The awkward introduction

Tocaron la puerta y vi un automóvil destartalado enfrente de la casa. Salí a ver quién era y me encontré con un rostro que me resultaba vagamente conocido. Tendría yo unos catorce años y sabía que había visto esa cara en algún lugar pero no tenía idea de cuándo o dónde.

– Hola, oye me dijo tu papá que pasara por el tanque de gas chiquito, el que está pintado de azul y anaranjado.

No respondí de inmediato, me quedé un momento examinando detenidamente al hombre, tratando de adivinar de dónde lo conocía y cómo es que tenía esa información. A mi nadie me había dicho nada al respecto y los celulares todavía no eran muy comunes. Pero me sentí presionado a atender aquella extraña solicitud suponiendo que no había otra manera de que alguien supiera de ese tanque, que llevaba años oxidándose en el patio trasero. Yo era muy tímido y, con tal de no quedar mal ni parecer desatento, preferí entregar el tanque, aunque al final me quedó la sensación de haber sido estafado por un desconocido. Total, el tanque era feo y estorbaba.

Más tarde ya ne explicaron que el señor que había venido era un tío lejano que hacía mucho que yo no veía y que efectivamente mi papá no había podido ir a darle el tanque él mismo. De modo que no es una estafa en sí, pero tiene mucho en común con un intento fallido de robo que vi una vez.

¿De qué se trata, pues, esta “presentación incómoda”? Es una estafa muy sencilla en la que se utiliza cierta información genuina a manera de “credencial” para ganarse la confianza de un tercero. Por ejemplo, una persona que dice venir de parte de un conocido a solicitar bienes o favores. El chavo desconocido que supuestamente viene de parte de la vecina de atrás a pedirte permiso para saltar la barda de tu patio trasero hacia su casa porque “se le quedaron las llaves adentro”. El comprador que viene a recoger la mercancía porque dice que ya la pagó a otro familiar/socio/coworker. El futuro inquilino que ya habló con la señora y quiere que le dejes pasar a ver la casa.

Aquí la clave es que el estafador dispondrá de cierta pieza de información que intentará usar para convencerte de que es conocido de algún conocido y digno de confianza. También es clave que se aprovechará de sorpresa e incomodidad que este tipo de presentaciones causa asi como las prisas que todo mundo tenemos, factores que, ellos esperan, nos harán saltarnos cualquier tipo de verificación de identidad que podamos hacer. Muchas veces basta con una llamada telefónica a nuestro conocido de confianza o un breve interrogatorio al estafador para dejar en evidencia la mentira. Pero de todos modos muchos caemos redonditos en la tranza. Porque somos perezosos.

Un ejemplo muy sencillo: el otro día me encontré en el parque nuevamente a cierto tipo sospechoso. Pero en esta ocasión estaba acompañado de un par de chavos (que por su parecido físico asumo que son hermanos) que también he visto en el parque jugando con un balón. Parecía que este tipo ya los había abordado a ellos también en una ocasión anterior porque se sauldaron y platicaron un rato, a la sombra de los árboles. En ese momento yo, que ya había charlado anteriormente con el tipo sospechoso, tenía la posibilidad de acercarme a saludar y, haciéndome pasar como conocido (que tenía su parte de verdad, no se les olvide que la mejor mentira es la que tiene mucho de verdad), presentarme a los chavos y sacarles mucha información. Ahora bien, en mi caso no tendría yo ningún incentivo para hacerlo pues no es como si les fuera a robar el coche o a sacar el número y clave de sus cuentas en islas caimán. Hubiera sido simplemente un ejercicio para practicar estas teorías y, según que tan incómodo resultara, evitar que en lo sucesivo el tipo sospechoso se me volviera a acercar. El punto es que es muy sencillo.

¿Qué se puede hacer para evitar ser estafado en una “Presentación incómoda”? Básicamente: ser paranóicos. No hay que revelar nunca información alguna a desconocidos (Tip: responder siempre repitiendo la pregunta que te hicieron o con más preguntas), no dar ningún tipo de acceso/bienes/dinero a ningún intermediario desconocido que aparezca de pronto, verificar siempre llamando a familiares y conocidos para verificar si han enviado a un tercero y revisar exactamente de qué y de qué no se trata. Mucho cuidado porque la estafa puede consistir simplemente en crear una distracción para que bajemos la guardia y en lo que vamos a checar si la tía Carmela mandó a dos chalanes, ya nos vaciaron el changarro. También: nunca dejar sin supervisión a desconocidos trabajando en/cerca de nuestras propiedades.

Aquí lo ideal sería nunca hacer ningún trato por medio de un tercero pero la gente es floja y es una triste realidad con la que tenemos que tratar. Mi recomendación: usar contraseñas con familiares y amigos cercanos, frases y palabras que pueden pasar disfrazadas como un mensaje por medio del tercero.

Riing riiing.
– ¿Bueno?
– Hola, me llamo Gertrudis, soy amiga de tu tía. Me dijo ella que pasara a tu casa por una caja de estambres y unos encajes.
– Claro…
– ¿A qué hora vas a estar en la casa? – Nótese la sutil extracción de información valiosa para ladrones.
– Voy a estar aquí todo el día – Nótese la respuesta más adecuada, aún cuando lo más conveniente fuera no estar en el lugar.
– Muchas gracias…
– Ah este… ¿y fue todo lo que te dijo?
– Bueno ella… tu tía me dijo que te llamara “Parásito infernal”…

Quizá quieran ustedes practicar el uso de una contraseña más discreta como “dejaste las medicinas de tu abuelo en el carro” o “que si puedes pasar a recoger a tu tía al Teatro de la Paz”. Lo importante es que no parezca una contraseña y que el intermediario la entregue automáticamente sin pensarlo demasiado.

Muy relacionada a esta estafa hay otra que consiste en utilizar credenciales auténticas pero que no nos pertenecen y que no se pueden verificar inmediatamente (en el caso ideal para el estafador) o que la víctima no pensará en verificar inmediatamente. La idea es hacer que la víctima sienta confianza. Supongamos que en medio del tráfico de esta alocada ciudad un tipo en un auto del año le hace un rayón a tu carro. Se bajan de los automóviles, él supuestamente llama a su seguro y como este demora, te da su tarjeta de presentación para que lo contactes. No, no hace falta que preguntes, no trae identificación alguna consigo. Te entra la desconfianza y marcas en ese momento al número. Sí, ahí trabaja el licenciado Martínez Tello. Sí, tiene cabello rizado y conduce un auto plata del año, de una vez hasta te preguntan si quisieras hacer una cita. Él licenciado mismo te dice que no hay necesidad y acuerdan verse al día siguiente en su despacho. Solo que cuando te presentas conoces al verdadero Lic. Martínez, que no se parece en nada al tipo que te chocó… Tip: siempre anotar las placas y, ante falta de una identificación, tomar una fotografía del individuo. Algo muy similar hace el protagonista de la serie “White Collar” para robar la caja negra de un avión.

Siguiendo estos sencillos consejos no les garantizo que le caerán bien a la gente pero sí que no serán estafados tan fácilmente.

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