Las horas perdidas

Mis lentes me han estado dando molestias desde hace como un mes. Tal vez dos, la verdad debí prestarle más atención a este problemita cuando empezó. Una ligera molestia, un pequeño dolor, no sé exactamente, como un esfuerzo que se siente en el ojo y se alivia al instante de quitarse los anteojos. Al principio pensé que tal vez se trataba de un dolor de cabeza “ramificado”, manifestación del estrés o algo así porque tiene menos de un año que me hice los lentes y los examenes y todo y había estado muy bien.

¿Podría ser algo psicológico? ¿Un esfuerzo que hice? Parece ser que no. Luego de estar varias semanas intentando acomodarme los anteojos (el problema que tengo depende de que las micas estén en el ángulo correcto) pero no ha funcionado. De modo que acepté la triste realidad y asumí que significaba lo mismo que en el pasado: tiempo de mandarse hacer unos lentes nuevo. Ahora con más aumento, claro. Mis anteojos me los mandé hacer en una campaña que vi en un templo cristiano, pensé que no estaban tan baratos (mis problemas de la vista son taaaan complicados que no quedan bien atendidos con micas “normales”) pero al final quedé bastante satisfecho pues el armazón resultó de excelente calidad y las micas hasta antirreflejante y no se que tantas cosas tienen. Los lentes que tenía antes tuvieron un origen similar pero, empezando porque el armazón que me entregaron no fue el que yo escogí, nunca quedé satisfecho con ellos.

Así que esta vez pensé en recurrir a la misma campaña. Vi los carteles, escuché la mención en el radio y me presenté hoy cerca de las dos de la tarde, me tomaron los datos y me dieron la ficha con el número 40. Me sorprendió que, a pesar de haber unas 30 personas en el lugar, ya iban en el número 32. Primero les hacían el examen “por computadora” con uno de esos aparatos en los que pones la cara y te apuntan al ojo con un rayo laser la maquinita saca solita sus conclusiones. Luego los pasaban al clásico y aparatoso ejercicio de atínale a que letra esta en el poster que todos los que usamos lentes ya nos sabemos de memoria. Por ahí del número 37 me dio curiosidad y me acerqué a ver hasta que renglón del famoso cartel podía distinguir fácilmente. Me dio extrañeza ver que mi vista alcanzaba un nivel más o menos normal (hasta el renglón 10) y esperé mi turno.

Llegaron al número 40 y pasó una señora a hacerse el examen, iba acompañada de su hija que se puso a la defensiva al acercarme yo. “Soy el número 40” le dije y le enseñé el boletillo que nos habían dado al entrar. La señora hizo lo mismo. Revisamos y habia como tres número 41 y dos 42. Casualmente el desastre numerológico parecía haber empezado en el 40. Para entonces ya había pasado más de una hora en ese lugar y, a pesar de que la hija de la señora hizo todo lo que pudo para indicarme que yo estaba mal y que tenía que esperar mi turno (cosa que me resultaba totalmente indiferente), preferí no hacer ni decir nada. El grupo se reorganizó solo, como suele suceder en esos casos. Afortunadamente la gente siempre sabe quién llegó antes y quien llegó después.

A causa de la catástrofe de los números la cosa se extendió otra media hora. Tocó mi turno. La señorita me pidió mis anteojos para ponerlos en el misterioso aparato que “lee” la graduación de las micas. Me asome a la maquinita del rayo laser, vi un granero y un globo y pasamos al examen de ver el cartel con los lentes de micas intercambiables. La señorita tuvo la puntada de empezar la prueba sin ponerme ninguna graduación. Yo nada más vi una silueta que caminó y señaló una mancha negra en la pared. “No veo nada” le dije y recapacitó. Con graduaciones de esta calaña no se juega, pensé. A continuación, probar lente tras lente. Que si ves mejor asi o asado. Zas. Ahora caminele y digame si se marea.

Total, se tardó conmigo más de lo normal, estoy seguro que la demás gente me veía con cara de “ya, apúrate!!!”. Todavía no sabía que hoy sería el dia en que se rompería el patrón que se ha cumplido con impecable precisión todas y cada una de las veces que he ido a revisarme los ojos. Me entregó el papel con la nueva graduación: menor que la que he venido usando. Cancelé la orden de los lentes, cancelé todas las llamadas y las juntas para la próxima semana. Todavía no me la creo.

2 pensamientos en “Las horas perdidas

  1. dude, no es por mal pedo, pero te sugiero vayas con un verdadero doctor de ojos… en mi larga experiencia por la calle de los sufrimientos de los ojos, la especializacion de los oftalmologos de verdad no puede ser reemplazada por un tecnico ocular… te recomiendo al dr. zermeño, en el edificio de doctores frente a plaza tangamanga

  2. No veo como podria ser “mal pedo” ese comentario. Como sea, si, tengo cita esta semana. Creo que me paso eso de que a los 25 se te acomodan los ojos.

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