El Aura

Cuando pasaban el trailer de esta película en la TV tenía esa extraña sensación de que debía verla. Es una de esas cosas que no puedes explicar, pero que conoces muy bien de ti, como saber que has dado con algo que te gustará independientemente de cualquier cosa. Sólo me ha pasado con otras dos películas, la primera fue “Sobrenatural” de Daniel Gruener en 1995, y la segunda en el 2001 con “El espinazo del Diablo“. Es difícil decir que no se trata de una impresión muy subjetiva y sin fundamento, yo mismo aceptaría esa explicación si no fuera porque al final resulta ser real. Poco pesan entonces las críticas negativas sobre estas películas, pues luego de verlas sólo he quedado convencido de la certeza de mis juicios adelantados.

No es necesario que la película resulte una obra maestra ni que redefina el género al que pertenece (en lo personal estoy bastante cansado de los géneros), basta con que me complazca incluyendo referencias y detalles que relacionen la historia y los personajes a elementos que me gustan. Odio cuando se describe una historia, un videojuego o una película diciendo que “te envuelve”, que muestra un “universo muy detallado” (pecado máximo del que he escuchado que se acusa a “Lord of the Rings” y “Star Wars” en más ocasiones de las que me siento cómodo recordando). Únicamente busco la satisfacción de mis más primitivas e inexplicables obsesiones. Oscuridad, tenacidad, la belleza oculta en donde nadie jamás la buscaría y una factura honesta, con lo que me refiero a la capacidad de reconocer sus propias virtudes y defectos (requisito que muy pocos productos cómicos satisfacen y motivo por el cual normalmente aborrezco la comedia).

Tanto el universo “envolvente” y el proceso narrativo necesario para “sumergir” al espectador en él pertenecen, a mi gusto, a una generación de órganos atrofiados de la producción cinematográfica, bastante frescos aún para permitir identificar su función, que todavía cumplen, pero que más que nada permiten clasificar a primera vista a una película que no sale de los convencionalismos y agruparla en el árbol genealógico junto con las demás. No, no me refiero al género, sino en concreto a los formalismos ridículos con que se juzga al cine en la actualidad.

Y bien, luego de esta introducción permítanme volver mi atención a “El aura”. No se trata de una película espectacular ni de una joya que no haya recibido el reconocimiento que merece, al contrario, la crítica hace bien al entrar en controversia y por un lado, atacar el minimalismo que la constituye en su totalidad y, por el otro, reconocer los valores noir y la calidad de las actuaciones que le sirven de cimientos. Obviamente no soy ningún experto, para empezar siempre creí que la película era una producción española, siendo que en realidad es totalmente argentina. Por tan minúsculo detalle es posible empezar a desmenuzar a “El Aura”: escencialmente carece de suficiente identidad como para permitir identificar su origen a primera vista. La manera optimista de decirlo es que en consecuencia, tiene un alcance mucho más universal.

“El Aura” cuenta la historia de Esteban Espinosa, un taxidermista antisocial que se ha imaginado un robo perfecto. La clave para llevarlo a cabo es, irónicamente, la sencillez que se debe mantener en todo momento. Irónico porque esta simplicidad satura por completo la película y sirve para, a la vez, despertad la incredulidad y convencernos de que en ningún momento se ha cruzado la barrera de lo estrictamente real. Espinosa no planea llevarlo a cabi (secretamente tuve la impresión de que, más que no desear realizar el crimen, estaba consciente de que le era imposible hacerlo o quizá que al llevarlo a cabo estaría cruzando una barrera que no se sentía aún dispuesto a cruzar), únicamente lo platica a un compañero de trabajo. Nisiquiera son amigos, sin embargo este compañero le invita a acompañarlo en un viaje de caza al bosque como último recurso para no desperdiciar un boleto de avión. Apático, Esteban rechaza la propuesta pero luego de enfrentarse a su triste realidad, cambia de opinión. Esteban es un taxidermista epiléptico que guarda tanto silencio como le es posible y le repugna la idea de matar animales. Los dos terminan hospedándose en unas cabañas aisladas en el bosque, luego de quedarse sin opciones. Hasta ese momento la incomodidad de Esteban resulta evidente, para irse diluyendo en el resto de la película. Luego de un altercado con su compañero, Esteban se ve envuelto en un desafortunado (y a la vez original y muy simple) accidente, a raíz del cual descubre que se planea robar a un casino cercano que está próximo a cerrar sus puertas.

La dualidad de lo inverosimil contra lo creíble se hace palpable a partir de entonces, Esteban va descubriendo a los ladrones e involucrándose de manera silenciosa, mitad coincidencia mitad elección propia, en el robo. El modo en que cubre su rastro y va tomando la identidad del cabecilla de un grupo de ladrones es totalmente coherente con la situación en que se encuentra y con su personaje, una vez que aceptamos que ese mismo personaje es un poco increíble; sólo un poco. Así, Esteban va viendo realizada su ilusión (por llamarle de algún modo) de cometer el crimen perfecto y, habiendo podido detenerlo en cualquier momento, decide seguir adelante por curiosidad, un tanto ayudado por el destino. Pero a la vez va conociendo las implicaciones que el robo tiene para otras personas, arrastrándolos a todos con las consecuencias de sus actos.

La película tiene largos momentos en silencio que a mi gusto son aprovechados para ir creando una atmósfera de suspenso del tipo que me agrada, orientada a seguir de cerca al personaje, cautivando tanto por lo que revela de él como por lo que no. El “universo” que comprende la película es bastante reducido: unos cuantos personajes aquí y allá, pocos eventos que aislados de los demás resultarían relevantes y la sensación permanente de extrañeza. No digo que se parezca demasiado, pero me recuerda al cine de Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick porque maneja un “universo” más interior, más privado y puramene psicológico que la mayoría de las películas clasificadas como suspenso. También por otro detalle: tengo la mala costumbre de ponerme a calcular cuanto debío costar realizar una película mientras la estoy viendo (recurso que evidencia el número de veces que he visto películas que no me entretienen suficiente) y tanto en el caso de la filmografía de los mencionados cineastas como en “El Aura”, en ningún momento caí en ese juego.

No quiero tampoco elevar las expectativas sobre esta película, no es del tipo de acción y es cierto que en algunos momentos me sentí tentado a adelantarla, pero dejar de verla nunca me pareció una opción. No estoy seguro de si la intención era plantear una redención final al protagonista, si ese era el caso creo que “El Aura” lo deja abierto a la interpretación. Me gustó que Esteban reconoce en sí mismo la libertad de usar sus mentiras para beneficio propio, para atar o liberar a algunos personajes del pesado equipaje emocional que cargan, siendo siempre un arma de doble filo. Aprecio mucho el minimalismo con que se manejan todos los elementos, así siento que estoy viendo algo un poco más honesto y orientado a lo que va, sin las cansadas pretenciones hollywoodenses. Los finales inesperados no son lo mío, así que una evaluación de este carece para mí de relevancia, salvo por un criterio: creo que “El Aura” mantiene su valor para verla una segunda vez, dentro de un tiempo.

En la película se define a “el aura” como la alteración de los sentidos y la sensación premonitoria de que un ataque epiléptico está a punto de ocurrir. Muy bien corresponde a la impresión que tuve desde un principio de que esta era una película que me iba a dar gusto ver.

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2 pensamientos en “El Aura

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