Counting my millions

Counting my millionsTengo un secreto que confesar, no sé por qué se ha ido haciendo difícil admitirlo. Cuando estaba en la primaria era muy afortunado si mi papá me daba una moneda de $2’000 para gastar en el recreo, para mi era mucho dinero y me doy cuenta de que no tenía ambiciones de ningún tipo, ningún plan en particular para esos recursos. Normalmente lo gastaba todo ese mismo día y no recuerdo haber ahorrado nada a esa edad, al menos nada con un propósito definido. En una ocasión me compraron un cochinito de barro en una feria y depositaba ahí monedas de vez en cuando, solo por el gusto de hacerlo. Cuando lo rompí había una cantidad que a los ojos de un niño de ese tiempo era considerable. No lo gasté en mí, decidí comprarle unos zapatos a mi mamá.

Con el paso del tiempo mi papá fue dejando de estar al tanto del dinero, pero nunca me faltó nada. En la secundaria es cuando se rompió el cordón umbilical y por primera vez anduve libremente por la ciudad sin compañía de mis mayores. Normalmente iba a dar la vuelta con compañeros de la escuela y no gastaba casi nada. En la preparatoria empecé a salir a lugares más variados y mis gastos se incrementaron, aún así nunca tuve nada particularmente interesante. Nunca compré discos de música ni películas ni tuve videojuegos, nunca entendí la fascinación de los tenis ni la ropa de marca, mis cosas siempre fueron de lo más básico. Era aún muy pequeño cuando mi familia dejó de viajar en vacaciones. No digo que haya sido pobre, no, simplemente no recuerdo haber gastado en nada de eso. Siempre tuve lo necesario y si acaso un poco de chatarra extra. Me acuerdo que toda la prepa usé el mismo suéter verde, también lo llevé a la universidad los primeros semestres y seguía en buenas condiciones cuando lo extravié.

Claro que es inevitable ver en la televisión y el cine la vida de los que tienen mucho dinero y pensar que si uno fuera rico se solucionarían todos su problemas y podría ayudar a los demás, no se puede evitar pensar que eso te hará feliz. Pero nunca llenó mis pensamientos ni dominó mi mente. En la preparatoria era muy afortunado el que tenía un auto, entendiéndose por eso que sabía conducir y a veces sus papás se lo prestaban. Vi que era la ambición de muchos, incluso Mario nos comentó que uno se sentía poderoso cuando era adolescente y tomaba el volante por primera vez. A mi me dió curiosidad pero nunca tuve la oportunidad y no me preocupa. En la universidad fue cuando más se sintió el cambio, antes de que yo entrara al ITESM me dijo mi papá que si estaba seguro, porque ahí iba a ser de lo más normal que la gente tuviera cosas muy caras a las que yo no podía tener acceso y que era de esperarse que yo las quisiera también. Ignoro si fue un buen consejo considerarlo, siempre me pareció un punto de vista de lo más extraño. Nunca me importó y no llegué a sentirme incómodo en ninguna ocasión, el Tec no resultó exactamente así. Claro que hay gente de dinero y no falta a quien le guste presumir. En mi carrera la proporción de ricos era más baja, puede que eso haya tenido algo que ver. Siempre viajé en autobús, incluso algunos días hice el camino a pie por gusto. No deseé tener ropa de moda ni viajar al extranjero ni tener una computadora mejor.

La primera vez que trabajé en algo de mi carrera gané la cantidad de dinero más grande hasta ese momento de mi vida. Decidí comprar algo representativo, que me durara y que usara constantemente. En vista de que el Citizen de carátula dorada que mi padre me regaló en un cumpleaños había quedado sin possibilidad de arreglo luego de un accidente, elegí un reloj. El mismo que traigo hoy en día. También compré buen calzado.

Ahora que trabajo, las cosas no son muy diferentes. Tengo suerte y no necesito un auto para llegar a la oficina. Tengo ropa presentable pero no de lujo, mi par de zapatos de buen ver y francamente creo que la presión de grupo en este sentido jamás ha existido en mi vida y ahora es de lo más baja. Mis planes están más limitados por el tiempo que por otra cosa.

He estado juntado lo que voy ganando y me puse a contarlo, me di cuenta de que he gastado en promedio $400 a la semana, incluyendo varias salidas con amigos, algo de ropa de y un par de regalos que he dado. No me parece mucho, es sólo un poco más de lo que gastaba en la universidad. La cantidad de dinero acumulada es la más grande que he tenido jamás y creo que tendría que ponerme a pensar un rato para que se me ocurriera en qué gastarla. Sé que soy afortunado, me ha ido bien a comparación de algunos conocidos que se la ha visto más difícil. De ninño nunca pensé en tener tanto dinero como hoy, sé que suena absurdo decirlo porque aún nisiquiera alcanzaría para un auto o una casa. Solo sé que sigo sin ambiciones especiales al respecto y cada que me pongo a pensar en ello me doy cuenta de que tengo que admitirlo, que decírselo a alguien: toda mi vida, con lo poco o mucho que he tenido, he sido muy feliz.

8 pensamientos en “Counting my millions

  1. Claro, interpéteme literalmente como KWZ acá. Si quiere que se lo traduzca, me refiero a que no compro un estilo de vida. O algo así. Y la felicidad ya quien me la quita.

  2. ¿O sea que la suya ya no volverá? Que triste.

    De hecho hace un tiempo había pensado en el proyecto “Fotografiemos México”, que prestaría equipo fotográfico o lo rentaría a precios muy bajos a cambio de ciertos derechos sobre el uso de las imágenes que se tomen. Quizá se podría usar algo como Photsynth de Microsoft. Yo sé que esto no tiene mucho que ver, pero me lo ha recordado.

  3. Debo reconocer… hermosa sensacion cuando se recibe su primer sueldo jajaja, LO PEOR… saber que los euros rendiran mas del otro lado del charco.. y peor aun.. tener un mediamarkt tan cerca con tentaciones muuy grandes

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