The Urban Carpet

Urban Carpet

No recuerdo cómo aprendí a andar en bicicleta. Dicen que es algo que nunca se olvida y es verdad, pero la primera vez a veces se pierde en la memoria ¿cómo puede ser? Sé que en parte lo hice porque los demás niños de mi edad me llevaban la delantera y creo que fue una de las últimas cosas para las que tuve tal motivo pero no recuerdo más, nisiquiera estoy seguro de cual fue la primer bicicleta que usé. Pero lo más importante es que fue algo que vi y pensé “hey, yo quiero hacer eso”. Tal vez la bicicleta no tiene mucha importancia a lo largo de la vida pero el hacer algo por el gusto de hacerlo se aprende para siempre. Así me pasó a mi cuando vi algunas fotografías hace tiempo. Siempre me maravillaron, dicen que las panorámicas impactan más, que son más emotivas por naturaleza. Puede que sea cierto. Para mi el descubrimiento de ese tipo de imágenes coincidió con mis primeros contactos con la computadora y el internet. Siempre me pregunté cómo se hacían y en cuanto tuve una cámara fue una de las primeras cosas que quise intentar.

Ha sido más de un año de aprender mucho y experimentar, todavía me parece increíble, yo nunca pensé hacer algun trabajo de este tipo en la computadora, nunca pensé usarla para algo “creativo”. Y aunque estoy muy satisfecho siempre hubo algo que no me salía bien: las panorámicas “completas” de 360º horizontales por 180º verticales. Tardé en descubrir el truco y aún así no lograba un buen resultado, el problema es en la parte de abajo, a la hora de quitar los pies y la base del tripié de la imagen. No es nada humanamente imposible pero si un poquito complicado, cuestión de práctica. Y esta vez se requería que la foto estuviera completa, porque el punto de interés está precisamente abajo. Aunque no quedó absolutamente perfecta, lo del piso por fin resultó.

Urban Carpet

Estas figuras me las encontré en el puente peatonal de Muñoz, arriba del Río Santiago. Tenía tiempo que no pasaba por ahí y me llamó mucho la atención su tamaño y que estaban en el piso. No son precisamente espectaculares pero me gusta mucho verlas, debió ser muy divertido hacerlas. Me recuerdan cuanto me gusta la ciudad y cómo en ella me siento como en un inmenso playground. Me divertí mucho haciendo esta foto, la segunda corresponde a otra técnica que estoy explorando con la que se capturan muy bien las figuras pero se les separa por completo de su entorno.

Detail

Versiones HiRes aquí, acá y en Picasa Web Albums. También hay un QTVR, que es algo que siempre quise hacer.

El título lo tomo descaradamente de una obra de Zaha Hadid, la panorámica lineal fue inspirada por una foto de un trabajo de Blu.

Del otro De un lado

Y por lo visto apenas alcanzé a retratarla antes de que la rayaran.

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Lo que la gente cuenta

Las películas de guerra o militares o como les quieran llamar son algo que normalmente no he sabido apreciar. Recuerdo que hace muchos años mi papá las veía regularmente y a mi me parecían muy aburridas, así que les fui perdiendo el interés. Pero cada cierto tiempo sale alguna nueva que recibe muy buenas críticas y me siento tonto descartándola sin motivo. Eso me recuerda a las películas clásicas de Kubrick como la Naranja Mecánica y The Shinning, de las que siempre escuché las mil maravillas y que nunca tuve paciencia de ver hasta hace relativamente poco tiempo, únicamente para ser desmentido (no son taaaan buenas). Algo similar me pasó con Saving Private Ryan y Enemy at the Gates, de la primera mi impresión inicial fue que nadamás no tenía mucho sentido que digamos. Así que como se puede ver la realidad es que no sé nada de este tipo de películas y las he visto muy superficialmente.

Por eso es que he decidido darle una oportunidad a las películas más reconocidas de este tipo y mirarlas con nuevos ojos. La selección comienza con algunas listas que he encontrado en internet y también se aceptan recomendaciones. Incluso intentaré conseguir algunas que me llaman la atención independientemente de que sean de guerra, como All quiet on the western front.

Counting my millions

Counting my millionsTengo un secreto que confesar, no sé por qué se ha ido haciendo difícil admitirlo. Cuando estaba en la primaria era muy afortunado si mi papá me daba una moneda de $2’000 para gastar en el recreo, para mi era mucho dinero y me doy cuenta de que no tenía ambiciones de ningún tipo, ningún plan en particular para esos recursos. Normalmente lo gastaba todo ese mismo día y no recuerdo haber ahorrado nada a esa edad, al menos nada con un propósito definido. En una ocasión me compraron un cochinito de barro en una feria y depositaba ahí monedas de vez en cuando, solo por el gusto de hacerlo. Cuando lo rompí había una cantidad que a los ojos de un niño de ese tiempo era considerable. No lo gasté en mí, decidí comprarle unos zapatos a mi mamá.

Con el paso del tiempo mi papá fue dejando de estar al tanto del dinero, pero nunca me faltó nada. En la secundaria es cuando se rompió el cordón umbilical y por primera vez anduve libremente por la ciudad sin compañía de mis mayores. Normalmente iba a dar la vuelta con compañeros de la escuela y no gastaba casi nada. En la preparatoria empecé a salir a lugares más variados y mis gastos se incrementaron, aún así nunca tuve nada particularmente interesante. Nunca compré discos de música ni películas ni tuve videojuegos, nunca entendí la fascinación de los tenis ni la ropa de marca, mis cosas siempre fueron de lo más básico. Era aún muy pequeño cuando mi familia dejó de viajar en vacaciones. No digo que haya sido pobre, no, simplemente no recuerdo haber gastado en nada de eso. Siempre tuve lo necesario y si acaso un poco de chatarra extra. Me acuerdo que toda la prepa usé el mismo suéter verde, también lo llevé a la universidad los primeros semestres y seguía en buenas condiciones cuando lo extravié.

Claro que es inevitable ver en la televisión y el cine la vida de los que tienen mucho dinero y pensar que si uno fuera rico se solucionarían todos su problemas y podría ayudar a los demás, no se puede evitar pensar que eso te hará feliz. Pero nunca llenó mis pensamientos ni dominó mi mente. En la preparatoria era muy afortunado el que tenía un auto, entendiéndose por eso que sabía conducir y a veces sus papás se lo prestaban. Vi que era la ambición de muchos, incluso Mario nos comentó que uno se sentía poderoso cuando era adolescente y tomaba el volante por primera vez. A mi me dió curiosidad pero nunca tuve la oportunidad y no me preocupa. En la universidad fue cuando más se sintió el cambio, antes de que yo entrara al ITESM me dijo mi papá que si estaba seguro, porque ahí iba a ser de lo más normal que la gente tuviera cosas muy caras a las que yo no podía tener acceso y que era de esperarse que yo las quisiera también. Ignoro si fue un buen consejo considerarlo, siempre me pareció un punto de vista de lo más extraño. Nunca me importó y no llegué a sentirme incómodo en ninguna ocasión, el Tec no resultó exactamente así. Claro que hay gente de dinero y no falta a quien le guste presumir. En mi carrera la proporción de ricos era más baja, puede que eso haya tenido algo que ver. Siempre viajé en autobús, incluso algunos días hice el camino a pie por gusto. No deseé tener ropa de moda ni viajar al extranjero ni tener una computadora mejor.

La primera vez que trabajé en algo de mi carrera gané la cantidad de dinero más grande hasta ese momento de mi vida. Decidí comprar algo representativo, que me durara y que usara constantemente. En vista de que el Citizen de carátula dorada que mi padre me regaló en un cumpleaños había quedado sin possibilidad de arreglo luego de un accidente, elegí un reloj. El mismo que traigo hoy en día. También compré buen calzado.

Ahora que trabajo, las cosas no son muy diferentes. Tengo suerte y no necesito un auto para llegar a la oficina. Tengo ropa presentable pero no de lujo, mi par de zapatos de buen ver y francamente creo que la presión de grupo en este sentido jamás ha existido en mi vida y ahora es de lo más baja. Mis planes están más limitados por el tiempo que por otra cosa.

He estado juntado lo que voy ganando y me puse a contarlo, me di cuenta de que he gastado en promedio $400 a la semana, incluyendo varias salidas con amigos, algo de ropa de y un par de regalos que he dado. No me parece mucho, es sólo un poco más de lo que gastaba en la universidad. La cantidad de dinero acumulada es la más grande que he tenido jamás y creo que tendría que ponerme a pensar un rato para que se me ocurriera en qué gastarla. Sé que soy afortunado, me ha ido bien a comparación de algunos conocidos que se la ha visto más difícil. De ninño nunca pensé en tener tanto dinero como hoy, sé que suena absurdo decirlo porque aún nisiquiera alcanzaría para un auto o una casa. Solo sé que sigo sin ambiciones especiales al respecto y cada que me pongo a pensar en ello me doy cuenta de que tengo que admitirlo, que decírselo a alguien: toda mi vida, con lo poco o mucho que he tenido, he sido muy feliz.

Obra negra (a.k.a. Telenovelita de la prepa a.k.a. Cibercuates)

Hace poco platicaba con un amigo sobre el triste caso de un conocido, antiguo compañero de la escuela. Hace varios (por no decir muchos) años estábamos los tres en el mismo salón. El conocido del que hablo de pronto comenzó a hacerme plática, luego a juntarse conmigo por motivos que hasta la fecha me son desconocidos. No fue nada sospechoso en realidad, creo que solo intentaba ser mi amigo pero nunca entendí el por qué. Las cosas iban más o menos bien, como es mi costumbre caí en el error de no buscar cosas que pudiéramos tener en común y no interesarme mucho en averiguar más sobre él. A mi siempre me resultó indiferente, la verdad. Pasó el tiempo, creo que dos semestres y las cosas seguían igual. Luego él se fue interesando en conocer a mi amigo. Supuse que se había propuesto conocer a todos los de nuevo ingreso, por así decirlo ya que él llevaba más tiempo en la escuela. Mi indeferencia fue cambiando hacia algo más positivo pues consideré que tener un nuevo amigo en común sería divertido y, aunque no tenía nada en particular a favor de esta persona, tampoco tenía nada en su contra.

Pero las cosas se fueron complicando, se nos ocurrió hacer equipo para el proyecto final de una materia y fue ahí donde empecé a notar cierta tensión. Él prefería a mi amigo, lo cual no tiene nada de malo y no sólo ya estoy acostumbrado a que eso suceda sino que además no suelo buscar ser el centro de atención (diga lo que diga H. Leyva) así que en cierta forma ya me lo esperaba. Al principio no me pareció nada extraño pero luego comenzó a hacer bromas y comentarios que denotaban que yo no le caía muy bien. También estoy acostumbrado a eso, no me preocupó en realidad pero me resultó muy incoherente.

Por aquel entonces nos habían introducido a un juego multiplayer que jugábamos a escondidas de los profesores en las máquinas del laboratorio de computación, el conocido ya lo jugaba desde antes así que tenía más experiencia y como la mayoría éramos (relativamente) de nuevo ingreso, él era la autoridad en la materia y designaba los equipos. Al principio todo estaba bien pero luego algunos de los compañeros con los que yo tenía mejor dinámica ya no coincidían en el horario. Pensé en hacer equipo con mi amigo pero este tipo siempre jugaba con él y a mi me dejaba en el otro equipo, que se había ido llenando de gente a la que yo conocía muy poco y creo que no lográbamos colaborar bien. En una ocasión le comenté al conocido que quería estar en su equipo, para variar un poco, aquí debo reconocer que a pesar de todo él siempre había formado equipos bien balanceados, además aunque mi amigo y yo nos especializábamos en armas distintas (él era francotirador y yo experto en explosivos), teníamos casi exactamente el mismo nivel así que se dio cuenta de que para que mi propuesta funcionara debería intercambiarme a mi por mi amigo. Mi petición no fue respondida en el momento, sino luego de un rato y de varias muecas indescifrables. Al final este compañero dijo “¿a fuerzas tienes que estar en mi equipo?” a lo que yo contesté “tú dime, ¿a fuerza tengo que estar en el otro?” Se hizo un silencio en el salón y no me contestó pero hizo los equipos como siempre. Eso fue a finales de semestre, para el próximo mi horario cambió y ya no tuve mucha oportunidad de jugar además ya estaba cansado.

Hubo dos incidentes de los que francamente no me acuerdo en qué momento ocurrieron y que, ahora que lo pienso, pueden haber tenido algo que ver, lo digo porque me he dado cuenta al pensarlo en retrospectiva pero considero que no son para tanto. El primero fue un programa con el que yo estaba experimentando que permitía tener acceso a una red inalámbrica vecina, crackeando la clave Wep. Esto en teoría ya que el método que yo seguía tomaba mucho tiempo y antes de terminar la operación mi familia contrató la banda ancha. El conocido también tenía el hardware indicado y noté que se interesó en lo que yo estaba haciendo. Mi amigo me comentó que este hombre le había pedido averiguar qué programa estaba utilizando yo pero sin que me diera cuenta (ya habíamos caído en el espionaje, caray), detalle que me confirma que la lealtad es un arma de dos filos. Yo con gusto le hubiera pasado todos los pormenores a mi amigo pero el software en cuestión era muy quisquilloso y de nada serviría sin los drivers pirata. en ese tiempo yo no sentía que hubiera mala fe entre el conocido y yo, por lo que supongo que esto ocurrió antes de lo del videojuego, de modo que acompañé a mi amigo a casa de este sujeto a que fotocopiara un libro mío porque él tenía una papelería. En esa ocasión saqué el tema del hack de las redes inalámbricas y probé instalándolo en la máquina de este sujeto pero los drivers no funcionaron, su hardware era muy reciente y mi programa algo antiguo así que habría que buscar otra opción. Poco después mi amigo me dijo que, a petición del conocido, lo iba a ayudar a crackear la red inalámbrica de su vecino y me preguntó si lo ayudaba. Fue una pregunta bastante extraña para mí, justo en ese tiempo me estaba dando cuenta de la mala fe del compañero así que muy a mi pesar le dije a mi amigo que no lo apoyaría. La primera y única vez que he dicho esas palabras, en verdad me fue difícil tomar la decisión (oh, inocente mentalidad preparatoriana la mía).

El segundo incidente fue tiempo después, cuando ya había pasado lo del videojuego y estábamos en el equipo del trabajo final. En la escuela se habían dado cuenta de que las computadoras estaban llenas de porquerías y de que el acceso a internet no se usaba para nada bueno así que habían bloqueado muchas cosas, entre ellas los puertos de los programas de descargas. Mi amigo y yo nos propusimos encontrar la manera de saltarnos el firewall, más como reto personal que por otra cosa, él intentó varias cosas que no funcionaron. Yo investigué un poco el asunto y encontré el método para que los datos pasaran de manera imperceptible por el puerto 80, tristemente se requería de un proxy y los que existían en esa época y eran gratuitos cortaban la conexión cada media hora. Le describí a mi amigo el método que utilizaba y lo que había que buscar y él lo encontró primero, un proxy con un enlace a velocidad decente sin interrupciones que aceptaba todo el tráfico por el puerto 80, pero requería instalar un programa cliente. Funcionaba a la perfección. Decidimos mantenerlo en secreto para conservar el ancho de banda y acordamos que como había sido mi amigo quien lo había descubierto, él conservaría el derecho de decidir con quien se compartía. Previendo lo que podría pasar le dije que seguramente el tipo este querría utilizarlo pero me contestó “no se lo merece”. Una vez mientras trabajábamos en el laboratorio en nuestro proyecto final, que ya era de por sí algo difícil, el conocido me vio abriendo el programa de descargas. En realidad en ese momento no estaba descargando nada porque justamente estaba probando un nuevo método para brincarse el firewall, que no estaba dando resultados. Yo supongo que ya me había visto descargando cosas porque inmediatamente saltó de su asiento y me preguntó cómo le estaba haciendo y yo le dije la verdad (al menos una parte de), que estaba probando un programa que no funcionaba y le mostré cómo mis descargas estaban detenidas. Él tomó el mouse y husmeó en la configuración (gran falta de respeto eso de tomar el control de una computadora ajena sin permiso) y constató había un proxy configurado pero que no trabajaba. Indignado volvió a su asiento.

Por ahí entre todo esto yo instalé un nuevo juego en varias máquinas, esperando refrescar un poco las tardes multiplayer. Mi juego corría bien a secas en las máquinas cuando era nadamás un jugador pero cuando entraban más se alentaba demasiado así que mi iniciativa no tuvo éxito. Pero pasó a la historia porque el conocido andaba pregonando por ahí que yo le había querido copiar la idea.

Falta mencionar que antes de todo eso me llegaron algunos chismes que él andaba esparciendo a mis espaldas, le comenté a una amiga de mi confianza que es muy buena con el trato a las personas, ella me confirmó lo que él decía y razonablemente me sugirió hablar con él. Al hacerlo lo único que él me dijo fue que así trataba a todos sus amigos y a toda la gente en general, no sé cómo podía considerar eso como un argumento en su defensa. La discusión fue bastante larga, recordemos que todavía lo consideraba un posible amigo, pero no se obtuvo ningún resultado. Supuse que tenía una manera de pensar muy rara y fue donde le empecé a perder el interés.

Así que luego de todo eso limité mi contacto con él. Creo que no dejó de esparcir los chismes. Hubo una vez en la que él también quiso aclarar algo conmigo pero no recuerdo qué fue, no le hice mucho caso. Lo último que pasó es bastante bizarro y nunca entenderé cómo pudo afectarle tanto. En una materia nos tocó hacer una exposición en el salón de cómputo, que era donde había proyector. Yo estaba juntando los archivos de PowerPoint de los que ya habían pasado y un dia este tipo me dio un diskette para que se los pasara, estábamos en clase y le dije que los tenía en mi casa, que ahí ya los había borrado. No me escuchó y se lo dije más fuerte, se fue en silencio.

Más adelante al salir de una materia me quedé esperando a mi amigo, salió pero se quedó platicando con el conocido, yo no me acerqué, esperando a que terminaran de hablar para irme platicando con mi amigo. Cuando dejaron de hablar vi que el sujeto se acercó a mi y me dijo que si podíamos hablar, no veía que pudiera salir nada bueno de eso. En síntesis me dijo que no le habíagustado como le había contestado la vez del diskette, que le había gritado y bla bla bla. Por lo visto se lo tomó demasiado personal. Fue subiendo de tono muy rápido y yo casi ni alcanzaba a responder nada. En ese momento me di cuenta de que solo tenía dos opciones: seguir batallando con él toda la vida o mandarlo al carajo. Pensé en contestarle que así era como yo trataba a todos mis amigos y a toda la gente pero nadamás le dije que yo no estaba para escuchar esas cosas, di media vuelta y me fui. Todo esto sucedió muy rápido, mi amigo apenas iba unos diez metros adelante en el pasillo y fui a alcanzarlo. Pero el conocido no entendió, me persiguió por tres pisos diciéndome que yo estaba mal y no sé que tantas cosas, se veía bastante alterado y ladraba algo sobre partirme el hocico. Le di la razón y tampoco le gustó ¿quién entiende a la gente? Me fui y no nos volvimos a hablar.

Él siguió trabando amistad con mi amigo, yo nunca tuve ningún problema con eso y la verdad me tiene sin cuidado, salvo por las ocasiones en que llegó a causar inconvenientes estúpidos. Por ejemplo una vez en que yo iba a ir a casa de mi amigo pero el conocido lo había invitado a comer y luego le iba a dar ride a su casa. Sería mucho más fácil ir los tres a comer y que el conocido nos dejara a los dos en casa de mi amigo pero ah no, tan sencilla cosa no puede ser.

Hay otros pequeños detalles que me faltaría contar, una vez fuimos a casa de un compañero a beber y el conocido estaba tomando fotos, yo había tenido un problema familiar el día anterior así que no andaba muy bien que digamos, salí en un par de fotos muy serio pero salía en el fondo, nisiquiera me habían tomado la foto directamente. El conocido no se cansó de echármelo en cara. En otra ocasión varios compañeros fuimos a almorzar a un puesto de tacos cercano, los famosísimos tacos de Doña Ilda que nunca entendí porque eran tan famosos, el conocido los tenía en muy alta estima. Esa vez me preguntó qué me habían parecido y pues yo les di una calificación de ocho, la presentación y poca variedad de salsas tuvieron mucho que ver. Él se sintió ofendido…

No sé cual sea la moraleja de la historia, aún hoy en día me llegan informes de que sigue diciendo pestes de mí. Últimamente he estado pensando en eso, tratando de aprender algo de lo que pasó y no cometer el mismo error de nuevo. No he llegado a mucho, creo que en algún momento el buscó una amistad (¿verdadera?) conmigo y por muchos pequeños malentendidos sintió que lo rechazaba… horriblemente. Creo que cuando sintió que le grité se afectó su “orgullo”. Mi amigo todavía lo ve con frecuencia, ha tenido oportunidad de conocerlo mejor y me dice que no le está cayendo muy bien, que es lo que podríamos denominar un “bully“. Platicando con algunos compañeros de aquella época es inevitable que salga el tema de vez en cuando y ahora me entero que mi conocido nunca habló de esto con nadie. Me doy cuenta de que está afectado, realmente no lo puede olvidar siendo que sucedió hace años. Y yo todavía no entiendo por qué.

Es muy cansado cuando algo así pasa, particularmente haber estado en la posición de mi amigo donde se tiene una relación en buenos términos con dos personas que no pueden estar juntas. Creo que este sujeto de alguna u otra forma quiere manipular a las personas, no sé qué pueda ganar. No me arrepiento de haberlo mandado al carajo y aún así todavía soy capaz de ver que hay algo bueno en él, como dicen por ahí toda persona vale algo. Muy a mi pesar nuestra amistad quedó en obra negra.