Diez años

La noche es cálida, no me será fácil dormir. El taxista es de esos que te hacen plática, me resultan irritantes. No estoy seguro de si llevaba el radio encendido y lo acaba a de apagar, mi cabeza está en otra parte. He vuelto a la adolescencia, ando rondando callado por el patio de la secundaria. En aquel entonces, como ahora, no era muy bueno para relacionarme con la gente. Ha pasado una década y siempre me he dicho que desperdicié esos años buscando la amistad de la persona equivocada, cuando tuve a uno de los mejores amigos de la vida frente a mis narices. Y pasó el tiempo, al bueno lo ignoraba mientras al malo, lo escuchaba. Toda esa atención se fue al diablo por los reveses de la vida. Una pregunta me saca del recuerdo ¿futbol? no podría importarme menos, a los dos segundos ya no recuerdo lo que le dije al taxista, seguramente que no iba a ver el tan “clásico” partido. Pasamos frente a Plaza del Carmen, recuerdo que muchas veces nos vimos ahi. Porque yo viví la secundaria en el centro, entre tiendas, canteras y la gente. La gente que pasa con la mirada perdida, que nunca se fija en los que no andan por ahi llamando la atención. La gente que se deslumbra con los aparadores y evita los callejones que, a primera vista, parecen olvidados. Así fui yo con quien ahora es uno de mis mejores amigos.

También así solía pasar por aquí, sin fijarme en nada, pero esta noche voy pensando en el pasado. En como a mí siempre me fue bien en la escuela, aunque me propusiera lo contrario. No sé, tenía el don o la costumbre o como quieran llamarle. O tal vez, sencillamente, me gustaba leer. Pero tú no eras así, yo no sabía qué pensar. Te ayudaba a estudiar por compañerismo y nada más, porque yo entendía fácilmente y al principio no sabía cómo decir que no. Y siempre fuiste amable, íbamos a tu casa grande, llena de cosas antiguas. Y  no entendías, no aprendías, siempre tuve la duda de si no estabas poniendo atención. Digo que en el fondo me gusta pensar que todos tenemos la misma capacidad, las mismas oportunidades pero la verdad es que temo admitir la verdad, que no es así.

El taxi por fin sale del centro, voy pensando en cómo fue que las cosas salieron mal. Poco a poco, naturalmente. Comenzó con las distinciones de los profesores cuando hacíamos un trabajo en equipo y no confiaban en ti. Yo nunca vi nada de malo, odio eso, siempre lo he odiado y por eso ahora tengo la mala costumbre de evitar mostrar que estoy haciendo algo bueno. La gente lo asocia a las personas. Debí notar que algo importante estaba pasando cuando él reprobó el último año de secundaria. Nunca he sabido cuanto se necesita fallar para reprobar un año de escuela, en especial antes de la preparatoria. Lo vi ocurrir mucho en la primaria, porque era una primaria muy grande y estuve muchos años ahí. Opinaba que eran un fracaso, que no tenían futuro, cuando en realidad a esa edad no significa nada. Pero contigo, ahora lo veo, tal vez te haya estad pasando algo desde entonces, algo que nadie mas vio y yo apenas distingo.

Otra pregunta del taxista me saca de recuerdo, ya vamos a llegar. Pienso que después de eso hubo otras señales, algo, estoy buscando algo en el tiempo que me ayude a entederte ahora. Aún me sorprende que la última vez que nos vimos fue hace exactamente un año. Ha pasado mucho tiempo así, sin contacto frecuente. Solamente me llegaban de vez en cuando las noticias y el ocasional saludo accidentado. Terminaste la secundaria, hiciste la prepa abierta. No ibas mal. Luego empezaste a entrar a trabajos sin futuro, pensaba que tenías en mente algo más. Tuviste un hijo, nunca he sabido cuanto afectó eso tu vida. Pensé que te casarías, que saldrías de la casa de mamá, que algo pasaría. Pero no sucedió nada, los mismos trabajos, las mismas amistades, los mismos encuentros y hasta los mismos pasatiempos. ¿Ahora entiendes por qué los videojuegos en la misma casa colonial de tu familia, en esos muebles enormes y algo desvencijados ya no me llaman la atención? Empieza a darme miedo esas cuatro paredes amarillas y el piso azul, el calor de siempre, que se encierra porque el sol de la tarde da de lleno en esa ventana.

El taxi se detiene, salgo del auto. El viaje fue más corto de lo que esperaba. Voy pensando en lo que acaba de pasar. Querías verme, como siempre. Y yo con mi indeferencia reciente hacia ti, creo que estoy volviendo al pasado contigo. Lo que ha cambiado para bien es cuánto te estimo. No te aseguraba una fecha, no por ti sino porque no quería volver a hacer lo mismo que en la secundaria, como siempre es contigo. Nunca te lo he dicho pero me deprime un poco verte así, no sé qué hacer ni qué decir. De ahí el silencio. E igual que siempre me da gusto verte. Me habías contado que no tenías trabajo. En la mañana te dije que hoy por fin iría a verte. Me dijiste que me ibas a pedir un favor y ya me imaginaba de que se trataba. Platicamos como en los viejos tiempos, no sabes cuanto me alegró. Te había contado que pensaba comprar un auto, fuiste de las pocas personas que no me quisieron adoctrinar al respecto. Creo que ahora empiezo a comprender tu silencio. No está mal, no está mal. Platicamos de todo y no entendí por qué no estas buscando otro empleo ni que va a ser de ti, me preocupa. Y entonces me pediste dinero. Más de lo que nadie me ha pedido en la vida. Tal vez no es tanto como lo hago sonar, solo estoy poniendo las cosas en perspectiva. Pero es suficiente para forzarme a posponer mi auto. Me extraña que lo dijeras así, sin ofrecer explicaciones. Yo no quise hacer más preguntas.

Abro la puerta de mi casa y voy pensando en nuestra despedida, con la pregunta que no me atreví a responder, el favor que no sé si podré hacerte porque miento, conozco de antemano la respuesta. Estoy pensando que solamente una vez has venido a verme, que las cosas han sido extrañas y nada ha resultado como esperábamos cuando nos conocimos. El sentido común me dice qué hacer, y al diablo el sentido común. No sabes que hace años me prometí no defraudarte y hacer por ti cuanto estuviera en mis manos. Nunca lo sabrás y eres mi más viejo amigo.

Cierro la puerta, el frío se queda afuera. Aún llevo en la mano el teléfono, no lo he soltado desde que llegó tu mensaje. Apenas arrancaba el taxi cuando lo recibí. Me agradeciste por la cena pero sobre todo por irte a ver. Usaste las palabras correctas. No me había fijado quién pagó, lo hice sin pensarlo y tu mensaje me conmueve, no sé por qué. Es muy fuerte, por eso venía pensando en el pasado, en los tiempos de la secundaria, en todo esto, en que no sé qué hacer y temo a dónde vas. Me asusta que estés tan tranquilo ¿Cómo te lo voy a decir? Porque puta, ya son diez años.

2 pensamientos en “Diez años

  1. Ojalá y hubiera podido escribir algo así para decir simplemente que todo ha cambiado y que los caminos se van separando… y pues no, y todo salió mal. Ni modo…

  2. Pingback: Diez años « El Plan de San Luis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s