Lo que no sabías

Pasada la media noche te pido que me ayudes a cargar el televisor, te convenzo con la promesa de repararlo. Con esfuerzo podría cargarlo yo solo pero jamás lograría pasarlo por la pequeña puerta sin tu ayuda.  Está lleno de polvo, apenas tocarlo me pone las manos negras. Es viejo, muy viejo, quizá lo único que todavía tenemos de la antigua casa y que se sigue sintiendo real. No lo sabes pero es una de las cosas que recuerdo con más cariño. Por lo que a mi respecta, siempre ha existido. Desde el principio de los tiempos estuvo ahí, en el nicho de ese enorme clóset en la sala del departamento verde, ese clóset hecho a medida, a todo lo largo de la habitación, donde no habría habido espacio para la videocasetera si mi papá no hubiera puesto una tabla sobre latas de pegamento de carpintería o alguna otra sustancia igualmente tóxica para un niño de mi edad. Colocó la video abajo y la tele arriba, estaba muy alto y me costaba trabajo cambiar de canal. Abría el cajón de hasta abajo y lo usaba como escalón. El control remoto me agradaba, con su cubierta metálica, sus botoncitos alargados y su pila cuadrada de nueve voltios, me gustaba desconectarla y ponerla en contacto con mi lengua para sentir la electricidad. Pero si la tele llegó a la casa en el génesis, el control dejó de existir en el éxodo.

Los domingos veíamos ese televisor en familia, sentados en los sillones verdes y amarillos que dices fueron los que compraron para su departamento de casados. Me acuerdo que les hiciste fundas de tela estampada para protegerlos, no te he dicho que se veían muy mal y nunca me gustaron. Tal vez jamás lo haga. Después llegaron los tiempos en que todos trabajábamos y lo hacíamos ahí, frente a la tele, en la mesa redonda rescatada de la cochera que él rompió cuando se le ocurrió subirse en ella a cambiar un foco. Te costaba trabajo distinguir los botones de encendido y de canal y les pusiste tiritas de cinta blanca para verlos mejor, de esa que se usa para poner las gasas. Nunca pudimos quitar los restos del pegamento, tomó años para que se desvanecieran.

Desde entonces me gustaba ver televisión, en especial las películas. Muchas veces no te gustaba lo que veía. Mi papá decía que eran los monstruos lo que me provocaba pesadillas, creo que de verdad nunca se dará cuenta del verdadero porqué. Los sábados en la mañana veíamos caricaturas a veces, antes de irnos con ustedes a trabajar. Además debo haber visto unos mil documentales sobre el espacio. A mi hermana y a mi nos gustaba una serie nocturna que también le gustó a él. La vimos juntos por años. Ya no me acuerdo qué lo hizo enojarse con nosotros, dijo que veíamos demasiada televisión y le cortó el cable para que no pudiéramos verla. Maldito, maldito, la arruinó para siempre y solo dejó claro lo poco que me conocía. A mi corta edad ya tenía amplia experiencia con lo eléctrico y no tardé en solucionar el problema. Lo increíble es que no lo hizo en broma. Mi hermana y yo le poníamos la clavija y se la quitábamos antes de que él llegara. Por un tiempo él no vio la tele. Un día olvidamos quitarla pero él ya no dijo nada. No olvido una vez que enfermé y encendí el televisor para distraerme del dolor. Eso fue hace quince años.

En algún momento el botón del volumen cedió, se rompió y se quedó atorado. No había mucho problema mientras no se subiera demasiado el volumen, la tele es vieja y cada que se desconectaba volvía a arrancar en el canal 2 y con el volumen hasta abajo. Usábamos un palito para empujar el botón, pero el pedazo seguía atorado. Si estaba muy alto había que desconectarla y volver a empezar. Nunca quise contarte que esa vez, hace doce años, mi hermana me ayudó a cargar la tele y desarmarla para intentar arreglar el botón. Pero no había solución y lo único que pude hacer fue retirar la pieza suelta. La tele quedó un poco más arruinada, de nuevo marcada para siempre.

Hace diez años nos mudamos y por un tiempo la tele se quedó allá. No recuerdo que haya visto televisión hasta que él la trajo en autobús así tal cual, sin envolver ni proteger de ninguna manera. Al menos llegó entera. La pusimos en el suelo en la recámara de arriba porque no teníamos muebles y era hasta donde llegaba el cable de la antena, que estaba muy mal puesta. Yo dormía en el suelo, frente a la tele. Algunas veces la vi sentado sobre mi cobija y recargado en la pared, una de esas veces fue un haloween en que él dijo que no tardaba y me quedé solo en casa. No volvió hasta en la noche por estar con sus familiares y me aburrí mucho, me sentí muy solo y me empezó a dar miedo. Pero vi una película que me hizo reír, eso tampoco lo olvido.

Luego llegó la videocasetera, en realidad no era nuestra pero nos la prestaban. Vi las películas que no me dejaron ir a ver al cine, vi otras más. No sé cómo teníamos tanto tiempo en nuestras manos. Y siempre me gustó, me gustó mucho. Me gustó esa tele desde el principio porque era enorme, en toda mi infancia nunca vi que nadie tuviera otra de ese tamaño. Creo que la compró para ver el futbol, para él. Por eso todavía nos peleamos por escoger qué canal ponemos. Me gusta porque es la única televisión que conozco que sube y baja de volumen sin poner ningún mensaje, nunguna barra verde chillante que arruine lo que estoy viendo o que tape los subtítulos cuando se trata de una de mis (tú dirías extrañas) películas extranjeras. Me acuerdo cuando su caja era nuestra caja de juguetes y las veces que me oculté en ella. La última vez que vino el papa a México mi tía no toleró que la antena estuviera mal y mandó instalar una nueva solo para ver la cobertura del evento. Conozco el único defecto que tiene la tele: en alguna parte en su interior algo está mal ajustado y la imagen siempre se ha visto aumentada de tamaño, algunos subtítulos que están muy a la orilla no se ven completos. Pero me gusta porque las cosas se ven un poquito más grandes y me acostumbré las orillas un poquito curveadas. No le perdí la fe en todos los años que la imagen parpadeaba una vez cada tres segundos, hasta que la llevaron a arreglar. Me gusta porque la vi de noche, a solas, mientras pensaba qué iba a ser de mi vida, porque en esos momentos me contó historias que no siento que nadie más en el mundo haya escuchado jamás. Es lo único que pensaría en llevarme de aquí y tal vez algún día, cuando todo haya terminado, lo haga. No lo sabes, pero me gusta mucho.

Ella quiso comprar una nueva, digan lo que digan no es más grande y su pantalla plana no es mejor. Tal vez sea más negra y los colores se vean más brillantes pero se siente fría. El control remoto es muy cómodo pero solo causa más problemas de los que soluciona porque nos peleamos por el cuando podemos dar dos pasos y cambiar el canal. A ti te gusta ver las películas mexicanas de antaño a todo volumen pero a mi siempre me dices que le baje. Mi tele vieja la volvieron a poner arriba, en el cuarto que ahora es el de ustedes, pero no hay donde sentarse, siempre me mandas allá pero así no me acomodo. Él la ve desde su cama, con la luz apagada. A mi no me gusta verla sin luz. Cuando se hace de noche y oye que ando cerca me manda a apagarla.

Casi solo la usa él, por eso cuando otro botón se rompió fue al que culpamos. Pero no tiene caso decirle nada, igual que las veces pasadas que la desfiguró. Por fin se le quitó el pegamento blanco pero él empezó a usar un palito de madera para ajustar el volumen y las astillas se fueron acumulando adentro de la tele. Yo quise acomodar el botón desde afuera pero no lo logré. No sabes que quise ver un DVD y así empezó todo ni entiendes por qué no me detendré aunque no tenga las herramientas necesarias. No sabes que estamos aquí a mitad de la noche porque no puedo permitir lo que le está pasando a la tele, que en mi cabeza empezó a dar vueltas la idea de arreglarla y no pude dejar de pensar en eso todo el día.

La colocamos sobre la cama y por fin te confieso que esta no es la primera vez que la desarmo. Me ayudas a sostener la circuitería que no se puede separar mucho sin desconectar cables, no quiero moverlos por respeto al objeto que tanto ha llenado mi imaginación. Lo que tú no sabías es que hace doce años, cuando no pude arreglarla, guardé el botón en una caja de cerillos y lo he tenido conmigo desde entonces, que hace un instante por fin encontré la solución mientras miraba un pedazo de corcho y que hoy, después de tanto tiempo, mi televisión vuelve a la gloria.

Y no sabes lo feliz que me hace.

Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV Reparando mi vieja TV

6 pensamientos en “Lo que no sabías

  1. Gracias por compartir tu vida y ese pedazo de tu infancia….

    Leer a otros y sentirlos es vivirlos…. por eso me gusta la leida…de algun modo vivo mas

    Un abrazo fraterno.

  2. We… lo de la imagen, se arregla moviendo los switches de los osciladores… los puedes encontrar en la circuiteria. Son unas pequeñas piezas como disquitos blancos con una rayita enmedio (para un desarmador pequeño), hay varios, controlan el horizontal, vertical, diagonal, colores, etc… tienes que hacer las pruebas con la tele prendida para ver como se mueve.

    Respecto a la tele..si asi es.. generalmente se generan lazos con los objetos inanimados, lo interesante es .. que para las personas inteligentes no es por el objeto en si, sino por lo que representa para nosotros. Y puedo ver claramente que tu tienes muchisimos con tu tele…

  3. Que decirte Kurazaybo, me gusto mucho tu relato. Esta muy bonito y en realidad me hizo emocionarme.

    Gracias por compartir, y por un momento si me abstraje cañon leyendote. Un abrazote y sigue viendo así la vida, es muy chido 😀 .!

  4. Ah los lazos, son la vida misma. Que bueno que les gustó. Y eso de experimentar con la tele prendida es demasiado para mi.

  5. Uhmm… No lo lei completo es que me pesan los ojos pero vi que usaste una lupa para hacer el macro.😀

    Cool!

  6. Pingback: Poka-yoke | Kurazaybo jom peich

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