Adiós buzón

El buzónEn el primero de secundaria la clase de español era muy rara, el Profesor Jaramillo era la primera persona a la que veía tomarse el asunto de la enseñanza de ortografía y lenguaje en serio, bastante en serio. No que fuera un tipo gruñón, al contrario, era muy agradable y mantenía el interés con una variedad de actividades. La clase era todos los días, al igual que la de matemáticas. Pero en esta clase se requerían tres libros distintos: el clásico texto de teoría que cubría las reglas de gramática y estilo, un libro de ejercicios (y extensos) ejercicios de ortografía y “El galano arte de leer”, que es un libro difícil de definir pero ha sido el único que he conservado y del que he sacado el mayor provecho. A grandes rasgos se trata de una antología de textos cortos de variados autores; al final de cada lectura se sugieren algunos ejercicios. La metodología del profesor era enseñar teoría lunes, martes y jueves, ejercicios de lectura con “El galano” los miércoles y dedicar los viernes a la ortografía. Además había que entregar el reporte de análisis de una noticia cada lunes.

Una de las primeras lecturas del galano es “Del trato que se les da a los libros”, de Eugenio D’Ors (sí, muy conocido en su casa), que comienza así:

“Ante el libro, reconozco inmediatamente al hombre de cultura. No necesito saber su manera de entenderlo. Ni siquiera su manera de leerlo. Me basta ver su manera de manejarlo.

Hay ciertos movimientos, casi instintivos, que designan, desde la infancia, a quien será más tarde hombre de cultura. Hay, al revés, forma de maltrato a los libros, pronta denunciante del bárbaro que leerá muy poco o los leerá sin provecho.”

Y sigue una serie de comparaciones y detalles que apesar de aburridos son muy ciertos. Los libros son una cosa muy extraña que sirve para cualquier propósito y siempre me he sentido inclinado a conservarlos. Una vez mi hermana me lanzó un tomo de la enciclopedia por las escaleras, que dio varias volteretas por el piso y se le desprendió la pasta. Siempre creí que había sido una especie de falta de respeto hacerlo. En otro incidente más desafortunado, hace unos años fui a un cibercafé a hacer una tarea de filosofía, dejé en el auto mi mochila y un par de tomos de la misma enciclopedia, los que hablaban de Platón y Sócrates. Al regresar vi que habían abierto la puerta del auto y se habían llevado la mochila y los libros. La mochila no contenía nada de valor, si acaso un muy buen estuche de lentes, pero lo que me molestó en realidad fue el robo de los tomos de la enciclopedia porque no creo que sirvan para mucho sin los demás. Debió tratarse de un crimen de odio seguramente, porque el coche ni a estéreo llegaba. Simplemente inexplicable.

Si me preguntan cual creo que es la creación más grande del hombre diría sin dudarlo que es el lenguaje, y la segunda sería la palabra escrita. Creo que es la que más se usa, una de las pocas cosas que la tecnología no ha cambiado ni sustituido con algo mejor y que estará con nosotros por mucho tiempo todavía. Además los libros tiene la virtud de durar prácticamente para siempre, incluso un poco más de lo que su hechura de papel permite porque no faltará quien los recuerde.

Aviso en el BuzónTodo esto viene a raíz de que en nuestro Campus se ha dejado de usar el buzón para regresar los libros de la biblioteca. En un principio se entregaban al personal, pero luego instituyeron esa absurda monstruosidad en la que uno se veía obligado a arrojar al libro a un oscuro abismo, dejándolo a su suerte hasta que alguien lo recogiera. Varias veces vi cuando se abría el buzón para vaciarlo y los libros estaban arrugados y amontonados sin ningún orden. La única ventaja que tenía era que se podían devolver los ejemplares fuera del horario de la biblioteca. Recuerdo cuando el verano pasado leí “Lolita” de Vladimir Nabokov, el tomo de nuestra biblioteca está maltratado y tiene algunas páginas desprendidas en el centro. Cuando llegó la hora de regresarlo dudé en hacerlo porque ¿cómo sería posible que cayera al fondo del buzón sin esparcir sus páginas por todas partes? Al final lo dejé, asegurado con una liga alrededor y esperando que eso fuera suficiente.

Pero afortunadamente el buzón se ha ido, bueno, casi. Ahora su uso está restringido a aquellas devoluciones fuera de horario y está bien, es un bien necesario. En un mundo ideal existiría un librero decente en vez de un buzón para tal propósito y nadie se robaría los libros ahí depositados. Pero mientras tanto…

Anuncios

De donde bajar los episodios de IT Crowd

RoyBuscando los últimos episodios de esta serie y luego de experimentar con unos torrents que nadamás no funcionan, me encontré con un servidor fantástico que tiene los downloads disponibles para descargar via http. Es muy buena alternativa, en vista de que Atariboy ya no hace el hosting de los archivos. No podía ser más sencillo. Gracias, Sascha Lopez.

Ahora si…

Yo sabía que en alguna parte tenía que existir la manera de abrir una página en un tab de Firefox usando Internet Explorer porque ya había leído algo al respecto. Había intentado erroneamente con una extensión llamada IE view, pero por fin encontré la correcta: IE Tab. Su uso no es completamente intuitivo (hay que hacer click derecho sobre la barra de tabs, no sobre la página en cuestión para abrirla en modo IE) y al parecer hay algunas cosas que no funcionan, pero en general cumple con su cometido. Ahora sí, cada vez está más cerca el día en que Firefox sea mi browser secundario. La recomiendo.

Artesanos mexicanos y el arte de vender

PanalillosCreo que nunca dejará de sorprenderme hasta donde llegan algunas personas que se dicen vendedores, comerciantes o demás, que en teoría deberían de estar dedicados a los clientes o al menos pensar como Don Cangrejo el de Bob Esponja, cuyo lema es “el dinero siempre tiene la razón”, porque un cliente insatisfecho es dinero que difícilmente volverá. Recibir un mal servicio es frustrante, pero me parece verdaderamente incomprensible cuando se rechaza una venta simplemente por orgullo.

Todo comienza cuando estaba buscando una maceta alargada, estilo jardinera. Encontré algunas de plástico, caras y muy grandes. Se me ocurrió intentar con el barro y fui al Mercado República con mi tía, donde encontré una señora que tenía un inmenso costal lleno de ellas, justo como las que necesitaba. Pero estaban muy rústicas, sin pintar ni recubrir por dentro, lo que suele degenerar en manchas de salitre y una pérdida excesiva de agua, que puede marchitar las plantas. Me adelanté y le pregunté a la señora el precio, dijo que $20. Es caro. Volví con mi tía, quien no había visto que yo ya me había acercado a preguntar, y me señaló a la señora y las macetas, pero le hice notar que no estaban recubiertas de ninguna manera y así no me servían. Luego mi tía le preguntó el precio y creo que la señora había escuchado mis comentarios porque se negó rotundamente a darle el precio de las macetas, alegando que de todas formas no las íbamos a comprar.

Al día siguiente fui a curiosear a una tienda de artesanías ubicada en Reforma, a un par de calles de Carranza. Es un lugar pequeño, lleno de cosas pequeñas porque está orientado a turistas, incluso tiene letreros bilingües y precios en dólares. Atendía un señor de edad, que se ocultaba detrás de su periódico pero en realidad estaba atento a todos mis movimientos. Encontré exactamente la misma maceta que en Mercado República, pero pintada y recubierta por dentro, justo lo que buscaba. Pregunté el precio esperando que fuera elevado, por el tipo de lugar que era y el costo que me habían dado en el mercado, pero para mi sorpresa coincidió en $20. Le pregunté si tenía una segunda maceta del mismo tipo pero dijo que no. Me fui, prometiendo regresar al otro día.

Estoy casi seguro que el señor no esperaba volver a verme, porque se sorprendió cuando regresé y me recibió con una gran sonrisa. Alegremente me comentó que había encontrado otra maceta igual en su bodega y me llevé las dos. Vaya diferencia tan enorme en el servicio, antes me hubiera sentido inclinado a defender al artesano y a los pequeños comerciantes, pero en vista del mal servicio y los productos sobrevaluados no le veo caso. Bendita sea la globalización si con eso me van a atender bien o, al menos, aparentarán que quieren hacerlo.

Todo eso me recuerda una anécdota que leí en el Selecciones del Reader’s Digest, se titulaba “El arte de vender” y en ella una empleada de una tienda de sombreros contaba que en una ocasión entró a su establecimiento una mujer de edad y le dijo “busco algo elegante para una dama de edad”. La vendedora le preguntó “¿es para su madre?” y la mujer se llevó dos sombreros. He ahí la diferencia.

Deporte progresivo

Boris Harley

Nunca entendí muy bien el gusto de la gente por deportes como el futbol o el basketball, me refiero en concreto al fanatismo que algunos demuestran como la rivalidad Chivas-América, los gritos al ver un partido o las manifestaciones a monumentos de la ciudad para celebrar la victoria. No digo que esté mal, hasta parece divertido. Pero simplemente no es lo mío. A mi papá le gusta el futbol americano y a veces, cuando está viendo un partido, yo paso por ahí y siempre me pregunta si no me gusta y se pone a explicarme mil cosas al respecto. La verdad no me interesa mucho.

Hace poco estaba comprando hamburguesas en un puesto de la calle, estaban atendiendo un señor y un niño. Tenían una pequeña TV en blanco y negro donde veían un partido de futbol y estaban emocionados. Amablemente me quisieron hacer plática y me preguntaron cómo veía yo a tal equipo y cual creía que ganaría en algún encuentro. Amigablemente tuve que decirles que no sabía de qué estaban hablando y obviamente me preguntaron si no me gustaba el futbol. Al decir que no y preguntarme por el basketball parecieron quedarse sorprendidos, viéndome como si fuera un fenómeno. Así fue por mucho tiempo, yo creía que el mundo de los deportes estaba limitado a realizar actividad física en equipo, siguiendo un complejo sistema de reglas, entre las más extrañas que recuerdo y que no sé si todavía existan están algunas del basketball como el reloj que limita el tiempo que un jugador puede tener el balón y que si deja de botar la pelota y se le ocurre girar tiene que hacerlo usando únicamente un pie como pivote. Hay gente que disfruta con todo eso, me consta, pero yo prefiero otras cosas.

Conocí los llamados deportes extremos y me llamaron la atención, la verdad no sé a ciencia cierta por que. Todas esas piruetas y la ausencia de uniformes, supongo. Nunca me gustó el nombrecito ese de extremo, dicen que es porque son peligrosos pero he visto que las corridas de toros tienen riesgos hasta para el público y me puedo imaginar accidentes fatales en la caza de venado o una muerte gélida en una avalancha para un grupo de alpinistas. Lo que quiero decir es que no creo que eso sea lo que defina a este tipo de deportes. Un día leí que los definían no como deportes extremos, sino progresivos. “Pero que nombre tan rimbomabnte”, pensé. Luego de leer a lo que se refería quedé convencido de que era la mejor definición hasta la fecha, aunque suene peor.

A grandes rasgos los deportes progresivos son aquellos que se basan no en una competencia entre equipos o personas, sino más bien con uno mismo. Donde el reto es mejorar los propios logros y el objetivo principal consiste en adquirir habilidades, las rivalidades dejan de existir o se vuelven irrelevantes. Pero esto no quiere decir que no se puedan hacer competencias o equipos, sólo que no trabajarían de un modo muy convencional. Sin embargo esta definición es muy vaga, ya que algunos grupos de gente demasiado moderna piensa que la categoría incluye a la emocionante práctica de los videojuegos y cosas similares. Quizá con el tiempo, ya existen algunos movimientos que tratan de poner a los videojuegos a la altura de los demás deportes, formando ligas y equipos profesionales, copas mundiales y cobertura de los torneos en TV. Pero para mí ni el ajedrez es un deporte.

Dentro de los deportes progresivos que me llaman la atención está principalmente el skateboarding y otros como el BMX, ciclismo de montaña y quizá la escalada. Muchas veces se asocia al skateboarding más con un modo de vida y la contracultura, pero yo no estoy tan metido en eso. Creo que no hay una razón muy explicable por la que me gusta. Estaba viendo el video “Hot Chocolate” de Chocolate Skateboards y ahí dicen que uno se interesa en eso porque ve a un tipo en la calle haciéndolo y dice “a mí me gustaría hacer eso”, bueno así casi con todo. Podría decir que es porque me parece entretenido y no hay que molestarse en memorizar mil reglas, también porque se refleja algo de la personalidad de cada persona y es un reto hacerlo. Pero no sería todo. Viendo el trailer de un video de ciclismo de montaña, salen partes detrás de cámaras de cómo lo hacen, me sorprendió ver que lleguen a tanto para obtener las tomas, pero en serio que lo hacen lucir emocionante, casi como magia. Eso también me gusta y creo que el supuesto peligro forma parte de la experiencia. Dicen que el manejar el riesgo y el dolor físico ayuda a formar la personalidad, tal vez si, en cierta medida.

Al final creo que no hay mucha diferencia con los demás deportes, simplemente son como un pasatiempo, algo que le agrada a la gente porque la entretiene y la relaja. Es algo agradabale en qué pensar aparte del trabajo y las preocupaciones de la vida.

En la foto Boris Harley, retratado por Iván Márquez. Ambos de Panamá.

Una extensión en actos

No soy muy afecto a Firefox, el browser del que todo mundo habla. Tampoco uso Internet Explorer. Pero en vista de la incompatibilidad con ciertas páginas, pensé en utilizar Firefox con más frecuencia. Me enteré de una extensión que prometía abrir todas las páginas que no son compatibles con Firefox y decidí probarla.

Primer acto: descargue los 47 kb de la extensión e instálela. Reinicie el navegador.

Segundo acto: encuentre una página que no abra bien en Firefox, seleccione del menu contextual “View this page in IE”.

Tercer acto: sórprendase al ver una ventana de Internet Explorer surgir de la nada y abrir la página con la que Firefox no pudo.

No olvide quedarse asombrado de haber tenido que instalar software para realizar tal
operación.

San Martes

modelo light

Este martes 7 de febrero se me ocurrió ir a comprar un refresco al establecimiento que se encuentra justo enfrente de la entrada de nuestro campus, el único lugar a muchos metros a la redonda donde se puede conseguir una Coca-Cola por sólo $4.00. Mientras me tomaba mi bebida vi que había un grupo de chicos de prepa conviviendo alegremente, y me sorprendí al notar que estaban ingiriendo cerveza Modelo Light, pueden ver en la foto las latas plateadas (disculpen que haya salido medio borrosa, pero fue infraganti).

No es mi intención criticar ni denunciar nada, probablemente no haya en el reglamento del ITESM ni en la ley haya nada que se oponga a este comportamiento, que según me cuentan es común en el Tec de San Luis (antes Tec Regional). Simplemente me pregunto por qué no se me ocurrió a mí antes…