“Y Pese a Todo…” de Juan de Dios Garduño

No es usual encontrarse con novelas que logran resultados tan buenos a partir de tan poco. Solo se me ocurre la saga “Apocalipsis Z” (que fue la que dio origen a la serie Z de esta misma editorial). Por eso y más creo que, de entre los muchos títulos que Editorial Dolmen ha publicado en torno a la temática zombie, este sin duda ocupa un lugar especial.

En un mundo que ha caído a causa de la guerra química, conocemos a Peter y a su hijita Ketty, y Patrick que vive cruzando la calle con su perro. Son los únicos supervivientes de los que se tiene noticia en Bangor, Maine. Y por lo que ellos saben, podrían ser las únicas personas vivas en todo el mundo.

En medio de un invierno nevado, lo más lógico sin duda sería formar una alianza, pero Patrick y Peter compartieron en el pasado una cercana amistad que no terminó bien y ahora no les permite reconciliarse. Esto los conduce a un aislamiento total del mundo, donde incluso su único semejante con vida es considerado hostil, a la vez que proporciona un cierto alivio al saberse, en cierta forma, acompañado en el apocalipsis.

La historia no es muy larga y se lee con auténtico interés por los personajes. Es en realidad un tributo muy grande a las clásicas novelas de terror de Stephen King, no únicamente por el lugar en que se ubica. Hay que mencionar que los seres humanoides con los que Garduño puebla este escenario de pesadilla no son precisamente zombies, pero en definitiva comparten mucho y si te gustan las historias de este tipo no me cabe duda disfrutarás esta novela. Yo no podría pedirle nada más.

Una maravillosa sorpresa que exuda verdadero amor por las novelas de terror y que actualmente se está convirtiendo en película bajo el título “Welcome to Harmony“.

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Motocicletas

Si bien tengo un interes por las cosas mecánicas y todo lo que tenga ruedas, nunca me han llamado la atención las motocicletas. Si he de ser sincero no puedo explicar a que se debe esta falta de interés, después de todo disfruto mucho de la conveniencia de las bicicletas y en teoría algo que fuera igual de compacto y práctico pero motorizado parece una gran idea. Incluso he viajado en motocicleta y puedo reconocer que es una experiencia diferente a muchas otras. Quizá lo que podría señalar como su mayor ventaja objetivamente es la gran economía que ofrecen. Por el contrario, entre las desventajas siempre estará el ruido que producen y el hecho (según varias fuentes que leí, no me consta de primera mano) de que por su misma naturaleza, no son máquinas muy durables.

El debate respecto a si son peligrosas o no es algo en lo que no quiero entrar, si acaso puedo comentar que con frecuencia veo a conductores de motocicletas conduciendo de manera muy arriesgada, principalmente rebasando entre carriles o circulando en sentido contrario. Otra cuestión controversial es a la hora de estacionarse. No me crean pero creo recordar que el reglamento de tránsito señala que se trata de un vehículo automotor más y como tal debe ocupar un lugar abajo de la banqueta e incluso su propio cajón en areas de estacionamiento. En la vida real esto me parece un tanto impráctico pues no tengo problema con que se estacionen arriba de la banqueta o en otros espacios disponibles, mientras no estorben. Incluso agradezco que lo hagan porque en más de una ocasión he estado cerca de golpear una al meter reversa en mi coche, pues es muy fácil que una moto pase desapercibida en el retrovisor.

Quizá en otras circunstancias, en otras ciudades, puedan ser realmente un medio de transporte común y conveniente para toda la familia, pero aún no es el momento en este país.

Existe aún otro nivel de controversia que sería la de la “cultura” de las motos y los clubes de motos y la “moda” que conllevan. Es algo que a mi me tiene completamente sin cuidado, ´lo veo como cualquier otro grupo o fenómeno social.

Lo que me hace abordar el tema es una anécdota que poco tiene que ver con todo esto, pero que no ha salido de mi cabeza en varios años. Un compañero de carrera en una ocasión nos platicaba que fue de vacaciones en compañía de unos primos a visitar familiares de otra ciudad. Uno de los familiares tenía una motocicleta de moto cross y en algún momento los lleva a la pista y les presta la moto. Conociendo a mi compañero, resultaba obvio el rumbo que iba a tomar la historia: él se rehusaría a subirse a la moto y se limitaría a contarnos algo chusco que pasó y lo estúpidos que fueron los que si se subieron. Efectivamente, uno de sus primos se rompió un brazo y mi compañero se sentía muy superior por haberse evitado el riesgo.

El motivo por el que esta historia ronda mi cabeza es por lo absurdo que me parece rechazar rotundamente el riesgo y las nuevas experiencias. Tampoco digo que no haya que ser responsable (o que el accidente del primo haya sido inevitable) pero me imagino que, al llegar a la vejez, contar que en tu vida nunca te arriesgaste y nunca te equivocaste no es una historia muy edificante. Quizá nisiquiera sea una historia que valga la pena contar.

Manuel Loureiro – “Apocalipsis Z: la ira de los justos”

He reseñado las tres partes de esta trilogía:
Apocalipsis Z
Apocalipsis Z: los días oscuros
Apocalipsis Z: la ira de los justos

La tercera entrega de la saga era inevitable, considerando el boom de literatura zombie que inició en España la primera novela y el creciente interés del público actual en todo lo que tiene que ver con no muertos.

Llegué con sentimientos encontrados a “La ira de los justos” pues el volumen anterior no me convenció del todo y lo sentí como un producto más del marketing tanto por el cambio de editorial que hizo Loureiro, tanto como por el desenlace que apunta tan descaradamente a una continuación.

Sin embargo me resulta asombroso el rumbo que sigue esta última parte de “Apocalipsis Z”. Comenzamos con la noticia de que la Korea comunista ha sobrevivido gracias a la mano dura que ha aplicado su líder, quien gracias al hermetismo en el que mantiene a la población, ha limitado el conocimiento de la catástrofe mundial y ha logrado que el país siga funcionando. La historia principal se retomada inmediatamente donde se quedó la anterior, con Lucía, Pritchenko, Lúculo y el abogado siendo rescatados por un buque petrolero con una tripulación muy preparada para cumplir con su misión: transportar combustible a la que puede ser la última comunidad de los Estados Unidos de América.

Nuestro grupo de sobrevivientes es invitado a unírseles, pero el alivio y la sensación de seguridad no duran mucho pues pronto descubrimos que existe una severa división de clases en esta sociedad. Los koreanos interceptan comunicaciones por radio del petrolero y lanzan una arriesgada misión para apoderarse del petróleo del otro lado del charco.

Así es como nos dirigimos a la República Cristiana de Gulfport, Mississippi, gobernada por el Reverendo Greene y donde se procura que la vida siga tan normalmente como es posible y sin que falten lujos. Al menos así es para las clases privilegiadas, que deben su cómoda existencia a la esclavitud de los ilotas. Nuestros protagonistas, que al principio apenas pueden creer su suerte, no tardan en darse cuenta de los horrores que se viven en esta comunidad pero realmente no hay muchas alternativas: ser cómplice o probar suerte en tierras salvajes fuera de las murallas.

Pero hay algo más siniestro aún: se ha desarrollado lo que parece ser una cura y se le utiliza para el genocidio en nombre del Señor.

A la par de esta trama, seguimos la misión Koreana en su penoso recorrido hacia la República Cristiana, así como a la planeación de una revolución por parte de los ilotas, conjugándose todo en un desenlace lleno de peligro y acción.

A mi me costó trabajo al principio seguir los distintos hilos con los que se va tejiendo la historia, pero al final creo que Loureiro satisface a sus lectores con un desenlace bastante digno donde cada pieza encaja en su lugar. Tenemos a una Lucía que deja de ser la princesa rosa para convertirse en una aguerrida superviviente, al Viktor Pritchenko dispuesto a cualquier sacrificio y a más de un villano con sed de poder.

Si algún defecto puedo señalar es que el comentario social y político no es para nada sutil, pero creo que queda bien compensado con el tratamiento digno de los personajes, que pasan por el infierno mismo con tal de sobrevivir. Hay de verdad momentos escalofriantes y planes macabros.

El final no resulta del todo blanco o negro, es más bien agridulce pero con la medida justa de esperanza en medio del apocalipsis, lo cual fue una agradable sorpresa, al igual que finalmente descubrir un detalle del protagonista que se había mantenido oculto.

No puedo dejar de hacer una reevaluación de esta trilogía pues al momento de terminarla y habiendo leído ya otros famosos libros de zombies, ha cambiado la valoración que le doy, subiendo varios peldaños. Es en verdad una de las sagas mas entretenidas y satisfactorias que he leído en el género.