Dead Island

Después de mucho tiempo de no usar un control de una consola de videojuegos, el viernes pasado me dio curiosidad ver de qué se trataba el “Dead Island”. Comencé en lo que parece ser un faro, la “misión” se trata de activar los generadores para que el faro vuelva a brillar y así vengan a rescatar a los sobrevivientes de la isla de Hanoi luego de que hubo un zombie outbreak.

O así me lo platicaron, estoy seguro que la isla no se llamaba así pero el recuerdo que se me quedó no fue el del nombre exacto, sino el de no poder evitar pensar en las torres de Hanoi. Bueno, si la historia es así creo que no me cuadra porque ¿no sería más lógico que al ver que el faro ya no funciona, alguien viniera a ver qué ha pasado?

Salí caminando hacia donde me dijeron que había que ir, un camino largo por una sinuosa carretera en el que te ataca el ocasional zombie ágil y rabioso. Combinado con el soundtrack de guitarrazo melancólico lo sentí como una referencia muy directaa “28 days later”.

La caminata no fue fácil, se me complicó mucho el control. Tengo poca coordinación para manejar el personaje (que por cierto era una mujer) usando los dos joysticks al mismo tiempo. Creo que ya no les llaman así. Además para correr hay que presionar la palanca hacia abajo y como tengo poca práctica, terminó la pobre muchacha dando tumbos toda desorientada. Como no podía ser de otra manera, me perdí en varias ocasiones. Tal vez debí probar otra configuración del control.

Lo sé, el juego tiene un mapa muy útil y bien señalizado pero me costó trabajo poder orientarme con su ayuda. Me atacaron más y más zombies en traje de baño y mejor regresé al faro. Fueron largos minutos en los que no tuve ningún progreso, pero al llegar descubrí que se pueden manejar los autos así que abordé una camioneta y comenzó la matanza despiadada. Hasta que al llegar junto a un autobús salieron muchos zombies y perdí el control del vehículo. Quedó atorado y no logré desatascarlo así que anduve explorando un poco a pie. Me perdí más veces, creo que incluso me morí. Recibí quejas de que no usara a lo loco mi bate para aporrear turistas transformados porque las armas se desgastan y me puse a recordar que en Diablo II evitaba a toda costa el usar items etéreos por ese motivo.

Cuando me orienté pude ya fijarme en más detalles y noté dos cosas: que podía sacar la camioneta del atasco y que los gráficos no son muy buenos. Esto último quizá porque la pantalla en que lo jugué es demasiado grande, aunque no me dejaron esa impresión otros de los pocos juegos que he visto en ese mismo lugar. Total, que agarré la camioneta otra vez, ya con los vidrios destrozados, y seguí adelante atropellando zombies en dirección a los búngalos donde están los transformadores. Que claro, como es juego están en el rincón más retirado y bajo tierra. Se accede a ellos bajando unas escaleras que harían el lugar muy propenso a inundaciones y no creo que ningún electricista de la vida real lo aprobara. Tampoco comprendí como se iba a mandar energía al faro, que necesariamente recibiría alta tensión, activando unos transformadores en una zona digamos “residencial”, donde por necesidad deberían ser de baja tensión.

Pero me estoy saltando un detalle pues en el camino me estrellé con una barandílla y perdí el auto. Sentí que ya no me respondía y cuando me bajé vi que estaba flotando como a dos metros y medio en el aire, sin hacer contacto con absolutamente nada alrededor. En los búngalos conocí a un grupo de chicas con las que no me quedó muy claro como interactuar. Una estaba en estado de shock, creo, pues lo único que le importaba era recuperar un osito de felpa. Otra era más sensata y pedía agua para beber. Una tercera no supe si estaba muerta, drogada o qué pues yacía en la cama y no se movía ni nada.

Se me hizo curioso que el juego te indica en una esquina de la pantalla, a manera del sensor de proximidad que por primera vez vi yo en “Goldeneye” del N64, donde están las cosas importantes. Es fácil saberlo porque cerca hay siempre unas calaveritas que indican unos enemigos más mortíferos, aunque eso de los niveles zombie no me quedó claro.

Regresé al faro y me dieron acceso a un almacén, donde me imagino que habría algo de importancia. Fue más de una hora y media en la que sentí que no avancé en ningún sentido. Me gustó el logo con el tipo ahorcado colgando del árbol, aunque aparece en el empaque ligeramente cambiado.

Entre mis muchos intereses y proyectos fallidos de la infancia…

…está el de armar una vitrina para exhibir minerales (y de ser posible insectos disecados) que presenten el fenómeno de la fluorescencia. Cuando conocí a un entomólogo, le hice preguntas al respecto y me comentó que, según lo que sabía, la fluorescencia de los insectos es algo que se degrada con el tiempo pues se debe a la prescencia de ciertos químicos en algunas capas de la piel de los mismos, que se va desvaneciendo especialmente cuando han muerto. Y esto es en teoría porque al parecer mi pregunta es rara y no es algo que haya comprobado de primera mano, así que todavía me queda la duda.

Hoy conocí a una persona que se dedica a vender fósiles y piedras semipreciosas (cuarzos,turquesas, amatistas, uds. entienden la idea…). Viendo sus mostradores me fijé que había unos cristales prismáticos de buen tamaño y de un color curioso que nunca había visto en mi vida, le pregunté qué era y me respondió que se trataba de fluorita. Aquí puede que ese nombre no les diga nada o que les suene a algo lejano, como el mineral sintético que a veces utiliza Canon en ciertas aplicaciones ópticas de alta precisión. Pero para mí el nombre sonó inmediatamente una alarma mental: está dentro de una lista cuidadosamente memorizada, breve y muy específica, de aquellos engendros inanimados de la Tierra que presentan el fenómeno de la luminiscencia al exponerlos a luz UV. Andersonita, Willemita, Fluorita… Lógicamente, el primer comentario que le hice fue “ah sí, una de esas piedras que brillan con luz negra” Y me quedé anonadado cuando me respondió que definitivamente no, y se tomó el tiempo extra en explicarme que son poquísimas las piedras que presentan este fenómento en la naturaleza. Ahora bien, muchos de estos minerales tienen nombres raros que la mayoría de las personas jamás habrán escuchado y mucho menos pronunciado en voz alta. Pero la fluorita… ¡es la que dio su nombre a la palabra “fluorescencia”! Creo que, aunque se desconociera totalmente la cuestión, no se puede responder honestamente a ese comentario sin quedarse con la duda que plantea la semejanza entre las dos palabras.

El próximo fin de semana llevaré una de mis linternas UV portátiles y pediré cotización de cada una de esas gemas antes de exponerlas a la luz ultravioleta y seleccionar la que más brille. Después de pagar, le obsequiaré a esta persona una luz negra para que al menos exhiba las piedras con un poco de la dignidad que se merecen.

Conocí a un entomólogo…

… y pasó esto.

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Debo mencionar que la entomología es una de varias profesiones a las que alguna vez consideré dedicar mi vida. Sé que es algo que resulta incomprensible a mucha gente ¿dedicarte a los insectos? ¿eso a donde te puede llevar?. Y aunque sí, las oportunidades de empleo no son tan abundantes (como sucede con los bibliotecólogos), es un área que puede llegar a tener una gran importancia ecónomica y social, solo hace falta pensar en el dengue y el paludismo, así como en la otrora importantísima industria de la seda. Pero para variar, estoy yéndome por la tangente.

La mariposa es una Luna Moth, mariposa nocturna. Sólo el macho, como este ejemplar, tiene antenas ciliadas (es decir, con “ramitas” a manera de peine). Mientras es oruga se dedica a comer y crecer, tras la metamorfosis que la convierte en un ser alado, pierde la boca. Ya no puede comer, tiene el tiempo contado y se dedica exclusivamente a reproducirse.

Una Pareja de Mantis, macho y hembra mostrando las diferencias entre los sexos.

Y en grande, la estrella de la colección: el amblypígido paraphrynus raptator macho. Es una de las criaturas de la naturaleza que más presenta características que hacen difícil su clasificación a primera vista. Tiene ocho patas, como un arácnido, grandes tenazas como un alacrán y dos de las patas han crecido y se han especializado a manera de órganos sensisbles al tacto, como antenas. Yo sé que por alguna extraña razón a muchas personas le inspira pesadillas pero me gustaria señalar que son totalmente inofensivos. Y fascinantes.

Will a simple handwritten note look like hieroglyphics to the next generation?

Hay un detalle muy ñoño de mi pasado que nunca he contado pero quizá los que me conocen de cerca sospechen. Mis primeros años de escuela los cursé en un instituto de costumbres muy tradicionales y rígidas. Un colegio en que los compañeros de primero de primaria no nos hablábamos por nuestros nombres sino por nuestros apellidos (costumbre que jamás he comprendido), en el que los lunes eran de corbata y saco con botones dorados, aunque en el sentido formal de la palabra, no se había implementado el uso obligatorio de uniforme. Ahí, aprendí a escribir a mano primero en “cursiva” o “manuscrita”, esa caligrafía a todas luces obsoleta en la que la pluma no se separa de papel entre el trazo de una letra y la que le sigue.

Así tomé mis apuntes y escribí todos mis textos los primeros años de mi vida, me resultaba de lo más natural. Y tenía habilidad pues en aquel entonces escribía rapidísimo y sin la menor dificultad. Recuerdo el uso de varios libros/cuadernos de trabajo especializados en la enseñanda de este tipo de escritura. El más efectivo, quizá, era uno que intercalaba hojas con ejercicios impresos con hojas de papel albanene (papel traslúcido, para los que no esten familiarizados) de modo que uno tenía que “calcar” los trazos para irlos aprendiendo. Voy a hacer una pausa solo para darle el espacio que merecen a las palabras “albanene” y “calcar” que son términos que no he dicho en voz alta en años y que me imagino que le resultarán extraños a las nuevas generaciones. Y sé que muchos de ustedes nisiquiera lo sospechan, pero el papel albanene reacciona al fuego de una manera por demás curiosa y atípica en el mundo de los papeles.

Con el pasar de los años vino el inevitable cambio de escuela y de residencia y me golpeó la realidad de que en el mundo y la vida real la gente no escribe así, las personas normales usan la “letra de molde” o “script” (aún no sé de donde vino ese nombre), que es a grandes rasgos una imitación de la letra impresa: caracteres separados y delineados individualmente. Recuerdo con claridad a los compañeros en las clases del catecismo señalando mis apuntes y comentando lo bizarros que eran mis garabatos. Sé que la instructora tenía dificultad descifrándolos pero le agradezco que tuvo el detalle de nunca comentar nada al respecto.

Cuando uno escribe en cursiva, necesariamente aprende trucos y mañas para facilitarse la vida, debido a las peculiaridades de esta caligrafia. Una de ellas es que, al formarse las varias letras de cada palabra con un solo trazo, no hay mucho tiempo ni espacio para dar marcha atrás en el renglón y completar un caracter, como por ejemplo hace uno para escribir el punto sobre la “i” o el tilde sobre la “ñ”. Asi surgen multitud de variaciones personales para letras tan sencillas como la “t”. Pero estoy entrando en demasiado detalle, baste con decir que durante años mi “t” de un solo trazo (que acababa teniendo forma de estrella) resultó tanto uno de los trazos más característicos de mi escritura como uno de los más controversiales. Cuando finalmente por el cambio de contexto y residencia y escuela y todo lo demás tuve que dejar atrás la letra cursiva, la “t” unitrazo me acompañó y me costó varios años deshacerme de ella.

Poco a poco fui perdiendo la habilidad y la velocidad con la letra cursiva, al punto de que hoy escribo mucho más lento en ella que en letra de molde. Y francamente siento que aún así escribía mucho más rápido y cómodamente en mis mejores años de cursiva. Es que lo que no se practica se va atrofiando y perdiendo con el pasar de los años, es lo que pasó con mi francés.

Hace varias décadas que no veo a nadie de mi edad escribiendo en cursiva ni mucho menos con la curiosidad o interés por saber siquiera de que se trata. Tiene más tiempo aún que no veo por ninguna parte los materiales didácticos (cuadernos, posters, cursos) que se usaban en mis tiempos. Únicamente es en el cine y la TV donde ocasionalmente se dejan ver ejemplos de este tipo de caligrafía, como cuando X personaje recibe una nota de agradecimiento de parte de un político de un lejano país o Y idiota abre el diario olvidado de la antigua dueña de la mansión embrujada. Por lo demás, la cursiva está totalmente fuera del mapa.

Por eso aún despierta una sonrisa en mi cuando algún familiar, concretamente mi madre o una tia, me ven jugando o probando alguna pluma fina “nueva” (entre comillas porque a veces son plumas cuya edad supera la mía) y realizan ellas algún trazo de prueba. Entonces sale con facilidad la cursiva como si fuera lo más natural.

No se trata solo de la cursiva, la escritura a mano en general ha pasado a ser algo muy personal, generalmente dirigido a uno mismo como nota breve o recordatorio. Si acaso creo (o tal vez quiero creer) que los estudiantes aún escriben diariamente en papel y que, con suerte, obtienen algo de provecho de estos esfuerzos. Por lo demás, la práctica ha muerto. Y con ella otras habilidades relacionadas como la taquigrafía. Llevo años queriendo aprender taquigrafía pero me he topado con un curioso problema: no consigo los libros necesarios, siendo que todavía cuando yo estaba en secundaria era materia obligatoria para las señoritas. A los hombres nos imponían dibujo técnico, cosa que nunca he necesitado y para la que tengo una (aburrida) habilidad natural, supongo que al menos en parte debida a mi interés por todo lo que tiene que ver con plumas y artículos de papelería. En cambio soy un fracaso en dibujo artístico y creo que me hubiera sido de mucho más provecho aprender taquigrafía que obtener excelentes notas en dibujo técnico entregando láminas para las que no me esforcé.

Pienso en la taquigrafía y no puedo evitar imaginarme a Victor Frankl redactando de memoria sus textos perdidos y esbozando su obra cumbre taquigráficamente en pedazos sueltos de papel que encontraba en el campo de concentración. No puedo evitar recordar que lo hizo por amor, en memoria de su amada. Tengo gran dificultad para imaginar que hoy los amantes de este siglo se escriban entre sí algo a mano, seguramente bastará con algún mensaje en medio electrónico.

Por cuestiones tecnológicas y socioeconómicas hemos ido perdiendo la costumbre de escribir a mano, como a muchos me ha pasado que mi letra es cada vez más horrible. Bueno, ese era el caso hasta que retomé un proyecto personal que me ayuda a mejorar en ese aspecto. Mucho se ha dicho y supuestamente comprobado respecto a los efectos positivos de escribir a mano, desde que ayuda a fortalecer el aprendizaje, la disciplina y la memoria, hasta que es capaz de reformar criminales (cosa que se decía del método Palmer). Recuerdo que hubo un tiempo en la secundaria en el que no disponía de máquina de escribir y las computadoras no estaban aún muy disponibles para el uso de alguien de mi edad por lo que me vi obligado a entregar varios trabajos escolares escritos a mano. En aquel entonces algunos profesores me descontaron puntos. Hoy en día creo que, en las mismas circunstancias, me pondrían puntos de más con la idea de que al menos no es otro copy-paste de algún texto de internet.

Ahora, cuando en medio de la sala de juntas del trabajo saco de mi bolsillo una pluma estilográfica para tomar notas (el instrumento más cómodo y preciso para largas sesiones de escritura a mano) la gente me dirige una mirada llena de extrañeza. Estoy consciente de que ninguna de las personas a mi alrededor ha visto y mucho menos usado algo “tan extravagante” y que no tienen ni idea de cómo funciona. Pero sobre todo, me pesa saber que no alcanzan a comprender por qué alguien se tomaría la molestia de usar algo tan complejo para una tarea tan irrelevante y efímera como tomar las notas de la junta de todos los días. Y la verdad que no es fácil explicarle a los demás por qué vale la pena para uno llevar un delicado instrumento con su respectivo tintero a mitad de la jungla en ese mes de servicio social obligatorio para redactar la bitácora del día, no sé si alguien de mi edad alcance a ver que hacerlo es una manera de sentirse en casa.

No se trata ya de preguntarme si esta colección de plumas procedentes de los más dispares confines del mundo (Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, Japón) tendrá utilidad o significado para alguien después de mi muerte, me preocupa más que las próximas generaciones sean incapaces de leer mis notas por el simple hecho de que jamás han visto o usado la escritura a mano.

¿Se volverán jeroglíficos indescifrables algún dia?

The perfect tool

“My friend Aaron Mahnke stated the other day that I “bled words.” I replied to him that I bled ink. But ink is not words. And words take work. But it’s work that I love — somedays more than others. That’s why I need the right tools for the task and I always have an eye out for something that might make the job a little easier.”

– Randy Murray, visto acá.

The missing pieces

Creo que en los tiempos que corren lo primero que muchos hacemos cuando nos intresa algún nuevo producto y, especialmente antes de adquirir algo si es que estamos considerando seriamente comprarlo, es investigar un poco y leer opiniones y reseñas e otros usuarios en internet. En mi caso me interesan muchas cosas, desde libros y artículos de papelería hasta electrónica y gadgets. Además, por una serie de casualidades, no es raro que terminen cayendo en mis manos cosas antiguas y raras de las que no sé mucho.

Así es que he leído muchas reseñas y opiniones de distintos tipos de artículos y naturalmente me gustaría escribir algo similar de vez en cuando. Ojalá fuera tan fácil como encontrar un formato adecuado para todos los tipos de artículos de los que me gustaría hablar (de entrada: plumas, herramientas, linternas/iluminación) pero resulta que no es tan fácil pues, además de tener yo un montón de peculiaridades como persona, mi situación como “reviewer” (lo siento no encontré la palabra en español ¿¨reseñador”?) no es muy similar a la de las opiniones que estoy acostumbrado a leer y amar.

Por ejemplo, yo no recibo productos *gratis* por parte de ningún fabricante para publicar reseñas, como es el caso de Anandtech, Gizmodo, Engadget o Tom’s Hardware. Los objetos de interés son míos casi siempre. Esto tiene ventajas como que me permite usarlos por un tiempo (incluso varios años) antes de llegar a un veredicto. También me permite usarlos en condiciones muy variadas y hasta inesperadas. En algunas ocasiones hasta me ha tocado ver el producto llegar al final de su vida útil, cuestión que la enorme mayoría de las reseñas no cubre.

Pero también tiene sus desventajas, por ejemplo, al ser míos los artículos, comprados con mi dinero para un propósito, teniendo un lugar dentro de mis actividades y necesidades, hay aspectos que no puedo cubrir. Muchas veces no me es posible analizar personalmente y a detalle artículos mecánicamente únicos y muy interesantes sencillamente por mi inexperiencia y falta de conocimientos, no digamos ya de herramienta necesaria. No voy a desarmar aquella Sheaffer Snorkel, una pluma fuente de 1947 y la más compleja jamás construída, nadamás para hablar de sus entrañas. Entre paréntesis, gracias a la gente de AnandTech y iFixit por siempre desarmar hasta el último detalle los productos. Tampoco voy a probar la duración de la batería en una linterna X porque sería un desperdicio y porque no me es posible registrar el momento exacto en que la batería muere.

Del mismo modo, hay información que no me es posible dar. Tengo algunos artículos que hasta la fecha no he podido identificar del todo o algunos que, a pesar de estar bien fichados, no he encontrado algunos detalles técnicos importantes. Tampoco dispongo de medios para evaluar objetivamente algunos parámetros muy básicos (¿exactamente cuántas candelas dijiste que proporcionaba esta lámpara? ¿Qué tanto se degrada esta tinta bajo luz UV?) .

En algún lado leí que el periodismo tenía propósito múltiple:
– Difundir información
– Hacerla accesible y entendible
– Darle contexto

Ggeneralmente esta información debe ser actual y relevante pero hace mucho tiempo que los blogs personales dejaron de ser considerados *periodismo*. Y bueno, esos tres puntos creo que sí los puedo tocar dando un panorama general.

Así que he estado intentando crear un formato sencillo y accesible que aplique para gran variedad de productos independientemente de su naturaleza pero que a la vez esté más o menos estandarizado y provea suficiente información. En particular me interesaba que este formato incluyera información que como comprador y usario (y muchas veces por rescatarlos de la basura “descubridor”) de estos productos inevitablemente voy recabando. Si una pieza vital, digamos el repuesto de una pluma, resulta DOA ¿vale la pena reemplazarla? Si se chorrean las pilas ¿es fácil limpiar esa linterna? ¿No se corroen los acabados y pinturas? ¿Qué tan fácil/económico resulta conseguir e instalar refacciones? ¿Existen modificaciones, actualizaciones o tuneos que se puedan hacer para mejorar algún aspecto?

Yo pensaba que mi formato se iba a hacer inconcebiblemente largo pues al querer incorporar tanta información tendría más y mas secciones, pero para mi sorpresa se fue haciendo más y más corto. Las secciones que sobrevivieron el quita y pon son:

  • Especificaciones y contexto: ¿Qué caracteriza a este producto? ¿Para qué sirve y por qué decidiste comprarlo?
  • Primera impresión: esto está basado en los reportes de “Out of the box experience” que generalmente son de rigor en reseñas de producto de Apple. ¿Cómo luce el producto inicialmente? ¿Es el empaque impráctico o inseguro? ¿Estamos tirando el dinero a la basura al pagar por ese empaque? Por ejemplo una pluma de más de $180 generalmente vendrá en/con algún tipo de estuche, a veces son muy agradables y prácticos, a veces el fabricante hubiera hecho mejor ahorrándoselo. A veces el producto llega con ligeros daños estéticos y nunca se puede estar seguro si fue cuestión del empaque o así salió de la fábrica. Y más que nada lo que me interesa señalar aquí es que muchas veces al poner las pilas y probar unos instantes algo nos deja una impresión que resulta ser muy distinta a su comportamiento en el campo de batalla…
  • Desempeño bruto: creo que se explica solo. Esa herramienta ¿se oxida/desgasta fácilmente? ¿Esa linterna realmente brilla con furia o es una pobre luz chamagosa? ¿Esa pluma es cómoda y escribe bien o deja de pintar una de cada tres veces? Digamos que si yo tuviera los recursos, estas serían las pruebas de laboratorio.
  • Reporte de campo: influenciado por los reportes de cámaras de Luminous Landscape, que suelen dejar muy de lado las cuestiones técnicas para centrarse únicamente el uso, confiabilidad y practicidad de la cámara el artículo allá afuera, en el mundo real. Puede que tengas la herramienta más durable y con más funciones, pero si pesa tres kilos o se desbarata con las caídas, no te será de mucha ayuda cuando la necesites.
  • Quejas: en los apartados anteriores ya debió quedar claro si el producto tiene ventajas y cuáles son, no se trata de repetir las áreas en las que x cosa no dio el ancho ni de buscar meter a la fuerza alguna desventaja, sino de añadir información que pudimos haber pasado por alto a la hora de hacer la elección de adquirir el artículo. Por ejemplo mi linterna más brillante da una cantidad de luz realmente asombrosa pero pesa 2 kg y mide 60 cm, haciéndola impráctica en muchas circunstancias y hasta es ilegal portarla en ciertas jurisdicciones. Ya sabes, el tipo de cosas que no te dejan subir a un avión. Toda cuestión de diseño y fabricación tiene compromisos, algunos más inconvenientes que otros.
  • ¿Conclusión/veredicto?: lo pongo entre comillas porque, aunque parezca contradecir el propósito de una reseña, en muchas ocasiones no tengo una conclusión ni puedo dictar un veredicto con plena seguridad. Claro que a veces el artículo en cuestión es tan excepcional o tan malo, que este punto es más inmediatamente evidente. Es una sección que aparecerá o no, según el caso.

Esas son mis ideas. Creo que muchas veces a uno simplemente le gusta hablar de ciertas cosas.