¿Ciclar un acuario? ¿Dónde le pongo el “For”?

La ultima ocasión que hablé acerca de mi proyecto de un rack de peceras cometí el error de no explicar porque estaba haciendo las cosas de esa manera. En particular, el motivo por el que introduje tan pronto al tanque algunas plantas, instalé la lámpara y no metí ningún animal todavía. La razón será evidente para los que cuentan con cierta experiencia en el acuarismo, pero para los que no estén familiarizados con el tema, creo que vendría bien una explicación, por breve que sea.

Un acuario/pecera es un sistema completamente artificial en el que se busca mantener con vida a seres acuáticos a largo plazo (para anfibios y animales pulmonados estos conceptos tal vez aplican en menor medida). Como tal, debe proveer un condiciones adecuadas tanto física (temperatura, espacio, escondrijos) como químicamente, pues tanto plantas como animales requieren de ciertos parámetros para su desarrollo. Si bien podemos mantener a estos seres en un recipiente en condiciones “estériles” (procurando el adecuado suministro de gases necesarios para su respiración) por un breve periodo, al paso del tiempo las condiciones del agua se volverían inadecuadas. Esto porque los animales producen desechos que se irían acumulando hasta el punto de volverse venenosos. Para las plantas el problema es que no tendrían los nutrientes necesarios para crecer.

Seguramente la idea que viene a la mente es la de instalar alguna clase de filtro, tema del que ya hablaré en el futuro. Esta idea es correcta, sin embargo he notado que hay cierta desinformación en cuanto a lo que sucede realmente dentro del tanque.

A grandes rasgos, los desechos y materia en descomposición en el agua provocan la acumulación de nitrógeno y sus derivados. Los que nos interesan son el amonio y el amoniaco, este último altamente tóxico. Si bien es posible remover estas sustancias del agua por métodos químicos o realizando cambios de agua muy frecuentes, es mucho más eficiente hacerlo de manera similar a como ocurre en la naturaleza: usando microorganismos que consumen los derivados del nitrógeno y los transforman en productos menos tóxicos, nitritos y nitratos.

Hay que mencionar que aunque el nitrógeno es muy abundante (constituye como tres cuartas partes de la atmósfera) y es indispensable para el metabolismo de las plantas, estas no pueden asimilarlo de manera directa, lo necesitan en forma de nitrato. De modo que es necesario contar con las respectivas colonias de microorganismos en nuestro acuario antes de introducir peces e invertebrados. Para conocer a detalle este proceso, conocido como el ciclo del nitrógeno, recomiendo este par de textos como punto de partida, uno en inglés y el otro en español.

Afortunadamente no es nada complicado hacerlo. Lo único que hace falta es dotar a nuestro tanque de algo de nitrógeno y cierto movimiento que le de circulación al agua y permita su correcta oxigenación. Como fuente de nitrógeno podemos utilizar una pequeña porción de alimento para peces o un poco de materia vegetal en descomposición. Esto último fue lo que yo intenté hacer al introducir tres plantas grandes de una especie muy resistente. Aunque no lo había intentado antes imaginé que en el tanque sin “ciclar” parte de la vallisneria se marchitaría, generando los derivados de nitrógeno iniciales, y la parte que quedara con vida ayudaría a consumir los nitratos llegado el momento. Esta idea, sin embargo, puede resultar más costosa e incluso un tanto cruel con las plantas, solo quiero enfatizar que no es necesario hacerlo así. Yo lo hice buscando acelerar el proceso.

Otras formas más comunes y sencillas son la que mencioné de simplemente agregar un poco de alimento para peces y esperar algunas semanas. Se puede usar en su lugar amoniaco o úrea puros. Hay que tener mucho cuidado con el detalle de que sean puros pues sería contraproducente y hasta peligroso para los organismos acuáticos que introdujéramos químicos no deseados. Otra alternativa muy accesible para el principiante es introducir desde el principio al acuario un número pequeño de peces de alguna especie que sea muy tolerante a condiciones extremas en el agua, como puede ser el danio zebra o el betta que con su metabolismo proporcionará de manera natural los derivados del nitrógeno. Aunque, si ya podía considerarse “cruel” someter a las plantas a estas condiciones inadecuadas, lo puede parecer aún más con animales y puede convertirse en un problema más adelante pues si nuestro objetivo no era tener esta especie en nuestro tanque vamos a acabar como esa historia del hombre que tenia un ratón en su casa y para sacarlo metió un gato, luego un perro y así se fue hasta que tuvo un elefante y la única manera de sacarlo fue meter… un ratón. Aclaro que estoy mencionando especies de agua dulce pero el proceso aplica también para acuarios marinos.

Ya con las sustancias nitrogenadas y la circulación del agua, para la que basta usar un pequeño compresor que genere burbujas, solo  hace falta un poco de paciencia para inicir el ciclo del nitrógeno e nuestro tanque, pues hay que esperar de dos a tres semanas para que las colonias de bacterias se establezcan y comienzen a tener efecto. Podemos ahorrarnos un poco de tiempo agregando bacterias, que se pueden comprar en forma de ciertos productos comerciales que se mezclan en el agua. En mi experiencia, estos productos son un costo totalmente innecesario. Las bacterias que buscamos ya están en todas partes y llegarán a nuestro acuario siempre y en cualquier lugar sin que hagamos nada más, aunque puede que les tome más tiempo. A mi gusto lo más sencillo es agregar material de un tanque que ya esté “maduro”, es decir que ya tenga una colonia de bacterias y un ciclo de nitrógeno bien establecido. Puede hacerse colocando algo del material filtrante del tanque maduro en el filtro del tanque nuevo o simplemente moviendo alguna pieza de la decoración del acuario establecido al acuario que estamos instalando. Esto porque las bacterias habitarán practicamente cualquier superficie bajo el agua que tenga acceso a nutrientes y oxígeno, de modo que en cierta forma la superficie de todo objeto sumergido ayuda a completar el ciclo del nitrógeno, incluso la parte interior de los cristales del tanque.

Yo tengo ya en uso varios filtros iguales al que instalé en este tanque, así que simplemente le puse un poco de esponja de un tanque maduro. Ahora bien ¿cómo sabemos que el ciclo del nitrógeno ya está ocurriendo en nuestro tanque? Pues hay en el mercado kits de pruebas que, por medio de reactivos químicos mezclados con un poco del agua, nos permiten hacer mediciones más o menos exactas de todos los parámetros que deseemos, así que podemos ir tomando estas medidas periódicamente y ver como se va reduciendo el contenido de amonio y amoniaco hasta que alcanza un nivel estable y adecuado. Estos kits pueden ser costosos (si nos ponemos a gastar libremente podemos encontrar incluso equipo electrónico para hacer las mediciones) y, al haber tantas marcas y modelos, nos vamos a encontrar algunos que no son tan precisos como otros. En mi experiencia no es necesaria esta inversión, no necesitamos más que utilizar cualquiera de los métodos mencionados y esperar unas semanas. Lo que podemos distinguir a simple vista será la formación de algas y la presencia de una capa transparente pero que le da cierto tacto ligeramente baboso a las superficies sumergidas.

Para finalizar solamente queda añadir dos cosas. La primera es que los microorganismos que se ven involucrados en el ciclo del nitrógeno son inofensivos para el ser humano y que debemos cuidar que una vez establecida la colonia de bacterias, no muera. Por ejemplo, debemos evitar lavar el material filtrante con agua “de la llave” pues contiene cloro, que mata instantáneamente estas bacterias. Siempre se debe usar agua sin químicos para limpiar el acuario y el filtro, de preferencia agua del mismo acuario que podemos extraer al hacer un cambio de agua parcial. Otras formas en las que pueden morir nuestras colonias de bacterias es si se quedan privadas de oxígeno y/o nutrientes por un cierto tiempo. Esto puede suceder si detenemos la circulación del agua, por ejemplo. En este punto existe cierta controversia pues algunas fuentes dicen que si apagamos los filtros aunque sea unos 20-30 minutos bastará para que las colonias de bacteria en el material filtrante consuman todos los nutrientes/oxígeno a su alcance y mueran, sobre todo si el agua está a temperatura elevada, lo que reduce el contenido de oxígeno y acelerar el metabolismo de todos los organismos acuáticos. Desafortunadamente yo no he encontrado documentación suficientemente detallada al respecto de y hay que considerar tambié el consumo de energía si vamos a tener los filtros trabajando ininterrumpidamente las 24 horas del día. Esto no debería presentar problemas pues podemos usar alguno de los modernos timers digitales para encender y apagar los filtros. Actualmente estos timers ya no son nada costosos y permiten programaciones muy elaboradas, por ejemplo podemos tener los filtros encendidos 40 minutos, apagarlos los siguientes 20 y encenderlos de nuevo cada hora. Dependiendo del tipo de filtro esto puede ayudar a reducir también el desgaste y prolongar la vida de los mismos.

El primer rack, Part II

Fue por medio de los familiares de un amigo que llegó el tanque de 100 litros. Yo no sabía que las empresas de paquetería no permiten el envío de artículos de vidrio (ni de animales ni de recipientes con líquidos… que es por lo que no he conseguido camarones vivos). Estas personas venían de la ciudad dondé dejé el tanque a donde vivo ahora, en una camioneta de carga. Una llamada (y una desmañanada) a un familiar fue necesaria para realizar este envío.
100 lts

Este tanque fue mi primera pecera “seria” allá por 1996 y apabulla la mente pensar en el tiempo y esfuerzo que alguna vez invertí en lograr que hubiera vida en ella. La he tenido “retirada” por varios años. Y ahora que la recibí me di cuenta de que el tiempo no ha sido bueno con ella. El agua del grifo que he usado trae demasiados minerales y el vidrio se ha manchado horriblemente de salitre, haciéndolos quedar opacos y con una textura irregular en la que ya no pegan las ventosas con las que se fijan ciertos equipos. En algunas aristas el cristal está mellado, debido a las veces que se ha movido de lugar y ha golpeado con una y otra cosa y a los años en que ha estado sin vida en posición vertical.

100 lts - sarro

Los sellos de silicón aún soportaban la presión del agua y no dudo que haya podido instalarse así y estar feliz por muchos años. Pero no hay necesidad, recurrí a los profesionales y la mandé rehacer. Se le cambió el vidrio del frente y los pequeños de los costados. Las “vistas” como dijo el señor que los cambió. Costo total $260, y el señor me dijo que eran $160 del vidrio frontal, así que como en 1996 me costó la pecera completa $150 pues es oficial que por el precio original ya no se consigue uno de los vidrios principales. Los cristales de atrás y de abajo se mantuvieron y nada más mandé hacerles una limpieza. El costo no era problema, fue más que nada una cuestión de nostalgia. Por cierto que ya ni me acordaba de las estampitas de las chicas superpoderosas que traía en una esquina.

100 lts - estampas

Esta semana llegó el tanque “reparado”. Los sellos de silicón quedaron mejor de como estuvieron originalmente hace 16 años. Los marcos de aluminio, con los que nunca quedé satisfecho y que tienen una función estructural (en teoría evitan que los vidrios largos se curven a causa de la presión del agua) todavía tienen varias décadas de vida. Y pues estoy muy contento con los resultados, sobre todo porque estuve a punto de reemplazarlo con un tanque de 80 litros que costaba el triple.

Primer rack

Llegó el tanque con los pedazos de cinta canela y el penetrante aroma a silicón fresco. Puede que para algunas personas sea molesto pero a mi me trae pura alegría.

Primer rack

100 lts - cinta canela

Como ya había planeado instalar este tanque ya disponía de un filtro previamente colonizado con bacteria y la mayor parte de la decoración, así como tres brotes de vallisneria. Creo que no quedó tan mal. Ahora solo falta esperar a que la arenilla que sigue enturbiando el agua se asiente.

100 lts -  Vallisneria

La lámpara sumergible LED es insuficiente y creo que el tezontle perforado de la izquierda sale sobrando.

IMG_0308

El primer rack

Me acuerdo que fue con un aguinaldo que decidí comprar una mesa para la TV. Luego de años de estar en muebles demasiado pequeños, feos y temblorosos, por fin le tocó ubicarse en algo firme y medianamente estético. Ahí pasó más de un año y luego cambiamos los quinientos kilos de cinescopio por una “pantalla” plana (ese antiguo televisor todavía existe y tiene pantalla plana, creo que es un término que ha llegado a perder su significado) que, conforme a las modas actuales, se colgó de la pared.

Por un tiempo usé la mesa como mesita de noche o buró. Uno de generosas dimensiones que por lo mismo y por mis habitos de acumulador de chatarra solamente contribuía a que la llenara de cosas y más cosas, llegando a extraviarla entre las cosas inútiles de mi habitación en una ocasión. Por cierto que me acuerdo que me costó $200 en una importadora del centro histórico.

Luego vino la mudanza y el qué te llevas y qué no. Y al planear la segunda remesa de cosas viejas resultó obvio que ahora si tenía un uso para esa mesita.

Mesa tubular antes

La usé como base de una pecera que compré hace como seis o siete años a un conocido. Me acuerdo porque es un conocido de la carrera. Su casa quedaba de camino entre la universidad y mi casa así que cerramos el trato y un día que salí de clases pasé a recogerla y me la llevé cargando en el autobús, como si fuera lo más normal. Muestra de que he alcanzado la tercera edad es que si me pidieran hacer lo mismo hoy en día, no aceptaría. La pecera tiene casi las dimensiones del clásico tanque de 10 galones que todos hemos visto y conocido pero con la peculiadidad de que es más alta, elevando su capacidad total como en 2.5 galones. Parece poca diferencia pero eso le da un tamaño más práctico para usos diversos y mayor capacidad y estabilidad biológica y, a mi gusto, una apariencia mucho más agradable. Mi conocido originalmente la usaba para un par de iguanas, hasta que les quedó muy chica. Fue el único tanque con el que cargué en la mudanza puesto que, muy apretaditos y de manera temporal, ahí podían vivir todos mis peces.

La mesita en cuestión tiene otra peculiaridad: mide 75 cm de ancho y por el diámetro del tubo, es muy estable y resulta ideal para sostener mi tanque de 100 litros, que no es que sea la gran cosa pero fue mi primera pecera “en serio” que mandé hacer allá por 1996. Recuerdo claramente que me costó la friolera de $150 pesos. Actualmente no te consigues por ese precio ni dos de los cinco vidrios que se necesitaron para fabricarla. Otra señal inequívoca de mi senilidad.

Ahora que tengo el espacio estaba pensando en instalar nuevamente esé antiquísimo tanque de 100 litros jugando con la idea de hacer un rack de camarones. Pero había un detalle: yo no me quería deshacer de la pequeña ex pecera de las iguanas. Y aunque el tanque grande cabe perfectamente arriba de la mesa, no cabe nada de nada en el entrepaño de abajo porque la altura entre los dos entrepaños no llega a los 33 cm (que por convención es la altura mínima de tanque que manejamos los profesionales). Eso sin contar que se necesitan como 15 cm adicionales para meter el brazo y manipular objetos dentro del tanque así como para las luces y demás accesorios.

¿Qué hacer? Pues me sorprende que me tomó varias semanas para que se me ocurriera lo obvio: llevar la mesita con un herrero (que he descubierto, en algunos lugares de la República les llaman “balconeros”) para que la modificara. Total, que desmonté mi tanque, que en realidad no estaba usando mucho que digamos, y la llevé. El señor, a pesar de todos mis intentos, se mantuvo firme y me cobró solamente $50 pesos.

Creo que algún día pintaré de blanco los detalles que quedaron pendientes. Y así comienza este experimento.

Mesa tubular despues

Hanako

El otro dá me pidieron que hablara de las cosas que me interesan. En respuesta dije “De acuerdo, en ese caso hablaré de ‘koi’ (que en japonés puede entenderse como “amor”).” La persona, sin embargo, me malentendió y dijo a manera de reproche: “No, no; te lo pregunto en serio. ¡Interesado en el amor! ¡Debes estar bromeando!” Sus palabras me indignaron un poco y le dije “Lo que llamo ‘koi’ no es lo que significa ‘amor’, me refiero a las carpas, una especie de pez de estanque.” “Oh, ya veo; por favor hábleme de eso.” Así es como empecé a hablar de la carpa roja que tenemos en nuestro hogar en Gidu, el lugar donde nací. Cariñosamente llamamos a esta carpa “Hanako”.

Bien, podemos encontrar a la carpa en todos lados, pero esta carpa roja que tenemos, “Hanako”, tiene 215 años de edad. Les sorprenderá saber lo preciosa que es. De acuerdo al Sr. Masayuki Amano, que es un notable entusiasta de las carpas y ha trabajado en la Estación de Pescadería Experimental en la Prefectura Niigata, conocida por su producción de carpas, esta carpa es uno de los peces más longevos que han existido. Dice que ha visto algunas carpas de más de cien años de edad, pero ninguno que pase los 200 años, y que uno que alcance los 215 años es precioso más allá de toda medida, desde el punto de vista científico. Yo, en lo personal, me pregunto sobre la longevidad que nuestra carpa está gozando.

No existía en el mundo un país como los Estados Unidos de América todavía cuando nació esta carpa. Pasaron venticinco años hasta que América publicó la Declaración de Independencia en 1776. Es muy interesante pensar que durante los largos años que esta carpa ha vivido, un país llamado Estados Unidos de América ha surgido y ha construido su presente cultura de alto estándar. Si hablamos en términos japoneses, la carpa nació el primer año del Horeki, es decir, a mitad de la Era Tokugawa. Por favor consideren lo larga que ha sido su vida, sobreviviento el shogunate y más tarde el avance Meiji y Taisho, y aún así continuando con vida hasta este dia de Showa.

Hanako se encuentra todavía en perfectas condiciones y nada majestuosamente en un tranquilo barranco que desciende a corta distancia del Monte Ontake. Pesa 7.5 Kg y mide 70 cm de longitud. Ella y yo somos los mejores amigos. Cuando la llamo diciendo “¡Hanako! ¡Hanako!” a la orilla del estanque, ella viene sin dudarlo a mis pies. Si la acaricio ligeramente en la cabeza ella parece complacida. A veces me atrevo a sacarla del agua y abrazarla. En una ocasión una persona que me vió me preguntó si estaba haciendo algún truco con el pez. A pesar de ser un pez ella parece sentir que es amada, y parece haber alguna comunicación de sentimientos entre nosotros. Actualmente uno de mis más grandes placeres consiste en ir a mi lugar natal dos o tres veces al mes y pasar un rato con Hanako.

Con frecuencia me preguntan cómo puedo saber la edad de un pez. Así como un árbol tiene sus anillos anuales, un pez tiene  tiene sus anillos anuales en sus escamas, y solamente necesitamos contarlos para saber su edad. De hecho, no podemos hacerlo. Se necesita la ayuda de un especialista y el uso de un microscopio. Ahora, ¿qué me ha hecho comprobar la edad de una carpa? Se dice que mi abuela del lado materno, que dejó este mundo a la edad de 93 hace unos ocho años, escuchó de su suegra la siguiente anécdota: “Cuando me casé, mi suegra me dijo, ‘Esa carpa ha pasado a nosotros de tiempos más antiguos, debes cuidarla bien.'” Cuando me dijeron esta historia, me dió mucha curiosidad saber qué edad tenía la carpa. Descubrí la edad de Hanako por el método mencionado anteriormente, pero pueden imaginar lo mucho que me pesó verme forzado a tomar una escama de su precioso cuerpo. La atrapé en una red cuidadosamente, y repetidamente le pedí que me perdonara. Tomé un par de escamas de su cuerpo usando fuertes pinzas. Las escamas fueron examinadas por el Profesor Masayoshi Hiro, D.Sc., del Laborat de Ciencias Domésticas del Colegio de Mujeres de Nagoya. Le tomó dos meses llegar a un resultado satisfactorio. Usando un microscopio, fotografió cada parte de las escamas. Parece que le presentó muchas dificultades. Cuando tuvo la seguridad más allá de cualquier duda de que la carpa tenía 215 años de edad, ambos intercambiamos una mirada de encantada sorpresa.

Entonces hice que el Profesor examinara las otras cinco carpas del mismo estanque, tres blancas y dos negras. El examen tomó un año, y se encontró como resultado que tres tenían respectivamente 168, 153 y 149 años de edad, y que las otras dos tenían 139 años. Esos resultados nos llevaron a la convicción de que no solo se trata de carpas raras, sino que su existencia es muy preciosa desde el punto de vista científico. Debemos considerar, entonces, en qué ambiente y bajo qué condiciones estas longevas carpas se encuentran. El estanque se ubica en lo profundo entre las montañas de la Provincia Mino. La localicad se llama Oppara, pueblo Higashi-Shirakawa, condado Kamo, y se encuentra más o menos a la misma distancia de las aguas termales de Gero en la Línea Takayama como lo está de la ciudad de Nakatsugawa en la línea central, ambas líneas pertenecientes a los Ferrocarriles Nacionales. En las cercanías se encuentran las aguas termales rústicas llamadas Oppara-onsen. De cara al sur hacia el Pacífico en lo alto del Monte Ontake, se puede observar la localidad al pie de la montaña. A través de la localidad corre el Shirakawa, un tributario del Río Hida que a su vez es la parte alta del Río Kiso. Una corriente de agua limpia nunca cesa de fluir durante todo el año. Este es el agua que fluye en el estanque en que vive Hanako y que fue cuidadosamente construido con piedras en el pasado. Aparte de eso, agua pura brota de los pies de los arroyos de las montañas cerca a la laguna, por lo que las condiciones son aún más favorables. El estanque no puede ser llamado grande, siendo tan sólo de unos cinco metros cuadrados.

Mi familia, del apellido Koshihara, ha sido la cabeza del pueblo de generación en generación desde el comienzo del shogunate Tokugawa hasta la abolición de los clanes y el establecimiento de las prefecturas en la era Meiji. Tanto la casa como el estanque se encuentran en sus lugares originales y no han cambiado en nada, lo cual puede ser comprobado por los antiguos documentos que se manejan hasta el día de hoy.

Ahora, quisiera pedir su atención para escuchar un pequeño poema que escribí acerca de la carpa roja Hanako.

Poema de Hanako, la carpa roja

Vive en nuestro estanque Hanako, una carpa
Más de doscientos años y todavía.
Todavía brillantes llamas es Hanako, la carpa roja
Puesta a nadar hace mucho tiempo en Horeki por nuestro padre.
Un día brillante después de la lluvia, un pez killi cruza el camino
De la carpa roja que venía a mí a mi llamada.
Hanako, Querida, tú comes alimentos de mi mano
A continuación, con cariño pruebas mis dedos vacíos.
La carpa de edad, a sabiendas de toda la historia de la familia de los nuestros,
Profundo bajo el agua límpida se ha ido.

Aquí, cambiando del tema de la longevidad de las carpas, me gustaría referirme a la esperanza de vida del humano. No hace falta decir que no me dedico a la medicina, pido que escuchen con una mente abierta.

El período de vida de todos los seres vivientes ha sido asignado por Dios, y la humanidad no puede hacer nada para cambiarlo. Animales grandes como las vacas y caballos pueden vivir 30 a 40 años cuando mucho, mientras que animales pequeños como las carpas tienen una vida de 60 años, y rara vez pueden alcanzar los cien años de edad. Se dice que la vida de todos los seres vivientes es mantenida por un lipoide, ácido nucléico y proteína que están contenidas en cada célula. A esto se le llama con el nombre genérico “escencia de la vida”. Por lo tanto creo que se debería analizar las células de una carpa que puede vivir tanto, para saber cuantos lipoides, ácido nucléico y proteína, los componentes escenciales del cuerpo, contienen y que propiedades tienen estas escencias. Entonces probablemente podamos recomponer las células del cuerpo humano  de manera similar a las células de la carpa. Cuando se complete la investigación, será posible para los humanos vivir hasta 200 años. Esta es la era en que el hombre no solo está tratando de alcanzar una revolución de energía atómica sino aspirando a viajar por el vasto espacio en cohetes. Deseo de todo corazón que el hombre ponga un fin a su descabellado intento de destruir a la humanidad con la explosión atómica y se entregue a la revolucionara hazaña de extender la vida humana, siguiendo el ejemplo del primer emperador de la Dinastía Shin, en lugar de dejarse absorber por el vano intento de alcanzar la Luna.

Pareciera que el reciente método científico consiste en establecer un principio hipotético primero y luego proceder a demostrarlo con hechos. Yo prefiero los métodos de Edison, el rey de la invención que soñó con hacer tal y tal cosa y finalmente lo logró con base en la ciencia. Corresponde a la esfera de la bioquímica, creo, estudiar la extensión de la vida humana con base en la realidad que permite a las carpas vivir tanto tiempo y esperaría que la nueva generación haga frente a esta hazaña de hazañas.

Recientemente le conté a un científico acerca de este sueño mío y él me elogió al decir “Es una maravillosa idea, de hecho, en el mundo sin sueños de hoy.” Me complació mucho escucharlo decir eso, pero yo tenía una duda que le pedí que aclarara. Le pregunté “Si los componentes del cuerpo humano son exitosamente modificados a la manera de los del cuerpo de la carpa ¿no cambiaría la constitución y forma del cuerpo humano a los del cuerpo de la carpa?” Inmediatamente me respondió “No debes preocuparte. Los cromosomas del hombre son muy diferentes a los de la carpa.” Ahora hagamos todo lo posible, con la mente tranquila en el intento de prolongar la vida de la humanidad.

Traduzco pobremente libremente de acá (donde se puede encontrar más información e imágenes), aunque el texto está ampliamente disponible en diversas fuentes. Se trata de la entrevista al Dr. Komei Koshihara, Presidente del Colegio de Mujeres de Nagoya, que se transmitió a la Nacion Japonesa en la estación de radio NHK a las 9:15 p.m. el 25 de Mayo de 1966. Hanako murió el 17 de Julio de 1977, a la edad de 226 años. Existe cierta controversia sobre la veracidad de esta historia.

Medusas

Me gustan mucho las formas de vida marina, aún así es muy reducida mi experiencia con este tipo de organismos. Prácticamente todo se resume a acuarios de colonias acomodadas de la Ciudad de México allá por 1995. Aunque he tenido peceras en casa operando ininterrumpidamente desde entonces, me he dedicado a criar otro tipo de animales. En realidad yo solo iba a ver los ejemplares que tenían tanto a la venta como en exhibición. Esto último puede parecer un detalle sin importancia pero a mi parecer un acuario que no tiene su “mascota”, ejemplares que no están a la venta y con los que generalmente se ha encariñado el dueño, es una mala señal. Si absolutamente todo está a la venta, desconfíen.

Pero bueno, el caso es que lo he visto casi de todo, desde acuarios en los que no se dignan sacar a los peces de la bolsa de plástico en la que vienen de algún lejano rincón del planeta (y donde eventualmente morirán por falta de oxígeno más que de alimento) hasta tanques de miles de litros con grandes corales y una enorme tortuga de carey que durante años fue mi consentida (ejemplar de exhibición del acuario, claro. Excelente señal) y que se alimentaba de pulpo fresco en trozos, hasta instalaciones y equipo más exótico que nunca he vuelto a ver.

Mi experiencia con invertebrados marinos ha sido aún más limitada, muy apenas ubico una que otra especie de camarón y algún coral. Pero siempre había tenido la inquietud de ver aunque fuera a la distancia a las medusas. Hoy por fin lo hice y puedo decir que es algo muy curioso. Las medusas son invertebrados medianamente relacionados con los corales, tienen un ciclo de vida de varias etapas y pasan por fases en las que pueden moverse libremente y otras en las que permanecen anclados a alguna superficie propicia. Cuando están en la etapa móvil se reproducen de manera sexual mientras que en la etapa inmóvil lo hacen de forma asexual: de un “pólipo” surgen por división varios animales que son genéticamente idénticos cuando las condiciones son adecuadas. Esto puede ocasionar las “infestaciones” de medusas de vez en cuando. No sé qué implicaciones tenga esto para los conceptos de clonación y selección natural.

El cuerpo de la medusa es muy delicado, pues está formado en algo así como 95% de agua y solamente una fina membrana que lo mantiene todo junto y funcionando. Algunas viven en simbiosis con algas fotosintéticas que les proporcionan buena parte de su alimento, de manera que no tienen que hacer gran cosa para sobrevivir, únicamente basta con evitar colisiones con cualquier obstáculo o encuentros con posibles depredadores, aunque no sé mucho del tema. Las medusas son animales (aquí se disputa el uso del adjetivo “primitivos”) que están en constante movimiento. No cuentan con sistema nervioso ni órganos que les permitan orientarse ni responder a gran variedad de estímulos, aunque se cree que algunas especies pueden “ver”. En general las medusas nadan invariablemente en contra de la corriente, de modo que son relativamente fáciles de controlar. A pesar de su casi etérea composición, se cree que la mayor parte de la materia orgánica/viviente en la Tierra son medusas, de modo que, al menos en masa, la forma de vida representativa de este planeta es la medusa.

Pero son muy elusivas, es difícil sacarlas del agua y verlas de cerca. Mantenerlas en cautiverio es particularmente complicado pues cualquier contacto, incluso con el cristal de un tanque/pecera puede dañar sus delicados tejidos. Hasta hace poco era considerado imposible pero por ahí a alguien se le ocurrió la idea de mantenerlas “suspendidas” nadando en un interminable remolino y el concepto ha funcionado. Así es como hoy, por primera vez, he visto una medusa “en la vida real”. Viva y bellamente exhibida en cautiverio. Son tan diferentes a lo que estamos acostumbrados a ver cotidianamente que la única manera que se me ocurre para describirlas es “extraterrestre”. Es lo que yo esperaría encontrarme en los mares de algún planeta lejano y aún así son lo más típico de la Tierra. Son tan transparentes como me imagino que sería un fantasma y por alguna extraña razón es difícil dejar de mirarlas.

Así que cuando vean un acuario que tiene medusas en exhibición por largas temporadas pueden tener la seguridad que se trata de un lugar muy especial que no reparó en esfuerzos.

El inquilino

El pez betta es uno de los más comunes. Lo primero que llama la atención son sus aletas, que por su gran tamaño, colores iridiscentes y ondulante movimiento capturan la mirada al instante. Además es uno de los más resistentes, pues tolera condiciones en el agua lejos de lo ideal, no requiere cuidados especiales como instalación de filtros o temperatura específica. Su principal atributo es quizá el órgano denominado “laberinto”, que le permite absorber oxígeno del aire para respirar, logrando así sobrevivir en espacios muy reducidos de agua sin circulación alguna. Este es el órgano que parece salir de sus branquias a manera de amenaza frente a otros machos, comportamiento que el pez manifiesta también al ver su propio reflejo en un espejo. Otro distintivo del pez es que los machos son los que se encargan de la crianza de los alevines, labor que comienzan construyendo un nido flotante a base de burbujas y lo hacen aún cuando no haya hembras cerca. La hembra tiene la fama de devorar a sus hijos, así que debe ser retirada del tanque.

No es raro ver al pez betta en pequeñas burbujas de cristal decorando una mesa o un escritorio, condiciones que en lo personal me parecen malas. Más allá del posible maltrato al animal está el hecho de que este pez es en realidad inquieto y principalmente se luce mucho en espacios más grandes. Hay varias subespecies, algunas se distinguen por tener aletas más cortas y un cuerpo más robusto mientras que otras tienen aletas terminadas en filamentos, lo que les da un aspecto “desgarrado” muy peculiar.

Muchas veces el motivo del hacinamiento es la agresividad del macho hacia sus congéneres, lo que ocasiona peleas que generalmente terminan con la muerte de al menos uno de ellos. Se debe a que es un pez muy territorial y, a pesar de la creencia popular, teniendo cuidado es posible tener varios machos en un solo tanque, siempre y cuando sea suficientemete grande y les proporcione recovecos para ocultarse.

Hace poco más de una semana que necesitaba un pretexto para no retirar un tanque de 40 litros que tenía trabajando aunque sin peces, así que aproveché para poner un ejemplar de esta especie. Prefiero los que son de color azul-morado y cuando me di una vuelta por el acuario de la calle de Zaragoza me llamó la atención uno por su comportamiento muy inquieto y animoso. Creo que el toque de azul de metileno en el agua estaba un poco fuerte, porque lo vi de los colores que me gustan. Así se veía todavía en la bolsa pero al ponerlo en la pecera me decepcionó mucho ver que en realidad había comprado un pez verde y rojo. Casi me arrepentí de haberlo traído a casa pero lo dejé libre en su propia pecera, después de todo lo compré como un pretexto. Pero luego de unos días lo miré con atención y me di cuenta de que su iridiscencia verde es muy llamativa, sus aletas son amplias y tienen esa terminación desgarrada, que normalmente no me gusta mucho pero encuentro muy agradable en este ejemplar porque no se extiende demasiado. Y más que nada me ha sorprendido su comportamiento, no es un pez arisco ni inactivo, al contrario, permanece todo el día muy activo y reacciona ante mi presencia y proximidad. Se siente como si fuera un pez muy inteligente y vivaz. Eso me motivó a mejorar las condiciones del agua, redecorar un poco la pecera y a prestarle más atención siendo que esa la tenía algo olvidada. Está muy bien y definitivamente ya no lo cambiaría, ha sido una sorpresa muy buena y de la noche a la mañana ha reclamado su lugar entre mis mascotas preferidas.

El inquilino


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