¿Qué onda con la referencia a “Zombieland”?

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The Walking Dead #69

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Training day

Siempre sentí que mi entrada al ambiente laboral de oficina, y en particular “esa” oficina, fue un tanto fortuito. Yo estaba buscando cuando menos una entrevista en toda vacante que veía. Buscaba empleo desesperadamente. El nombre de la empresa no me había dicho nada y de hecho el puesto que había visto en particular estaba un poco fuera de mi alcance y experiencia. Confieso que yo había “maquillado” descaradamente mi curriculum. Por eso me espanté un poco cuando llamaron “diablos, tendré que improvisar bastante” pensé, pero creía que aunque mis posibilidades fueran pocas, podría aprender de la entrevista y echar un ojo a la empresa en cuestión. Mínimo quedaría satisfecha mi curiosidad pues la oficina se encontraba en un edificio que siempre me había llamado la atención además de que descubriría a qué se dedicaba esa enigmática empresa.

Llamaron un jueves, la fecha de la entrevista quedó para el sábado. Primeras inseguridades: ¿qué me pongo? Definitivamente sería overkill ir de traje aunque bueno, dicen que uno no puede equivocarse con eso y que hay que ser admitido en el equipo antes de poder usar el uniforme. Me decidí por un pantalón de vestir y una camisa heredada de mi abuelo, quien siempre tuvo muy buen gusto para vestir. Los zapatos que compré hace varios años y que he usado únicamente en tres ocasiones. Me presenté a la hora acordada y desde el principio comenzaron las formalidades: firmar la entrada con el guardia de seguridad, dejar una credencial y colgarme el gafete de visitante, pasar al laberinto de cubículos. La espera llena de dudas ¿me están examinando a través de la cámara de seguridad? Finalmente, la entrevista en sí. Me atendió un hombre joven y delgado que usaba lentes. Amigable pero alcancé a notarlo reservado, suficientemente seguro pero no del todo firme. Yo estaba hecho un manojo de nervios pues, aunque había trabajado antes, no había sido nunca en un ambiente tan formal y corporativo. Por Dios ¡qué ingenuo e inexperto era yo! pero esa es otra historia. Hablé poco, no fui suficientemente extrovertido, di respuestas inadecuadas. Quedó claro que el puesto para el que me estaban evaluando no era el mismo para el que yo había enviado mi curriculum pero era una de mis pocas oportunidades. No recuerdo cuanto duró y salí de ahí bastante convencido de que jamás me contratarían, todo debía haber sido una gran pérdida de tiempo.

A mitad de la semana siguiente llamaron: me habían aceptado y debía presentarme al día siguiente para mi primer día en el nuevo trabajo. Sentí una gran alegría y corrí a comprar unos zapatos para usar diario, que necesitaba urgentemente. No importaba que el puesto estuviera por “debajo de mis capacidades” (infinito jojojo), que la paga y prestaciones no fueran tan buenos y cosas así. ¡Por fin iba a tener trabajo, caray!

Me presenté a mi primer día impecablemente vestido, con mucho ánimo aunque con cierta inseguridad. Pasaron las formalidades de firmar contrato, tomarme foto para el gafete de acceso, un breve paseo por las instalaciones y lo importante: conocer y quedarme en manos de la persona que me entrenaría y me dejaría el puesto: el Licenciado Pedrones quien me recibió, hay que aceptarlo, con escepticismo. A primera vista no me impresionó, él era gordo y bajito y tenía esa fea costumbre de hablar con aires de grandeza. Era su voz, sus gestos, los movimientos de sus manos… todo me resultaba un poquito falso. Pero me pareció al principio muy profesional, tiene la mágica habilidad de dejar contentos y satisfechos a todos los que solicitaban su ayuda y sabía muy bien romper el hielo y la tensión, una de esas personas a las que nunca le falta la plática. No negaré que me ganó y logró impresionarme a lo largo de varias semanas y le aprendí muchas cosas en ese respecto.

Tuve muchas dudas ese primer día, principalmente al enterarme que Pedrones estaría conmigo solamente el resto de la semana y después tendría que arreglármelas yo solo. Pero no tardó en suceder algo bastante peculiar en ese primer día de trabajo, que terminó por convertirlo en un día que no sería representativo: el jefe de jefes había arruinado muy feamente su equipo de trabajo y el caso se convertiría en la máxima prioridad. Pasé buen rato de pie, sin aportar nada, únicamente haciendo preguntas, dudando si serían preguntas adecuadas o inteligentes, viendo como Pedrones desarmaba otra máquina para arreglar, a toda prisa, la del líder local. Luego yo me enteraría que ese tipo de arreglos no procedían de acuerdo a los lineamientos de la empresa y otras irregularidades.

La jornada llegaba a su fin y yo estaba francamente cansado. Yo no sabía bien (y no entendería hasta después) por que Pedrones tenía dos computadoras y estaba empacando una para llevar, él seguía explicándome detalles y empezó a hablar de cómo podía “tomar” lo que “necesitara” de la bodega. “No estás robando” dijo “xxxx es una empresa enorme que gana millones”. Total, como arrancarle un pelo a un gato.

Este post fue originalmente publicado en Pipotweets y es parte de una serie, publicada a lo largo de tres años, que habla de mis experiencias al terminar mi carrera. Comienza con “Regreso a clases y la crisis de los últimos semestres“, seguido de “Como Holden Caulfield“, “Cuando el futuro nos alcance“, “Toma el dinero y corre“, “Over the counter“, “Training day” y terminará con “El último fin de semana”.

Feliz navidad (post retrasadísimo)

Las fotos ombligadas.

Plaza del Carmen y el árbol Coca-cola ™

Plaza del Carmen,San Luis Potosi, Navidad 2009

El viejo de las palomas con las felicitaciones tardías

Feliz Navidad con el viejo de las palomas

El burrito disecado del muy tétrico nacimiento en catedral con animales reales

Burrito Disecado

La antorcha del bicentenario (ignoraba yo que había una idéntica en cada estado)

La antorcha del bicentenario

Bonus: la catedral en modo estridente.

Este año no hay fotos del nacimiento del edificio de gobierno, no me gustó como quedó estuvo mucho mejor el año pasado.

El extraño caso de Spymac.com

Pues no soy fan ni antifan de Apple y sus productos pero estaba recordando uno de los casos más curiosos de cambio de identidad que he conocido. Verán, hoy en día los “rumores” acerca de los futuros productos de esta compañía nos los encontramos hasta en la sopa pero hace apenas unos años esos temas estaban un poco menos “destapados”. Sí yo creo que todos habíamos oído del iPod pero no muchos estaban conscientes de la compañía que estaba detrás y su sórdida historia. El caso es que había que buscarle un poquito más para encontrar información en foros y sitios de “noticias” especializados en la materia (¿soy el único que se acuerda del cómico y ácido As the Apple Turns y le resulta extrañísimo ver en lo que se convirtió?). Como aquella vez que Macbidoulle reveló la sucesora de la icónica iMac G3 gracias a una diferencia de horarios entre USA y Candá y cosillas así.

Bueno el caso es que Spymac (no, estoy tan indignado que no voy a linkear) se dió a conocer al publicar un video fake de un producto inexistente. Pero luego de que tal fuera desmentido sucedió algo muy interesante: el sitio se convirtió en una comunidad muy agradable, principalmente de usuarios que compartían su entusiasmo por todo lo Mac pero esto llegó aún más allá. Había foros, una galería fotográfica bastante interesante y surtida en la que podía uno pasarse las horas sin aburrirse, wallpapers y sobre todo una gran cantidad de cosas generadas por los mismos usuarios. En algún momento llegó a ser de los sitios que visitaba regularmente (antes de la popularidad de RSS y bloglines). Además no perjudicaba en nada el hecho de que la estética y el “feeling” que presentaba la página era muy atractivo y con atención al detalle. El éxito de Spymac llegó a traducirse en dólares, al ofrecer servicios como el primer email de 1 GB abierto al público, cuando gmail seguía en su obstinado beta privado, espacio de almacenamiento en línea y otras cosas que, milagrosa y alegremente, generaban ganancias y éxito comercial. De verdad que el hype por esta comunidad creció bastante.

Luego vinieron los rediseños, a los usuarios se les prometió una interfaz mejorada, mayor funcionalidad y un sinfín de cosas, entre ellas las perlas de la virgen bañadas en lágrimas de unicornio. Las mejoras fueron recibidas con entusiasmo, al principio se perdonaban pequeñas fallas aquí y allá pues el equipo de trabajo era reducido pero no así el entusiasmo. Los bugs nunca fueron corregidos, el equipo dejó de escuchar a los usuarios y aún así se prometieron más y más rediseños. Poco a poco se dejó ver una realidad muy difícil de aceptar: Spymac estaba cambiando, un cambio forzado hacia una especie de red social con premios a cambio de contenido que genere visitias y publiciad. Los fans, entre los que yo me consideraba, le perdimos poco a poco la pista. La comunidad se fue alejando, a pesar de que muchos usuarios se aferraron mucho (y no sin motivo, Spymac era su hogar y un hogar bastante bonito).

Ahora la página es, créanme, totalmente irreconocible. Al teclear la dirección nos da la fuerte impresión de que cometimos un error o entramos a un universo alterno todo bizarro. Da miedo, así de simple. No tengo la menor idea de a qué se dedica Spymac exactamente en la actualidad o que tipo de personas son sus usuarios. Todo parece haberse deformado de manera demencial.

Créanme, no soy él único que lo piensa.

“El regreso… ¿Qué significado tenía para mí? ¿La Tierra? Recordé las enormes ciudades bulliciosas, don­de iría de un lado a otro, y me perdería, y pensé en esas ciudades como había pensado en el océano la se­gunda o la tercera noche, cuando quise precipitarme en las olas tenebrosas. Me ahogaré entre los hombres, me dije. Seré taciturno y atento, un compañero apre­ciado. Tendré muchos amigos, hombres y mujeres, y tal vez incluso una mujer. Durante un tiempo tendré que esforzarme en sonreír, saludar con una pequeña inclinación, enderezarme, ejecutar los miles de peque­ños gestos que componen la vida en la Tierra, hasta el día en que esos gestos vuelvan a convertirse en hábi­tos. Encontraré nuevos intereses y ocupaciones, a los que no me daré por entero. No, nunca más me daré por entero a nada ni a nadie. Y quizá de noche miraré allá arriba la nebulosa oscura, cortina negra que vela el resplandor de dos soles. Y recordaré todo, hasta lo que pienso en este momento; con una sonrisa condes­cendiente, un poco pesarosa, rememoraré mis locuras y mis esperanzas. Y ese Kelvin del porvenir no valdrá menos que el otro Kelvin, aquél que estaba dispuesto a todo en nombre de un proyecto ambicioso llamado Contacto. Y nadie se atreverá a juzgarme.”

– Otro fragmento de “Solaris” de Stanisław Lem