El primer episodio de “The walking dead”

Fue muy bueno, realmente no hay más que decir. A pesar de las temidas desviaciones respecto al material original. También fue increíblemente violento y sangriento, creo que más que cualquier otra serie de TV. El flash-¿forward? con el que arranca, de la niña y el oso, quizá fue totalmente gratuito y puro fan service pero creo que sirve para dejar claro, desde el primer momento, el tono de la serie.

Los efectos especiales y maquillaje de los zombies están perfectos, ese era uno de mis temores al ver las primeras imágenes al respecto. Curiosamente aparecen más zombies que en muchas otras películas de zombies, la escala de la producción es enorme y muy impresionante. Tan solo el trabajo de cámara y las tomas aéreas y con grúas y toda la cosa está a la altura de buenas producciones de cine.

La única sorpresa un tanto agridulce para mí ha sido lo increiblemente seria y dramática que es la serie. No concede un solo momento de gracia o redención y pues… no sé, quizá sea señal (y espero que no) de algo que no funcione más adelante (no quiero dar spoilers del segundo episodio). También me temo que tanto por el drama, el ritmo y la violencia, la serie se aleje mucho del público más joven. Y claro, cuando la transmitan en TV nacional va a pasar como con “Dexter” que de tanto recortarle la violencia van a quedar capítulos de media hora, eso es inevitable. Tal vez no me di cuenta que el comic era tan en serio pero en fin.

Y ya me extendí de más, como es mi fea costumbre. Está perfecto, es atrevido y provocativo. Ya veremos como se desarrolla el resto. Los dejo con esta sabia reflexión de parte de ya saben quien.

batman-dark-knight-joker

Por cierto la canción al final del primer episodio es un enorme WTF.

EDIT: y los comentarios en algunos foros también traen sabias enseñanzas como “Read the comic, it’s quite possibly the best thing ever.”

“Monsters”

Pensaba escribir al respecto algo muy sencillo, únicamente señalando lo atípico de esta película pero ha pasado algo muy curioso (y no lo digo únicamente por @kwz): los que la han visto parecen haberse dividido fuertemente entre si fue buena o no. Además me parece más interesante que describirla como “la mejor del año” o “infinitamente refrescante y sutilmente innovadora.

monsters-one-sheet-poster2

La historia, que ha sido comparada con “Cloverfield” y “District 9” y que efectivamente tiene influencias y hace más de un guiño a ambas cintas, es bastante sencilla. En el futuro cercano una forma de vida extraterrestre llega por accidente a la tierra y comienza a colonizar la zona fronteriza México- EEUU. Un fotógrafo gringo que se encuentra en latinoamérica en busca de la imagean shockeante del conflicto alien-humano que le haga ganar mucho dinero, es obligado por su jefe a acompañar a la hija de este de regreso al país de la coca-cola y la big mac.

El primer punto de la disputa parece haberse originado a causa de el título ¿una película de monstruos en la que no hay acción ni sustos? Y es verdad, el ritmo y estilo de la película se aleja de lo que estamos acostumbrados a ver con premisas similares. En ese sentido me recuerda a “The Pledge” en la que la premisa es un policía detrás de un asesino pero la historia en si toma un rumbo bastante tangencial a la tradicional cacería humana con persecuciones e intrigas. Se puede decir que sí, el título resulta un tanto inadecuado en ese sentido y también porque la película realmente muestra una mirada muy romántica a los extraterrestres.

El segundo puntode controversia tiene que ver más con la película en sí, que se centra en el viaje de los dos protagonistas a través de un territorio mexicano enrarecido por la presencia de los alieníginas y los esfuerzos por controlarlos. Muy poco es mostrado acerca de los seres de otro planeta, menos es explicado y la trama toma tintes de película de romance. Digo tintes porque sinceramente nisiquiera llega a ser un romance, si acaso es el inicio de una relación. Muy apenas.

Y bueno ahí si no estoy seguro de comprender, creo que entran en juego las expectativas que cada uno se creó al respecto. Parece que muchos esperaban algo épico y legendario que se ocupara del enfrentamiento y control de la plaga alienígena, lleno de explosiones y balazos y que pintara muy claro quien es el bueno y quien es el malo y al final el héroe regresara a los brazos de su amada… O algo así, como lo que sale cada verano de Hollywood.

Yo creo que la película funciona mejor si nos la tomamos con ambiguedad. Ahora sí ya les voy a decir lo que “Monsters” representó para mi: fue una grata sorpresa y una de las pocas historias (cuasi) románticas que han logrado capturar mi atención. Verán, mi queja con muchas historias de amor es que rara vez es explicado el por qué se originó la atracción entre los dos y como de ahí fue creciendo la mutua simpatía y creo que aquí queda plasmado de manera muy natural. Realmente no se trata de la química que hay entre los dos, sino en el descubrimiento de la oportunidad para que esta surja que ven los personajes entre sí.

También está el hecho de que creo que “Monsters” funciona como creature feature en forma y aquí viene otra distinción que alcanzo a ver: la de las personas que preferimos “Alien” o las que prefieren “Aliens“, debate que creo difícilmente terminará entre los fans de ese tipo de películas.

Mencioné algo acerca de la ambiguedad y me gustaría añadir un poco más. Sería demasiado fácil tomarse literalmente el título de “Monstruos” como referencia a los extraterrestres. Del mismo modo es demasiado extremo tomar toda la cinta como una tosca alegoría a la situación de los inmigrantes mexicanos en el vecino país del norte. Para ver un poco a lo que me refiero, ver esta breve reseña de acá. De nuevo aconsejo tomarla con ambiguedad.

¿Entrar en más detalles? Pues solamente me queda decir que me parece ingeniosa la manera en la que fue grabada, con mucha improvisación y en escenarios reales. Que sabe capturar bien y de manera sutil la relación de un fotógrafo con su cámara. Que le agradezco que no haya caricaturizado méxico, cosa que es muy común. Se le ha criticado por ejemplo que los gringos son presentados como fuertemente beligerantes y a los mexicanos como altruistas, aún cuando se encuentran sumidos en la pobreza. Y pues es verdad que los gringos son los únicos que salen blandiendo armas automáticas como si del apocalipsis se tratara pero también hay que notar que los mexicanos son mostrados en partes como estafadores o aprovechados.

También le agradezco que los extraterrestres jamás se humanizan, al contrario, son presentados siempre como un enigma con el que por desgracia se ha topado la humanidad. Me recuerda a “The thing” porque lo único que aquel alienígena quería era sobrevivir lo suficiente para volver a su planeta. Y claro, el mantener esa sensación de fascinación con las creaturas es algo que solo se ve en las buenas películas de monstruos. El desenlace, eso sí, me parece perfecto. Tan… ambiguo.

¿Qué es lo que más probablemente pasaría si algún día se descubre vida extraterrestre? Seguramente seguiríamos adelante con nuestras vidas. De todo lo demás yo culpo a las expectativas falsas que cada uno se creó con una película tan pequeña y simple.

“Scalped” de Jason Aaron, números 1 a 41

Acabo de ponerme al día con este cómic. La verdad no había escuchado mucho acerca de él, solamente que tenía que ver con “nativos americanos” y que era medio “noir”. Y pues decidí darle una oportunidad, curiosamente en este caso no me llamó la atención alguna imagen o portada en particular creo que más que nada fue la curiosidad por la mitología de los “indios” americanos.

Ahora bien, en ese sentido no puedo decir que me haya llevado una decepción precisamente pero si creo que hablar de esta saga en esos términos es un tanto inadecuado. Es una historia policiaca, simple y llanamente; que por alguna razón ocurre en una reserva india. Sí hay un poco de mitología y personajes más “tradicionales” por así decirlo esparcidos por aquí y por allá a lo largo de la historia pero realmente las tramas principales poco tienen que ver con eso.

Aclarado ese punto ya puedo hablar un poco de qué se trata. Dashiell Bad Horse es un policía que tiene la misión de filtrarse encubierto en los negocios de Lincoln Red Crow, el hombre más importante de la reserva india y que ahora dirige un reluciente casino. Dashiell nació y creció en la reserva pero lo que más quiso toda su vida fue irse para jamás volver. El motivo de su retorno es revelado más adelante aunque hasta el momento seguimos sin saber cómo lo convencieron sus superiores para volver. Pero bueno, el caso es que está ahí para encontrar evidencia que lleve al arrestro de Red Crow, quien obviamente tiene las manos metidas en multitud de negocios sucios. Pero drogas, trata de blancas, fraudes, violencia y demás no interesan a Dashiell. Lo que busca es evidencia de un asesinato.

Conforme avanza la historia, Dashiell establece una relación autodestructiva con la conflictiva hija de Red Crow y nos enteramos que este último tiene/tuvo una relación previa con la madre de Dashiell. Una relación de amor/antagonismo que data de muchos años atrás. Y bueno, como todo personaje de historia “noir” Dashiell también está lleno de defectos, como un temperamento violento e impredecible, drogas y demás.

Y creo que lo acabo de contar de la manera menos emocionante posible 😦

Los primeros dos o tres números y muy en particular el primero me parecieron, la verdad, un poco difíciles de acabar, eso hay que reconocerlo. Pero quedé muy sorprendido más adelante cuando la historia va tomando forma, se presentan nuevos personajes de dentro y fuera de la reserva así como la verdadera motivación de la investiación de Red Crow, que resulta ser la venganza, y se entrelazan las subtramas de manera bastante satisfactoria.

En especial me decidí a escribir esto al terminar el número 41 porque, a pesar de que falta un número para cerrar el arco argumental actual, sentí que me dejó en un momento muy adecuado. En concreto se trata de un reencuentro que abre la puerta a que la historia siga adelante con mayor vigor después de unos números algo tormentosos para los personajes.

Yo recomiendo “Scalped”, realmente es una buena historia policiaca. Tiene su buena dosis de venganzas, ajustes de cuentas, asesinatos y también su parte de nobleza hasta en los personajes más oscuros. También tiene algunos paneles y páginas muy buenas que incluso sin necesidad de palabras te cuentan una historia y uno que otro one liner digno de mención. Respecto al arte y los dibujos pues si tiene un estilo propio y no me parece que la calidad gráfica haya decaído últimamente. Lo menciono porque en algunas reseñas he leído eso. Algunas portadas me parecen muy originales y en general son muy buenas.

Lo que si me molesta un poco es que la apariencia del protagonista parece por momentos no estar muy bien definida. Generalmente aparece un tanto “desdibujado” si es que existe esa palabra y en los primeros números es un tanto distinto para más adelante dar un cambio que sí se nota. No me lo explico ya que no se cambió de dibujante ni nada por el estilo, como sucedió en “The walking dead”. Es el detalle que me parece más enervante de “Scalped”. Todos los demás personajes parecen dibujados de manera más constante y consistente. No puedo evitar contrastarlo con por ejemplo “DMZ” en donde desde el principio queda muy claro que Matty Roth es el protagonista y sus características, que lo hacen inmediatamente identificable, no se alteran demasiado a pesar de que el personaje si sufre algunos ajustes gráficos a lo largo de la serie. Me imagino que es una evolución normal en todo cómic y está bien pero aquí si quién sabe que pasa. Otra pequeña incosistencia: siempre se describe a Dashiell como alguien que ha entrenado en muchas técnicas de defensa personal y que tiene grandes habilidades con los chacos. Habilidades que hasta ahora solo ha usado en una sola ocasión ¿?

De nuevo me pareció que les quité todavía más las ganas de leerlo pero no era mi intención. Como es usual, por desgracia no les puedo decir donde pueden conseguirlo.

En fin, como prueba de eso les dejo estas dos imágenes para que vean de lo que hablo.

SCALPED character sketch by R.M. Guéra

scalped1

La transacción (a.k.a. “¿Será este día?”)

Quiero disculparme por el desastre de tiempos verbales en este post, simplemente ya no lo pude arreglar.

Este texto originalmente iba a aparecer en El plan de San Luis con el tema “Armadura”.

Si te caes del caballo, lo primero que tienes que hacer es volverte a subir. Por eso, luego del esguince, había que probar que tan recuperada se encontraba la rodilla. Nunca he sido bueno para correr, pero en la prepa varios compañeros y yo hacíamos como que jugábamos basketball, así que tomé el balón y me dirigí al Parque Tangamanga 2. Fui solo, es algo que hago hacía de vez en cuando.  Fue en pequeñas excursiones de ese tipo que he llegado a conocer los rincones del Tangamanga 1.

Yo le llamo “transacción”, supongo que otros err, no sé si llamarles (yo incluído, por desgracia, al menos en este caso) misántropos o sociópatas o como sea, tienen su propio término aunque es posible que muchos no lo racionalicen hasta llegar a formar un concepto. El punto es que  se trata de dejar bien despachado a un “cliente”. Conmigo normalmente se trata de ponerse una armadura, de construir un muro entre otra(s) persona(s) y yo que impida que se revele cualquier cosa y me proteja de cualquier riesgo. Ninguna medida es exagerada pero cualquier acción de mi parte se revelará únicamente de la manera más discreta. Lo que nunca se debe revelar es lo que estoy pensando y las posibilidades que estoy considerando. No sé si parezca enfermizo pero al usar cotidianamente una armadura uno vive preguntándose si será este el día en que falle.

Pero volvamos a la historia. Crucé el tramo final rumbo a las canchas, pasando por un área de juegos infantiles con el balón bajo el brazo. Dos chavitos como de 10-12 años que andaban cerca me vieron pasar y me hablaron “Oiga don, preste el balón”   río por dentro al ser llamado “don”, al tiempo que evalúo la situación: los muchachitos no representan riesgo alguno. Son pequeños, flacos y no se requiere otra demostración de que se distraen fácilmente. En el peor de los casos insistirían e intentarían quitarme el balón, que no tiene valor alguno.  No se inicia ninguna transacción, no cambio el paso ni volteo a verlos nisiquiera para comprobar si están acompañados de sus padres. “¡Don, oiga don” escucho a mis espaldas, mientras me alejo.

Un rato después ahí estaba yo, rebotando mi pelota e intentando encestar mientras por dentro comprobaba lo mucho que ha decaído mi nivel desde la prepa. Nunca fui un as del deporte ni mucho menos, pero ahora juego como una abuelita artrítica a la que también aqueja el parkinson y un poquito el Alzheimer (ya no me acuerdo bien de las reglas). La rodilla parecía estar totalmente recupera pero de todos modos evité cualquier esfuerzo innecesario. Pensé en probar suerte desde la línea de tiro libre y fallé miserablemente. No puedo decir que no lo haya visto venir. Me dediqué a repetir varias veces el tiro, indefinidamente, hasta anotar de corrido tres veces seguidas. Les adelanto el dato:  no lo logré. Pasé un rato haciendo esas repeticiones, preparándome para lo inevitable. Sé por experiencia que al hacer eso lo más seguro es que llames la atenciónde alguien o algún grupo de personas que pase y al verte tan solito y haciendo un uso tan pobre de la cancha y la pelota se te acerquen y te propongan jugar juntos. Esto era más inevitable considerando la disposición de las canchas en el Tangamanga 2, que están juntas una a la otra, en una franja de pavimento de cientos de metros de extensión.

Y entonces sucedió, una figura se desprendió de entre los árboles, al principio quizá existió la posibilidad de que no se dirigiera hacia mí, que solamente quisiera cruzar y pasara de largo. Pero esa posibilidad se borra cuando el tipo camina directamente hacia mi. Eran las cinco de la tarde, hacia mucho sol. No había nadie más que yo en todas las canchas asi que era muy claro. El tipo era aproximadamente de mi edad, moreno, completamente vestido de negro y con algunos detalles medio darky. Era evidente que no se caracterizaba por contar con grandes recursos económicos. ¿Es un pandillero? Sé que, de haber algún enfrentamiento, mínimo estaría lidiando con fuerzas iguales a las mías.

Riesgo.

Comienza la transacción: actuar con naturalidad y no darle importancia. Si lo ignoras, quizá se vaya. Fingí no verlo mientras de reojo vigilaba cada movimiento. Pero el hombre se acercó y me habló, me preguntó si no había visto a un grupo de chavos que habían quedado de verse con él para jugar. Podía ser verdad o podía ser mentira, imposible saberlo. Le dije que no y seguí en lo mío, quizá después de todo si se iría. Seguí haciendo mis tiros patéticos pero él no se alejó. Ya de cerca resultaba aún más evidente el aspecto “bohemio” de su persona. Llevaba un colguije barato en el cuello y cadena en el pantalón. Bueno, eran unas bermudas negras gastadas, al igual que su playera. Una mochila genérica y compacta en iguales condiciones y calzado inidentificable. Si pretendía atracarme quizá llamé la atención con mi playera Nike reluciente y de diseño caprichoso y mis tenis de marca. Quizá convenga tener eso en cuenta en el futuro. Quizá… quizá estuviera yo exagerando.

Sucede lo inevitable: me pregunta si puede jugar conmigo mientras espera a sus amigos. Me pone en una situación difícil pues sería demasiado rudo decirle que no y quizá aumentaría el riesgo. Nunca se sabe si uno de estos malandros se dorga o algo y puede traer trastocada la cabeza. Hay que suavizar las cosas. En otras palabras, mentir. Déjenme contarles algo acerca del arte de mentir: nunca conviene contar una mentira que sea del todo mentira. Siempre procuren que lleve algo de verdad, así tendrán a la mano los detalles y las cosas saldrán de la boca con mayor facilidad.

Le contesto que la verdad no puedo jugar pues tuve un esguince recientemente. En realidad fue hace más de tres meses y no debería tener ningún problema, si acaso por la falta de práctica y calentamiento. Él se lleva la victoria en el primer round debido a que me precipité y no lo analicé lo suficiente. Responde que él también se lastimó y señala el vendaje de su rodilla.  El “yo también” es un truco muy básico para generar empatía. Acordamos simplemente hacer tiros y llevárnosla despacio. Bien, porque en el calor del juego él podría lastimarme, argumentando que “fue un accidente”.

No se requiere indagar demasiado acerca de qué tipo de “cliente” se trata: es de los que hablan demasiado. Comienza a platicarme que se llama Alejandro y que es profesor de una secundaria cercana y que tanto él como su hermano son músicos y que frecuentemente vienen al parque a jugar con los chavos de la escuela. Evito preguntar lo obvio ¿es profesor de música o de educación física? porque es información que no me ayuda a despacharlo en ningún sentido. No sé de música ni de deportes y no me revela nada acerca del riesgo que estoy corriendo. Yo sigo tirando, interesado en mejorar. Me contengo y evito correr, fingiendo preocuparme todavía por mi rodilla. Pronto ya no hace falta fingir, siento un dolorcito y no lo disimulo ¿recuerdan lo que mencióne de la mentira?

Poco a poco Alejandro se desanima y tira cada vez con mayor desgano. Pero no deja de hablar, parece que se le suelta la lengua. ¿Intenta envolverme en alguna estafa o es así su personalidad? No puedo saberlo aún. Por sus movimientos se deduce que no es agresivo físicamente pero es ágil, lo cual me pone en desventaja. Saca de su mochila una botella de agua helada y me ofrece. Naturalmente yo jamás la aceptaría además de que traigo una botella en el carro pero no puedo revelar que tengo un auto, aumentaría el riesgo.

Dejamos de tirar, Alejandro se resguarda en la sombra y sigue platicando acerca de sus alumnos, que al parecer son adolescentes viciosos que se van de pinta al parque a emborracharse pues en una tienda cercana y sin escrúpulos venden cerveza a menores. Me cuenta del descaro de los chavos, de lo mal que se ven las chavas, etcétera. Que él intenta abrirles un poquito los ojos, aunque sea para evitarles problemas con los guardias del parque y con sus padres.

Me abro un poco y le cuento acerca de mis compañeritos que también eran borrachos pero en la carrera, sus alumnos de secundaria son bastante precoces. Me cuenta de lo difícil que lo han tenido algunos conocidos que han batallado para conseguir empleo y le platico que hace unos meses y que la crisis está muy dura. Claro, nada de lo que yo digo es del todo verdad ni del todo mentira. El “yo también” es un truco muy básico para generar empatía y es mi manera de ondear la bandera de la paz, indicándole sutilmente que no soy un riesgo para él y me identifico un poco con sus historias.

Ahora Alejandro está interfiriendo fuertemente conmigo. No me deja seguir con mis tiros ni me puedo ir así como así, existe la posibilidad de que me siga. Debe irse él primero y yo seguirlo, es la única manera pero por lo visto no resultará. Ya ha pasado casi una hora de que se me acercó por primera vez. No puedo saberlo con seguridad pues evito sacar de mis bolsillos el reloj y el celular para no dar más señales de riqueza. No ha pasado nada, quizá no represente ningún peligro. Yo fallo en otro detalle: lo dejo tomar la iniciativa, es él quien sugiere que nos vayamos, que las personas con las que supuestamente había quedado de verse claramente no llegarán.

Para entonces ya me ha preguntado si vengo seguido al parque. Le digo que estaba yendo a correr y que así me esguincé, pero que deje de ir por mes y medio. Me pregunta si voy a volver y reconozco que me suavizo un poco ante la posibilidad de, en el futuro, jugar con él o con su grupo de amigos. Sería un riesgo mayor pero podría ser divertido. Digo que sí, que pienso recuperar mi rutina de ir martes y jueves a esa hora más o menos.

Muy bien, confieso que comenzaba a sentir un poco de simpatía por Alejandro y su vida bohemia de profesor, deportista y músico. Yo solamente le comenté cuando me preguntó en qué trabajaba, que habia estudiado ingeniería en computación. Sin mas detalles. No pregunté acerca de sus estudios, quizá no fue amable de mi parte. Tampoco le pregunte por donde vivía él cuando dirigió la conversación y me preguntó a mi donde estaba mi casa. Le contesté que en una zona cercana que conozco más o menos bien y me preguntó si conocía a alguien de cierto local, quizá quedé en evidencia al decir que no. Comienza a caminar en la misma dirección que yo, que es más o menos por donde vino y que pasa por donde estacioné mi coche ¿me estaba vigilando desde que llegué? Jamás lo sabré. Cruzamos por entre la maleza y él hace un giro sospechoso hacia donde la hierba está más crecida. También es un rinconcito alejado de la vista de la poca gente que a esa hora está en las cercanías. Pierdo de vista una de sus manos, la lleva a la mochila. Sería buen momento para sacar ¿una navaja? Finjo tropezarme un poco para verlo con más atención. Es la botella de agua, solo eso. Casi llegamos al estacionamiento. Si no me ataca, solo quedan estas posibilidades:

  • Fingir que no tengo auto y acompañarlo a la salida
  • Despedirme y subir a mi coche, aunque sería rudo de mi parte no ofrecerle un aventón a la salida
  • Que él me pida dinero para el transporte público
  • Despedirme con la excusa de pasar a otro lado, probablemente el baño

Cuando vamos pasando cerca de mi auto, al que nisiquiera volteo a ver pues sigo decidiéndome entre las posibilidades, él menciona que va a pasar a otra parte a ver si se encuentra ahí a algún conocido. Eso me libera pero me precipito. Le digo que está bien, que de todos modos ahí está mi carro.  Una indescriptible señal en su expresión me indica que él ya lo sabía y que el momento que eligió para despedirse no fue casualidad. De todas formas eso me evita ofrecerle un ride.

Alejandro, creo que te juzgué mal. Tal vez podamos ser amigos. Pero entonces sucede, me pregunta si no tengo diez pesos que le preste para el autobús. ¿Eso era todo o planea arrebatarme la billetera si es que la saco? Le digo que no traigo nada. Perdió la poca confianza que se había ganado conmigo.

Alejandro se despide, camina y se pierde en la distancia. Me quedo un rato en el auto y regreso a casa. Tomo una ruta indirecta y rebuscada para evitar cualquier riesgo. No fue la transacción más complicada pero este “cliente” si se me adelantó en unas cuantas ocasiones.

Necesito mejorar, no solamente mis tiros.