Tres libros de John Hornor Jacobs

Lo primero que leí acerca de este autor fue un post de Boing Boing. El nombre no me sonaba de ningún lado y encontré que solo tiene unos cuantos libros publicados desde hace pocos años. Lo curioso fue que, aparte del libro recomendado, sus otras dos novelas también me llamaban la atención y no eran demasiado largas, así que decidí echarles un vistazo. Fue una agradable sorpresa ver que cada libro era mejor que el anterior. Así que me gustaría comentarlos en orden cronológico de publicación. Desconozco si están disponibles en español, aunque creo que no todavía.

“Southern Gods”

El alto y fuerte “Bull” Ingram, veterano de la segunda guerra mundial, hace las veces de ajustador de cuentas de un prestamista. Entonces un DJ de una estación de radio de blues lo contrata para encontrar a un amigo suyo que desapareció misteriosamente en un viaje de negocios. Se cree que esto tiene que ver con Ramblin’ John Hastur, un personaje del que solo se sabe que transmite blues desde una estación de radio pirata, cuya música se rumora que tiene el poder de volver locos a los vivos y hacer que los muertos se levanten.

La búsqueda de Ingram se entrelaza con una subtrama más grande que involucra antiguas deidades. El relato es un tanto lovecraftiano y me gustó mucho la manera en que se imagina la maldad de esos dioses que no tienen contemplaciones hacia el ser humano. Este libro me recordó a “American Gods“, aunque tiene un estilo más siniestro y, a mi gusto, mucho más directo y digerible. En lugar de las elaboradas escenas cinematográficas y la cotidianeidad americana que usa Neil Gaiman y que poco tienen que ver con la trama central, aquí vamos acercándonos a encontrar al misterioso Hastur, haciendo aliados y descubriendo secretos cada vez más siniestros que suponen un peligro inminente. Se nota que se trata de un autor primerizo que ha leído muchas historias de terror, pero sin que resulte ningún obstáculo. Me gustó mucho la manera en que explica mitos como el del golem y la biblioteca de libros prohibidos de el Vaticano. Muy entretenido si les gustan este tipo de relatos.

“This Dark Earth”

Una novela de zombies muy intensa, con la particularidad de que conforme el libro avanza se va narrando desde distintos puntos de vista. Comenzamos con Lucy, una doctora que está trabajando un día más en un hospital cuando la plaga zombie se desata. Emprende entonces el peregrinaje hacia su hogar con la esperanza de encontrarse con su marido y su hijo Gus. Después vemos la versión de Knock-out, un camionero que se une a Lucy. Entonces entramos a la parte más larga del libro que está narrada por Gus unos años después, cuando es un adolescente endurecido por los rigores de la vida que ha tenido que enfrentar en este mundo post apocalíptico.

El grupo de sobrevivientes se ha refugiado en “Bridge City“, una especie de fuerte construído en un puente, que se ha elegido por ser una de las estructuras más defendibles (una idea muy interesante). Tras un tiempo de relativa paz y seguridad nos encontramos con que la mayor amenaza no son los muertos vivientes sino otro grupo de sobrevivientes esclavistas que han escuchado de Bridge City y vienen a tomarla por la fuerza. El último recurso es un arriesgado plan que no sale del todo bien. Lo que más me sorprendió fue la efectividad con que relata algunas cosas muy crueles que le pasan a los personajes, personajes que como lectores llegamos a querer bastante y a preocuparnos por ellos. Uno de los libros de zombies más intensos que he leído.

“The Twelve Fingered Boy”

Shrev es un chico listo y bienintencionado, pero problemático, en un centro de detención juvenil. Si bien no es lo que preferiría estar haciendo, tiene sus ventajas respecto a el hogar de su madre alcohólica y él se dedica al tráfico de dulces entre sus compañeros. Entonces a Shrev le asignan un nuevo compañero, Jack, un muchacho tímido y flaco que tiene 6 dedos en cada mano y cada pie, y pocas posibilidades de sobrevivir en ese ambiente. Shrev se identifica con Jack y trata de protegerlo del abuso de sus compañeros, aunque sin mucho éxito. Pero puede que Jack tenga superpoderes que no comprende del todo y necesita dominar. La mayor amenaza es Mr. Quincrux, un hombre misterioso de una agencia del gobierno que tiene el poder de controlar mentalmente a los guardias y viene por Jack.

Esta es una gran novela, con tintes de terror y superpoderes. Me gusta mucho que se reconoce que no solo los adultos maldicen y tienen malos pensamientos. El espíritu de cada uno de los protagonistas está lleno de vida y muy bien retratado, Quincrux es un enemigo temible formidable… ¿o no es un enemigo? Todo forma parte de algo más grande y siniestro. Shrev y Jack escapan del centro de detención y se mantienen huyendo a la vez que adquiriendo el dominio sobre sus poderes (y con esto creo que ya revlé demasiado) mientras son perseguidos por un adversario que puede ser cualquiera, pues cualquiera puede estar controlado psiquicamente por Quincrux. La única opción es mantenerse fuera del rango de su alcance y dirigirse hacia un lugar donde en el pasado sucedió algo terrible, su única pista para tratar de armar el rompecabezas.

Además de ser sumamente entretenido, me pareció sorprendente en varios momentos. “The Twelve Fingered Boy” es la primera parte de la trilogía “Incarcerado”, próximamente estará disponible la segunda parte “The Shibboleth”. De lo más recomendable que he leído últimamente.

“The Walking Dead”, tercera temporada.

Ya es otra vez esa época del año en que toca hablar de esa serie de zombies que veo nadamás porque aún no pierdo la esperanza de que sea mejor. Y de verdad que esta tercera temporada ha sido una sorpresa agradable que me ha dejado con solo un par de cosas que decir.

Lo primero: mucho se habló de la salida de Frank Darabont como productor de la serie al terminar la segunda temporada, a la vez que se anunció un recorte en el presupuesto de cada episodio, que rondaba el 20%. Afortunadamente no sentí esa reducción por ningún lado (si acaso puedo quejarme de que la prisión en ocasiones no se ve muy real), todo luce completo y convincente. Además, la historia fue mucho más entretenida y ató cabos con lo que había pasado en temporadas anteriores. ¡Bravo!

Lo segundo: el primer episodio de esta temporada arranca muy lento y toda esa situacion con el Gobernador y Andrea se volvió una telenevolita de acostones en la que el malo no es tan malo y el bueno no se decide a ser totalmente bueno. Aunque aquí el Gobernador es mucho más humano y está mejor desarrollado el personaje que en el comic, sentí como si estuviera viendo “Melrose Place”. Definitivamente no me está gustando que se prolongue tanto lo del Gobernador. Pero los demás personajes sí estuvieron envueltos en aventuras, planes, misiones y decisiones difíciles. Incluso la forzada amistad-romance entre Daryl y Carol fue reivindicada y el reaparecido Merle quedó muy bien justificado y se fue con un destello de gloria.

No podía quedarme sin señalar algunos puntos extra…

Lo feo: T-Dog sobrevivió dos temporadas, a veces solamente con diálogos de unas pocas palabras y todo para morir solo porque es negro.

Lo más feo: el virus, ya quedó muy claro que no tiene sentido y no se está buscando realismo en esta área. No que eso esté mal en sí. Pero creo que los intentos por explicar “científicamente” cómo funciona y el porqué aunque no es mortal, la mordida de un zombie ocasiona invariablemente la transformación, son francamente ridículos. Mejor que no intentaran explicar nada.

Yo me quedo con dos episodios, el viaje al pueblo en “Clear” donde vemos cómo enfrenta su destino Morgan, así como a Michonne integrarse realmente al grupo de sobrevivientes; y ese juego del gato y el ratón entre Andrea y el Gobernador en “Prey“.

Mis múltiples máquinas del tiempo

¿Por dónde empezar? Un cuento de Cortázar.

Mi primer reloj lo tuve en la primaria, era azul, totalmente de plástico. Recuerdo que fue de alguna promoción de Pepsi. Estaba muy mal hecho y no me duró mucho. Cuando se me caía, la tapa trasera salía rodando, como una moneda. Por aquel entonces también había un reloj de promoción de Coca Cola que era más grande y de plástico traslúcido que me llamaba más la atención pero no pude conseguir.

Más adelante tuve un Casio medio básico, que tenía cronómetro y alarmas y luz para leer la pantalla en la oscuridad. Todavía venden ese mismo modelo, el F91W, ahora famoso por ser el favorito de Bin Laden. Hace poco un compañero llego al trabajo con uno que es el mismo “módulo” (así le llama Casio a la pequeña computadora que va dentro de la carcasa y tiene ya definidas sus funciones. El módulo se puede vestir, por decirlo así, en distintas carcasas y extensibles y a la combinación de ambos les llama “modelo”. Si quieres saber el módulo de tu Casio, es generalmente un número de cuatro digitos que trae grabado en la parte de atrás, rodeado por un rectángulo) pero diferente modelo; el suyo es de acero y el mío era el más simple de plástico. Me lo compró mi papá ya no me acuerdo por qué y sí lo tuve un buen tiempo, hasta que la pantalla dejó de funcionar.


Me acuerdo que me costó mucho trabajo aprender a leer la hora en los relojes tradicionales que no son digitales ¿por qué carambas se dice que son las cuatro y veinte cuando ambas manecillas apuntan más o menos hacia el cuatro? ¿No son las cuatro cuatro?, así que los relojes digitales fueron para mí una gran revelación. Al principio me resultaba muy incómodo llevar puesto el reloj y no toleraba ponermelo en el brazo izquierdo, que es lo más correcto porque soy diestro y el reloj va en el brazo no dominante. Así que era de esos raritos que llevan el reloj en el brazo derecho.

El pequeño reloj Casio se fue desgastando y estrellando y rompiendo hasta que dejó de funcionar. Luego mi papá sacó de quién sabe donde un Alnima muy lindo (marca de la que no he vuelto a saber nada). Era verde militar y con extensible de nylon, que se me hacía mucho más cómodo. Originalmente se lo dió a mi hermana pero era un reloj muy grande y tosco para una mujer así que me lo pasaron a mí. Me gustó mucho y lo tuve la mayor parte de la secundaria, pero me lo robaron en una ocasión que me asaltaron.

Ya estaba muy acostumbrado a llevar reloj siempre, no me lo quitaba para dormir, incluso lo usaba para nadar, ocasiones en que gente que ni me conocía usualmente me aconsejaba que me lo quitara. Pero el reloj decía “Water Resist” y nunca tuve problema (más tarde aprendí que el “Water Resist” solamente indica resistencia a salpicaduras). Cuando murió mi Casio me resultaba muy desconcertante no saber la hora y no me gustaba nada andar preguntando a propios y extraños. Creo que fue en ese momento cuando me di cuenta de cuanto dependía de mi reloj y lo mucho que checaba la hora durante el día. También me había acostumbrado mucho a usar el cronómetro. En aquel entonces caminaba con frecuencia largas distancias por la ciudad y usaba mucho el transporte público. Tenía memorizado el tiempo que tomaban la mayoría de mis trayectos usuales y salía con el debido tiempo de anticipación, ya sabía cuando iba a llegar tarde y por cuanto tiempo o que ruta alternativa tomar en caso de calles cerradas o cualquier cosa. Incluso descubrí que correr unos cuantos metros cuando se te hace tarde es un sinsentido, estadísticamente totalmente insignificante. Ahora lo uso siempre para tomar el tiempo a parquímetros y estacionamientos de paga, a cuanto me tardo en correr un kilómetro, al hacer ejercicio, al caminar por rumbos desconocidos sencillamente para saber cuánto me tomará volver sobre mis pasos.

Estaba yo empezando la preparatoria cuando mi papá me regaló un reloj por tercera vez, ahora se trataba de un Citizen “analógico” o de manecillas. Era mecánico, de color plateado con la carátula dorada y automático. Recuerden esa última palabra, se refiere a una máquina del tiempo estrictamente mecánica que sigue trabajando indefinidamente mientras la lleves puesta. Era el reloj que mi papá tenía un tiempo usando y estaba ya maltratado. Lo más importante es que no tenía cronómetro ni alarmas ni luz y pesaba bastante a comparación de mis relojes de plástico. Además ¡hacía ruido al trabajar! Un tic-tac constante, varias veces por segundo. Ahora sé que se traba de un Citizen Eagle 7 y era una máquina bastante respetable.

Lo recibí con bastante escepticismo, hacía varios años habia usado ocasionalmente un reloj mecánico de Mickey Mouse que mi mamá guardaba celosamente (debió ser caro) y me prestaba de vez en cuando. Lo frustrante era que si se me olvidaba darle cuerda un día, se detenía y perdías tu hora, tu brújula en esta tormenta oscura y terrible que es el tiempo y en la que todos estamos perdidos…

¿En qué estaba? Ah, oh si. Acostumbrado a los displays digitales, yo era de esas personas que piensan que leer las manecillas es más “complicado” que leer la hora “directamente”. Pero para mi sorpresa descubrí que me era mucho más agradable dar un rápido vistazo al reloj y sencillamente determinar si era tarde o temprano. Esto es algo importante y resulta muy difícil de creer si toda su vida han usado relojes digitales. Créanme, he estado ahí y sé de historias de incrédulos que se han convertido.

Un compañero de la prepa, por casualidad, tenía un reloj muy similar, incluso de la misma marca aunque el suyo se veía nuevo y más lujoso por que tenía la carátula blanca (o de otro color menos pretencioso) y el extensible tenía eslabones dorados en el centro. Creo que nunca hablamos de nuestros relojes, a pesar de que convivimos mucho, pero siempre pensé para mis adentros “este tipo tiene suerte de tener un reloj tan bueno como o mejor que el mío”. Yo usaba mi reloj muy ajustado al brazo, de modo que casi no se moviera de lugar y mi compañero era delgado y larguirucho y lo usaba bastante suelto, de modo que cuando gesticulaba o se recargaba, el reloj se deslizaba una buena distancia y la carátula nunca estaba posicionada en el plano del dorso de la mano. No comprendía yo como podía aguantar traer el reloj así, hasta que más de una década despues descubrí que es bastante fresco y cómodo y es la manera que prefiero ahora.

El Citizen automático terminó gustándome bastante, incluso me motivó a aprender un poco más del tema de los relojes, hasta que un día se me cayó y golpeó muy feo en el piso. El cristal (realmente era cristal) se rompió y las manecillas se atoraron con los pedazos, ocasionando que el reloj se desajustara. A pesar de que se mandó arreglar, ya nunca dió la hora correctamente, adelantándose varios minutos al día. Ahora sé que de todos los escenarios, este, el de apresurarse, es el más benigno en los desastres de relojería: lo peor que puede pasar es que llegues temprano a tus compromisos. Pero en aquel entonces era un ignorante y descarté aquella máquina

Aquí es buen momento para abordar uno de los temas más escabrosos y contradictorios del mundo de la horología: ningún reloj es exacto, especialmente si se trata de uno mecánico. Se adelantan o se atrasan varios segundos al día, algunos hasta medio minuto. En los relojes mecánicos esta discrepancia incluso va variando según la edad y el uso que se le de al reloj. Golpes, acelaraciones, cambios de temperatura y campos magnéticos pueden interferir. Esto no suele ser mucho problema, en especial si se trata de un reloj que marque la fecha porque, a menos que se trate de un modelo lujoso y complicado, el calendario contará siempre del dia 1 al 31, es decir, hay que ajustar la fecha cada dos meses aproximadamente y se aprovecha tal ocasión para corregir también posibles desviaciones en la hora. Los relojes electrónicos o llamados de cuarzo suelen ser mucho más exactos, por eso no faltará quien diga que el Casio más barato es mejor que el reloj suizo más caro (aunque en realidad los relojes de cuarzo super económicos tienen un margen de error bastante similar… y no estén hechos para durar mucho).

Este detalle, sin embargo, lleva a algo importante: un reloj , ya no digamos mecánico, uno que te resulte valioso porque te gusta o cualquier otra razón, generalmente hace que te involucres más con él. Hay que quitárselo y ponérselo, cuidarse de no perderlo o dañarlo, ajustarle la hora y la fecha, darle cuerda o cambiarle la pila, etcétera. Recuerdo claramente un concurso de alguna clase en la secundaria. El profesor estaba clavando unas maderas para algún propósito que ahora tengo borroso y, antes de dar el primer martillazo, se quitó el reloj. ¿Por qué, si lo llevaba en el brazo izquierdo y el martillo lo tomaba con el derecho? Porque le importa. Porque está consciente que se trata de una máquina importante y delicada. Es una de esas cuestiones que solo se pueden abordar en consciencia de su subjetividad. ¿Por qué se siguen fabricando automóviles de transmisión manual cuando los automáticos hacen la vida más fácil? ¿Porqué sigue habiendo revólveres cuando claramente no hay vuelta de hoja después de las armas automáticas? ¿por qué crece el negocio de los videojuegos cuando es más fácil y en apariencia bastante similar simplemente ver una película? Se trata de una experiencia, una que ya han vivido muchos pero que cuando tú la vives, es tuya y especial.

No puedo evitar salirme un poco del tema y mencionar que una vez que te acostumbras a usar plumas fuente, es absurdo todo eso de las plumas deshechables. ¿No es más lógico entintar una pluma cuando se acaba la tinta que deshacerse de ella y comprar una nueva? “Se le acabó la gasolina a mi coche, ahora tengo que tramitar el crédito a varios años para uno nuevo, porque rellenar el tanque es cosa de traumados pretenciosos”. En fin, grandes misterios del tercer milenio…

Claro que al igual que con las plumas, autos y armas, con los relojes después de cierto nivel se pasa de la calidad y funcionalidad a la exageración y los lujos innecesarios, pero la gente está acostumbrada a pagar precios elevadísimos por unos simples calzoncillos de marca, así que no me preocupa demasiado. No se me ocurre un ejemplo, una situación, en que un reloj de ocho mil dólares sea peor o menos conveniente que uno de cinco, a menos que estemos hablando de el horror paralizante en caso de perderlo.

Después del Citizen automático compré otro Casio, uno bonito con manecillas analógicas y pantalla digital que “flota” sobre ella. Tiene la otrora codiciada elecroluminiscencia “Illuminator” que es realmente muy útil, además de cronómetro y un monton de alarmas y funciones extra como “banco de datos” y reloj mundial que nunca utilicé. Gracias a la pantalla flotante, la fecha puede aparecer o desaparecer cuando quiera. Fui muy feliz con el y no salió nada caro. Una de esas funciones que al principio me resultaron absurdas pero ahora me son indispensables es la del tiempo “dual”: la capacidad de llevar dos horas distintas. Generalmente esto está pensado para gente que viaja y le resulta conveniente estar al tanto de la hora en dos zonas horarias distintas. Para mí esto significó llevar el tiempo “normal”, la hora que anuncian en la radio a la vez que una hora personal, como la de el reloj de la escuela o la de la sucursal más cercana de Cinépolis. Ahora para mí la hora exacta no es un número, es un rango entre esa hora “pública” y la hora que marcan mis eventos y compromisos personales. Quizá no sea tan fácil de explicar, quizá sí y simplemente suene ridículo, pero es el punto donde he estado varios años.

Después de un tiempo, mi preciado Casio se empezó a “bloquear”, un horrible estado en que los botones dejan de responder y la pantalla muestra todas las funciones una tras otra en un bucle. El único remedio es abrirlo, retirar la pila para reiniciarlo, volverla a instalar y hacer contacto entre dos puntos clave de la maquinaria para “activarlo”. Es como una especie de seguro que traen esos relojes para protegerse en caso de eventos peligrosos como golpes fuertes y posibles descargas al cambiar la batería. Es una enorme molestia para el usuario y en lo personal le agradecería a Casio si dejara de implementar tal seguro. Luego esto comenzó a suceder bastante seguido, varias veces al año sin razón aparente. La tragedia de perder tu hora, tu tiempo personal, es grande a nivel emocional, si bien no impacta mucho en términos prácticos. Pero un reloj que no marca la hora ¿sigue siendo un reloj?

Decidí impulsivamente comprar otro Casio, uno con “caja” (cuerpo, pues) de acero. Hasta entonces todos mis Casio habían sido de plástico y debo reconocer que si hace gran diferencia el material, el metal es mucho más resistente a rayones, golpes y no se va a romper con un jalón del extensible. No creo poder volver a los relojes de plástico. Es un modelo algo excéntrico, quizá no muy estético ideado para pescar. Muestra la fase lunar de acuerdo a la fecha, hora y zona horaria, haciendo una estimación de las mareas. Esto es algo que ya se hacía a mano y da resultados aproximados, pero el reloj lo automatiza completamente. Ahora bien, me encantan los peces tanto vivos como en el plato, pero yo nisiquiera sé pescar. Nunca voy a hacer uso de esas funciones, pero siempre había querido un reloj que indicara la fase lunar. Es algo que se ofrecía en relojes mecánicos caros pero que la electrónica asiática abarató hasta el absurdo. Y me gusta mucho. Y ahora puedes tener si quieres hasta una calculadora o un control remoto de TV miniaturizado en tu muñeca. Hay infinidad de funciones para todo propósito y es una gran ventaja de los tiempos que vivimos. Incluso mi reloj en cuestión con luz y esas funciones innecesarias promete una vida de batería de 10 años, que es un gran logro y hace que el costo de operación sea ínfimo.

Todo alegría y felicidad hasta que, luego de poco más de un año, mi querido reloj que tanto amé, comienza a apagarse repentinamente. Es como me sucedió con el anterior. Pierdo mi hora, mi fase lunar, mis ajustes de zona horaria, mi hora dual… es cuando decido darme por vencido con los Casio.

Porque para mí un reloj es un montón de metal, circuitos y resortes al que le he confiado algo de mi consciencia, guardián de una parte de mi vida. Fiel sirviente que me quita de encima el peso de llevar un conteo minucioso de las horas. Depositario de mi hora privada que me guía en todo momento. Confidente que me ayuda a discernir cuando planear un escape para observar las luces de la ciudad por la ruta panorámica cuando es propicio en luna nueva, o a evitarlo cuando la luna llena lo arruinaría.

¿Ahora qué? Un rápido vistazo en las tiendas de prestigio me hace darme cuenta que los tiempos han cambiado. Ahora los relojes mecánicos son aves raras, ni hablar de un automático de bajo costo. (quiero señalar que el reloj Swatch del enlace anterior es muy probablemente una maravilla… imposible de conseguir en México). Pareciera que los diseñadores de ropa ahora controlan el mercado. Los chicos de ahora no usan reloj, están acostumbrados a ver la hora en el teléfono o la computadora. La era de la hora personal se ha acabado. Por un tiempo intento ver la hora en el celular, pero es ridículo. Resulta absurdo cuando vas conduciendo un auto, impráctico cuando estás corriendo o haciendo ejercicio, indiscreto y maleducado en medio de juntas laborales y conversaciones íntimas. Es incluso peligroso en los bajofondos de la ciudad. Doloroso en los ojos a mitad de la noche. No solo me siento incómodo, no me ayuda cuando en las tiendas de prestigio siento que sé más del tema que los empleados que me intentan vender un reloj y me dicen barbaridades como “Nautica es mejor marca”, “acá trae un taquímetro, pero… no lo sé usar” o “no es un cronómetro, es un cronógrafo”.

Extraño mucho mis pequeñas, fiables, mágicas y amadas máquinas del tiempo. No sé qué voy a hacer.

En las fotos, el inolvidable y grande Nicolas Hayek.

TV notitas (con final alternativo de “Dexter”)

Cuidado, este post puede contener fuertes “espoileres” revelaciones de algunas series recientes.

La verdad pensaba hacer un post para hablar o seguir hablando de cada una de estas series, pero lo fui dejando y se me juntó todo para este año, que resultó estar marcado por el final de todas. Si consideramos que el año pasado terminaron “House MD” y “Chuck”, ya prácticamente solo me quedan las comedias domingueras como “The big bang theory” y “Modern Family”, que realmente no considero series “en forma”. Comenzamos en orden alfabético:

Being Human

“Being Human” es una de las series que mas me han gustado en los ultimos años, con sus altas y sus bajas y sus cambios inesperados de actores. La historia de tres individuos sobrenaturales, un vampiro, un hombre lobo y un fantasma, que comparten casa en Inglaterra. No me sorprendió por ser demasiado original ni bien lograda (que tiene sus momentos, hay que reconocerlo), sino por sus personajes entrañables que, a pesar de su siniestra naturaleza, lo único que buscan es vivir en paz. Claro que su pasado los condena y los obliga a enfrentar situaciones muy difíciles. En la penúltima temporada no me gustó nadita toda esa trama de la profecía y los pergaminos que le darían el poder de dominar el mundo a quien los tuviera, en el que el destino de la bebé era la clave, aunque sí estuvo muy bien cimentado en la mitología de la serie y fue una historia en la que resuena uno de los temas principales de la serie: aceptar lo que eres y aceptar tu destino. Fue un momento agridulce ver a Annie, interpretada por la actriz Lenora Chirclow (quien este año apareció en un episodio de la excelente “Black Mirrorr”) y la última del reparto original que quedaba, finalmente hacer las paces con su muerte y dar el paso al más allá. Al comenzar esta quinta y última temporada ya no quedaba ninguno de los actores originales y ya se había acabado con la amenaza que representaba la antigua sociedad de vampiros, que tenía el plan y los pergaminos para dominar a la humanidad. Si la serie hubiera terminado ahí habría sido un final algo brusco pero la verdad ¿qué podía quedar por contar? Hubo que sacarse de la manga a un enemigo más maléfico y poderoso y llevarnos hacia la confrontación final (ahora sí), con todos los necesarios tropiezos en el camino. Pero cuando una serie relativamente pequeña se trata de salvar al mundo… y ¡por segunda vez!, es probable que las cosas hayan ido demasiado lejos. Me gusta el hombre lobo Tom McNair, que puede que no sea el más brillante pero se caracteriza por su persistencia y su inquebrantable fidelidad. En si de eso se trata la serie. Creo que nadie se esperaba ese final, en el que nuestro grupo favorito de amigos sobrenaturales tiene el poder de dar fin a la amenaza pero son tentados por el maligno individualmente con lo que originalmente más deseaban: volver en el tiempo a ese evento que destrozó sus vidas, borrarlo y seguir con todo lo que dejaron atrás. Me gustó esa tensión, esa melancolía por la normalidad y debo admitir que por un momento pensé que iban a aceptar. El vampiro dejaría de ser vampiro y seguría siendo el caballero victoriano que en cierta forma nunca dejó de ser, el hombre lobo podría ser el muchacho normal y la fantasma volvería con la familia que tanto extraña. Pero ¿no sería un tanto egoísta sacrificar el destino de la humanidad por unos años de supuesta felicidad? ¿un inmortal aceptaría tan fácilmente volver a ser mortal? Y lo peor es que seguir ese camino se inclina demasiado hacia un final tipo “Lost”: todo lo que pasó no habría pasado nunca ¡no! Pero entonces la serie tomó el rumbo que debía tomar, nuestros héroes se dan cuenta que falta algo, que si aceptan el trato nunca se habrían conocido y no están dispuestos a renunciar a su amistad, así que rechazan esta propuesta, completan el rocambolesco ritual y se quedan siendo roomies por toda la eternidad. Claramente la intención de los guionistas fue que hubiera cierta ambigüedad respecto a si eso fue lo que verdaderamente pasó o si solo fue un nuevo plan de el innombrable y en realidad puso fin al el mundo por su lado mientras que el trío de protagonistas están viviendo una ilusión y no tienen ni idea. No me pregunten, estoy indeciso sobre si fue bueno o malo.

Breaking Bad

No queda mucho por decir del ascenso de este, uno de los luceros más brillantes en la constelación de las grandes series de TV ¿o alguien duda que será considerada una de las mejores de todos los tiempos? Ningún episodio sobra, cada momento es muy disfrutable y toca el corazón del televidente. Pocas series han sido tan satisfactorias. Mi episodio favorito quizá sea el de la mosca. Pero hay dos detalles que me parecen fuera de tono: el bombazo a Gus y el robo al tren, ambos muy elaborados pero que para mi rompen en cierta forma lo que se había establecido previamente. Además, en el caso del primero me es difícil creer que Walt le de muerte a Gus tan a distancia, tan confiando en un tercero. Según yo ya habíamos llegado al punto en que la muerte de Gus tenía que ser más intima, con Walt elegantemente abriéndole la garganta con el box-cutter o al menos un disparo a quemarropa. El momento en que Gus está a punto de subirse al auto donde Walt puso la bomba pero decide alejarse está totalmente sin explicar y es una instancia de sentido arácnido laguna muy grande. ¿Cuál es mi problema con el robo del tren? Que no aporta mucho a la historia ni a los personajes, toda esa subtrama nadamás está ahí porque los escritores se creyeron muy listos y dijeron “hey, tengo la idea de el mejor train-heist de la hsitoria, vamos a incluirla”. Y, aquí en confianza, la metilamina no es un químico tan complejo o raro, la pregunta es por qué Walt no la prepara él mismo. Habría tenido sentido que Gale y Gus ya tuvieran un proceso establecido en el superlaboratorio. Lo de los inventos marca Acme no me desagrada, había que balancear el drama con algo y han sido un elemento de la serie desde el principio. Por otro lado ¿todas las mujeres tenían que estar locas? De verdad que todas se me hicieron odiosas, nadamás las novias de Pinkman se salvan. Otra cosa que me parece más marketing que nada es eso de la última temporada “dividida en dos”, flashforward inicial y cliffhanger final incluído. Lo hubiera creído más si cada subtemporada no se hubiera presentado con todo lo que caracteriza una temporada entera, pero creo que es lo de menos. Mejor concentrémonos en el desenlace, que fue lo único que podía ser: Walt muere y se lleva consigo al infierno a todos los malosos. Aquí es donde creo el final, aunque satisfactorio, pierde un poco de fuerza. Para empezar, a mi sí me recuerda a “The Sopranos”, la diferencia es que Tony no se dió cuenta que había cavado su propia tumba mientras que Walter sí, y decide tomar las riendas de la mejor forma que se le ocurre. En lo personal me hubiera gustado ver un rompimiento un poco más extenso y dramático entre Walter y Walt “Flynn” Jr. También es un tanto moralista como los finales de Hitchcock en que el malo tenía que ser castigado de alguna forma nadamás porque la sociedad no estaba preparada para otra cosa, lo cual es cuando menos curioso en una serie que se trata de un malo por quien estuvimos echando porras temporada tras temporada para que saliera victorioso. Y al final ¿cuál fue el punto de la historia? Estoy simplificando demasiado pero me suena a “cuidado con el orgullo las drogas, chicos, eso no puede termiar bien”. ¿Soy el único que piensa eso?

Dexter

Esta es una serie que me ha acompañado desde hace varios años pero nunca le tuve tanta devoción como para estar viendo los capítulos semana a semana, más bien veía las temporadas completas cuando me acordaba, algunos meses después de que hubieran terminado. Las temporadas son muy dispares, algunas como la segunda me parecen de lo más entretenido mientras que la sexta no se me hizo nada especial. Me gusta que cada temporada tiene una trama bien definida y a alguien especial (generalmente un actor interesante invitado) para Dexter que es en parte villano; por cierto que me gustó mucho ver a John Lithgow como el asesino en la cuarta. “Dexter” está basada en una serie de novelas con una premisa interesante, al igual que la serie, pero que se van alejando mucho del tratamiento clínico del tema y terminan con tintes sobrenaturales. Por eso siempre fue una pregunta abierta el camino que iba a seguir la serie y qué final se iban a inventar. Cuando casi ya no albergaba yo esperanza, vi la temporada 7 y me agradó bastante. Hubo un momento en que estaba viendo esa temporada y un familiar que estaba en la casa y solo vio el televisor de pasada un par de veces me preguntó “¿No se andaban persiguiendo a ver quien mataba a quién primero? ¿cómo que ahora están platicando tranquilamente en un bar gay?” Y la explicación era deliciosamente complicada porque habían pasado muchísimas cosas para pasar de un punto al otro. Y es que la temporada 7 rompió el esquema introduciendo a un enemigo de Dexter que lo persigue no por hacer justicia ni para sacarlo de su camino, sino para saldar una deuda por medio de la venganza, terminando en una alianza por pura conveniencia. Se trata de un jefe de la mafia rusa cuyo matón Dexter elimina, matón que resulta ser pareja del mafioso, quien al verse acechado por sus enemigos en América le ofrece a Dexter un trato: le perdonará la vida si le ayuda a escapar. Además introdujo al nuevo interés romántico, Hannah (la actriz Yvonne Strahovski recién salida del papel de Sarah en “Chuck”) que para variar es también una asesina, envenena a quien le causa problemas sin dejar rastro y es una amenaza para los seres queridos de Dexter. Este dúo de personajes, sumados al conflicto dieron más que suficiente material para jugar en la temporada 7 y Hannah reaparece en la temporada 8. Además hubo un par de casos de “asesino de la semana” bien logrados que mantuvieron a los personajes suficientemente ocupados. Laguerta se obsesionó con la investigación de Doakes hasta que comprueba que Dexter es el carnicero de la Bahía. Deb sabe que algo raro está sucediendo y descubre a Dexter a punto de eliminar a Laguerta. Dexter confiesa a Deb, quien decide disparar a Laguerta, no pudiendo soportar la idea de ver a Dexter tras las rejas o, más probablemente, condenado a muerte.

Esta octava y última temporada comienza con un giro interesante: la revelación de que el padre adoptivo de Dexter no fue el único detrás de “el código” por el que Dexter se guía; una psiquiatra que llega a trabajar en un caso parece saber demasiado del pasado de Dexter, hasta que el descubre que es por esa razón, y la doctora lo presiona para que le ayude a eliminar la amenaza de un asesino que la persigue, así como para que tenga una especie de aprendiz y la ayude a crear un nuevo asesino que siga el código: un inestable chico local, hijo de un millonario y con una fascinación enfermiza por las escenas de asesinato. Dexter primero dice que no acepta encargos, pero no encuentra alternativa. Todo eso prometía, pero al final creo que no se manejó muy bien. En particular ver a una Deb sin rumbo, destrozada por el secreto de su hermano adoptivo y la culpa de haber matado a Laguerta para protegerlo, fue desafortunado. El hecho de que Deb muera a raíz de un intento de asesinato cualquiera (me refiero a que no tuvo nada de ritualista, fue más que nada casualidad) a manos de un asesino serial fue una broma. Ah si, porque el asesino que persigue a la psiquiatra es un paciente que ella atendió años atrás. Además tenemos a un asesino serial (el paciente) persiguiendo a un asesino serial (Dexter) que persigue a un tercer asesino serial en potencia (el aprendiz). Si ya se había cruzado la línea de la credibilidad con el número de asesinos seriales que podía haber en Florida, esto fue el tiro de gracia. El esperado regreso de Hannah, que vuelve en el yate de su nuevo y adinerado marido, llegó tarde en la temporada y no aportó mucho a la trama, parece que solo estuvo ahí para hacer de niñera del hijo de Dexter. Le pidió ayuda a Dexter para librarse de su abusivo esposo (según dijo envenenarlo habría sido demasiado obvio) solo para matarlo “accidentalmente” en una pelea doméstica. Lo más interesante para mi fue la subtrama con la psiquiatra, que va resaltando cómo Dexter es atípico al mostrar sentimientos y preocuparse por alguien más (Deb). Dexter se está humanizando. Hay otras subtramas no muy exitosas en que Masuka descubre que tiene una hija adulta y con problemas de dinero y un romance fallido entre Quinn y la hermana de Batista. Y bueno ¿que tal el final en si? El expaciente secuestra a la psiquiatra, Deb y Dexter intentan rescatarla, Debra llega primero y el asesino-paciente sale corriendo y le dispara para que no lo alcance, dejándola en coma en un estado muy delicado. El paciente también elimina al aprendiz, porque ¿por qué no? Mientras Hannah hace de niñera del hijo de Dexter; el niño se lastima y ella lo lleva a urgencias, donde una empleada reconoce que se trata de una criminal buscada por las autoridades, así que Dexter envía a Hannah con su hijo a vivir una nueva vida a Argentina con nuevas identidades y la promesa de alcanzarlos más tarde. En medio de un huracán, mientras el hospital está siendo evacuado, Dexter decide desconectar a Deb de los aparatos que la mantienen viva, para evitar que se convierta en un vegetal, y se deshace del cuerpo en el mar, como tenía que ser, víctima de la humanidad que había ido ganando y que quizá pierde con ese acto. Sin embargo su verdadero plan fue crearse una nueva identidad y desaparecer tras fingir su propia muerte en la tormenta; vemos restos de su barco a flote en mar abierto. Hannah, ya en Argentina, se entera de su falsa muerte y parte con el niño hacia un futuro incierto. La última vez que vemos a Dexter, es un leñador que vive en una cabaña. Ok…

Lo único que me parece acorde a lo que se ha venido manejando en temporadas anteriores es la resistencia de Deb a ocultar los crímenes tanto propios como de Dexter y el hecho de que Dexter no reciba ningún castigo; aunque se puede decir que es una especie de “asesino justiciero”, la trama nunca ha tomado ese rumbo y se agradece.

No soy de esas personas que disfrutan creando teorías y tratando de adelantarse a la trama y no esperaba nada espectacular, pero habiendo visto todo lo que sucedió, los personajes y recursos que se utilizaron en esta temporada, aquí les voy a dar mi versión del desenlace. Lo siento si esto les molesta, pero ya le invertí suficiente tiempo a la serie y me siento bastante seguro de poder idear una trama más interesante.

Así que en mi versión de la temporada 8 de Dexter:

Deb no puede vivir con la culpa de haber matado a Laguerta e incubrir a Dexter, así que intenta suicidarse; termina internada en una clínica psiquiátrica, no sin antes revelar a Quinn (quien la descubre moribunda) que todo tiene ver con Dexter y el carnicero de la bahía, despertando el deseo de venganza de Quinn, que no ha podido olvidarla y se dedica una vez más a hacerle la vida imposible a Dexter. Con Deb fuera del juego y tras la muerte de Laguerta, Batista regresa como líder del departamento de homicidios; al revisar la investigación de Laguerta sobre Doakes y Dexter se da cuenta de que algo truculento sucedió ahí y emprende su propia investigación extraoficial, en medio de la cual se topa con Quinn, quien ha estado siguiendo las mismas pistas. Terminan siendo aliados incómodos. Deb le dice a Dexter que lo ama y que está dispuesta a dar todo por él y no abandonarlo si se entregan juntos a las autoridades. Hannah vuelve básicamente de la misma forma: en el yate del millonario celoso y abusivo con el que se casó (le di varias vueltas a esto y creo es de lo poco que funciona en la temporada original). Hannah le ofrece a Dexter librarse de Debra y Batista, a lo que él no accede, así que Hannah le hace una visita a Deb en el psiquiátrico para pedirle que los deje en paz a ella y Dexter, trata de venderle la idea de que todos pueden ser felices todavía y dejar todo en el pasado. Batista y Quinn están sobre los talones de Dexter, quien empieza a fraguar con Hannah el plan de tomar nuevas identidades y escapar a América del Sur. Faltaron asesinos de la semana esta temporada, lo que se me ocurre es que el mafioso ruso contacte a Dexter para ofrecerle dinero a cambio de liquidar a un ex-socio suyo que ha decidido hacer negocios por su cuenta con la competencia en América (después de todo el ruso tuvo que escapar del país y no pareció que pudiera volver) y Dexter le diga que sí pero que no aceptará dinero, sino que lo haga a cambio de que el mafioso implique al esposo de Hannah en algo turbio para que acabe preso o tenga una muerte relacionada con el crimen. La psiquiatra que ayudó a crear a Dexter aparece también de la misma forma, igualmente siendo perseguida por el que resulta ser un antiguo paciente. Debra se escapa del psiquiátrico para detener a Hannah pero es atrapada por el impulsivo aprendiz de Dexter, que se la muestra, atada, a este y la apuñala enmedio de una acalorada discusión con él, poniendo en evidencia la humanidad que Dexter lleva en su interior. En ese momento Batista y Quinn irrumpen en el lugar y se quedan desconcertados ante la escena. Dexter, en medio de lágrimas genuinas, aprovecha para decir que su aprendiz es en realidad el carnicero de bahía al que tanto han estado buscando y este pierde los estribos. Quinn se lanza a tratar de salvar a Deb, pero es demasiado tarde y ella expira en los brazos de él. Batista le dispara a el aprendiz en defensa propia y el chico muere (ok, para que esto tuviera sentido el aprendiz debería rondar los 30 años o más, no los veintipocos que tiene originalmente). Dexter renuncia a la policía luego de manipular la evidencia para incriminar a su aprendiz, argumentando que después de la muerte de Rita y Debra no puede seguir y necesita un cambio. Decide venderle su departamento a precio de remate a Masuka para su hija y todos los personajes tienen una fiesta de inauguración del departamento/despedida en la que brindan por nuevos comienzos. Hannah y Dexter están a punto de partir rumbo a Argentina. pero el le dice que se adelante porque tiene un último asunto del que ocuparse. La psiquiatra despierta atada y es asesinada por su antiguo paciente, a quien Dexter la ofrece para sacrificar por el crimen de haber creado dos asesinos seriales e intentar crear un tercero. Sorpresivamnte Dexter liquida al expaciente y, como siempre, parte a tirar el cuerpo al mar. Igual que en la temporada oficial, finge su muerte en altamar aprovechando el huracán. Al final vemos una mañana típica de la nueva vida de Hanna y Dexter. Ella va a dejar a Harrison a la escuela, quien llamá “papá” a Dexter en español y él parte rumbo a su trabajo. Dexter va en su vehículo cruzando las solitarias carreteras de la Patagonia, si quieren puede ir manejando un trailer que transporta troncos. En la última escena, Dexter recoge a una pareja de autoestopistas, advirtiéndoles de tener cuidado con los extraños y dejando escapar una sonrisita macabra.

Fin.

Próximamente estaré re-escribiendo la nueva secuela de “Duro de matar”…

Fringe

Esta es, en muchos años, la serie que más me ha recordado el espíritu de “X-files”. El episodio piloto es grande. Después hubo muchos episodios de monstruo/villano de la semana, algunos muy logrados como es el caso de “White Tulip“, que se volvió un ícono de la serie. Poco a poco se fue dejando entrever una historia más grande, de conspiraciones, saltos en el tiempo, líneas temporales alternativas y universos paralelos. El equipo formado por la extrañamente carismática Olivia Dunham, el Dr. Walter Bishop (el actor John Noble, que no dejó de sorprenderme) y su hijo Peter “Pacey” Bishop será muy extrañado en la TV. Es en las últimas temporadas donde la serie toma más fuerza y las piezas del rompecabezas van cayendo en su lugar. Admito que al principio me temía que la serie no supiera a donde iba a parar, pero salió muy bien. Si empiezo a hablar de la trama no acabaré nunca, así que baste con decir que ese final en que parece que todo está perdido pero Walter sabe exactamente qué hacer, cuál es su papel y no se queda cruzado de brazos, cierra perfectamente el círculo. Al principio de la última temporada Peter y Olivia están en el parque con su hija, y en ese momento sucede la invasión de seres de origen desconocido. Al final volvemos a ese momento y no sucede nada, se trata solo de una tarde apacible más. Porque Walter ya salvó al mundo y nadie lo sabrá jamás. Y al final, claro, una vez más el tulipán blanco.

Futurama

Caray, futurama tiene más vidas que un gato. Hace varios años fue cancelada esta gran serie, una de mis favoritas y una de las más raras en todo sentido. Volvió a manera de películas y el destino nos regaló dos temporadas más. Temporadas que iban muy bien, pero en la última hubo enormes descalabros empezando con esa aberración que fue “Naturama“. Cuando me enteré que la iban a cancelar, ahora sí definitivamente (término que al final puede ser relativo), pasé por todas las etapas:

  • Negación – No puede ser, no otra vez. No tan pronto…
  • Ira – ¡maldita seas, Comedy Central, por no ordenar una temporada más!
  • Negociación – siempre pueden volver directo a DVD ¿verdad? ¡¿verdad?!
  • Depresión – Ahora sí que no hay ninguna serie animada que me divierta igual. La vida no vale nada sin Leela y Fry…
  • Aceptación – hey, después de todo fue lo mejor. Ya estaban cayendo muy bajo y el final fue respetable.

Y sí, aunque fue extraño ver que el penúltimo episodio estuvo dedicado a darle un final feliz exclusivamente a Zoidberg, el capítulo final fue igualmente desquiciado, emotivo y un enorme guiño a la ciencia ficción. Se visitaron las grandes constantes de la serie y cerró con broche de oro y cierta originalidad. Que en cierta forma dejó la puerta abierta a mas aventuras. ¿Verdad? ¡¿Verdad que sí?!

IT Crowd

Esta es una de mis series consentidas, ha tenido momentos hilarantes y a pesar de las demoras, conservó la autenticidad (y a los actores) de principio a fin. Se supone que iba a haber una quinta temporada y desconozco qué sucedió. Nos dejó tres años esperando y tuvimos un único episodio final y ya lo vi y estuvo bien y estoy en paz con eso.

Luther

Una serie policiaca que no es del montón. Deja de lado las fórmulas que ya echaron a perder hicieron populares “NCIS” y “Criminal Minds” y entrega algo más directo, en ocasiones brutal. Son solo tres temporadas, catorce episodios en total, todos ellos de lujo. El personaje clave, Luther, es un detective de homicidios obsesionado con su trabajo y con problemas de actitud. Desde el principio tiene una relación complicada con Alice, una asesina arrogante y adorable que cree poderse salir con el crimen perfecto y que termina siendo la única que todavía lo apoya. El “highlight” de la serie, además de ese Londres ultramoderno y decadente bellamente filmado, es sin duda el actor Idris Elba, que a mi me impresionó mucho. De verdad que queda en evidencia el poco material que le dió Guillermo del Toro para trabajar en “Pacific Rim”, pero esa es otra historia. Recomiendo darle un vistazo. Por cierto que el tema de la serie, de Massive Attack, me encanta.

Spartacus

Ah, “Spartacus”, una que echaré de menos. Hace tiempo un amigo me preguntaba qué caso tiene una historia cuando sabes de antemano en qué termina y creo que esta serie da una respuesta rotunda a la cuestión. Es inevitable mencionar que “Spartacus” estuvo marcada por trágicos eventos de la vida real. Tras completar la primera temporada, el actor Andy Whitfield que dio vida al protagonista (de forma memorable, hay que reconocerlo) fue diagnosticado con cáncer. Para darle tiempo para recuperarse, se hizo una pequeña temporada adicional a manera de precuela, que cuenta la historia de otro gladiador que acabaría siendo aliado de Spartacus. Desafortunadamente Andy Whitfield murió y tuvo que ser reemplazado en las últimas dos temporadas. No quiero decir que el actor que tomó su lugar no llenó sus zapatos, es que Andy Whitfield me pareció realmente muy bueno. El caso es que la serie continuó y siguió siendo espectacular. Mucho se ha dicho del enorme parecido que tiene con la película “300” en el apartado visual y, aunque creo que hay también otras fuertes influencias, “Spartacus” a mi gusto terminó teniendo su propio estilo. En ocasiones se abusa de la cámara lenta y no creo que en la vida real nadie hable con esos diálogos tan estudiados y gloriosos, pero hey, es entretenimiento y esta serie nos lo dio a montones y de gran calidad. Me encanta ver una serie en que cada momento, cada escena está tan trabajada desde la pelúquería, vestuario, maquillaje, coreografías, efectos especiales, sonido, etc. Cada detalle está en su lugar. Confieso que me fue muy difícil ver la última temporada porque es cuando la rebelión de los esclavos lleva las de ganar y se deja llevar por la inercia de la victoria, haciendo sacrificios cada vez más grandes y poco a poco perdiendo terreno frente al enemigo. Fue doloroso ver a los personajes morir, aunque ya sabíamos que ese era su destino, y es que ¡qué personajes tan grandes! Tuve que tomarme un descanso antes de ver los últimos dos episodios porque era demasiado para mí y ya sabía que Spartacus iba a morir. Afortunadamente su final fue a la vez espectacular y no tan exagerado como me temía que podía ser. Esta serie deja un hueco muy difícil de llenar en la televisión.