Fotos en Facebook

“Disculpame si te molesta mi comentario pero te agradecere que no me etiquetes en fotos en las que no aparezco. La verdad lo encuentro muy rudo y poco educado de tu parte. Ojala recapacites y me ayudes a terminar de una vez por todas con esta abominable practica. Si quieres llamar mi atencion hay mil y un maneras mas directas y civilizadas de hacerlo. Ojala recapacites y me ayudes a terminar de una vez por todas con esta abominable practica.”

Anuncios

Curiosa alineación de los astros

Con este post empiezo a hablar de un tema que me interesa: la estafa y la mentira.

A veces puedo ser muy despistado. Ayer iba muy alegre y contento tarareando en el carro al ritmo de los grandes éxitos de mi artista favorito, me dirigía a un famoso centro comercial de la ciudad. Un entronque aquí, un semáforo allá, vuelta a la derecha ok no viene nada sigo y ya estoy dentro del estacionamiento shalalá. Y al bajarme del auto me di cuenta, horrorizado, del inexplicable error: de alguna manera había entrado sin detenerme a tomar el ticket del estacionamiento, cosa particularmente curiosa considerando que las entradas están “cerradas” siempre con las plumas automáticas que se activan al presionar el botón para tomar el boletito.

Venía tan distraído que no recuerdo con claridad, medio me viene a la memoria que entré inmediatamente después de un carro gris. Pero las plumas se cierran con rapidez, habría sido mucha casualidad que alcanzaran a pasar dos carros. No tengo idea de lo que sucedió, quizá la máquina estaba fuera de servicio o la pluma estaba, en efecto, cerrada y de alguna manera yo la esquivé en automático. Muy improbable esta teoría pero hey, hay gente que hace cosas más complicadas en estado de sonambulismo.

En sí esta vez las cosas no se salían tanto de la norma: soy tan distraído que he extraviado el boleto del estacionamiento en casi todas las plazas comerciales de la ciudad (me falta HEB) y he tenido que pagar el costo por boleto perdido, que suele ser escandalosamente elevado. Decidí proceder con mi visita como si nada, aprovecharía el tiempo para pensar en alguna estrategia que me ayudara a minimizar el gasto. Termino lo que fui a hacer y no tengo nada, lo más brillante que se me ocurrió fue comprar algo en la gran tienda ancla del lugar y  pedir la reposición del papelito, en una ocasión anterior ya tuve que recurrir a eso y la penalidad es muy baja. La otra alternativa es decir la verdad. Dudo mucho que alguien me crea pero si se da el caso se puede torcer la conversación al “¿me estás llamando mentiroso?” y exigir revisar las cintas de seguridad del circuito cerrado. Sirve que de una vez se aclararía el misterio de cómo carambas entré en primer lugar. Dos pájaros de un tiro. El ir e intentar sacar un boleto a la máquina queda descartado porque tiene sensores y no da ticket si no hay un auto, aunque este estacionamiento tiene suficientes entradas como para que valga a pena probar suerte a ver si de casualidad en alguna se concede el milagrito. También está la alternativa “social” que consiste en quedarse parado al lado de la máquina y, cuando llegue  un auto, explicarle al conductor mi desgracia y pedirle que me deje tomar su boleto. Él tendría que meter reversa y volver a tomar otro pero así nadie pierde nada. Esta alternativa toma tiempo, depende de la buena voluntad de un buen samaritano y puede requerir aguantar más de un rechazo. Esperar furtivamente por ahí, arrebatarle el boleto a un incauto y salir corriendo sería el último recurso pero uno ya no está para esos trotes.

¿Qué hacer? Bueno, empiezo por ir poniendo mi mejor cara de inocente para probar suerte contando la verdad, en cada caseta si es necesario. La verdad, por increíble que parezca. Antes de llegar al auto veo que en una de las casetas una pick up mete reversa. “Otro que se quedó sin boleto” pienso, y me pregunto si también habrá entrado de manera misteriosa o si nadamás será un despistado que perdió el ticket. Me subo al carro y me dirigo a la caseta del fondo, una de las menos transitadas. Esto con el propósito de disponer de más tiempo, en caso de que caigamos en una larga discusión, y de no obligar a retroceder a una larga fila de coches esperando salir.

“Buenas tardes” digo, y cuento brevemente lo que pasó. Me preguntan por donde entré y respondo; me siento como un idiota porque de hecho voy seguido ahí ¿cómo es que no me di cuenta?. “¿Ya avisaste?” me preguntan y contesto que no tengo ni idea de a quien avisar. La empleada saca un walkie talkie y avisa de la situación, así confirmo que las casetas están comunicadas, el plan de buscar el eslabón más débil se acaba de ir al traste.  “Sí, aquí estuvo” suena en el radio “perdió el boleto”.  Pero no es así, debe estar hablando de la pick up que vi hace un momento. Se lo explico a la empleada, que lo repite por el radio. Me voy preparando psicológicamente para una larga espera, negociando con la voz del radio a turnos. Pero entonces la empleada se enfrasca en una discusión por el radio hasta que nadie le contesta. Me cuenta que hay rencillas entre los empleados y que se dice que algunos hacen sus transas y bla bla bla y que ella no se presta a esas cosas. Me pide el importe del estacionamiento, sin penalización alguna ni documentación de ningún tipo (normalmente te hacen firmar papeles y dar tus datos). Estoy fuera.

Puede que sea una anécdota sin relevancia pero sigo sorprendido por la serie de pequeñas casualidades que se conjugaron para que sucediera. ¿Cuál era la probabilidad de ver a la camioneta que había perdido el boleto en el momento justo? ¿Cómo fue que entré? Como habitantes de este mundo que nos obliga a estar a la defensiva se va volviendo normal el tener un concepto paranoico de que en todos lados nos van a tratar de exprimir, que será más efectiva una elaborada estrategia para salir bien librados de una dificultad. Pero, a veces, basta con decir la verdad y estar en el momento correcto.

¿Será algo de los astros?

The missing pieces

Creo que en los tiempos que corren lo primero que muchos hacemos cuando nos intresa algún nuevo producto y, especialmente antes de adquirir algo si es que estamos considerando seriamente comprarlo, es investigar un poco y leer opiniones y reseñas e otros usuarios en internet. En mi caso me interesan muchas cosas, desde libros y artículos de papelería hasta electrónica y gadgets. Además, por una serie de casualidades, no es raro que terminen cayendo en mis manos cosas antiguas y raras de las que no sé mucho.

Así es que he leído muchas reseñas y opiniones de distintos tipos de artículos y naturalmente me gustaría escribir algo similar de vez en cuando. Ojalá fuera tan fácil como encontrar un formato adecuado para todos los tipos de artículos de los que me gustaría hablar (de entrada: plumas, herramientas, linternas/iluminación) pero resulta que no es tan fácil pues, además de tener yo un montón de peculiaridades como persona, mi situación como “reviewer” (lo siento no encontré la palabra en español ¿¨reseñador”?) no es muy similar a la de las opiniones que estoy acostumbrado a leer y amar.

Por ejemplo, yo no recibo productos *gratis* por parte de ningún fabricante para publicar reseñas, como es el caso de Anandtech, Gizmodo, Engadget o Tom’s Hardware. Los objetos de interés son míos casi siempre. Esto tiene ventajas como que me permite usarlos por un tiempo (incluso varios años) antes de llegar a un veredicto. También me permite usarlos en condiciones muy variadas y hasta inesperadas. En algunas ocasiones hasta me ha tocado ver el producto llegar al final de su vida útil, cuestión que la enorme mayoría de las reseñas no cubre.

Pero también tiene sus desventajas, por ejemplo, al ser míos los artículos, comprados con mi dinero para un propósito, teniendo un lugar dentro de mis actividades y necesidades, hay aspectos que no puedo cubrir. Muchas veces no me es posible analizar personalmente y a detalle artículos mecánicamente únicos y muy interesantes sencillamente por mi inexperiencia y falta de conocimientos, no digamos ya de herramienta necesaria. No voy a desarmar aquella Sheaffer Snorkel, una pluma fuente de 1947 y la más compleja jamás construída, nadamás para hablar de sus entrañas. Entre paréntesis, gracias a la gente de AnandTech y iFixit por siempre desarmar hasta el último detalle los productos. Tampoco voy a probar la duración de la batería en una linterna X porque sería un desperdicio y porque no me es posible registrar el momento exacto en que la batería muere.

Del mismo modo, hay información que no me es posible dar. Tengo algunos artículos que hasta la fecha no he podido identificar del todo o algunos que, a pesar de estar bien fichados, no he encontrado algunos detalles técnicos importantes. Tampoco dispongo de medios para evaluar objetivamente algunos parámetros muy básicos (¿exactamente cuántas candelas dijiste que proporcionaba esta lámpara? ¿Qué tanto se degrada esta tinta bajo luz UV?) .

En algún lado leí que el periodismo tenía propósito múltiple:
– Difundir información
– Hacerla accesible y entendible
– Darle contexto

Ggeneralmente esta información debe ser actual y relevante pero hace mucho tiempo que los blogs personales dejaron de ser considerados *periodismo*. Y bueno, esos tres puntos creo que sí los puedo tocar dando un panorama general.

Así que he estado intentando crear un formato sencillo y accesible que aplique para gran variedad de productos independientemente de su naturaleza pero que a la vez esté más o menos estandarizado y provea suficiente información. En particular me interesaba que este formato incluyera información que como comprador y usario (y muchas veces por rescatarlos de la basura “descubridor”) de estos productos inevitablemente voy recabando. Si una pieza vital, digamos el repuesto de una pluma, resulta DOA ¿vale la pena reemplazarla? Si se chorrean las pilas ¿es fácil limpiar esa linterna? ¿No se corroen los acabados y pinturas? ¿Qué tan fácil/económico resulta conseguir e instalar refacciones? ¿Existen modificaciones, actualizaciones o tuneos que se puedan hacer para mejorar algún aspecto?

Yo pensaba que mi formato se iba a hacer inconcebiblemente largo pues al querer incorporar tanta información tendría más y mas secciones, pero para mi sorpresa se fue haciendo más y más corto. Las secciones que sobrevivieron el quita y pon son:

  • Especificaciones y contexto: ¿Qué caracteriza a este producto? ¿Para qué sirve y por qué decidiste comprarlo?
  • Primera impresión: esto está basado en los reportes de “Out of the box experience” que generalmente son de rigor en reseñas de producto de Apple. ¿Cómo luce el producto inicialmente? ¿Es el empaque impráctico o inseguro? ¿Estamos tirando el dinero a la basura al pagar por ese empaque? Por ejemplo una pluma de más de $180 generalmente vendrá en/con algún tipo de estuche, a veces son muy agradables y prácticos, a veces el fabricante hubiera hecho mejor ahorrándoselo. A veces el producto llega con ligeros daños estéticos y nunca se puede estar seguro si fue cuestión del empaque o así salió de la fábrica. Y más que nada lo que me interesa señalar aquí es que muchas veces al poner las pilas y probar unos instantes algo nos deja una impresión que resulta ser muy distinta a su comportamiento en el campo de batalla…
  • Desempeño bruto: creo que se explica solo. Esa herramienta ¿se oxida/desgasta fácilmente? ¿Esa linterna realmente brilla con furia o es una pobre luz chamagosa? ¿Esa pluma es cómoda y escribe bien o deja de pintar una de cada tres veces? Digamos que si yo tuviera los recursos, estas serían las pruebas de laboratorio.
  • Reporte de campo: influenciado por los reportes de cámaras de Luminous Landscape, que suelen dejar muy de lado las cuestiones técnicas para centrarse únicamente el uso, confiabilidad y practicidad de la cámara el artículo allá afuera, en el mundo real. Puede que tengas la herramienta más durable y con más funciones, pero si pesa tres kilos o se desbarata con las caídas, no te será de mucha ayuda cuando la necesites.
  • Quejas: en los apartados anteriores ya debió quedar claro si el producto tiene ventajas y cuáles son, no se trata de repetir las áreas en las que x cosa no dio el ancho ni de buscar meter a la fuerza alguna desventaja, sino de añadir información que pudimos haber pasado por alto a la hora de hacer la elección de adquirir el artículo. Por ejemplo mi linterna más brillante da una cantidad de luz realmente asombrosa pero pesa 2 kg y mide 60 cm, haciéndola impráctica en muchas circunstancias y hasta es ilegal portarla en ciertas jurisdicciones. Ya sabes, el tipo de cosas que no te dejan subir a un avión. Toda cuestión de diseño y fabricación tiene compromisos, algunos más inconvenientes que otros.
  • ¿Conclusión/veredicto?: lo pongo entre comillas porque, aunque parezca contradecir el propósito de una reseña, en muchas ocasiones no tengo una conclusión ni puedo dictar un veredicto con plena seguridad. Claro que a veces el artículo en cuestión es tan excepcional o tan malo, que este punto es más inmediatamente evidente. Es una sección que aparecerá o no, según el caso.

Esas son mis ideas. Creo que muchas veces a uno simplemente le gusta hablar de ciertas cosas.