¡Algo horrible le pasó a Robotina!

De un tiempo para acá, mi antigua computadora (a la que ya le había fallado cambiado la tarjeta madre en más de una ocasión) tenía un tic nervioso en el que le temblaba la pantalla. Algo de las bisagras o de la tapa, que hacía que al mover la pantalla por ejemplo al abrirla y ponerla en posición cómoda, no quedara exactamente donde uno la había dejado. No le dí importancia porque es un equipo con muchos años de vida y altísimo kilometraje. Hace unas semanas, al abrirla, se rompió la tapa. Cabe mencionar que es una tapa de una sola pieza de metal, metal “vaciado” en un molde, no laminado a la forma final. En el pasado ya he tenido un par de máquinas con tapa de metal laminado y, aunque tienen sus propias idiosincrasias, creo que es la mejor opción.

Este pequeño incidente me hizo ponerme a pensar que mi máquina realmente ya esta muy vieja, ya va para diez años y, aunque milagrosamente sigue cubriendo mis necesidades al 90%, era momento de enfrentarse a la decisión de reemplazarla. Pero esto conlleva una decisión secundaria: ¿deshacerse de esta máquina que bien que mal me ha servido fielmente por años? Realmente funciona todavía muy bien, así que me di a la tarea de conseguir la refacción. Hay que señalar que en mi computadora, la tapa es la que da soporte a la pantalla, hay otros diseños que cuentan con un esqueleto interno en el que este desperfecto sería puramente estético.

Algo horrible le paso a robotina

Afortunadamente se trata de un modelo muy común del que se fabricaron millones, así que aunque está vieja, no es tan difícil encontrar las piezas. Busqué en mercadolibre y me dio risa porque los precios son muy elevados. Fui a la plaza de la memoria usb y el celular computación local y en el primer local donde vi que tenían amontonadero de máquinas viejas pregunté si tendrían esta pieza. Me dijeron enfáticamente que sí, que a $150 pero que tenían que traerla de bodega. Como ya era noche me pidieron que pasara al día siguiente. Acepté inmediatamente porque era menos de la tercera parte del precio que vi en internet. Seguí mi camino.

El segundo local donde pregunté fue uno de tamaño grande para los estándares de esa plaza que es conocido como “el cubano” y que atiende un joven que parece ser… cubano. Le pregunté por la pieza y le di el modelo de mi laptop, que es tan conocido que sinceramente considero que cualquier persona que de soporte técnico debe conocer, a pesar de lo viejo. Yo, debido a mi paranoia y desconfianza crónica, llevaba mi preciada máquina disfrazada en la caja de una base de ventiladores para laptop y no se la mostré. Se quedó pensando, habló por teléfono. Yo vi por ahí en el rincón el perfil de una máquina idéntica y se lo señalé. La levantó y resultó ser un modelo muy similar pero más escazo que es idéntico en todo sentido salvo que tiene pantalla ancha. Es decir, todos los componentes internos son iguales, salvo la carcasa, que es lo que yo estaba buscando. Me sacó una sonrisa porque siempre quise una de esas máquinas de pantalla ancha pero nunca la conseguí a precio razonable. Me quedé esperando a que me dijera si la tenía o no en lo que “el cubano” atendía otra llamada. Luego se quedó mirando a lontananza, sin tocar la computadora que tenía enfrente y que claramente estaba a la mitad de una cirugía a corazón abierto. Me lo habían recomendado tanto que le pregunté qué onda. Entonces me dijo “te dije desde hace dos horas que me enseñaras la laptop, ¿así como voy a saber?” Que es en apariencia comprensible pero son palabras que nunca nadie debería decir a sus clientes. Debí entrar a su local, decirle “¡¿así le hablas a todos tus clientes?!” y darle una cachetada con mi guante blanco retándolo a un duelo a muerte, pero tenía curiosidad por saber el precio que diría así que abrí mi caja de base de ventiladores para laptop y se la mostré. $250 dijo y le di las gracias y me fui, riendo.

De casualidad vi un local pequeñito atendido por tres tipos que apenas cabían dentro, con un montón de máquinas viejas destazadas en el mostrador. Pregunté y me mostraron el modelo anterior, vieron que no era y me mostraron el correcto. $120 dijeron e inmediatamente compré la pieza. Solo la pieza porque yo traía la laptop incompleta y no me la podían instalar sin la bisagra. Aquí tengo que platicarles que las bisagras de laptop son un componente de lo más sencillo pero que alcanza precios exorbitantes en el mercado de segunda mano. Me imagino que a mucha gente se le descomponen. Lo más feo es cuando en el modelo de tu máquina las bisagras de un lado no son iguales a las del otro, y terminas teniendo que cazar una pieza más específica que ni el procesador. Mi laptop es de las que tienen una bisagra igual en cada lado.

Algo horrible le paso a robotina

Llegué a casa, me puse a instalar la tapa… y descubrí que una bisagra está rota y que ese bamboleo de la pantalla no se va a quitar. Ahora tengo que volver a comprarla.

Algo horrible le paso a robotina

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“Odd Thomas” de Dean Koontz

Leí el primer libro de esta saga luego de toparme con él en repetidas ocasiones. Cada que iba a Sanborns el libro saltaba de los estantes y me acomodaba unas buenas cachetadas para llamar mi atención. Yo, siendo la persona tolerante y conciliadora que soy, volvia a colocarlo discretamente en su lugar. Esa relación insana empezó hace más de tres años pero hace unos meses, después de pensarlo más de lo necesario, decidí leerlo para tomarme un descanso en mi racha interminable de clásicos de ciencia ficción. Y vaya que fue un cambio de ritmo. De Dean Koontz no he leído mucho, aunque no me resulta del todo desconocido su trabajo. Sabía que al menos sería una lectura entretenida.

Empecemos con el personaje principal, que si, se llama Odd debido a la excentricidad de sus padres. Es un tipo en apariencia normal que busca llenar su vida de tranquilidad y simpleza porque tiene un “don” que ya le produce suficientes complicaciones: es capaz de ver y hablar con los muertos, aunque ellos no pueden hablar con el. Esto viene acompañado con una “habilidad” a la que él llama “magnetismo psíquico”  y que lo conduce hacia personas en las que está pensando, ya sea de manera consciente o inconsciente, convirtiéndolo tanto en algo muy útil como un serio inconveniente. Además de los muertos, Odd también ve a unos seres que resultan invisibles para todos los demás a los que da el nombre de “bodachs” y que se alimentan del dolor y el sufrimiento humanos y parecen saber con anticipación donde encontrarlo, de modo que verlos agruparse en algún lugar o siguiendo a una persona en particular nunca es buena señal. Todo esto en compañía del fantasma de Elvis Presley…

“Evil walks among us. We don’t always see it.”

Sobra decir que la premisa de la historia es bastante descabellada por si sola, aunque Koontz sabe conjugar con bastante maestría todos los elementos para crear un libro que resulta más que entretenido así como un héroe con el que hábilmente conquista los corazones de los lectores. Y sabe vender muchos libros y forrarse de billetes verdes, no cabe duda que el hombre conoce su negocio.

También sobra decir que a continuación va a haber muchísimos spoilers.

“Odd Thomas” es tambien el título del primer libro de la saga, que originalmente iba a constar de 6 volúmenes pero ya salieron esos seis y todavía faltan al menos dos. En este primer libro conocemos a Odd, que lleva una vida muy tranquila siendo cocinero en un restaurante de un pueblo en medio del desierto. Pocas personas conocen las habilidades sobrenaturales de Odd, entre ellos su amada novia Stormy, el sheriff del lugar y un par de amigos más. En esta primera aventura Odd comienza a encontrarse con bodachs en números alarmantes y los sigue hasta la casa que ocupa un hombre de aspecto muy sospechoso. Poco a poco comienza a revelarse un plan macabro (siempre quise escribir “plan macabro”) para realizar un acto de terrorismo con nexos al satanismo. Odd se convierte en el héroe, a medias y sin querer porque no le queda de otra.

“I see dead people. But then, by God, I do something about it.”

Koontz llena el libro de un ambiente muy adecuado donde la incredulidad se combina con la superstición y el misterio, a la vez que dota a su protagonista de una personalidad muy peculiar con un sentido del humor muy especial. Se la pasa haciendo referencias a la cultura pop y debo reconocer que el autor maneja un vocabulario de lo más amplio. Yo leí la saga completa en su idioma original y, aunque creo tener un vocabulario más que adecuado, me encontré anotando e investigando muchos términos nuevos que al final sumaron una lista de varias páginas. Solamente quería mencionarlo porque se me hizo muy curioso, no me pasó ni con la saga de Harry Potter ni con otros libros de ciencia ficción que también he leído en inglés. Una crítica negativa que he visto varias veces respecto a esta saga es que ningún joven de 23 años habla de la manera en que Koontz hace hablar a Odd Thomas y la verdad es cierto. Aunque tampoco ningún joven de esa edad tiene esas habilidades y esa historia en su vida. A mi no me molesta en lo más mínimo, al contrario, me parece muy interesante y creo que funciona muy bien. Se trata de una novela de ficción pura, caray. Donde, paradojicamente, si falla, es cuando Koontz insiste en pintar a Odd como un muchachito que no ha leído nada de nada.

No creo necesario entrar en más detalles acerca de la trama, el encanto del libro radica precisamente en que es muy simple y el personaje de Odd Thomas es más que suficientemente especial para mantener el interés. Si acaso puedo agregar algo que extrañamente no he visto mencionado en otras críticas y reseñas: cada volumen de esta saga narra un día en la vida de Odd, de modo que lo que vemos es una pequeña rebanada de tiempo. Oh si, y el hecho de que al final del primer libro se supone que es Odd mismo el que escribe el relato de sus aventuras y se lo da a un amigo para que lo guarde y evite que el texto vea la luz hasta el día de su muerte. Y como ya estamos leyendo la historia… pues creo que es un gran spoiler por parte de Koontz. Esperemos que pase algo que no estoy tomando en cuenta.

Sinceramente el primer libro me sorprendió mucho. En particular hay un detalle en el desenlace que me tomó por sorpresa y me golpeó bastante fuerte y que ese si vale la pena que lo descubra cada quien al leerlo. Parece que la historia va para un lado y entonces nos damos cuenta de que va completamente en otra dirección y no es nadamás por darle un twist, de verdad es la manera lógica de continuar con la historia. Aquí si le reconozco una vez más a Koontz que conoce muy bien su negocio.

Está muy claro que Odd Thomas es el personaje favorito de este autor y que tiene bastantes fans. La única crítica negativa con la que concuerdo es que se ha ido convirtiendo en un personaje sin defecto alguno, lo cual es, graciosamente su principal defecto. Odd es, en pocas palabras, un santo de piez a cabeza. Pero como mencioné, a mi esto no me molesta por tratarse de algo tan fantasioso.

Para terminar, un comentario acerca de las múltiples obras que componen esta saga. Me estoy saltando varios comics que han salido, uno de ellos a manera de precuela, porque no los he leído y tampoco he visto los “webisodios”. Oigan, de pronto esto me empezó a oler a mucho dinero.

  • Odd Thomas (2003) – el libro que comenzó todo y que si puedo recomendar.
  • Forever Odd (2005) – un amigo de Odd es secuestrado por una misteriosa femme fatale obsesionada con lo sobrenatural y él se lanza al rescate. Es una buena secuela, concisa, bien lograda. Más pequeña que la primera historia en muchos sentidos pero entrañable dentro de este universo ficticio. A mi gusto la que mejor funciona y, si les gusta el primer libro, les recomiendo leerla, olvidarse de las demás secuelas, e invertir su tiempo en los grandes clásicos de la literatura. “Crimen y castigo”, “La guerra y la paz”, “Orgullo y prejuicio”, “Fausto”, “El arte de la guerra” son algunas sugerencias de las que no se arrepentirán. Si buscaban algo más contemporáneo o puramente entretenido, editorial Dolmen está publicando títulos de temática zombie como si no hubiera un mañana.
  • Brother Odd (2006) – después de los eventos de los primeros dos libros, Odd está agotado física y emocionalmente, así que busca algo de paz y tranquilidad refugiándose en un monasterio, donde monjes y monjas dan asilo a niños desamparados con serias condiciones médicas, truco muy bajo para despertar compasión en el lector. Cosas horribles suceden. El problema es que se introducen elementos de ciencia ficción a la vez que los tintes sobrenaturales a los que ya estábamos acostumbrados. Yo digo que es muy larga y como secuela me parece la más débil.
  • Odd Hours (2008) – Como no le funcionó muy bien su anterior retiro, Odd se refugia en el anonimato, trabajando como cocinero personal de un viejo millonario en un pueblo Silent-Hillesco apartado de todo y con neblina y toda la cosa. Como no podía ser de otra manera, el gusto le dura poco y pronto se ve envuelto en una conspiración para detonar una bomba atómica en, Dios nos agarre confesados, tierras gringas. Es muy pronto para hacer metareferencias a la primera historia… porque la premisa es básicamente la misma. Hay varios personajes que no quedan bien dibujados, particularmente los villanos. Lo más importante tal vez es que Odd conoce a una misteriosa mujer embarazada llamada Annamaria a la que ayuda a escapar de los malosos (no queda claro por qué la persiguen) y que le acompañará en sus siguientes aventuras, aunque no haga mucho en ellas. Yo me supongo que ella va a dar a luz al anticristo en el último libro o algo de ese calibre, pero no me hagan mucho caso.
  • Odd Interlude (2012) – es un relato dividio en tres partes, que juntas completan una novela corta. Salió este año en la plataforma de Amazon como stunt piblicitario para el quinto libro. Odd y Annamaria han salido del pueblo aquel y, camino a donde sea pero lejos de aquí, se hospedan en un motel olvidado de dios. El motel es atendido por una familia que actúa de forma extraña y sospechosa y no tarda en descubrirse que están todos bajo el control telepático y telequinético de un ente maligno ¡de origen extraterrestre! A estas alturas ya está muy claro que Odd Thomas tiene lo que se necesita para ser héroe de toda la galaxia. Una vez más le reconozco a Koontz que el relato está bien logrado, narrado con mucha imaginación e intensidad, así que a pesar de tener uno o dos giros de tuerca de más, es una forma muy agradable de seguir el sendero de Odd Thomas. Me recordó mucho a “The regulators” de un tal Richard Bachman, lo cual es un acierto. Clap clap.
  • Odd Apocalypse (2012) – después de quedar enganchado a esta saga y luego de los altibajos emocionales que producen las secuelas con su calidad tan variable, tuve un caso grave de Odd Thomasitis y no podía esperar a que saliera esta entrega. Por fin salió y comprendí a que se refieren con “devorar” un libro. Odd y la misteriosa Annamaria, una vez más en su viaje hacia ninguna parte (que de hecho es un lugar en particular en Silent Hill, hasta hay un mapa), se hospedan en la lujosa mansión de Roseland, que es una majestuosa propiedad amurallada. No tardan en revelarse las secretas intenciones de los habitantes del lugar así como la existencia de una especie de monstruos transgénicos ¡que vienen del futuro apocalíptico! porque Tesla construyó una máquina del tiempo pero el gobierno niega tener conocimiento y los malos la están usando para el mal… No es un mal libro pero no es lo mejor de la saga. Con este ya me doy por vencido con tratar de imaginar siquiera de que se puedan tratar las próximas secuelas. Literalmente todo lo que se les ocurra puede pasar.
  • Deeply Odd (2013) – Originalmente iban a ser seis libros y este sería el último, pero Koontz ya se dió cuenta que es pronto para acabar con la gallina de los huevos de oro y ahora van a ser siete. Si contamos “Odd Interlude” pues van a ser ocho. Sale en enero 2013. No tiene caso pensar qué consideraría Koontz “Profundamente extraño”.
  • Saint Odd – fecha de lanzamiento aún sin confirmar, aunque el título algo revela.

Finalmente solo puedo platicar de pasadita que desde hace tiempo se hablaba de la película de Odd Thomas y, como siempre, el instinto y la experiencia nos piden desconfiar y no esperar nada. Pero es real, iba a salir este año pero la cambiaron para el siguiente. La dirige Stephen Sommers, que era un director estimable hasta que lo absorbió esa saga de “The mummy”. Koontz dice que, al igual que los fans, él no creía que fuera posible hacer una película decente pero que el resultado lo ha convencido. Aunque yo en lo personal estoy seguro de que este hombre es capaz de decir y escribir cualquier cosa y que no diría nada que afectara negativamente los dólares que irán a parar a su bolsillo.

En conclusión, “Odd Thomas” es una saga muy…peculiar que leí por casualidad y a la que no esperaba tomarle especial cariño pero que ya no puedo soltar. Puedo recomendar sin remordimiento el primer y segundo libro y veré gustoso la película. Pero no creo poder suspender la incredulidad por más tiempo.

Yo no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sonrojarme

Durante mi infancia nunca invité a ninguno de mis amigos a mi casa. Por lo que alcanzo a recordar, mis padres tenían un prejuicio muy grande de que, por estar en “colegios bien”, mis compañeros serían gente de dinero que vivía en mansiones impecables con sirvientes y obras de arte valuadas en millones decorando las paredes y que por lo tanto, al ver nuestras modestas habitaciones descarapeladas, mugrosas y desordenadas, me iban a hacer menos y el estigma de la pobreza insalubre me perseguiría por el resto de mis días. Bueno, tal vez no a ese nivel, pero si es cierto que había mucho de eso.

Lo curioso es que en las pocas ocasiones que me invitaron a un cumpleaños o a hacer un trabajo en equipo en casa de algún compañero, la impresión que me llevaba generalmente era que vivían en condiciones muy similares a la de mi familia. Sí, había los que vivían en mejores barrios pero también los que vivían en peores, los que tenían un auto para cada día de la semana y los que vivían en antiguas casas que nunca habían sido terminadas. Esto último si me aterrorizaba un poco porque, luego de que me sucediera por primera vez, uno de mis más grandes miedos es que me caiga un ladrillo en la cabeza de nuevo, pero creo que no tiene mucho que ver. Vi recámaras que parecían sacadas de esas revistas donde salen fotos de las casas de las estrellas de cine, con grandes colecciones de monitos de los caballeros del zodiaco y de star wars, lo mismo que habitaciones donde apenas había una cama, algo de ropa y una toalla. No recuerdo una sola ocasión en que algo de esto haya tenido relación con la forma de ser de mis compañeros ni con el modo en que me trataron. Me imagino que de verdad fui afortundo o que los niños a esa edad son más similares que diferentes entre sí y toman poca consciencia de esas cosas. Pero hasta la fecha puedo decir que lo ostentoso o no de las casas, el orden o desorden en las recámaras de mis conocidos, nunca ha tenido nada que ver con nada. He visto quien tiene los muebles cayéndose de viejos y toda superficie cubierta de su tiradero y la explicación puede ser tan simple como que pasan muy poco tiempo ahí o que le dan al asunto la importancia que merece: ninguna.

Hace unos días platicaba con un conocido de esto y me dijo que es lógico porque en los hogares de este país la que educa es la televisión y que las telenovelas se tratan exactamente de eso. No sé si sea verdad, yo no veo el canal de las estrellas.

La situación cambia un poco con los años, ya no es la recámara infantil en la casa de los padres, ahora es el depa de soltero o con el/los roomies. Y la única diferencia es que ciertos elementos van reflejando, si a caso, la personalidad del habitante. Hay quien sigue conservando las figuras de acción, quien tiene una guitarra en el rincón o llena su armario con ropa de moda para el antro. Hasta hace poco lo más común era encontrarme con una especie de “altar” construido en torno a una pantalla grande y de última tecnología, generalmente rindiendo culto a los videojuegos. No digo que esté mal ni bien. En alguna parte leí que los instrumentos y herramientas que usamos reflejan la manera en que nos relacionamos con el mundo. Creo que es muy cierto. Alguna vez si tuve un shock cuando vi que un conocido tenía unos pocos pantalones “de marca” y comentábamos de su elevado (para mí al menos) precio. Me decía que estaba bien porque “te los pones unas diez veces”. Si, diez. Me imagino que en el extremo opuesto está la gente como aquel personaje del dormitorio de “The Catcher in the Rye” del que Holden Caulfield comentaba que usaba una navaja oxidadísima pero siempre se presentaba impecablemente rasurado.

Nunca me he puesto a pensar en como sería “mi casa” si es que algún día me es posible disponer en su totalidad de una casa. Me imagino que no tendría horno de gas ni cafetera porque prefiero salir a comprar mi café al puesto de jugos de la esquina, pero nadamás. Un familiar hace no mucho comentaba algo de ver TV en la cama, le mencioné que yo no tengo televisor en mi cuarto y le sorprendió mucho y fue raro

Hace poco fui a una ¿fiesta? ¿todavía les llaman fiestas en estos tiempos y a esta edad? a casa de un compañero del trabajo. Es casi de mi edad, mayor por unos pocos años. Casado y con varios hijos. Lo que me llamó la atención (aparte del increíble desorden que le tolera a los niños) fue la total austeridad del hogar. Las paredes desnudas, la cocina a medias, ni una maceta en el jardín. Apenas unas bocinas retroexóticas conectadas a la laptop del trabajo para amenizar. Me sorprendió, creo, porque me di cuenta que me estaba convirtiendo en aquel que saca opiniones basado en apariencias. Apenas puedo decir en mi defensa que nos conocemos poco y que se trata de una persona que viste bien y da una que otra señal de entender de ropa de moda y ciertos lujos. Tal vez su casa sencillamente está libre de todo lo que los niños puedan maltratar, no lo sé. Pero es muy distinto a como vivo yo, con mis millones de dólares en iluminación y los cientos de litros de agua purificada en exhibición a manera de peceras, así como la maquinaria correspondiente en constante operación, a un lado de varias laptops despedazadas. ¿Que impresión daré con mi pobre sentido de la moda, mi escritorio enorme y abandonado a la deriva en el tsunami de mi hoarding donde también han naufragado cientos de plumas que datan de 1948 a la fecha?

Son dos mundos distintos, si. Pero compruebo una vez más que todo esto no quiere decir nada sobre nuestra verdadera forma de ser.

Integrales triples

Si bien estudié una ingeniería, la verdad es que toda mi vida he visto las matemáticas con cierta indiferencia. No las odio ni las enaltezco. Nunca me resultaron particularmente complicadas ni especiales ni nada. Creo que la única anécdota medianamente interesante que tuve de las matemáticas fue cuando en quinto de primaria me dejaron de tarea varias páginas de divisiones, que para entonces ya tenía más que dominadas. Así que, luego de resolver menos de la mitad, preferí llenar el resto con resultados “aproximados” e irme a jugar con el perro que por esas fechas todavía estaba cachorro. La maestra nos hacía formar una fila ante su escritorio y pasaba rápidamente las hojas del libro de cada alumno, por lo que casi me salgo con la mía. Pero por casualidad reparó en un resultada que estaba aproximado, pero mal (creo que mi error fue aproximar muy a la carrera los restos) y, luego de dar por correcta la página entera dijo “esta está mal” y anotó rápidamente el resultado correcto al lado. Y luego se fijó en las divisones de arriba y de abajo y las de los lados y descubrió la farsa y citó a mis papás y hasta la fecha, todo es risas y diversión con esa anécdota.

O más bien, lo era, hasta que en mis últimos semestres de la carrera me tocó llevar “Cálculo Tres” que, como su nombre lo indica (aunque seguramente es más casualidad que otra cosa), trataba de integrales triples. Esto ya lo habíamos empezado a ver desde el curso anterior, donde el profesor era bueno en su trabajo e incluso amigable y nunca fue mayor problema. Pero el profesor de “Cálculo Tres” era de esos que crean un ambiente tóxico y muy apenas muestra como resolver los problemas que el libro trae de ejemplo. Recuerdo una vez en la que no entendí bien sus garabatos en el pizarrón y le pregunté al compañero de al lado qué símbolo era aquel y seguí tomando mis notas, solo para que el profesor interrumpiera la clase y dijera que le preguntara cualquier duda a él. Todavía me parece una gran pérdida de tiempo pero en fin. Lo mismo opino de las anacrónicas ideas de tener que memorizar todo el formulario y de que se prohiba el uso de calculadora para los cursos básicos de matemáticas. No importa lo que los profesores quieran hacernos creer, en la vida real nunca necesitaremos eso para ningún trabajo.

Pasé apenas el primero de tres exámenes parciales; el segundo lo reprobé y el tercero ya ni me acuerdo, el caso es que todo dependía de obtener una buena calificación en el final. Creo que fue una de las únicas dos materias en las que no me fue bien en la carrera, pero muy en especial fue la única en la que sentía que no estaba aprendiendo. No ayudaba el hecho de que medio grupo estaba aterrorizado para finales del curso.

Llegó el examen final y no tuve la seguridad de que mi calificación fuera a ser aprobatoria. No me parecía del todo mal, después de todo no había aprendido y todavía tenía algo de vergüenza. El tiempo me enseñaría que lo correcto en esos casos hubiera sido hablar con el profesor para resolver los obstáculos a los que se enfrentaba la enzeñanza… pero no aún así no creo que hubiera funcionado.

El día de la entrega de calificaciones no nos entregaron las calificaciones. Más de medio grupo había reprobado. Para ese momento a mí francamente ya no me importaba, estaba listo para inscribir la misma materia el próximo semestre con otro profesor. Pero entonces salió a relucir una de esos pequeños detalles del Tec de Monterrey: que los profesores son evaluados cada fin de semestre y si cierto porcentaje de alumnos reprueba, son despedidos. O algo así cuenta la leyenda. Total que el profesor hizo curva y pasé con 73. Al entregarme mi examen me dijo que debía repasar los temas, queriendo decir que yo no merecía pasar. Lo cual es cierto pero nadamás me dió risa.