Chismes de la colonia, un vecino gay y un juramento sobre una madre

A mitad de la tarde llamaron a la puerta del vecino con insistencia. Momentos después sonó el teléfono, era el vecino que le pedía un favor a la señora de la casa: que le dijera a las personas que lo buscaban que se había ido de vacaciones por un mes. Al asomarse a la puerta, la señora de la casa se encontró con una señora y un joven, su hijo. El par preguntó a qué hora podrían encontrar al vecino de al lado, que tiene una estética. La señora de la casa les dijo que no sabía, pues él no tiene hora, y que al parecer había salido de la ciudad por un tiempo indefinido. La otra señora le dijo que le daba mucha pena, pero que venía buscando al vecino para cobrarle un dinero, que no tenía nada y que si le podía prestar $20 para tomar el camión de regreso a su casa. La señora de la casa, tratando de seguir siendo amable, les dio $10. Se despidieron.

A continuación, la señora y su hijo se dirigieron a la cocina económica, a una cuadra de la casa del vecino y le dijeron al joven que les sirviera de comer pues los mandaba la señora de la casa, quien más adelante realizaría el pago de los alimentos. El joven conoce a la señora de la casa desde hace varios años y ella nunca ha enviado a nadie a comer fiado. Les dijo que le gustaría hablar con la señora de la casa primero. Madre e hijo se fueron. Llegaron a la papelería de al lado y dijeron que venian de parte del joven de la cocina, quien los mandaba a pedir cambio de un billete de a $100, que luego él se lo pagaría. La señora de la papelería dijo en tono muy seco "que venga él y me lo pida", lo cual bastó para ahuyentar a tan peculiar pareja. Después se sabría algo nuevo: que el joven de la cocina es ahijado de la señora de la papelería.

Unas horas después, el vecino gay habló con la señora de la casa para agradecerle y le contó la historia. La señora que había venido a buscarlo tenía un seguno hijo, quien, hacía varios meses, habia ido a la estética del vecino por un corte de cabello. Volvió una segunda vez y por un tiempo no volvió a verlo. Hace poco que su madre había aparecido, buscando al vecino y pidiéndole $20'000 para sacar a su hijo de la cárcel, apoyada en una carta que el hijo le había escrito al vecino. El contacto se había hecho a través de una tercera señora, una trabajadora social, conocida del vecino, que había conocido al hijo encarcelado trabajando en el CERESO, pero que tuvo la prudencia de no entrometerse en nada, únicamente siguió las indicaciones del preso sin revelar que conocía al vecino. El vecino aseguró que no conocía al joven encarcelado, piensa que, debido a su costumbre de hacerle plática a los clientes, quizá abrió demasiado la boca, pero aún así jamás existió una relación que justificara el préstamo de una suma de ese calibre. La señora de la casa tuvo sus dudas y, estando en confianza, le preguntó al vecino gay si el joven en cuestión no era de los suyos. El vecino dijo "definitivamente no, se lo juro por mi madre".

Y se cierne sobre el asunto el más absoluto misterio. También los más sórdidos chismes.

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