No tan insesperado

No me considero un pesimista, simplemente me gusta tomar en cuenta las consecuencias que puede tener lo que hago. Por eso, desde hace poco más de un año que doy largos paseos en bicicleta por la ciudad, he estado consciente de que tarde o temprano algo malo tendría que suceder. En realidad no importa que tanto cuidado tengas, lo despacio que vayas ni nada, aún me falta conocer a alguien que al caminar no se haya tropezado o no haya tenido alguna colisión, por pequeña que sea y sin importar que tan bien maneja, en su automóvil. Simplemente hay cosas que no dependen de nosotros.

A mi me ocurrió el pasado sábado 11 de marzo, iba tranquilamente por una calle secundaria de la colonia reyitos, no había ni un auto en movimiento en todo lo que alcanzaba a abarcar la mirada y aún así decidí ser cuidadoso e ir cerca de los autos estacionados, del lado derecho de la calle. Cuando iba junto a una pick-up roja, más a menos por donde empieza la caja, vi que en el interior de la cabina estaba un señor y una niña pequeña, el hombre parecía estar hablando con la niña así que no sospeché ningún peligro. Medio segundo después el señor abrió totalmente la puerta y seguía volteando hacia el interior del vehículo. Yo no iba rápido, pero poco más de un metro no es distancia suficiente para detenerse, así que giré a la izquierda tratando de evitar el obstáculo. Casi fue suficiente, sin embargo mi pierna derecha se impactó contra el canto de la puerta y el peso mío y de la bicicleta la aplastó. Creo que alguna parte de la bicicleta golpeó directamente con la puerta porque se escuchó un ruido estruendoso e incluso antes de que el señor volteara hacia mí ya estaba profiriendo un sinfín de obscenidades y buscando al automóvil que, según él, lo había chocado. Tan despistado estaba que volteó hacia atrás y al no ver nada quedó desconcertado, luego hizo un recorrido panorámico con la mirada y se fijó en mi, que para entonces estaba detenido a mitad de la calle. Se hizo un momento de silencio, yo me preguntaba si su puerta tendría problemas para volver a cerrar o si con el golpe había dañado algo, pero ah iluso de mí, el señor empezó su rethila de insultos (no importándole que la encantadora niña de unos ocho años, probablemente su hija, estuviera escuchándolo todo) hacia mi, así que sólo revisé rápidamente que tanto yo como la bicicleta siguiéramos funcionando y seguí mi camino, temiendo que se le ocurriera perseguirme para hacerme responsable de los posibles daños.

Mi pierna lastimadaUnas cuadras más adelante me detuve para revisar mis piernas y vi que tenía una herida sangrante en la derecha, que empezaba a doler, y que mi ropa se había manchado de rojo con la pintura de la camioneta. A pesar de eso decidí seguir mi camino, y mi teoría es que eso estimuló la circulación o algo por el estilo porque el moretón se hizo visible hasta la tarde del martes. El lunes siguiente, al caminar por el Tec y las escaleras, el dolor aumentó y fui a ver a la enfermera, que dijo que estaba muy inflamado, que seguramente había sido un golpe muy fuerte como para provocar una herida abierta (cosa que no se me había ocurrido) y me dió una pastilla de Voltarén, recomendándome tomar una cada 8 horas e ir a ver a mi médico si las molestias no disminían en un par de días. Me di cuenta de que había subestimado el accidente, realmente no lo había tomado muy en serio.

Después, platicando con unos amigos, comprobé que en realidad todo había sido muy extraño, para empezar se extrañaron de que el señor no me haya preguntado si yo estaba bien, lo cual sería lo más normal en esos casos, y luego me hicieron notar que el haber seguido mi camino (un paseo de tres horas después del choque) tampoco fue lo más adecuado porque parecía que no me preocupaba mi salud. Vaya, yo no había pensado nada de eso. Sólo puedo concluir que en este mundo hay gente neurótica, que por mucho que te cuides algo relativamente inesperado te sucederá y que ni importa que la culpa no fue mía, estoy seguro de que el señor piensa que sí.

4 pensamientos en “No tan insesperado

  1. HIiijo de la madre.. si le hicieses eso a mi auto.. como te iria!! claro.. yo nunca abro la puerta sin fijarme casi casi que hasta para el cielo… que bueno que no te rompiste algo mijo!

  2. La verdad a mi también me da gusto y me sorprende que no me haya roto nada, es casi un milagro. Ojalá todo el mundo se fijara para todos lados y de menos tuviera la reacción normal de preguntarle a uno si está bien.

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