Solo para ella

Este escrito está dedicado a Elisa Carlos y se publicó originalmente en El Plan de San Luis.

De niña la regañaban por salir a jugar bajo la lluvia, por no amarrarse los cordones de los zapatos y por dormirse en misa. Para Elisa los adultos eran extraños, parecía que vinieran de otro planeta porque ¿cómo podían no ver la belleza que estaba en todas partes? A ella le encantaban las cosas simples del mundo, se podía maravillar al encontrar un árbol gigante, mirando las nubes o a los perros callejeros. Desde entonces ya le fascinaba saber que existía, más allá de donde se alcanzaba a ver a simple vista, un mundo entero de vidas secretas. Como levantar una piedra que no tiene nada de especial y encontrarse debajo un hormiguero. Nunca se sabe lo que se va a descubrir en los rincones olvidados y, si se tiene paciencia, se puede encontrar tesoros.

Conforme iba creciendo, Elisa se dió cuenta de que no cualquiera sabe apreciar esos detalles. Quizá lo hacían antes, en su infancia, pero era común que dejaran que se marchitara ese gozo, esa inocencia. Al principio le costó trabajo pero aprendió a guardar para sí aquellas pequeñas alegrías. Sentía que el mundo le llamaba en un lenguaje que requería tiempo y dedicación para entender. Todavía cree que a todos nos llegan señales pero pocos tienen la curiosidad de investigar de qué se trata. Al pensar en eso lo primero que le viene a la mente es un campo y el sonido de las cigarras, ocultas por ahí en alguna parte.

Tal vez por eso sufrió la primera vez que le rompieron el corazón. Fue la desilusión de haber creído encontrar algo especial, solo para sentirse traicionada. A veces, Elisa se ha preguntado si no sería más fácil rendirse, olvidarse de los pequeños secretos ¿no será toda eso que le gusta llamar “magia” algo insignificante? Lo dudó el día que murió su padre. Él había sido la única presencia constante en su vida que había compartido con ella muchas ocasiones de maravillarse, era quien nunca se había cansado de hablar con ella de esas cosas. Fue su padre quien le hizo notar lo diferente que es para cada quien volver a lugares de su pasado porque en todo rincón habitan recuerdos distintos para cada uno. Quizá debería enfocarse en el trabajo, “madurar” y buscar los placeres estandarizados que le ofrece la sociedad. Pero con el tiempo se dió cuenta que dejar de disfrutar de aquellos momentos, dejar de ver con nuevos ojos significa dejar que muera un reino lleno de sorpresas.

Lo pensó en el trayecto de camino a esta, la casa donde creció. Lo piensa ahora, al recorrer el pasillo por última vez y ver las habitaciones vacías de lo que fuera su hogar. Luce distinto así pero se percibe una calidez que solo se encuentra si sabes donde mirar. Se siente inquieta pero está bien, sabe que algunas cosas dejan su marca en nosotros pero es necesario dejarlas atrás. Recuerda la cicatriz en su pierna, de las primeras veces que quiso trepar un árbol. Al principio no lo tiene muy claro pero cree percibir un rayito de oportunidad. Va imaginando las posibilidades, no quiere pensar en esto como el día en que cortó con su pasado sino como el dia en que abrió los ojos para descubrir nuevos matices. Sonríe al salir y cerrar la puerta, Elisa ha aprendido que algunas cosas suceden solo para ella. No está saliendo de una casa vieja y necesitada de reparaciones, está entrando a un nuevo hogar, vasto, que la envuelve.

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