Cada que se cierra una cajuela, se abre un quemacocos…

Me cambié de casa y de trabajo y eso trajo otros muchos tantos cambios. Hay un tramo de carretera, bien pavimentada y entre ejidos, que recorro todos los dias. Curvas ligeras, semi-peraltadas, casi ningún bache. No hay semáforos ni cruceros ni nada en unos dos kilómetros que recorro todos los días. Es ideal para pisar el acelerador y probar las virtudes del auto y las habilidades de uno. De noche da una sensación especial, como de un reto en que tienes asegurada la victoria.

Desde que instalé aquellas otras luces mi curiosidad se despertó. ¿Habrá luces mejores? Más brillantes, mejor enfocadas. De mayor alcance. Como ya he mencionado no soy muy fan de modificar los autos pues los fabricantes disponen de presupuestos millonarios para diseñar cada componente y no me cabe duda que aprovechan cada centavo para cumplir con los reglamentos de la manera más eficiente. Pero por otro lado, si uno lo analiza, los reglamentos son muchas veces arbitrarios. Entonces me di cuenta que mi coche tiene una valiosa particularidad en este sentido: está construído de tal forma que añadir luces auxiliares es lo más fácil del mundo. Ya disponía del cableado para otras luces en la defensa, así que era tan fácil como desconectar, conectar y probar cualquier cosa.

21/06/2012
Así pues me di vueltas por las tiendas, refaccionarias y similares y fue un par de faros en particular el que llamó mi atención, unos de 4 pulgadas y cristal con “rayas” que yo prefiero llamar “estrías”. Eran compactos, negros, con el reflector perfectamente alineado a los focos. Los compré. al mismo tiempo que unos faros rectangulares con un par de luces blanco/amarillo. Esto más que nada por la curiosidad de probar las luces con reflector amarillo. No necesitaba modificar nada realmente, el cableado ya estaba instalado y los soportes de la defensa ya están perforados, permitiendo colocar fácilmente cualquier accesorio.

21/06/2012

Probé con los faros arriba, abajo, en amarillo, en blanco. De las luces amarillas solamente comentaré que tienen un efecto interesante, añadiendo visibilidad y limitando los destellos, siendo así difícil deslumbrar a otros automovilistas. Pero esos faros cuadrados se desmoronaron con las vibraciones. Esto tiene que ver con la construcción de los mismos, en particular el hecho de que van “anclados” por medio de un tornillo en una arista, lo que hace que se sacudan con el movimiento natural del auto, haciendo que el plástico se rompa. Aquí cabe señalar que los faros “oficiales” de los coches normalmente están atornillados en lugares estratégicos sobre algún eje del centro de gravedad de los mismos, minimizando lo más posible cualquier movimiento. Mi recomendación es que se evite cualquier faro que no cumpla con este sencillo requisito.

Lucho contra las fuerzas de la oscuridad

Los pequeños faros redondos con estrías arriba de la defensa me resultaron extraordinarios, en verdad excedieron mis expectativas. Proyectaron una luz concentrada a la distancia, alrededor de unos 80 metros, ideal para velocidadas medianamente elevadas. Además por su color y diseño combinaban bastante bien con la estética del auto. En cuanto a lo negativo, las sencillas y débiles ménsulas que usé para montarlos permitían demasiado “juego” y los faros bailaban, se agitaban y “destelleaban” horriblemente, deslumbrando a propios y extraños. De muy mal gusto.

Decidí que estos faros redondos eran muy convenientes para ese tramo de carretera indómita (creo que cumplen las especificaciones de los faros “off road”, comprensiblemente ilegales para su uso en carretera). Conseguí unas mejores ménsulas, de aluminio anodizado en negro, totalmente rígidas e inflexibles para permitir cero vibraciones. Decidí que por mucho que me gustaran no era recomendable reemplazar con ellos el par de MR-16 que había instalado hace más de un año. Había que hacer una segunda instalación eléctrica.

Fui a la “bodyshop” local que me dió más confianza, un local amplio, semivacío, atendido por dos “jóvenes” y que me daba confianza porque todos los días veía varios clientes ahí. Todo iba bien, el servicio era rápido y amigable. Cablearon, pusieron interruptor, trabajaron adecuadamente las ménsulas. Y entonces un empleado dejó caer uno de los faros…

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No hay repuestos en ningún lado, me tomó meses hacer las pruebas para decidirme a instalarlos permanentemente y ya ni en donde los compré tienen algo igual. Pasó una semana en la que me prometieron conseguirlos pero mis propias visitas a proveedores revelaron que simplemente no los iba a conseguir. Así que decidí probar con otro dipo de faros que están de moda, tambiñen de 4 pulgadas con foco H3 pero con cubierta de cristal totalmente transparente y un pequeño disco de metal que evita que se vea el foco directamente que en lo personal me recuerda a los otrora revolucionarios CDMR-111 de Philips. Lo que caracteriza a este tipo de luces es que el haz resulta virtualmente invisible a menos que uno se encuentre dentro de el, es una fuente de luz muy usada en museos y tiendas. Y pues sí, estos nuevos faros difícilmente deslumbran y resultan excelentes como luces de conspicuidad. Pero no alumbran tan lejos, como me gustaba para ese tramito de carretera.

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Me da gusto haberlos probado y no haber tenido que pagar nada en la body shop. Pero no son las luces que quería. Queda la puerta abierta a otras opciones.

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La bobina

Otro viernes más sin planes en particular. En el último crucero antes de llegar a casa me toca luz roja en el semáforo y al detenerme noto que el auto se ha apagado. Es raro pero no tan raro. El estéreo nunca dejó de funcionar y se escucha también la bomba de gasolina, así que intento arrancar de nuevo. Solamente suena la marcha, normal; supongo que no es la batería. Otro intento y nada. Para entonces ya sé que habrá que abrir el motor y hay que empujar el coche unos 12 metros a la banqueta más cercana.

Un señor que estaba esperando el autobús se acerca y me ayuda a empujar, sin necesidad tal vez pero se le agradece. Me dice que lo intente otra vez y como no creo que me vaya a intentar robar una  cafetera que no enciende, le hago caso. Dos intentos y me pregunta si no tengo un cortador de corriente, uno de esos dispositivos supuestamente de seguridad de los que mejor no digo nada, solamente que no cuento con el. “Suena como si no pasara corriente” y pues si, si suena así. Y ya sé desde hace rato cuál es el problema porque las últimas dos veces que ha pasado exactamente lo mismo he decidido comprar la refacción genérica intercambiable a mitad de precio y era solo cuestión de tiempo que ocurriera otra vez. Aunque esta última simibobina si duró sus buenos dos años.

Curiosamente, el coche se detuvo en la esquina donde hay una sucursal de una conocida cadena de refaccionarias local. No podía ser más conveniente. Pregunto por la bobina y cuando me dicen el precio parece que he entrado en una dimensión alterna ¡es baratísima! En retrospectiva el precio que ofrecen ahí me pone en ridículo por haber optado por lo más barato y no tengo idea a que se deba esta diferencia de costos.

bobina

Clic, desconecto los cables del órgano muerto y los conecto al de reciente cosecha. Es como en los transplantes de riñón, que al paciente se le dejan los riñones originales para un total de tres. Más adelante ya quitaré la bobina obsoleta, cuando disponga de un destornillador de estrella. Cierro la tapa del motor y sigo mi camino.

Un par de MR-16 se suben a un auto compacto…

Desde que adquirí mi auto hubo un aspecto con el que no me sentía cómodo: las luces, me parecieron siempre insuficientes y un poquito anémicas. Yo no soy muy fan de modificar los automóviles, sobre todo en cuanto a modificaciones que no sean reversibles, así que me quedaban pocas opciones: cambiar los focos o instalar luces adicionales. La primera es sin duda la más sencilla pero luego de informarme y de experimentar un poco con algunos productos, me di cuenta de que esto no haría una gran diferencia, a menos de que eligiera el tortuoso camino de las luces HID. Ahora bien, siempre he tenido gran interés en todo lo que tiene que ver con iluminación y más o menos sé los pros y contras de ese tipo de luces. Sí, proporcionan la luz más brillante pero al usarse en faros que no han sido adecuadamente diseñados, termina uno deslumbrando horriblemente a peatones y automovilistas. El cada vez más bajo costo y la amplia disponibilidad de las luces HID las ha vuelto muy accesibles pero no me pareció el camino más provechoso.

MR-16

Así que opté por la segunda opción, la de instalar faros adicionales. Aunque requería ciertas modificaciones, estas eran pequeñas y reversibles (o mínimo se podían maquillar con facilidad) así que estuve un tiempo analizando las diferentes opciones y me topé con que este tipo de luces no son nada caras y están disponibles en una enorme gama de tamaños, formas y colores, tan grande como se pueda uno imaginar. Vi varios autos del mismo tipo que el mío a los que ya se les habían realizado modificaciones similares y me di cuenta que lo que me parecía más atractivo era algo pequeño y discreto, no solo por lo estético sino porque unos faros grandes generalmente quedan muy expuestos y acaban desacomodados, golpeados o rotos. Me imagino que también tendrá algo que ver que quedan muy a la mano de los malosos.

MR-16

Así que cuando el año pasado por un “golpe” de suerte tocó mandar mi auto a una hojalateada con los gastos pagados, aproveché para hacerle un pedido especial al hojalatero: dos agujeros redondos de poco más de dos pulgadas en la defensa delantera, por favor. Decidí que ahí se instalarían un par de MR-16.

Para empezar ¿qué es un MR-16? Se trata de un reflector que se diseñó originalmente para ser usado en proyectores de acetatos, consiste en una pequeña bombilla halógena con un reflector de cristal incorporado. Este reflector puede venir sellado con una tapa transparente, ofreciendo una segunda capa de seguridad a la bombilla, o abierta. El 16 se refiere a la circunferencia del reflector en octavos de pulgada, es decir que este producto mide dos pulgadas. Normalmente se les llama “dicróicos” aunque no estoy muy seguro de que tanto usen ese efecto en la vida real estos pequeños reflectores. Con el paso del tiempo y gracias a su reducido tamaño, bajo costo y larga vida, los MR-16 han sido usados en cada vez más aplicaciones y ahora se les encuentra en todos lados, desde aparadores en tiendas hasta iluminación doméstica.

Entre ventajas del MR-16 se encuentra el hecho de que opera a 12 voltios (el mismo voltaje que usa el automóvil) y prácticamente todo fabricante de productos de iluminación lo produce y se consigue en casi cualquier lugar desde $8 (de marca conocida, hay genéricos con los que no me animé), y que al estar hecho completamente de cristal no es propenso a opacarse o volverse amarillento como sucede con los faros de plástico y policarbonato. Otra ventaja es que actualmente existe la posibilidad de reemplazarlo con luces LED, fluorescentes e incluso existen MR-16 HID (difíciles de conseguir, por cierto). También se ofrecen estos focos con varias graduaciones respecto a su haz de luz, de haces amplios a haces estrechos con los que en teoría se iluminaría mejor a mayor distanciaa.

En cuanto a las desventajas pues el panorama no es siempre tan brillante, hay que considerar que estos focos se caracterizan por las altísimas temperaturas de operación, llegando a los cientos de grados centígrados por lo que deben instalarse lejos de superficies plásticas y con los sockets cerámicos y cableado incomustible adecuados, además de contar siempre con buena ventilación. No por nada un MR-16 era la magia detrás del horno de juguete “Easy Bake”, también conocido como “Microhornito”. Otra desventaja es que realmente no han sido diseñados para ser usados en vehículos y muy seguramente el estar expuestos a vibraciones y movimientos acorta su vida útil, además de que el cristal caliente se estrella si entra en contacto con el agua, por lo que sería lo más aconsejable no usarlos en condiciones de lluvia. Finalmente está el problema del haz de luz en sí, que invariablemente es mucho más amplio que el de los faros que trae el auto por defecto, haciéndo al MR-16 útil únicamente a cortas distancias. Otra cuestión a considerar es el consumo, que es de 50 watts por unidad; lo mismo que los faros estándar del auto.

A casi un año de haber instalado estas luces puedo decir que no ha sido un error y si hacen una diferencia al conducir de noche, sobre todo amplían el área iluminada a los costados del vehículo, permitiendo identificar peatones, perros y obstáculos con mayor facilidad. Como el MR-16 no es un faro que este apuntando “hacia abajo” (los faros de un auto apuntan aproximadamente a 1-1.20 metros de altura y de ahí hacia abajo) también ayudan a iluminar los señalamientos viales reflejantes y los autos cercanos; el lado negativo de esto es que, aunque no ilumien “tanto” sí deslumbran fácilmente a los peatones. Por la posición tan baja en que yo los instalé este no parece ser un problema serio con los automovilistas. Una cosa que no me esperaba es que al estar el material reflejante en la parte exterior del reflector de cristal (bueno, eso depende de la marca), es fácil que se raye/descarapele por efecto de tallones que pueda tener y por el agua. Hay que tenerlos bien fijos y lejos de filtraciones. Afortunadamente por su costo tan reducido no es un inconveniente cambiar los focos una o varias veces al año.

Para terminar pues sí me siento más cómodo y seguro utilizando estas luces, sobre todo cuando hay que pasar por caminos en que el alumbrado público es pobre o inexistente. Me supongo que también hay que considerar el aspecto estético y puedo comentar que no me resulta desagradable pues, dado que están instalados en la defensa delantera, no rompen feamente la línea del auto y son discretos de día. Por la noche se pueden encender en combinación con los cuartos del auto, haciendo las veces de faros de niebla y, dado que proporcionan una luz brillante y cálida, en combinación con el reflector con facetas (es decir con multiples caras planas en lugar de un reflector parabólico) y que tiene ciertos reflejos de color verde/azul/rosado en ciertos ángulos, el efecto es llamativo y singular, sin llegar a ser “estridente” como las luces de neón o las series de pequeños LEDs que tan de moda están.

MR-16 instalado en la defensa

Por lo tanto puedo decir que recomiendo moderadamente esta modificación pues los beneficios son notorios y el costo total es bajísimo. Solamente hay que tener cuidado con la instalación, hay que usar buen cable y un relevador de calidad y buena capacidad. Yo mandé hacer la instalación en un local que se dedica a estéreos y luces y no quedé satisfecho con ella pues el relevador que me pusieron no se daba abasto y el cableado que usaron terminó calcinándose. Tuve que volver a hacerlo todo yo mismo utilizando cableado para exteriores de uso rudo y un relevador más adecuado. Como de relevadores no sé mucho me convino contar con la ayuda de un amigo que medio le hace al “tunning”. Otra recomendación es no esperar que este tipo de luces les cambie la vida, realmente se trata de un cambio pequeño, aunque notorio. Como yo estoy muy familiarizado con estos productos de iluminación no tenía expectativas exageradas y quedé satisfecho.

También acuérdense que existe un foco muy similar pero de menor diámetro, el MR-11 que como su nombre lo indica tiene una circunferencia de once octavos de pulgada, es decir aprox. 3.5 cm y que ofrece la misma luminosidad y consumo en un paquete más discreto, aunque por el tamaño del reflector puede que el resultado sea distinto. Quizá me hubiera convenido empezar por ahí y, de no quedar satisfecho, ampliar el espacio para instalar el MR-16. En el futuro me gustaría usar una fuente de luz más eficiente pero no he encontrado un repuesto LED de este tipo del que me convenza su luminosidad.

Mi licencia de manejo

No deja de sorprenderme lo mucho que varían los costos y trámites para obtener y renovar documentos oficiales entre los distintos estados de la república. Hace unos años encontré que era más económico renovar las placas que hacer cambio de propietario a otro estado y hace no mucho descubrí que en una ciudad aledaña era muchísimo más barata la renovación de la licencia de manejo respecto al costo que tiene en San Luis Potosí. ¿Qué tan barato? Pues como al 50% o menos. Y no solo eso sino que por ese precio, la vigencia de la misma era mayor a la que podía obtener en tierras potosinas, de modo que el “retorno sobre la inversión” se multiplicaba fantásticamente, así que aunque fuera un lugar al que no voy muy seguido tenía sentido invertir lo del viaje de ida y vuelta.

Pero como es una ciudad que visito con frecuencia, tenía mucho más sentido, lo único complicado era ir encontrando una fecha en que trabajaran las oficinas de gobierno allá y que yo pudiera escaparme de mis compromisos locales. Si tomó un rato pero, cuando hace unos días tuve la oportunidad, no la dejé pasar.

Sinceramente yo esperaba que el trámite fuera largo, tedioso y complicado, como suele ser en San Luis (caso de estudio: el de la renovación de placas). Aún recuerdo como si fuera ayer el día en que tramité por primera vez mi licencia de manejo: había que llegar de madrugada a la oficina de finanzas, cruzar los dedos para que se nos conceda el milagrito de que alcancemos ficha, esperar horas en la fila. Una vez con el comprobante de pago en mano, ir al otro lado de la ciudad a las oficinas de tránsito donde nos darían el visto bueno como aptos automovilistas, previa fila y espera de por medio. Y, si andábamos en una racha de suerte que nos permitiera alcanzar a volver a finanzas antes de las 2:30 pm, hacer la travesía hasta allá, donde finalmente nos darían la tarjetita de plástico.

Esta vez yo iba preparado para acampar en las oficinas respectivas de esa vecina ciudad, con material de lectura, música fresca en el reproductor y hasta la torta bajo el brazo, listo para pasar todo el día haciendo el trámite. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con algo muy distinto: una oficina muy bien organizada que funciona como un mecanismo de relojería, que contiene todas las ventanillas necesarias no solo en un mismo código postal sino en un único edificio. Pague acá, pase allá, entregue documentos en este otro lado, venga para la foto… todo a no más de 20 pasos. Y en menos de 45 minutos, ya estaba fuera del lugar.

No solo ahorré dinero, sino como el 70% de mi tiempo. Y lo mejor: no nos volvemos a ver hasta el 2019.

Curiosa alineación de los astros

Con este post empiezo a hablar de un tema que me interesa: la estafa y la mentira.

A veces puedo ser muy despistado. Ayer iba muy alegre y contento tarareando en el carro al ritmo de los grandes éxitos de mi artista favorito, me dirigía a un famoso centro comercial de la ciudad. Un entronque aquí, un semáforo allá, vuelta a la derecha ok no viene nada sigo y ya estoy dentro del estacionamiento shalalá. Y al bajarme del auto me di cuenta, horrorizado, del inexplicable error: de alguna manera había entrado sin detenerme a tomar el ticket del estacionamiento, cosa particularmente curiosa considerando que las entradas están “cerradas” siempre con las plumas automáticas que se activan al presionar el botón para tomar el boletito.

Venía tan distraído que no recuerdo con claridad, medio me viene a la memoria que entré inmediatamente después de un carro gris. Pero las plumas se cierran con rapidez, habría sido mucha casualidad que alcanzaran a pasar dos carros. No tengo idea de lo que sucedió, quizá la máquina estaba fuera de servicio o la pluma estaba, en efecto, cerrada y de alguna manera yo la esquivé en automático. Muy improbable esta teoría pero hey, hay gente que hace cosas más complicadas en estado de sonambulismo.

En sí esta vez las cosas no se salían tanto de la norma: soy tan distraído que he extraviado el boleto del estacionamiento en casi todas las plazas comerciales de la ciudad (me falta HEB) y he tenido que pagar el costo por boleto perdido, que suele ser escandalosamente elevado. Decidí proceder con mi visita como si nada, aprovecharía el tiempo para pensar en alguna estrategia que me ayudara a minimizar el gasto. Termino lo que fui a hacer y no tengo nada, lo más brillante que se me ocurrió fue comprar algo en la gran tienda ancla del lugar y  pedir la reposición del papelito, en una ocasión anterior ya tuve que recurrir a eso y la penalidad es muy baja. La otra alternativa es decir la verdad. Dudo mucho que alguien me crea pero si se da el caso se puede torcer la conversación al “¿me estás llamando mentiroso?” y exigir revisar las cintas de seguridad del circuito cerrado. Sirve que de una vez se aclararía el misterio de cómo carambas entré en primer lugar. Dos pájaros de un tiro. El ir e intentar sacar un boleto a la máquina queda descartado porque tiene sensores y no da ticket si no hay un auto, aunque este estacionamiento tiene suficientes entradas como para que valga a pena probar suerte a ver si de casualidad en alguna se concede el milagrito. También está la alternativa “social” que consiste en quedarse parado al lado de la máquina y, cuando llegue  un auto, explicarle al conductor mi desgracia y pedirle que me deje tomar su boleto. Él tendría que meter reversa y volver a tomar otro pero así nadie pierde nada. Esta alternativa toma tiempo, depende de la buena voluntad de un buen samaritano y puede requerir aguantar más de un rechazo. Esperar furtivamente por ahí, arrebatarle el boleto a un incauto y salir corriendo sería el último recurso pero uno ya no está para esos trotes.

¿Qué hacer? Bueno, empiezo por ir poniendo mi mejor cara de inocente para probar suerte contando la verdad, en cada caseta si es necesario. La verdad, por increíble que parezca. Antes de llegar al auto veo que en una de las casetas una pick up mete reversa. “Otro que se quedó sin boleto” pienso, y me pregunto si también habrá entrado de manera misteriosa o si nadamás será un despistado que perdió el ticket. Me subo al carro y me dirigo a la caseta del fondo, una de las menos transitadas. Esto con el propósito de disponer de más tiempo, en caso de que caigamos en una larga discusión, y de no obligar a retroceder a una larga fila de coches esperando salir.

“Buenas tardes” digo, y cuento brevemente lo que pasó. Me preguntan por donde entré y respondo; me siento como un idiota porque de hecho voy seguido ahí ¿cómo es que no me di cuenta?. “¿Ya avisaste?” me preguntan y contesto que no tengo ni idea de a quien avisar. La empleada saca un walkie talkie y avisa de la situación, así confirmo que las casetas están comunicadas, el plan de buscar el eslabón más débil se acaba de ir al traste.  “Sí, aquí estuvo” suena en el radio “perdió el boleto”.  Pero no es así, debe estar hablando de la pick up que vi hace un momento. Se lo explico a la empleada, que lo repite por el radio. Me voy preparando psicológicamente para una larga espera, negociando con la voz del radio a turnos. Pero entonces la empleada se enfrasca en una discusión por el radio hasta que nadie le contesta. Me cuenta que hay rencillas entre los empleados y que se dice que algunos hacen sus transas y bla bla bla y que ella no se presta a esas cosas. Me pide el importe del estacionamiento, sin penalización alguna ni documentación de ningún tipo (normalmente te hacen firmar papeles y dar tus datos). Estoy fuera.

Puede que sea una anécdota sin relevancia pero sigo sorprendido por la serie de pequeñas casualidades que se conjugaron para que sucediera. ¿Cuál era la probabilidad de ver a la camioneta que había perdido el boleto en el momento justo? ¿Cómo fue que entré? Como habitantes de este mundo que nos obliga a estar a la defensiva se va volviendo normal el tener un concepto paranoico de que en todos lados nos van a tratar de exprimir, que será más efectiva una elaborada estrategia para salir bien librados de una dificultad. Pero, a veces, basta con decir la verdad y estar en el momento correcto.

¿Será algo de los astros?