“The howling” (1981)

La historia va más o menos así: Karen White es una reportera que ha estado en contacto con Eddie Quist, un asesino serial. En colaboración con la policía participa en un plan para capturarlo, concertando un encuentro en un cine porno. Eddie se transforma en hombre lobo ante los atónitos ojos de Karen y justo antes de atacarla, es liquidado por la policía. Tras la traumática experiencia Karen sufre un colapso que le impide volver al trabajo y seguir con su vida, asi que por recomendación del (¿psiquiatra?) George Waggner, accede a pasar una temporada en una comunidad experimental, acompañada de su esposo. A lo largo de su estancia las esperanzas de que la comunidad le sea de ayuda se van desvaneciendo pues ya desde la primera noche es evidente que las personas del lugar no son del todo normales.

La película está llena de guiños y referencias al género y la temática de los hombres lobo (lo siento, ni sé bien lo que significa “licántropo”) pero lo más peculiar creo es que presenta el conflicto entre la parte impulsiva/bestial del ser humano con su parte intelectual, que termina reprimiendo esos instintos. El hombre lobo se presenta como la parte “liberada”. Esto se ve muy claramente en el caso del marido de Karen, quien es transformado en contra de su voluntad (la verdad ¿alguna vez alguien es transformado por que así lo haya querido?) pero una vez que surte su efecto el cambio, se desata su verdadera naturaleza. A destacar también el que los hombres lobo no se presenten como monstruos, sino que en todo momento conservan su intencionalidad y uso de razón.

La historia en sí creo que resulta un tanto accidentada y la resolución del conflicto se da como por arte de magia pero aún asi tiene suficientes particularidades que la mantienen interesante a veinte años de su estreno. En especial se destacan los efectos especiales en una de las escenas de transformación más influyentes y escabrosas hasta la fecha, obra del maestro Rob Bottin quien al año siguiente daria vida a las memorables cosas de “The thing”. Aunque en esta área también hay altibajos, principalmente esas (escasas, eso sí) escenas en las que se recurrió a la animación.

Para completar la parábola del conflicto impulsos vs. razón/represión, en el desenlace vemos el camino elegido por Karen, que sale bastante del moldede este tipo de películas y presenta de manera muy efectiva  lo que conlleva ser un monstruo, cosa que no se ve todos los días.

Si esta reseña se parece mucho a esta de acá, no es casualidad, es que concuerdo en casi todo. 

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