Un dia muy especial

Sé que muchos de ustedes que me conocen en la vida real se preguntan cómo es que yo, siendo un MC de talla internacional, conduzca un auto tan modesto y además lo tenga en tan pobres condiciones en cuanto a lo estético. Pues aquí les va la explicación, mezclada con mis experiencias de la semana y en particular de este dia.

Hoy me levanté, desayuné pan tostado…

La verdad empecé el día un poco frustrado, sucede que el diciembre del año pasado y luego de hacerle a mi carro varios rayones y pequeños golpes por estacionarme a lo baboso, tuve mi primer incidente de tránsito con un vehiculo en movimiento. Digo “incidente” porque llamarle “accidente” sería muy exagerado. Fue mi culpa totalmente, le di un pequeño rayón en un crucero a una ecosport beige que venía en el carril de al lado por querer hacer maniobras muy rápido. Llegó el hombre del seguro de la señora víctima de mi imprudencia, una patrulla y tres coches con mis familiares y amigos (lo siento, yo doy la voz de alerta a lo grande). Enorme alboroto para algo tan pequeño. El hombre de la aseguradora determinó que el daño era demasiado pequeño y que lo más conveniente sería que nos arregláramos “de otra manera” (entonces ¿para qué asegurarse?). Intercambié mis datos con la mujer y me pidió una identificación. No viene al caso mencionar como se resolvieron las cosas con el agente de tránsito, solo diré que conviene siempre tener tu licencia de manejo vigente y tus papeles en orden. Al dia siguiente muy temprano me vi con la señora en la agencia Ford de su confianza y … los expertos quitaron el daño al instante, frotando con polish. El incidente no me costó ni un centavo. Yo juré que ese sería mi último descuido y que llevaría la marca de la vergüenza (mi salpicadera abollada)  hasta que cumpliera un año entero sin causar el más minimo roce no deseado a mi vehículo ni a cualquier otro.

En eso estuve pensando toda la semana, en como ya llegó otra vez diciembre y las navidades y el aguinaldo y que mi promesa se había cumplido al pie de la letra. Pero no he podido encontrar a un hojalatero a mi satisfacción. El lunes fui con un hojalatero a que me cotizara, resultó no ser tan económico y lo que me dio más desconfianza es que prometía terminar el encargo demasiado rápido. El miércoles fui con otro, su cotización rebasó mi presupuesto pero en su local tenía varios coches en distinto estado de restauración con calidad verdaderamente inspiradora. En el trabajo pedí recomendaciones a mis compañeros de su hojalatero de confianza. Siendo viernes, me desentendí de la oficina apenas sonó el silbato de salida y corrí a mi coche abollado para alcanzar a hacer un depósito en el banco. Llegué faltando apenas unos minutos para que cerraran y me formé, cuando fue mi turno me di cuenta de que me faltaba un dígito del número de cuenta y maldije a mi calavera distraída. Ahora no podría apartar  mi ejemplar del primer número de la revista Orsai. Estacioné mi carro abollado, le deposité su tajada al parquímetro y, pensando en hacer algo que me pusiera de buen humor y compensara por mi revista y hojalateada frustradas, accedí a que el lavacoches local le diera una pasada a mi lodoso vehículo. Decidí dar un paseo por el centro y checar las joyerías porque mi papá ha estado dando mucha lata con un reloj que le gusta pero ya no sirve. Me encontré con que más de la mitad de las joyerías tradicionales del centro histórico ya no existen.

Por último pasé a una de mis relojerías preferidas que está en una zona, para decirlo del modo más amable, que no es de lo mejor del centro histórico. Al salir del local pasé junto a un muchacho medio cholo que estaba platicando con una chica. Las banquetas ahí son angostas y, justo cuando estuve a su lado, el tipo extendió su brazo, me tocó la manga y dijo “hey amigo, te vendo un perfume”.  Me maldije a mi mismo una vez más por el gran descuido, por haber bajado la guardia, debí anticipar el riesgo, planear cómo despacharlo o sencillamente crucar a la otra acera. Ese tipo de contactos son riesgosos ¿me había arrancado el reloj, celular y/o cartera? Volté a mirarlo sin dejar de caminar,  dos segundos en los que, extendiendo brevemente los dedos de las manos y poníendolos en mi cadera, verifiqué que todos los artículos de valor se encontraran todavía en mis bolsillos. Es algo que todos deberían aprender a hacer, esa evaluación rápida. Por suerte todo estaba bien. No dije nada y seguí mi camino. Soy una persona que muy difícilmente se sale de quicio, pero en verdad que las frustraciones a veces no dejan de acumularse de poquito en poquito.

Decidí ir a hacerme el último corte de cabello del año. Descubrí que en plaza sendero hay una tienda HP y un osito navideño pedófilo, que me perseguirá por siempre en mis pesadillas.

Osito pedofilo (explicito, NSFW)

Aún no sé si en la peluquería me hicieron el mejor corte de mi vida o cortaron de más y dejaron en evidencia las entradas y la calva incipiente que tengo en la mollera. Regresé a casa, iba yo todo alegre manejando mi carrín abolladín y agitando la cabeza al ritmo de Belinda y OV7 que se escuchaban a todo volumen en el estéreo que compré para reemplazar al que me robaron. ¡Al fin la alegría de volver al hogar! porque ya iba como a tres cuadras de mi casa. Entonces un Bora blanco se echa en reversa del estacionamiento del Oxxo de la colonia. Me detengo y le toco el claxon. El Bora no se para y le sueno de nuevo y le echo las luces…¡Crash! Por un instante pienso que de cierta forma fue mi culpa: debí anticiparlo y meter reversa durante esos segundos que pude hacerlo. La verdad no supe cómo reaccionar ante otra situación imprevista tras el volante. Mis ánimos habían ido deslizándose en una espiral suave pero claramente descendente a lo largo de la semana y el día. Y ahora esto, con un caray. Una cabeza se asomó del bora y a continuación el auto se orilló. Apenas se abrió la puerta del coche y antes de que alguien se pudiera bajar, me adelante y me detuve lo más pegado que pude, impidiendo el descenso del conductor. Estaba muy cerca de mi casa, en mi territorio, así que estaba muy claro lo que tenía que hacer. Llamé por celular a un familiar “¡Ven rápido, me chocaron en el Oxxo!”. Aquí debo aclarar que en esta familia tal vez tengamos relaciones de amor-odio y nos tratemos entre nosotros a gritos y sombrerazos pero una cosa siempre está muy clara: nos defendemos mutuamente de maneras muy drásticas. Me estacioné más adelante y bajé a ver los daños. La señora del Bora (sí, resultó cumplir con el estereotipo y ser una señora) hace lo mismo. Mi defensa está arruinada, igual que un soporte de la misma. Quizá una salpicadera tenga un rasguño aunque no creo, porque nisiquiera se rompió el plástico de la luz direccional ni nada. Estoy algo nervioso, es obvio que la señora está asegurada y temo que la aseguradora me vaya a estafar. Antes de tomar las placas del Bora para cualquier eventualidad, hago un rápido cálculo mental en números redondos y cifras algo exageradas. La defensa de mi carro nueva cuesta a lo mucho $300 (enderezar la que traigo cuesta menos) más $200 de la pintada y $50 del soporte de la defensa (que en realidad se puede enderezar en once fáciles martillazos),  no sé si contar la mica de la direccional porque está intacta y vale  $8 o si contar el trabajo de la salpicadera, porque aparentemente está igual a como yo la traía. Me preparo mentalmente para exigirle a señora y/o a la aseguradara restitución de daños por $800 para que me den, si bien me va, $500. Porque pedir $1000 es muy exagerado.

La señora no sabe qué decir, parlotea algo pero no puede quitar su cara de asombro ante mi defensa torcida que le cambió a mi carro la expresión de =| a =( y comienzo a temblar un poco, no sé si de nervios, de ira, de frío o de desconcierto. ¿Debería aprovechar esto? No sé, decir que del impacto me golpeé la cabeza con el marco de la ventanilla, me disloqué una costilla y siento de nuevo dolores en la rodilla. Ya saben, eso sin contar la terrible angustia y daño psicológico que sufrí como consecuencia de tan terrible accidente, que arruinó para siempre mi sensación de seguridad y bienestar en espacios abiertos y tomará cientos de horas de costosa terapia psiquiátrica el siquiera comenzar a sanar esas heridas supurantes de pus mental. ¡Rápido! ¡Un hombre de brazos firmes! Porque siento que me tiemblan las piernas y tengo bochornos y me voy a desmayar ¡Alguien llame a una ambulancia! En pocas palabras, exagerar e intentar aprovecharme al máximo de la situación. Lo sé, para ese momento ya estoy perdiendo la perspectiva. Pero es que no quiero que me estafen, no quiero que me den tres pesos y no me quede otra alternativa que aceptarlos. Porque últimamente las cosas no me han salido bien.

Por el rabillo del ojo veo que mi familiar ya se estacionó discretamente detrás del Bora. Al verme de una pieza y de pie, no se baja del auto. Estamos en alerta amarilla: no se estacionó sigilosamente ahí por casualidad, ante la más mínima señal de que yo estoy siendo estafado acelerará y me vengará, dándole un golpe en la parte trasera al Bora. Contamos con la ventaja de la sorpresa, aunque repentinamente el enemigo contara con la superioridad numérica. Todo eso ya lo sabemos en mi familia, no pregunten cómo ni por qué, nos lo decimos con los ojos. De súbito vuelvo a la realidad y me doy cuenta que la señora me está hablando “Ay qué pena que nos hayamos conocido así…” pero la interrumpo y le exigo que llame a su aseguradora. Ella no tarda en darle la vuelta al asunto diciendo que si no será más rápido y conveniente para “mi” que me de alguna suma en efectivo, me pregunta en cuanto estimo los daños. Doy otro repaso visual a la zona afectada de mi auto, abro la boca pero no digo nada. Porque no quiero ser estafado, porque últimamente las cosas no me han salido bien. Quizá la señora interpreta mi boca abierta como una mueca de estupefacción. No quiero decir una cifra muy baja y quedar mal parado. Tartamudeo. Debo aceptar que no sé como salir de esta mala jugada del destino por mi cuenta y le digo que lo más conveniente sería llamar a la aseguradora y a tránsito. Y de una vez al FBI y a las tortugas ninja, no sé, alguien, alguna fuerza que me proteja de la avalancha que estoy sintiendo caer sobre mi en ese momento.

La señora está visiblemente nerviosa y por fin dice “¿usted cree que con $2’000 esté bien?” tardo en contestar porque no alcanzo a ver cuál es el truco, dónde está la estafa, en qué consiste el plan maléfico de mi suerte. Quizá la señora toma mi silencio como que la cifra me parece baja y dice “aquí lo traigo” y saca los billetes de su bolso. Le doy una mirada a mi carro, a la señora, otra vez a mi carro. “Toma el dinero y corre” resuena en mi cabeza. Con un ligero gesto de mi mano en dirección de mi familiar cancelo la operación “armagedón de la venganza”, esta vez no será necesario recurrir a la mutua destrucción. Lentamente muevo la cabeza en señal de aprobación. Digo que sí con la boca y tomo el dinero mientras la señora no deja disculparse y comentar lo bueno de que hayamos podido llegar a un acuerdo tan rápido. Subimos a nuestros autos, yo ahora sí estoy estupefacto: $2’000 supera el presupuesto de reparar mi defensa y las tres salpicaderas que tenía en mente. Las reparaciones que, si todo me hubiera salido “bien” en la semana, habría mandado hacer ayer y me habrían entregado hoy y que, probablemente, se habrían arruinado de nuevo a las pocas horas al chocar con el Bora, porque de todas formas habría pasado por ahí a esa hora.

No sé, en estos momentos no quiero pensar en el karma ni en si me aproveché de la señora. Cruzo los dedos y oro por que los billetes no sean falsificados, uno nunca sabe lo que le depara el destino y es bien sabido que yo a veces tengo una suerte de perro correteado…

Lo que me dio la señora despistada por chocarme en el oxxo

3 pensamientos en “Un dia muy especial

  1. No se por que pero lo leí todito como “si lo rapearas” fue muy divertido… Anyway, en niño artillero hay un lugar excelente llamado abellauto, es bastante carito pero sus trabajos son excelentes y dan garantía.

    Pese a lo que mencionas, creo que tu reacción fue la mejor, cuando pasa algo así, es mas conveniente esperar a que ofrezcan, así la negociación esta de tu lado, no de ellos🙂. Que buena suerte y bueno, ojalá ese carrito quede bien guapo

  2. apaniqueas muy gacho con esos de la venganza y demas, no veo why

    pero bueno feliz regalo navideño, hasta le pusiste que caia nieve sobre esos billetes, funny shit.

    y la parte del hombre de brazos fuertes is wiiird

  3. Pingback: Un par de MR-16 se suben a un auto compacto… | Kurazaybo jom peich

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s