Motocicletas

Si bien tengo un interes por las cosas mecánicas y todo lo que tenga ruedas, nunca me han llamado la atención las motocicletas. Si he de ser sincero no puedo explicar a que se debe esta falta de interés, después de todo disfruto mucho de la conveniencia de las bicicletas y en teoría algo que fuera igual de compacto y práctico pero motorizado parece una gran idea. Incluso he viajado en motocicleta y puedo reconocer que es una experiencia diferente a muchas otras. Quizá lo que podría señalar como su mayor ventaja objetivamente es la gran economía que ofrecen. Por el contrario, entre las desventajas siempre estará el ruido que producen y el hecho (según varias fuentes que leí, no me consta de primera mano) de que por su misma naturaleza, no son máquinas muy durables.

El debate respecto a si son peligrosas o no es algo en lo que no quiero entrar, si acaso puedo comentar que con frecuencia veo a conductores de motocicletas conduciendo de manera muy arriesgada, principalmente rebasando entre carriles o circulando en sentido contrario. Otra cuestión controversial es a la hora de estacionarse. No me crean pero creo recordar que el reglamento de tránsito señala que se trata de un vehículo automotor más y como tal debe ocupar un lugar abajo de la banqueta e incluso su propio cajón en areas de estacionamiento. En la vida real esto me parece un tanto impráctico pues no tengo problema con que se estacionen arriba de la banqueta o en otros espacios disponibles, mientras no estorben. Incluso agradezco que lo hagan porque en más de una ocasión he estado cerca de golpear una al meter reversa en mi coche, pues es muy fácil que una moto pase desapercibida en el retrovisor.

Quizá en otras circunstancias, en otras ciudades, puedan ser realmente un medio de transporte común y conveniente para toda la familia, pero aún no es el momento en este país.

Existe aún otro nivel de controversia que sería la de la “cultura” de las motos y los clubes de motos y la “moda” que conllevan. Es algo que a mi me tiene completamente sin cuidado, ´lo veo como cualquier otro grupo o fenómeno social.

Lo que me hace abordar el tema es una anécdota que poco tiene que ver con todo esto, pero que no ha salido de mi cabeza en varios años. Un compañero de carrera en una ocasión nos platicaba que fue de vacaciones en compañía de unos primos a visitar familiares de otra ciudad. Uno de los familiares tenía una motocicleta de moto cross y en algún momento los lleva a la pista y les presta la moto. Conociendo a mi compañero, resultaba obvio el rumbo que iba a tomar la historia: él se rehusaría a subirse a la moto y se limitaría a contarnos algo chusco que pasó y lo estúpidos que fueron los que si se subieron. Efectivamente, uno de sus primos se rompió un brazo y mi compañero se sentía muy superior por haberse evitado el riesgo.

El motivo por el que esta historia ronda mi cabeza es por lo absurdo que me parece rechazar rotundamente el riesgo y las nuevas experiencias. Tampoco digo que no haya que ser responsable (o que el accidente del primo haya sido inevitable) pero me imagino que, al llegar a la vejez, contar que en tu vida nunca te arriesgaste y nunca te equivocaste no es una historia muy edificante. Quizá nisiquiera sea una historia que valga la pena contar.

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