The Firefox hiccup

Oh Firefox, el navegador “por excelencia”, la “perfecta perfección” y quién sabe que otras tantas cosas he oído a la gente decir. Es muy curioso lo que ha sucedido con este programita que pareciera que salió repentinamente de la nada ¿o acaso alguien todavía lo relaciona con Netscape y AOL?

Debo confesar que, curiosamente, soy de las tal vez pocas personas que no conocieron el internet en Internet Explorer. A mi me tocó Netscape con su logo animado en la esquina de la ventana que indicaba que el contenido se estaba cargando. Así que cuando empecé a usar Windows con internet, por allá de la transición entre Win 95 y Win 98, siempre estuve un poco mmm no puedo decir incómodo, digamos “curioso” (también puedo decir “consciente”) de que había más de un navegador y que las diferencias con IE fueran tantas. No, al principio no odiaba ni me incomodaba particularmente IE, de hecho aún no lo hace. Es algo muy curioso, creo que no hay otro software de uso diario para mi para el que existan tantas alternativas para obtener los mismos resultados sin grandes problemas, me refiero a navegar en internet. La verdad sólo he visto que diseñadores y arquitectos tengan una cantidad similar de opciones con el software de diseño en 3D, de hecho suelen tener varios programas similares y los utilizan con distintos fines, según el que ofrezca el mejor resultado para la ocasión. Hacer eso con, por ejemplo, suites estilo Office es bastante impráctico y créanme, puede resultar en un dolor de cabeza.

Así que para bien o para mal he estado desde que hago uso de internet en una búsqueda constante por el navegador que se adapte a mis necesidades. Vamos, no seamos pretenciosos y esperemos encontrar el navegador perfecto al que hay que convertir a todos los paganos. Creo que un navegador es una elección bastante personal, en la categoría de los programas de TV que ves o la música que escuchas: la decisión no tiene por qué tener mucho sentido pero es una elección privada de la que se puede discutir por horas.

Y entonces estaba yo muy feliz navegando en mi IE en Win 95 y llega un cuate y me enseña el nuevo Netscape, llega Win 98 y suelo hallarme en situaciones en que tengo muchas ventanas de IE abiertas a la vez. En XP empecé a usar Opera de manera corriente, también probé los browser wannabe como Maxthon (a quien, contra todo pronóstico que puedan tener los que me conocen, le tengo bastante respeto: de veras hace las cosas más fáciles). Tal vez se estén preguntando el por qué de todo esto, pues bien, el navegador es sin lugar a dudas la aplicación que mas uso en muchos sentidos: es el programa que mas abro, cierro, actualizo, personalizo, que más tiempo estoy utilizando durante el día y en el que más información manejo. También es el software que más creo conocer, con el que más cómodo me siento en cuanto a configuraciones y resolución de problemas. Eso no quiere decir que sea de los que opinan que las aplicaciones en web son lo ideal ni mucho menos, pero eso ya es tema de otra discusión.

En algún momento por allá de 2004 sale un navegador llamado Firefox que por circunstancias bastante irrepetibles comienza a llamar la atención de mucha gente, de pronto todos empiezan a darse cuenta de que hay un mundo más allá de IE. Eso solo puede ser bueno, las opciones suelen serlo. Y Firefox era pequeño, fácil de instalar y desinstalar, tenía pestañas y era una aplicación sin dependencias retorcidas al sistema operativo. Era “seguro” palabra que viene a señalar que los tiempos cambian. En algún lado leí algo muy cierto respecto a que en los reviews iniciales de Windows XP nadie mencionaba ni por asomo la palabra “seguridad”, aspecto que vendría a importunar mucho a ese Windows durante toda su vida y que aún hoy en día sigue estando en boca de todos.  Esa etapa le tocó a Firefox y la verdad no sé bien cómo es que llegó a ser tan sonado como es ahora este navegador (donde “tan” equivale a decir “entre menos del 20% de los usuarios de internet”). Recuerdo cuando ibas a firefox.com y la página estaba dividida en dos: el dominio no era de Mozilla, sino de otra compañía que amablemente prestó la mitad de su página principal para redireccionar al navegador a todos los que lo estaban buscando y que eventualmente cedió el dominio. ¿Cómo pasamos de eso a romper el récord de descargas en menos de cuatro años?

Netscape, cómo amé yo Netscape 4 e incluso el 7 en sus días, cuando ya Netscape se estaba derrumbando pero todavía quedaba vivo el espíritu de rebeldía. Después, un breve periódo de oscurantismo en que Netscape ya no funcionaba bien con las páginas más nuevas, fue pasando poco a poco. Primero era una imagen o un poco de texto fuera de lugar, después las cosas simplemente no se podían utilizar. Hubo que dejarlo atrás y recurrir a IE. Netscape 8 fue un desastre, Opera siguió echándole ganas y llenándose de características frente a la que la mayoría de los usuarios se quedan con cara de what? y, para los que no sabían, les recuerdo que en aquella época Opera tenía anuncios, tenía un banner arriba en el que casi nadie se anunciaba y que solo se podía quitar pagando los $20 USD que costaba el programa. Después hubo la opción de cambiar el banner por anuncios de AdSense y finalmente Opera fue gratuito. El anuncio era molesto, sí, pero la experiencia me resultaba tan agradable a comparación de IE que lo toleraba sin miramientos. Cuántas veces quise tener manera de realizar el pago electrónico con tal de tener un navegador a mi gusto.

Firefox creció, se dio a conocer y fue bonito. Después llegaron los graciositos con sus banners, disclaimers y trucos de CSS promoviendo Firefox y diciendo cosas como “No seas idiota, la primera regla del internet es que nunca debes usar IE” y sitios que identifican tu navegador y de plano te mandan a una página que nadamás dice “descarga Firefox para ver ese sitio” y lo increíble es que lo hacían por gusto, no habiendo otro motivo en absoluto. Noticia noticia: es posible que quienes quieran ver tu página no tengan manera de instalar nada. Ese grupo se sigue extendiendo en niveles insospechados, infectando la mentalidad de algunos usuarios muy hardcore que siempre y en toda circunstancia proclamarán a Firefox como el mejor navegador, indiscutiblemente. Son ese tipo de personas que son incapaces de poner las cosas en perspectiva y aceptar que Firefox siempre tuvo un serio problema con el consumo de memoria. Como dato cultural siempre me pregunté el motivo de que siendo Firefox un proyecto Open Source, no se le hubiera adaptado para correr en celulares, tostadores y microondas, resulta que la culpa la tiene precisamente el elevadísimo consumo de memoria de las primeras versiones. No, no es como si yo usara mucho un navegador en mi Palm, solo es un dato cultural.

Ahora estamos en ese punto, en que la gente que se dice conocedora ya conoció Firefox, le gustó, vio que es bueno (porque sí, lo es) y lo defiende a capa y espada hasta lo irracional. Si una característica la tiene Firefox, seguro fue el primero en tenerlo, si una no la tiene es porque no es bueno tenerla y si existen más opciones no vale la pena perder el tiempo conociéndolas porque nadie es tan compatible y cool como Firefox. Ah y que a nadie se le ocurra tomar el código de Firefox y hacer otro navegador porque obviamente será un proyecto innecesario y bastardo, que es el trato que han recibido en sus inicios y aún hoy en día proyectos como Flock (que dicho sea de paso, es muy cool a su manera). La única conclusion que puedo sacar de ese tipo de personas es que no han conocido mucho el mundo, lo siento mucho si sueno pretencioso.

Por ejemplo, como siempre he tenido un interés en el tema, solía preguntarle a la gente que navegador usaba, esperando que me convirtieran. Desafortunadamente nunca obtuve mucha información de esa manera, hay quien sigue considerando que Firefox inventó los navegadores con pestañas, que los demás son unos copiones y que la gente de Mozilla debe ser beatificada y no, no se trata de entrar en un debate de quien inventó que cosa sino de que hay que conocer un poquito más antes de hablar. La cuestión no es ser un snob conocedor de navegadores, sino tener una opinión informada. Total, díganme ¿la verdad quien acaba escogiendo lo que realmente le conviene?

Hace poco estaba entrando en debate con una persona sobre las preferencias en cuanto a navegadores y pasó algo muy curioso: al momento de ponerse a considerar las cosas en modo “si solo pudieras tener un navegador ¿cuál sería?” yo creo que me quedaría con IE 6 ¿por qué? pues muy sencillo: es el único en el que funcionan las aplicaciones web que uso en el trabajo y no puedo quedarme sin utilizarlas, créanme que lo último que quiero perder es la compatibilidad con esas páginas. Y entonces viene la petición de reconsiderar y especificar el criterio para forzar la elección “No, no, pero para uso peronal” ¿qué significará exactamente eso? No estoy seguro pero si mis páginas preferidas no funcionaran con el navegador de mi agrado estaría en serios problemas. Y es que no falta el que te pregunte “a ver dime pues ¿cuál es el mejor navegador y por ende el único que debo de utilizar siempre y en todo lugar?” Y pues creo que la gente que tiene algo de criterio sabe inmediatamente que a ese tipo de preguntas es, generalmente, imposible dar una respuesta.

Vienen los que preguntan lo mismo ¿cuál es el mejor? y cuando les dices “¿mejor en cuanto a qué?” te dicen “mmm no sé pero tú dime”, los que nunca se podrán imaginar lo que es, por ejemplo, una pestaña de navegador minimizada y dicen ser incapaces de verle la utilidad; quienes no pueden imaginarse una barra de herramientas realmente personalizable y los que dirán que el manejo de memoria no es gran problema porque ellos nunca tienen más de dos o tres ventanas pestañas abiertas a la vez. Me parece increíble por ejemplo que alguien que pase horas en internet  leyendo información de diversas fuentes no sepa lo que es la preservación de estado. También están a los que no les importa nada de esto y no quieren perder el tiempo, y está bien. Es su computadora, su tiempo y su uso de internet. Esta discusión no va dirigida a ellos, les será tan tediosa e indiferente como para mí lo son los partidos de futbol en TV y los programas de comentario deportivo. Lo que intento decir es que es molesto el fanatismo en cualquier forma y que creo que es lógico que cualquier persona que pase tiempo regularmente en internet y manejando varias páginas pruebe varias opciones y elija la que le conviene gusta porque será capaz de identificar las fortalezas y debilidades de cada una.

Ya tenía tiempo que quería hablar de navegadores, como ya he hecho en el pasado (para solo poner en evidencia todo lo que he dicho aquí sobre la gente, ja) y últimamente Firefox 3 y la última y bastante mejorada versión de Safari para Windows me han puesto a pensar de nuevo en eso. Mucha gente parece tener a Firefox 3 en un pedestal y asumen que automáticamente será mejor que el anterior (pista: no necesariamente es así ni tampoco es al contrario) tan solo por ser nuevo. Aquí es donde debo confesar que mi experiencia con Firefox ha tenido altibajos. La versión 1.0 fue más una curiosidad que otra cosa, por ahí de la 1.5 ya se le podía tomar en serio. La version 2 me gustó bastante y con ella comencé a realmente usar y depender de ciertas extensiones (“extensiones” es la palabra clave con Firefox, la característica que tiene el y nadie más como para Opera lo es la integración de funciones que tal vez no deberia tener y para IE es el hecho de que sea el navegador por defecto en todos lados). El Firefox 2 lo acepté con reticencia al principio pero al final me preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin el. Luego llegó la época en la que estoy ahora en que tengo cuatro máquinas distintas y es extraño tener cada una con diferente navegador/configuración y ponerlas todas igual es tal vez un desperdicio de tiempo. Llega Firefox 3 y las clásicas frustraciones se presentan: mis extensiones ya no sirven, me movieon cosas en los menús, el navegador se comporta raro e incosistente. Vámonos por partes…

Mi principal queja siempre había sido una pequeña sobrecarga, trabazón o como quieran llamarle, al abrir varias pestañas una tras otra rápidamente. Vayan a una página que tenga varios enlaces, den click central en unos 15, uno tras otro, sin pausas. Tampoco como si estuvieran tratando de romper algún récord de velocidad pero es algo que hago muy seguido. Firefox, desde ya no me acuerdo cuando, se trababa un poco como a las 6 – 8 pestañas nuevas, tal vez solo le tomaba unos cinco segundos para volver a reaccionar pero es muy molesto cuando todo lo que estás haciendo está en el navegador y no tienes la opción de ponerte a hacer otra cosa mientras se destraba. Llegó a ser tan consistente ese comportamiento en todas las máquinas que utilizo que estaba seguro de que era Firefox. Con la versión 3 ya no me fue posible instalar toda mi colección de temas y extensiones y preferencias y el problema se solucionó. Aún no estoy seguro de la causa pero me da mucho gusto que no haya sido el navegador en sí. Ya probé Firefox 2 sin extensiones ni tema, en una instalación limpia, y el comportamiento no se presenta. Ese es el “hipo” de Firefox que da nombre a este post y que tanto me había entorpecido la forma de trabajar, poniéndome a pensar en todo esto. también he visto otros comportamientos inconsistentes como el manejo de la restauración de sesión con el mensaje de confirmación al cerrar múltiples pestañas. Ok, tal vez ese no sea un bug pero estoy convencido que al menos debería haber un texto explicativo en alguna parte. También están las sesiones, Firefox soporta sesiones, según recuerdo, desde la versión 2. Pero ¿dónde se configuran? sale una ventanita preguntando la primera vez que se cierra el navegador con varias pestañas, fuera de eso no lo sé. Firefox también nos trae a la modernidad con una función de zoom que amplía la página en su totalidad, no solo  el texto. IE 7 hace eso desde que salió, Opera desde no sé qué versión, mínimo desde el 2003. Y algo que noté, algo nuevo, es que si aumentas de tamaño una pestaña, se aumentan también todas las demás, algo nunca visto. Lo malo es que si haces eso, al cambiar entre pestaña y pestaña puedes llegar a ver un poco del hipo, un pequeño salto o reajuste en el tamaño de la página, es muy rápido pero es evidente que sucede.  Y lo peor es que esta consistencia en los aumentos se ha comportado igual, aumentando el tamaño de todas las pestañas, casi siempre. En una de mis cuatro instalaciones un aumento en el zoom aumenta el tamaño de algunas pestañas y de otras no, incluso al darle en el botón de atrás parece que se quedan guardados los estados del zoom y la página se hace grande y pequeña. ¿Qué se supone que debo pensar de eso?

Y en todo eso estaba pensando cuando no sé cómo fui a dar a un review de Firefox 3 de alguien considerado respetable. Léanlo y verán a lo que me refiero con el fanatismo injustificado. Aunque hace algunas críticas bastante razonables (en general todo lo que tiene que ver con bookmarks está bastante desorganizado aún en Firefox 3) está lleno de joyitas de subjetividad e ignorancia. Ya más adelante hablaré de ellas pero creo que la que mejor ejemplifica lo que he dicho sobre el entusiasmo desmedido e injustificado y muchas veces basado en nada más que buenas intenciones, es esta:

Firefox was the first browser intelligent enough to warn you when you were about to close a browser window that had two or more open tabs.

Y como una imagen dice más que mil palabras:

Netscape Warning

Marcelino

Seguramente todo mundo ya lo vio pero más vale tarde que nunca. Me sorprende que ya en un par de meses se vaya a cumplir el año, se ha pasado rapidísimo el tiempo. Ya hasta me deshice de las dos cámaras que usé. Las fotografías corresponden a tres sesiones distintas, de ahí la diferencia. La excusa que puedo dar para justificar la tardanza y la falta de panorámicas en resoluciones altísimas es que el día en que tomé esas imágenes hacía demasiado sol y viento, lo cual combinado con una cámara demasiado lenta, hizo que las fotos fueran inútiles en todos los sentidos. Súmenle también, claro está, mi inexperiencia. No puedo decir que no le dediqué tiempo a tomar las fotos y a intentar rescatar lo que fuera posible. Así que ahí les quedo debiendo. El sticker es obra de su(s) respectivo(s) autore(s).

Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino Marcelino

Chuck Palahniuk – El club de la pelea (“Fight Club”) + PDF

Como casi todo el mundo yo supe de este autor y de este libro por la película del ’99 (increíble que ya sean casi diez años), de modo que me es imposible evitar las referencias cinematográficas. Lo que más me agradó de la historia fue ver que algo tan psicótico/paranocio podía ser entretenido y estar lleno de críticas agudas a la sociedad y al estado actual de la “masculinidad”. Sí, se supone que este libro se trata de la identidad masculina. Veamos, la historia comienza con un empleado de una enorme corporación gris y sin rostro que viene siendo, creo, lo que ahora llamaríamos “metrosexual”: un hombre que vive en el lujo y las más finas comodidades para, luego de perderlo todo, enfrentarse a una parte valiente y deshinibida de si mismo que se ha esforzado toda su vida por no dejar salir. Ironicamente, esa parte negada, representa lo que este hombre siempre ha querido ser.

Tal vez lo estoy haciendo sonar muy aburrido, no me hagan caso, el libro es todo lo contrario. Me impresiona la facilidad con que se lee y lo adictivo que resulta. Una vez que lo empecé tuve que terminarlo de corrido, salvo una muy necesaria pausa a la mitad para dormir. La manera en que Palahniuk retrata al mundo es bastante cínica a veces, pero cargada de realismo e interminable ironía y logra introducir ciertos giros en la trama que lo mantienen a uno interesado, entretenido, sorprendido y con una sonrisa en la boca. Pero ojo que si esto tiene lado humorístico, le tira al humor negro.

Me impacta la claridad con que la historia dice “anda, ve y haz de tu vida un papalote” porque realmente no importa lo que tengas o a lo que te dediques sino la manera en que manejes lo que te pasa por la cabeza. Quizá se trate de una fábula de las intenciones reprimidas, tal vez tenga algo de cierto que somos una generación de hombres criados por mujeres y fuera de la jungla, no sé, igual y hasta es una crisis universal por la que pasan todas las personas pero el caso es que es difícil no identificarse un poco con este libro.

Creo que los personajes como Marla y Tyler Durden ya estan suficientemente inscritos en la mitología pop contemporánea así que no perderé el tiempo en presentaciones. Solamente mencionaré las diferencias que percibí entre el libro y la película, que son sorprendentemente pocas. La cueva del pingüino no existe en el libro y aunque funciona muy bien en la película, creo que distorsiona un poco al protagonista dando a entender que en cierto nivel si aplicaría lo que aprende en sus grupos de apoyo. Jamás pasaría en la novela. La escena en que Tyler secuestra al protagonista en un auto y el conductor suelta el volante tampoco ocurre y, nuevamente, funciona en el cine pero los personajes en el libro están más estudiados y no tienen necesidad de tal demostración. Y el desenlace, ahí si cambiado en la película para propósitos de mayor espectacularidad y romance aunque al final significan lo mismo: imposible escapar del club de la pelea. Un libro bastante entretenido y sorprendentemente digerible, sobre todo para los temas oscuros y llegadores que trata.

Ahora bien, sobre el impacto de Fight Club en la cultura pues se supone que sí surgieron por ahí clubs clandestinos de lucha cuerpo a cuerpo, idea que, confieso, en un nivel medianamente inconsciente sí me resulta extrañamente atractiva. Pero lo que me parece más importante es la validez del cuestionamiento del modo de vida actual, lleno de comodidades innecesarias, conduciendo a la gente a una existencia temerosa y artificial. Algunos le llaman capitalismo, otros, civilización. Además de esto existe un artículo que hace varios años fue publicado en la revista Men´s Health sobre la experiencia de un hombre que vio su vida reflejada en la película y decidió hacer un cambio radical, renunciando a su aburrido trabajo de oficina por algo más básico pero a la vez más satisfactorio. Tal vez se trate de buscar retos, de sentirse en paz con la parte feral que llevamos dentro. Ese artículo, si alguien logra conseguirlo, es particularmente bueno. Nuevamente nos muestra una crisis con la que es difícil no identificarse. Algo muy curioso que me pasó es que al platicar con amigos sobre el mencionado artículo, resulto que varios lo habíamos leído por casualidad, cada quien por su lado y en todos había dejado una fuerte impresión. Otro detalle es que, un poco exagerada, esta historia es la inspiracion de “Wanted“, comic que actualmente estoy leyendo y disfrutando bastante y del que pronto se estrenará una película vagamente basada en él. Es el segundo comic que leo en la vida y el primero que leo a color, pero ya hablaré de eso más adelante.

Mientras tanto aquí está el libro, en inglés (mirror) y en español (mirror).

Relativismo

Por algún motivo inexplicable, pero que seguramente daría mucho material de qué hablar a un psicoanalista, acostumbro tener sueños en los que la trama ocurre en un baño. Sí, el sanitario es un tema recurrente en mi inconsciente. No ligado a nada en particular, vamos si he tenido uno o dos en los que estoy haciendo mis necesidades, pero eso es irrelevante, lo único que tienen en común es que por cualquier motivo una parte del sueño ocurre en el baño, y los cuartos de baño en mis sueños acostumbran ser bastante extraños. En ocasiones son como una enorme fila de casilleros de acero, en otros, parecen una lujosa instalación del más finísimo gusto o el más descuidado baño industrial con la tubería al descubierto. Y aunque sea de pasadita o con motivo de esconderme, en el caso de los casilleros, algún momento del sueño sucede en el baño.

El otro día soñé que tenía que ir a un compromiso familiar, todos en casa estaban corriendo de aquí para allá y llegaba mi turno de darme un baño. Cuando entraba, la regadera estaba ubicada en una litera. Entre colchón y colchón tenía que meterse uno, no me pregunten a donde corría el agua porque era una litera común y corriente. El detalle está que no cabe uno de pie en el colchón de abajo de una litera, si acaso muy apenas cabe sentado. Entonces yo batallaba porque no había cómo ponerme de pie y yo furioso porque solo pensaba ¿y cómo rayos se supone que me bañe? Y ahí en cuclillas metía esponja por aquí y por allá mientras otros miembros de la familia me apresuraban con sus acostumbrados gritos, no se nos fuera a hacer tarde.

Desperté un poquito molesto por la frustración de no haberme podido bañar bien en el sueño y ahora que lo pienso me da risa, creo que la solución era obvia: debí bañarme acostado.