Maybe just one of many

Sabía que era un sueño porque estaba de vuelta en ese mundo mío donde los espacios son más grandes, donde hay bosques, donde soy eternamente un niño de edad indefinida o quizá incluso un adolescente. Esta vez me encontraba en una especie de internado, yo y otros vivíamos en cuartos con puerta a un patio central, eran más bien como cabañas. Como todas las noches, cerraba con llave mi puerta. No sé por qué pero sentía que era algo que debía hacerse siempre. Poco a poco comenzaban a llegar otros, nos acomodábamos en el piso para dormir. No me sorprende que me lo tomara como lo más natural.

De pronto a una de las mujeres (tal vez debería decir “una de las niñas”) que estaban durmiendo en la cama parecía más bien estar en un estado comatoso, le brotaba un hilillo de sangre de la boca y su cuerpo comenzaba a mostrar un ligero temblor. Todos se empezaban a poner tensos. Más tarde otra persona en la habitación mostró los mismos síntomas, aunque en mucho menor grado. Ahora todos estaban francamente asustados pero a la vez parecían saber exactamente lo que estaba pasando y estaban manejando la situación de acuerdo a cierta metodología lógica pero extraña, pues no se movían de su lugar, con la única esperanza de llegar hasta el amanecer. No me extrañó que nadie hablara de ir a pedir ayuda ni de salir de la cabaña, sin duda abrir la puerta no era una opción.

Entonces las vi. Frente a mi ventana había una especie de salón de dos aguas sin muros, totalmente de madera. Quizá estaba yo en una especie de campamento y ese era el comedor o el atrio, no lo sé. Pero ahí estaban, dos mujeres adultas corriendo depavoridas y horrorizadas, huyendo de nada. Iban tropezándose en los escalones porque no dejaban de mirar atrás y señalar al aire*. “¡Están aquí! ¡Están aquí!” gritaba alguien que saltaba de un lado al otro de la habitación, apuntando con su dedo a los rincones. Entonces es verdad, existen los monstruos invisibles y tal vez, con mucha suerte, en nuestra habitación solamente logró entrar uno de muchos. Creo que era lógico desde el principio.

*Este detalle de los monstruos que son invisibles para los niños pero visibles para los adultos obviamente debe estar inspirado en los espectros que aparecen en “The subtle knife”, el segundo tomo de la trilogía “The golden compass” de la que ya hablé un poco. La única diferencia es que en esas novelas los espectros solamente hacen daño a los adultos. También puede tener algo que ver que comencé a leer “Invisible monsters” de Chuck Palahniuk. No cabe duda que mis sueños pueden ser muy raros.

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