– Después de que él falleció, vino ella y me preguntó qué creía yo que debía hacer: irse o quedarse.

– ¿Y qué le contestaste?

– Que era su decisión y yo no podía decirle qué hacer, fue todo.

– No creo que le haya ayudado.

– Es que realmente, cual sea el camino que escoja, no puede equivocarse.

– ¿No te das cuenta? Eso era lo que necesitaba oír.

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