“Ya no tengo miedo de ti,

ya toda mi vida eres tú.

Vivo tu respiro que queda aquí,

que consumo día tras día.”

Es… es tarde. ¿Qué hora es allá, del otro lado? No importa, me dijiste que no importa. Conozco a la perfección la canción que suena en tu teléfono cuando te marco, aunque no lo haga ni una vez al año. No puedo evitar imaginarla sonando, allá, a lo lejos.

“¿Hola?”  Suena tu voz con un acento extraño, porque poco a poco has olvidado nuestro idioma. No es momento de responder a un saludo, pero lo intento. Se me quiebra la voz, fallo en el intento. “Falleció…” pero no termino el silencio, la interrupción, el instante en el que no sé qué decir.

Porque tú lo sabes, comprendes al instante qué quién cómo cuándo y dónde. “Oye…” atinas a responder, a interrumpir el mar de dudas, el remolino de emociones que da vueltas y vueltas en mi cabeza. “… voy para allá”, dices, con plena seguridad. Con ¿tranquilidad?, como si fuera cuestión de cruzar el patio trasero.

“Busco en la noche en cada estrella tu reflejo,

más todo esto no me basta ¡ahora crezco!.”

Es rara, la espera. Trato de no pensar. Unos kilómetros en auto ¿qué estarás pensando? Me lo pregunto pero al instante lo olvido. Creo que mencionaste un tren bala. Un tramo, pequeñito, como de media vuelta al mundo, en avión. Y unas horas por tierra. Me gustaba imaginarte abordando un helicóptero y llegando en minutos, pero me dijiste que ni la reina de Inglaterra puede: el combustible pesa demasiado.

“No vivo ya, no sueño ya.

Tengo miedo, ayúdame.

Y es la hora que no llegas, estoy entrando en trance. “¿En qué forma piensas de ti?” me preguntaste, y no entendí. Me explicaste: “¿Cómo te ves, qué clase de persona crees… sientes que eres? ¿Eres un buen hombre?”. Tardé en responder y te dije la verdad: pienso en mi como un hombre que miente.

“Tú que habrías estado por mí

en cualquier lejana ciudad.

En soledad y siempre ya junto a ti.”

Distingo tu inconfundible silueta a la distancia ¿cómo diste con el lugar exacto? Me pongo en pie, no se si sonreír o llorar. ¿Cuántas mentiras? ¿Qué tuviste qué hacer para llegar tan pronto? Pero no importa. Estás…

Un pensamiento en “

  1. Pingback: Kurazaybo jom peich

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s