The lure of the past, the lure of perfection

Inoxcrom

Muchas veces hemos escuchado que tiempos pasados fueron mejores, que las cosas ya no las hacen como antes y frases similares que denotan una cierta nostalgia por el pasado, un velado menosprecio por los tiempos modernos y contemporáneos. Y muchas veces tiene cierto sentido. Por ejemplo yo tuve la fortuna de heredar a temprana edad una reducida colección de plumas finas de un familiar. Como era yo muy curioso y no tenía nada que hacer, en lugar de quedarme con cara de what las empecé a usar y, aunque ahora me doy cuenta que extravié de maneras estúpidas más de un ejemplar valioso, creo que aprendí mucho. Bueno, aquí es donde llega ese momento que en cierta forma he “temido” (por falta de una mejor palabra) de admitir que, aparte de las miles de palabras vertidas en este blog y los miles de trinos sonados en Twitter, yo escribo a mano. Diario, varias páginas. Cosa que ahora es tal vez un anacronismo y, para mis estándares de calidad y experimentación, puede que no tenga sentido desde el punto de vista económico. Pero es algo que ya no puedo dejar, una costumbre de la que no puedo deshacerme.

Verán, yo en mis tiempos de escuela llevaba al salón cada dos o tres días un pequeño hot wheels distinto de entre mi colección, para distraerme más que nada. Ahora, con el paso de los años se ha vuelto cada vez más absurdo llevar un cochecito a escala al trabajo así que gradualmente (no faltará quien recuerde mis “carritos” con los que me llegó a ver jugando en algún laboratorio de la universidad) los he ido cambiando por algo mucho más discreto: plumas. No me atrevo siquiera a decir “plumas finas” porque, aparte de que suena ridículo y prejuicioso, no tiene mucho de verdad. Cuando uno lleva cierto tiempo coleccionando algo sabe que hasta en los escondrijos más insospechados se encuentran cosas inesperadas que sorprenden.

En el trabajo, si mis coworkers han prestado atención, seguramente habrán notado que acostumbro tener el mouse de la computadora en una mano y una pluma en la otra. A veces los dos en la misma mano, aunque no esté escribiendo nada. Aunque nisiquiera tenga yo papel y ni lo haya en toda la oficina. No sé bien cómo explicarlo, es una costumbre, es una distracción, es un placer. El estar jugando entre los dedos con algo y qué mejor algo que aquello que te trae recuerdos o que te gusta. Algo que simplemente tiene una forma especial o está hecho de algún material que hoy en día no se consigue. Algo que siempre te dio problemas y nunca pudiste arreglar. Más de un par de veces me ha sucedido que alguien, al ver que tengo una pluma en las manos, me la pide prestada solo para encontrarse con que o no funciona, o tiene alguna peculiaridad que requiere detenerse un momento a pensar qué diablos tienen ahora en la mano. Como ejemplo aquellas estilográficas a las que hay que “desenroscar” el tapón o, no nos vayamos tan lejos, los bolígrafos Sheaffer retráctiles que no se giran ni tienen un botón ni se destapan ni se presionan de ningún lado, sino que hay que mover el clip del “tapón” a manera de switch para que aparezca la punta y poder escribir.

Y claro, como a todo coleccionista de plumas, después de todo préstamo por propósitos puramente pragmáticos llega el momento de incertidumbre “¿tal persona me va a devolver mi pluma?” y la temida y socialmente ruda e inaceptable petición de devolución. Lo sé, es muy bobo y suena muy agresivo decirle a alguien “¡hey, mi pluma por favor!” sobre todo cuando realmente tú no la estabas usando para nada pero no vas a dejar que X persona se lleve tu bolígrafo de 1946 nadamás por que sí ¿no? sobre todo cuando esa persona muy seguramente no lo aprecia porque nisiquiera lo distingue del Bic que compró en la papelería de la esquina y que, más probablemente que deshechar al agotarse la tinta, extraviará en algún momento. Y más rudo e inadecuado aún sería que cuando alguien te pidiera prestada tu pluma tu contestaras “no te la presto porque no sabes lo que es, no la sabes usar, no la vas a apreciar y eres tan despistado que nisiquiera me la vas a devolver”.

Una de las frustraciones más grandes de mi vida: la increíble cantidad de gente que no devuelve una pluma después de pedirla prestada. No sé qué pensarán, no tengo idea de si son tan distráidos o están fingiendo alzheimer. La verdad he dejado de buscarle una razón, simplemente NO LO HAGAN.

Yo escribo esto porque tuve un lapsus extraño. Verán, yo era el friki que en la secundaria tomaba apuntes con dos plumas estilográficas con tinta de mismo color pero punto fino y grueso para distinguir lo que otros anotaban en rojo de lo que anotaban en azul. Un tanto obsesivo tal vez pero fue muy divertido desconcertar a mis profesores y compañeros, sobre todo porque siempre he tenido una letra “horrible” pero de la que estoy orgulloso. Porque cada trazo tiene para mi sentido y me ayuda a distinguir a kilómetros de distancia una letra de otra y a leer mis apuntes a una velocidad vertiginosa. Porque yo escribo a mano y después lo leo. Lo he hecho durante años y, si Dios me da licencia, nunca lo dejaré de hacer. He tenido profesores que me regañan y me dicen “así no se hace la N minúscula” pero no saben que es más rápido y claro, compañeros que me preguntan “¿Y usas una pluma tan bonita/complicada/fina para escribir tan horrible?”. Y yo les voy a decir una cosa: esas son personas que nunca han usado una herramienta al 100%, que no saben que todo instrumento ha sido creado para usarlo al máximo y más allá, para abusar de él. Para echarlo a perder y aprender a amarlo y necesitarlo por características que su creador nunca tomó en cuenta. Esa es la razón por la que adquirimos una TV de 100 pulgadas y un reproductor Blue Ray con una lista de especificaciones impresionantes para ver pornografía. Ese es el motivo por el que hemos construido la red de comunicaciones más impresionante, más complicada, a un costo de miles de miles de millones de dólares usando la tecnología más sofisticada de la que somos capaces como especie únicamente para dejarnos mensajes en Facebook de “wey ¿qué pedo con la peda de ayer? no me acuerdo de nada!!!!”. En síntesis, personas con poco criterio. Esa es la razón por la que a los seres humanos nos gusta tanto “doblar” las reglas, pero ese es tema de otra plática.

Creo que el caso de todo esto es aceptar que, después de cinco años de blog y varias veces esos años de vida, ha llegado el momento de aceptar que tengo mucho qué decir acerca de un tema tan frívolo, superficial y transitorio como puede ser el de los instrumentos de escritura. Para ejemplo de la radicalidad del cambio que esto supone en mi manera de escribir aquí basta con contarles que cuando yo abrí este blog hice varios bocetos, listas y prototipos. Así fué como llegué a la lista de categorías que verán en alguna sidebar. Y a través de los años no he necesitado desviarme mucho de ellos, más allá de la necesidad de ser un poquito más específico en mis intereses y crear unas pocas categorías nuevas que de alguna forma serían subcategorías de las que se crearon al mismo tiempo que el blog. Y bueno, ahora me siento limitado. Nisiquiera se bien qué nombre ponerle a este interés en apariencia nuevo pero que he llevado conmigo mucho tiempo ¿plumas? ¿escritura? ¿handwriting? Dios mío, suenan tan retro frikis y horribles… Pero allá vamos.

Oh, casi me olvidaba de mi lapsus. Yo escribí mis apuntes de la secundaria con plumas fuente de puntos fino y grueso. Porque soy un ñoño de la escritura a mano. Porque amo, conozco y puedo criticar no diré que todo pero si muchos detalles de esos objetos disímboles que llamamos “plumas” cuando somos ignorantes y no tenemos un vocabulario que nos ayude a distinguir unos de otros. Mi lapsus fue este: durante la secundaria tuve un proveedor de tinta que me daba precios ridículamente bajos. Y luego cerró sus puertas y se dedicó a distribuir exclusivamente en Europa. Para mí eso significó un aumento de precios enorme, se me multiplicó todo por diez y mandé todo al diablo. ¿Aquella colección de plumas que dije que heredé fortuitamente? No piensen que eran plumas suizas Mont Blanc hechas a mano con puntas de oro de 24 kilates, aquella herencia bendita/maldita fue más en el sentido de “este es el arsenal que usé en la oficina en 1950”. Y por eso es muy difícil saber si aquél familiar tenía idea de que esas plumas que “regalaba” iban a ser valiosas en el futuro o simplemente estaba pensando, al momento de hacer su testamento, que le habían costado mucho dinero y que prefería hacer algo mejor con ellas que tirarlas a la basura. A mi me gusta pensar que fue un acto de ingenuidad “yo uso esto diario y es bueno, me gustaría compartirlo” y tan tán.

Yo espero estar haciendo lo mismo. Porque hace unos días me di cuenta, súbitamente como en el despertar sudoroso de una pesadilla, que ahora yo estaba escribiendo con unas plumas de gel chinas de diez pesos la docena y que eso era horrible. Que el olor, el fluir de la tinta y los plásticos sobre los que estaba poniendo mis manos, mis dedos, mi sudor y mis desvelos venían de tripas de gato y diarios chinos y que aquello, de cierta forma, no era digno de todo lo que yo había vivido, de todo lo que yo escribía, así fueran simples garabatos en alguna junta aburrida del trabajo. Es tan absurdo como dormir en el colchón en el que falleció tu bisabuelo únicamente para ahorrar dinero. Desperté y dije “al diablo”, en algún lugar entre el hoarding de mi habitación tengo un estuche con plumas antiquísimas y finísimas, probablemente labradas a mano en plásticos y materiales que hoy día están prohibidos por los riesgos que representan para la salud. Y  de algo tengo que morir. Y yo, aunque con toda seguridad no soy rico, tampoco soy pobre y aquello de que los costos de la tinta se me hayan multiplicado por diez o por veinte no me importa mucho. Ahora puedo decir con toda seguridad “bisabuelo, aquello que a ti tanto te frustró en tu despacho de contaduría, aquellas plumas que tantas páginas echaron a perder con un derrame inesperado de tinta a mí también me están colmando la paciencia cuarenta años después. Y las amo, solo Dios sabe porqué”.

7 pensamientos en “The lure of the past, the lure of perfection

  1. Pingback: “Strange overtones”, un tributo caligráfico « Kurazaybo jom peich

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  3. A mi me gusta una pluma que no se como se llame, pero en ella dice: MG ELITE PEN, ya no la he vuelto a encontra aqui donde vivo, hay una parecida que cuesta $35,00, casi el doble de lo que me costo la ultima vez que me compre esa.

    De que ciudad erees?? es que lei por aqui sobre el Tangamanga 2 y sino hay otro, es el de SLP

  4. Pingback: Will a simple handwritten note look like hieroglyphics to the next generation? | Kurazaybo jom peich

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