“. Vaya, ese si que fue un momento para no saber si reír o llorar.

Maestra, no es verdad que los puentes evitan las colisiones…