¿Ciclar un acuario? ¿Dónde le pongo el “For”?

La ultima ocasión que hablé acerca de mi proyecto de un rack de peceras cometí el error de no explicar porque estaba haciendo las cosas de esa manera. En particular, el motivo por el que introduje tan pronto al tanque algunas plantas, instalé la lámpara y no metí ningún animal todavía. La razón será evidente para los que cuentan con cierta experiencia en el acuarismo, pero para los que no estén familiarizados con el tema, creo que vendría bien una explicación, por breve que sea.

Un acuario/pecera es un sistema completamente artificial en el que se busca mantener con vida a seres acuáticos a largo plazo (para anfibios y animales pulmonados estos conceptos tal vez aplican en menor medida). Como tal, debe proveer un condiciones adecuadas tanto física (temperatura, espacio, escondrijos) como químicamente, pues tanto plantas como animales requieren de ciertos parámetros para su desarrollo. Si bien podemos mantener a estos seres en un recipiente en condiciones “estériles” (procurando el adecuado suministro de gases necesarios para su respiración) por un breve periodo, al paso del tiempo las condiciones del agua se volverían inadecuadas. Esto porque los animales producen desechos que se irían acumulando hasta el punto de volverse venenosos. Para las plantas el problema es que no tendrían los nutrientes necesarios para crecer.

Seguramente la idea que viene a la mente es la de instalar alguna clase de filtro, tema del que ya hablaré en el futuro. Esta idea es correcta, sin embargo he notado que hay cierta desinformación en cuanto a lo que sucede realmente dentro del tanque.

A grandes rasgos, los desechos y materia en descomposición en el agua provocan la acumulación de nitrógeno y sus derivados. Los que nos interesan son el amonio y el amoniaco, este último altamente tóxico. Si bien es posible remover estas sustancias del agua por métodos químicos o realizando cambios de agua muy frecuentes, es mucho más eficiente hacerlo de manera similar a como ocurre en la naturaleza: usando microorganismos que consumen los derivados del nitrógeno y los transforman en productos menos tóxicos, nitritos y nitratos.

Hay que mencionar que aunque el nitrógeno es muy abundante (constituye como tres cuartas partes de la atmósfera) y es indispensable para el metabolismo de las plantas, estas no pueden asimilarlo de manera directa, lo necesitan en forma de nitrato. De modo que es necesario contar con las respectivas colonias de microorganismos en nuestro acuario antes de introducir peces e invertebrados. Para conocer a detalle este proceso, conocido como el ciclo del nitrógeno, recomiendo este par de textos como punto de partida, uno en inglés y el otro en español.

Afortunadamente no es nada complicado hacerlo. Lo único que hace falta es dotar a nuestro tanque de algo de nitrógeno y cierto movimiento que le de circulación al agua y permita su correcta oxigenación. Como fuente de nitrógeno podemos utilizar una pequeña porción de alimento para peces o un poco de materia vegetal en descomposición. Esto último fue lo que yo intenté hacer al introducir tres plantas grandes de una especie muy resistente. Aunque no lo había intentado antes imaginé que en el tanque sin “ciclar” parte de la vallisneria se marchitaría, generando los derivados de nitrógeno iniciales, y la parte que quedara con vida ayudaría a consumir los nitratos llegado el momento. Esta idea, sin embargo, puede resultar más costosa e incluso un tanto cruel con las plantas, solo quiero enfatizar que no es necesario hacerlo así. Yo lo hice buscando acelerar el proceso.

Otras formas más comunes y sencillas son la que mencioné de simplemente agregar un poco de alimento para peces y esperar algunas semanas. Se puede usar en su lugar amoniaco o úrea puros. Hay que tener mucho cuidado con el detalle de que sean puros pues sería contraproducente y hasta peligroso para los organismos acuáticos que introdujéramos químicos no deseados. Otra alternativa muy accesible para el principiante es introducir desde el principio al acuario un número pequeño de peces de alguna especie que sea muy tolerante a condiciones extremas en el agua, como puede ser el danio zebra o el betta que con su metabolismo proporcionará de manera natural los derivados del nitrógeno. Aunque, si ya podía considerarse “cruel” someter a las plantas a estas condiciones inadecuadas, lo puede parecer aún más con animales y puede convertirse en un problema más adelante pues si nuestro objetivo no era tener esta especie en nuestro tanque vamos a acabar como esa historia del hombre que tenia un ratón en su casa y para sacarlo metió un gato, luego un perro y así se fue hasta que tuvo un elefante y la única manera de sacarlo fue meter… un ratón. Aclaro que estoy mencionando especies de agua dulce pero el proceso aplica también para acuarios marinos.

Ya con las sustancias nitrogenadas y la circulación del agua, para la que basta usar un pequeño compresor que genere burbujas, solo  hace falta un poco de paciencia para inicir el ciclo del nitrógeno e nuestro tanque, pues hay que esperar de dos a tres semanas para que las colonias de bacterias se establezcan y comienzen a tener efecto. Podemos ahorrarnos un poco de tiempo agregando bacterias, que se pueden comprar en forma de ciertos productos comerciales que se mezclan en el agua. En mi experiencia, estos productos son un costo totalmente innecesario. Las bacterias que buscamos ya están en todas partes y llegarán a nuestro acuario siempre y en cualquier lugar sin que hagamos nada más, aunque puede que les tome más tiempo. A mi gusto lo más sencillo es agregar material de un tanque que ya esté “maduro”, es decir que ya tenga una colonia de bacterias y un ciclo de nitrógeno bien establecido. Puede hacerse colocando algo del material filtrante del tanque maduro en el filtro del tanque nuevo o simplemente moviendo alguna pieza de la decoración del acuario establecido al acuario que estamos instalando. Esto porque las bacterias habitarán practicamente cualquier superficie bajo el agua que tenga acceso a nutrientes y oxígeno, de modo que en cierta forma la superficie de todo objeto sumergido ayuda a completar el ciclo del nitrógeno, incluso la parte interior de los cristales del tanque.

Yo tengo ya en uso varios filtros iguales al que instalé en este tanque, así que simplemente le puse un poco de esponja de un tanque maduro. Ahora bien ¿cómo sabemos que el ciclo del nitrógeno ya está ocurriendo en nuestro tanque? Pues hay en el mercado kits de pruebas que, por medio de reactivos químicos mezclados con un poco del agua, nos permiten hacer mediciones más o menos exactas de todos los parámetros que deseemos, así que podemos ir tomando estas medidas periódicamente y ver como se va reduciendo el contenido de amonio y amoniaco hasta que alcanza un nivel estable y adecuado. Estos kits pueden ser costosos (si nos ponemos a gastar libremente podemos encontrar incluso equipo electrónico para hacer las mediciones) y, al haber tantas marcas y modelos, nos vamos a encontrar algunos que no son tan precisos como otros. En mi experiencia no es necesaria esta inversión, no necesitamos más que utilizar cualquiera de los métodos mencionados y esperar unas semanas. Lo que podemos distinguir a simple vista será la formación de algas y la presencia de una capa transparente pero que le da cierto tacto ligeramente baboso a las superficies sumergidas.

Para finalizar solamente queda añadir dos cosas. La primera es que los microorganismos que se ven involucrados en el ciclo del nitrógeno son inofensivos para el ser humano y que debemos cuidar que una vez establecida la colonia de bacterias, no muera. Por ejemplo, debemos evitar lavar el material filtrante con agua “de la llave” pues contiene cloro, que mata instantáneamente estas bacterias. Siempre se debe usar agua sin químicos para limpiar el acuario y el filtro, de preferencia agua del mismo acuario que podemos extraer al hacer un cambio de agua parcial. Otras formas en las que pueden morir nuestras colonias de bacterias es si se quedan privadas de oxígeno y/o nutrientes por un cierto tiempo. Esto puede suceder si detenemos la circulación del agua, por ejemplo. En este punto existe cierta controversia pues algunas fuentes dicen que si apagamos los filtros aunque sea unos 20-30 minutos bastará para que las colonias de bacteria en el material filtrante consuman todos los nutrientes/oxígeno a su alcance y mueran, sobre todo si el agua está a temperatura elevada, lo que reduce el contenido de oxígeno y acelerar el metabolismo de todos los organismos acuáticos. Desafortunadamente yo no he encontrado documentación suficientemente detallada al respecto de y hay que considerar tambié el consumo de energía si vamos a tener los filtros trabajando ininterrumpidamente las 24 horas del día. Esto no debería presentar problemas pues podemos usar alguno de los modernos timers digitales para encender y apagar los filtros. Actualmente estos timers ya no son nada costosos y permiten programaciones muy elaboradas, por ejemplo podemos tener los filtros encendidos 40 minutos, apagarlos los siguientes 20 y encenderlos de nuevo cada hora. Dependiendo del tipo de filtro esto puede ayudar a reducir también el desgaste y prolongar la vida de los mismos.

¿Luz blanca?

Hay que admitirlo: las antiguas y tradicionales luces incandescentes producen una luz muy agradable. Esto se debe a varios factores pero a grandes razgos se puede decir que el ojo humano está naturalmente adaptado a la luz del sol y este tipo de luz es lo más similar que existe. No hay ningún misterio ahí, el sol es un objeto que tiene una temperatura muy elevada y parte de ese calor lo recibimos en forma de luz visible. Pasa exactamente lo mismo con la luz incandescente. Mucha de esa energía, sin embargo, se emite en forma de luz que no podemos ver; de hecho la mayor parte de la energía tiene este destino y eso es muy desafortunado pues convierte a este tipo de luces en algo muy ineficiente e impráctico. Tanto así que en uno de los malabares legislativos más extraños que me ha tocado ver en mi vida, estas luces estará prohibidas en el futuro cercano. Nos hacemos de la vista gorda en cuanto a su aplicación en la industria automotriz, como han hecho los legisladores, y pasamos a lo siguiente.

Las lámparas incandescentes tienen otras propiedades que no se relacionan directamente con la luz que emiten, sino con una serie de parámetros eléctricos y físicos que las ponen en una categoría aparte. Por ejemplo, al basarse en una simple resistencia son extremadamente simples y compactas, pueden trabajar a una variedad de voltajes sin requerir equipo adicional (basta con ajustar la longitud de dicha resistencia) y se comportan casi como un punto luminoso, haciendo muy sencilla la tarea de enfocarlas y distribuir su luz en el espacio.

LED

Existen varios fenómenos que nos permiten obtener luz de manera “indirecta” a partir de la energía eléctrica, pero casi todas las fuentes “alternativas” de luz doméstica se basan en la fluorescencia, que es la propiedad de una sustancia de emitir luz que se ha absorbido previamente. Existe un pequeño pero, relacionado con las leyes básicas de la termodinámica, que consiste en que la energía emitida siempre será menor a la que se recibió. Esto lo observamos en dos características de la luz que es re-emitida: normalmente es menos intensa y de otro color. No hay necesidad de entrar en detalles en este respecto, basta recordar que la luz del lado de los azules y los violetas representa mayor energía que los amarillos y los rojos. Es decir, si empezamos con una fuente de luz azul casi ultravioleta, obtendremos más luz si la transformamos una luz blanca-azulada visible que si la convertimos a amarillo.

A los materiales que tienen esta propiedad y que se usan en iluminación se les llama fósforos. Si alguna vez se les ha roto una lámpara fluorescente habrán podido ver la capa de polvo blanco que lleva en su interior; ese es el fósforo y es el componente que emite luz visible a partir de la luz invisible (o de un color incómodamente violeta-azulado) que originalmente generan los gases del interior de estas lámparas.

Hay otras tecnologías muy eficientes que nos permiten obtener luz visible sin pasar por esta “conversión” de un color a otro, pero que tienen sus desventajas. Operan a voltajes muy elevados (o al menos lo necesitan para “arrancar”), requieren equipo adicional e incluso pueden estallar pues algunas contienen gases a alta presión. Además se caracterizan por la luz de colores muy específicos que producen. Estas alternativas en las luces amarillas-rojizas que se utilizan en el alumbrado público de calles y avenidas, o en el resplandor blanco-azul-verdoso que vemos en las gasolinerías (y en los faros de los coches de los cholos “tuneros” que instalan luces que ciegan tanto como iluminan). Pero, aunque resulten muy adecuadas para ciertos usos, rara vez las vemos en lugares donde se busque crear un ambiente agradable para habitar.

Esto va muy relacionado con el hecho de que el ojo humano, al estar más adaptado al sol, es más sensible a la luz amarilla. Aquí estoy dándole la vuelta al escabroso tema de la “luz de día” que no se sabe qué quiere decir pues en un mediodía al aire libre una parte de la luz la da el sol, que es amarillo, y otra el cielo, que es azul. Esto sin mencionar que en esas circunstancias la luz es tan abundante que otra buena parte viene reflejada de todos los objetos que tenemos a nuestro alrededor. En otras palabras, la “luz de día” en realidad tiene infinidad de colores pero no es particularmente blanca. Ahora he visto surgir terminos mas indescifrables como blanco “neutro” o blanco “puro”. Para medir el color de la luz adecuadamente existen escalas que asignan un valor según la longitud de onda. Esto, sin embargo, no cuenta toda la historia pues no da una idea clara de la fidelidad con la que se representarán los colores de los objetos iluminados. Pero no hace falta entrar en estos detalles por el momento.

LED

Quiero detenerme para referirme a los aspectos psicológicos y contar mis experiencias. Al igual que muchas personas yo crecí en un germinador un ambiente en el que se usaron luces incandescentes en el hogar, dando su resplandor dorado a los momentos íntimos; las luces blancas, generalmente fluorescentes, correspondían a lugares ajenos y algo hostiles como la escuela, hospitales y edificios públicos. De modo que, en lo profundo de la mente, quedó grabado el color de la luz que correspondía a cada caso. Así que cuando llegó la fiebre de las lámparas “ahorradoras” resultó algo duro aceptarlas en los espacios privados, con su luz blanca, fria e impersonal. Cuando llegaron a mis manos las primeras linternas LED con su luz azulada, fue particularmente difícil. Pero hay que reconocer que este paso, por pesado que pueda parecer, no tiene significado fuera de la psicología. Incluso se ha demostrado que se puede “ver mejor” con una luz blanca de menor intensidad que una luz amarilla.

Actualmente no tiene mucho sentido tanto en lo económico como lo práctico el instalar luces incandescentes, el presente de la iluminación del hogar le corresponde a las fluorescentes. El mañana, ya casi el próximo martes, le corresponde a los LEDs, que vienen con sus propias peculiaridades como el emitir luz en una dirección muy específica, al contrario de otras lámparas que son omnidireccionales, y el radiar todo el calor en dirección opuesta. Casi cualquier tipo de luz es más eficiente energéticamente, dura más y se degrada menos con el tiempo que la luz incandescente. Ya están disponibles lámparas con diseños muy ingeniosos que maximizan la eficiencia energética y permiten obtener una luz muy agradable, incluso amarilla. Aquí yo recomiendo evaluar seriamente la cuestión del color pues en algunos productos la diferencia en la eficiencia entre la misma lámpara en luz amarilla y luz blanca puede acercarse al 20%.

Mi recomendación es que recibamos la luz blanca con buena cara y con los brazos abiertos, el cambio no es tan radical y es para bien. Me da gusto pensar que las futuras generaciones, y la actual camada de niños y jóvenes, ya no tienen este prejuicio tan arraigado. Es, en verdad, un paso hacia adelante.

En las fotos un reflector LED para exterior de Cooper Lighting en luz fría junto a una lámpara de LEDs amarillos para interior de Toshiba.