Las aguas mansas

Reflejos del espejo de agua del Tec / Reflections of the Nisiquiera me acuerdo qué fue lo que hice. Estaba en sexto año de primaria, el único año que pasé en ese colegio. No tuve tiempo de que la gente me conociera pero ya estaba envuelto en un lío de faldas. Alguna metodología rara había en esa escuela porque no se usaban mesabancos sino mesas redondas color verde pastel con cuatro asientos. Yo estaba en la del centro hasta adelante, junto con otro niño y dos niñas. La mala se llamaba Carolina y la buena, Frida. No conocía bien a ninguna, es más, todavía ni me llevaba bien con nadie. Carolina era insidiosa y creída pero yo aún era muy inocente para que eso importara. Frida era la marimacha no sólo del salón – y eso que había dos – sino de toda la primaria. Impulsiva, llevada, jugaba futbol con los hombres con total indiferencia, totalmente deshinibida y con ánimos de partirle su madre a cualquier cabrón. Y tampoco sé de donde surgió la idea, nisiquiera era una buena idea, pero cuando me di cuenta Carolina ya la traía contra mi y se le ocurrió decir que yo quería con Frida. Le dije que no sin darle importancia. No le gustó la repuesta, fue lo que pensé, pero es obvio que era lo que ella quería escuchar. De verdad quisiera acordarme qué fue lo que le hice a Carolina porque me amenazó con esparcir el chisme a toda la escuela con tal de saber la verdad – y de no dejar de molestarme, vieja bruja vengativa sin buenos pretextos-. ¡Ja! me reí de sus poderes ¿a cuánta gente podría importarle? Y seguí como si nada.

Pero a la hora del recreo bueno, no tuve ningún recreo. Apenas llegué al patio, mis supuestos nuevos amigos me preguntaban si era cierto que yo y Frida… ¡claro que no, que idea tan absurda! y me dispuse a comer mi lunch tranquilamente. Pero no pude, al instante llegaba otro y otro y luego comenzaron a llegar en grupos. Resulta que por su forma tan especial de ser Frida era una de las niñas más conocidas de la escuela, era admirada y tenida en alta estima entre los niños. Hasta era deseada y yo, siendo un total desconocido y ahora supuesto pretendiente de tan preciada niña, era la mayor interrogante del momento. Carolina supo jugar su juego y creo que hasta tenía poderes mágicos porque llegó gente de Sexto A, B y C, de quinto, de cuarto y de no sé cuantos grados más. Gente que yo nisiquiera sospechaba que existía y que demandaba saber la verdad. No importaba cuantas veces dijera yo que no era cierto, insistían. Y lo más astuto en este malévolo plan es que existía un interés genuino en Frida, no era nadamás la parejita de la semana. Todo mundo quería asegurarse de que Frida estaba en buena compañía. No se bromeaba, al contrario, me daban palmadas en la espalda y me animaban a aceptarlo, después de todo Frida era una buena chica que valía mucho, aquella que, como dijo un amigo, “podía caerse a un pozo y salir volando con alas que quién sabe de donde le salieron”. Y así fue todo el día, gente llegando en hordas, haciendo un círculo a mi alrededor y esperando su turno para hacerme la misma pregunta. No, yo no quería con Frida. Sí, era muy lista y valía mucho. No, no se me hacía guapa y la verdad apenas soportaba lo hiperactiva que era.

Me imagino que todo el recreo Carolina anduvo recorriendo la escuela para esparcir el rumor maligno y señalando hacia donde yo estaba porque, siendo el recién llegado, era imposible que toda esa gente me ubicara tan fácil. Esa misma tarde todo acabó y no pasó nada, nada en absoluto. Ya son casi once años de eso.

A donde quiera que vayas vas a encontrar a alguien así, alquien que se divierte a costa de los demás. En algunos casos no es así pero qué importa, si sus chistes y bromas no se me hacen graciosas no me río. ¿Que te quieres llevar conmigo? No creo que te aguantes. La verdad yo soy muy llevado y me gusta hacer sufrir a la gente por diversión. Somos iguales. No conzco límites, me he enemistado varias veces y por eso ya no lo hago. Al final nadie se aguanta lo que empezó, no sé qué quieren. Está el que te mete el pie para que tropieces mientras bajas las escaleras, jaja qué divertido ¿porqué no le parece gracioso que lance sus anteojos desde el tercer piso?; el que encuentra un guante, te toma desprevenido y te planta una bofetada para huir corriendo – de manera increíblemente varonil – y luego cuando tú con cara de hartazgo lo alcanzas, lo tomas del cuello y se la regresas muy bien plantada, nadamás no le gusta. El que sale del baño y te lanza algo asqueroso por la espalda para que cuando mires hacia la puerta no veas a nadie, seguramente te preguntarás quién habrá sido… El que te llama de cierta forma frente a todos los demás cuando tu no estás, le pides amablemente que deje de hacerlo porque lo consideras tu amigo y su opinión es importante para ti, pero te dice que él así se lleva con todos sus amigos y que no es en “mal plan” – dejenme tomar nota del buen argumento callahocicos – para que luego, cuando tu cometes ese error, ese sincero, honesto, verdadero y aceptado error que siempre cometes cuando le tomas confianza a la gente, se ofende y – también de manera muy varonil – hace una escandalosa escena de lloriqueo, pataleta y, no podía faltar, amenaza de “partirte el hocico”. ¿Golpes? ¿Quieres llegar a los golpes? Bueno, pero acuérdate quien empezó.

Ja-ja. Doy media vuelta y me voy. No me importa. Lo único que puedo pensar es que se trata de gente que no vale la pena.

No me llevo con nadie, no hago bromas a costa de nadie ni vivo buscando de qué burlarme. Ni me interesan los chismes de los demás. Cada quien adelante con su vida. Al pasar de los años nada de eso tiene importancia. No puedo pensar de otra manera aunque me lo proponga. Me gustaría decir que no tengo tiempo para eso pero la verdad no me importa lo suficiente.

Cuando salimos en grupo entre clases a buscar qué comer, llegamos a un puesto de tacos, tortas o donde sea, o conversando tranquilamente en una reunión de la carrera y comienzan a sacar como tema de plática los mismos chismes, las mismas bromas de la misma maestra, la misma vieja y cansada cantaleta de siempre yo… me quedo callado, gracias. No es que yo no halla caído en lo mismo pero en esos momentos quisiera un cambio de tema. Puedes bromear por años con una persona y jamás llegar a conocerla ¿de eso se trata? Y no encuentro el modo adecuado de decirlo sin que se sientan ofendidos. Lo curioso es que al final da igual porque es lo que termina sucediendo. No, no me caen mal. No hace ninguna diferencia, están malinterpretando mi silencio pero tómenlo como quieran. Si son mis amigos sé que ya me conocen y no les afecta.

Muchas veces guardo silencio porque, aunque no me molesten – incluso a veces me río de lo que hacen – no sé qué más decir. Busco otra cosa. ¿Si no te sigo la corriente te molestas? ¿Si te digo de una vez que no me importa, también? ¿Podemos saltarnos todo esto desde el principio? Sería llevarse las cosas más tranquilas entre todos. Creo que no hay opciones. No tengo necesidad de dar explicaciones, además es muy cansado hacerlo. Créanme que lo voy a pensar antes de contestar algo, puede que sea divertido. Los rumores asi son siempre.

Como decía un amigo al respecto – ya ves lo que pasa por no tener blog, Crayón, no te puede uno linkear – : a veces te toca reirte a tí y a veces te toca que se rían de ti. Yo no tengo ánimos de participar de ninguna manera. Sí, si quieren estoy mal. Diviértanse todo lo que quieran, crean lo que quieran, vivan sus vidas plenamente y obedezcan al llamado de la jungla. Nadamás no se molesten si me llevan entre las patas y decido tomar cartas en el asunto ¿ok? Al contrario, siéntanse especiales porque me tomé la molestia. Yo trato de aplicar la regla de “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan” pero veo que pasa totalmente desapercibido, nadie se fija en eso. Vengan y díganme a quién he hecho quedar mal a sus espaldas, de quién me burlo, a quién humillo. Díganme las bromas que hago ¿son estúpidas? de acuerdo pero ¿son a costa de alguien?

Lo más extraño y que nunca entenderé es cuando la gente se toma confianza así como así, de la nada, cuando gente que apenas me ha visto ya me está criticando y haciendo otra de sus ¿son bromas? ¿muestras de aprecio y cariño? No sé lo que son pero es cuando ya se están llevando de alguna forma, haciendo algo que tal vez sea un chiste tan privado que solo a ellos – si es que a alguien – les parece interesante. ¿Creen que con eso caerán bien y me haré su amigo o despertarán algo más allá de mi indiferencia? ¿Buscan mi ira y desprecio? ¿Simplemente la atención mía o de los demás? ¿Burlarse más cuando conteste algo? No pienso hacerlo. No sé tomármelo por el lado amable porque no lo amerita y no tiene sentido. No pasa nada. ¿Otro que viene con la misma pregunta estúpida por enésima vez? ¿La misma broma, el mismo rumor? ¿La misma carrilla, la misma actitud? Eso nunca termina. Cuando quieras hablar en serio te escucho. Anda, hagámoslo. Para todo lo demás aquí está mi respuesta: las aguas siempre terminan igual de mansas.

Ah, y Frida siempre fue una finísima persona.


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