Tatuajes

Hay un tema que he seguido con un cierto interés desde hace varios años, sin poder explicar realmente el por qué: el de la modificación corporal (advertencia de contenido gráfico al seguir ese enlace). Lo primero que hay que decir es que tal nombre, si se toma literalmente, es por lo menos ambiguo. Podría englobar la cirugía (y en cierta forma sí lo hace), pero no puedo yo proveer una definición exacta. Hacer la distinción de que la modificación corporal se realiza únicamente por motivos estéticos invariablemente nos llevaría a buscar una distinción con las cirugías estéticas, pues ambas se realizan por motivos que poco o nada tienen que ver con la salud y correcto funcionamiento del cuerpo, como es el caso de muchas otoplastias. Decir que la diferencia está en que la cirugía estética formal como este ejemplo tiene el propósito de dar al cuerpo una apariencia “normal” es perderse en las arenas movedizas de la ambiguedad y la correción política. Podríamos sugerir que se trata de procedimientos que se realizan de forma voluntaria, pero casos como el de la circuncisión infantil nos complicarán la tarea.

Por tal motivo haré la distinción arbitraria de definir la “modificación corporal” como todo lo concerniente a tatuajes, piercings y bifurcación de miembros. Tal definición se queda corta, pero afortunadamente todo este preámbulo no es necesario para centrarme en el tema de los tatuajes.

Aunque existen aplicaciones que realizan cirujanos propiamente dichos, entre las cuales me resulta sorprendente la combinación de tecnología con algo tan antiguo como el tatuaje en casos de tatuajes corneales (advertencia de contenido explícito otra vez) pues son posibles gracias al uso de rayo laser. Aunque el ejemplo que usé en el enlace tiene un propósito puramente estético, es posible realizar un procedimiento similar para tatuar un iris en un ojo que no lo tiene, ya sea por naturaleza congénita u otros motivos (no tengo a la mano un enlace al respecto).

Los tatuajes son algo que existe desde hace muchísimo tiempo, aún no están exentos de controversia en la sociedad. Por un lado, es posible saltar a la fama a causa de ellos mientras que por el otro, a diario se ven vacantes de empleo que claramente excluyen a personas con tatuajes. Para mi, esta diferencia de opiniones tan marcada, todas esas cosas que tienen asociadas, me resultan una curiosidad difícil de comprender.

Los tatuajes han sido usados por pandillas con claras asociaciones al crimen organizado como ¿símbolo? de unidad e identidad. Como demostración de valentía, al tolerar el dolor que implican. Como un siniestro número de serie para humanos. Y también como tributo a familiares o medio de expresión e individualidad. Quizá son estas últimas variedades las que para mi resultan, irónicamente, más ambiguas, sobre todo cuando se habla de los tatuajes como algo “permanente que requiere de gran compromiso” pues evidentemente no perdurará más que la vida de la persona y mi definición de “permanente” es un tanto diferente. Pero no me hagan mucho caso.

Otros puntos de vista son que los que tatuajes ya traicionan las definiciones de no conformidad y rebeldía, o posiciones radicales de que están siempre mal y se ven siempre feos (inserte aquí enlace al desaparecido blog de Prozak). Incluso hay ¿tradiciones? que los asocian a ideas de “impureza” o algún significado mas allá. Recientemente escuchaba una conversación entre compañeros de trabajo acerca de que en el brazo izquierdo va el tatuaje en honor de la madre y en el derecho el del padre (o al revés, tengo mala memoria para esas cosas). No voy a entrar siquiera en la cuestión de quienes se los hacen para “llamar la atención”, aunque he escuchado explicaciones curiosas de porque algunos se tatúan su propio nombre.

Yo no creo poder rechazar categóricamente la idea de hacerme un tatuaje, aunque por ahora sinceramente no lo creo. Claro que puedo admirar algunos ejemplos por su calidad, su diseño o incluso su sentido del humor, pero mi actitud al respecto es simplemente demasiado ambigua. A la vez, me resulta curioso todo ese conjunto de ideas a las que están asociados. Para mí no significan nada, sencillamente es algo que unas personas hacen y otras no, y que conlleva cosas y contextos muy diferentes para cada quien. Como la vida misma, pues. Me parece más incomprensible todo el asunto de que ponerle aretes a las bebés sea socialmente aceptable, pero eso ya es tema para otro día.

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Motocicletas

Si bien tengo un interes por las cosas mecánicas y todo lo que tenga ruedas, nunca me han llamado la atención las motocicletas. Si he de ser sincero no puedo explicar a que se debe esta falta de interés, después de todo disfruto mucho de la conveniencia de las bicicletas y en teoría algo que fuera igual de compacto y práctico pero motorizado parece una gran idea. Incluso he viajado en motocicleta y puedo reconocer que es una experiencia diferente a muchas otras. Quizá lo que podría señalar como su mayor ventaja objetivamente es la gran economía que ofrecen. Por el contrario, entre las desventajas siempre estará el ruido que producen y el hecho (según varias fuentes que leí, no me consta de primera mano) de que por su misma naturaleza, no son máquinas muy durables.

El debate respecto a si son peligrosas o no es algo en lo que no quiero entrar, si acaso puedo comentar que con frecuencia veo a conductores de motocicletas conduciendo de manera muy arriesgada, principalmente rebasando entre carriles o circulando en sentido contrario. Otra cuestión controversial es a la hora de estacionarse. No me crean pero creo recordar que el reglamento de tránsito señala que se trata de un vehículo automotor más y como tal debe ocupar un lugar abajo de la banqueta e incluso su propio cajón en areas de estacionamiento. En la vida real esto me parece un tanto impráctico pues no tengo problema con que se estacionen arriba de la banqueta o en otros espacios disponibles, mientras no estorben. Incluso agradezco que lo hagan porque en más de una ocasión he estado cerca de golpear una al meter reversa en mi coche, pues es muy fácil que una moto pase desapercibida en el retrovisor.

Quizá en otras circunstancias, en otras ciudades, puedan ser realmente un medio de transporte común y conveniente para toda la familia, pero aún no es el momento en este país.

Existe aún otro nivel de controversia que sería la de la “cultura” de las motos y los clubes de motos y la “moda” que conllevan. Es algo que a mi me tiene completamente sin cuidado, ´lo veo como cualquier otro grupo o fenómeno social.

Lo que me hace abordar el tema es una anécdota que poco tiene que ver con todo esto, pero que no ha salido de mi cabeza en varios años. Un compañero de carrera en una ocasión nos platicaba que fue de vacaciones en compañía de unos primos a visitar familiares de otra ciudad. Uno de los familiares tenía una motocicleta de moto cross y en algún momento los lleva a la pista y les presta la moto. Conociendo a mi compañero, resultaba obvio el rumbo que iba a tomar la historia: él se rehusaría a subirse a la moto y se limitaría a contarnos algo chusco que pasó y lo estúpidos que fueron los que si se subieron. Efectivamente, uno de sus primos se rompió un brazo y mi compañero se sentía muy superior por haberse evitado el riesgo.

El motivo por el que esta historia ronda mi cabeza es por lo absurdo que me parece rechazar rotundamente el riesgo y las nuevas experiencias. Tampoco digo que no haya que ser responsable (o que el accidente del primo haya sido inevitable) pero me imagino que, al llegar a la vejez, contar que en tu vida nunca te arriesgaste y nunca te equivocaste no es una historia muy edificante. Quizá nisiquiera sea una historia que valga la pena contar.

Avenida Universidad #1201

En la mañana no encontré uno de mis guantes para el frío. Normalmente no me gusta usar guantes, hacen que mis dedos se sientan torpes. Es difícil hacer cosas simples con ellos como escribir a mano, comer con cubiertos, teclearo o usar el teléfono. Mi oficina es fría, así que es un mal necesario. Hoy me la pasé con una mano fría y otra no.

Llego a casa y me reciben tres piezas de lo que sólo se me ocurre clasificar como correspondencia: un sobre de cuentas por pagar, publicidad personalizada de una de esas populares tiendas de oportunidad y un pequeño volante de un restaurante de comida japonesa que no conozco pero dice tener promociones. La culpa de que me guste la comida japonesa la tiene el desaparecido @iDarkHero y ya he conocido los principales establecimientos de la ciudad, aunque supongo que existe en algún rincón uno que no conozco donde sirvan arroz con ikura, platillo que no he probado aún. A veces me pregunto si para un japonés ver la comida “japonesa” que sirven en este país será equivalente a cuando nostros vemos un “taco” de Taco Bell. ¿Qué pensarán los italinos de la pizza americana?

No le doy mucha importancia, hasta que veo que en casa no hay mucho que comer. Empieza el fin de semana, ese fin de semana en que todas las series se tratan del día de acción de gracias y veo el especial de “Regular Show”. Aún no es muy tarde así que decido salir a comer. Dar con la dirección no puede ser tan difícil y al menos será una distracción en esta noche en que estoy solo y sin mucho que hacer. El volante dice “Avenida Universidad #1201”. Av. Universidad, como su nombre sugiere, pasa frente a la universidad de esta ciudad y del otro lado tiene colonias “bien”, donde proliferan muchos negocios, además de que une varios puntos de la ciudad. No es nada raro que haya ahí un restaurante nuevo.

Aunque seguido circulo por la avenida, no tengo ni idea de los números de domicilio. Voy en un sentido esperando que sea el correcto para llegar a mi destino y me alegro un poco al ver que así es cuando en un edificio distingo un número cuatrocientos y luego un quinientos. La suerte de la casualidad. Pero descubro que es difícil distinguir la numeración en las fachadas de tanto edificio comercial. ¿Alguna vez hab visto el número ocupar posición prominente en un centro comercial? Paso frente a Soriana Universidad lo más lento que puedo pero procurando no alterar el tránsito de los autos que vienen atrás de mi. Estoy seguro que Torre Plaza con su arquitectura ochentera tiene grandes números dorados en alguna parte, pero tendría que buscarlos a pie y esa zona es de las más problemáticas que conozco para estacionarse. Sigo adelante y paso el edificio de ladrillo que tiene muchos locales abajo pero no se le ve el número. Paso una agencia de Suzuki que ni sabía que existía, y luego un grupo de locales muy angostos; la mitad están desocupados y la otra mitad parecen ser expendios de micheladas uno junto a otro.

Para entonces ya quedó atras la universidad pero no pierdo la esperanza porque no creo haber pasado setecientos números tan rápido. Llego a Superama sin encontrar el lugar, aquí ya no es zona de restaurantes. Lo único que hay son farmacias Similares, Guadalajara y del Ahorro. Aunque me acuerdo que hay un Subway más adelante y hace no mucho abrieron unos nuevos locales con una velaria. Pero resulta ser un bar, junto a otro bar más escondido en el fondo. Doy vuelta en “U” cuando distingo un número dos mil.

Regreso más o menos hasta donde vi el número quinientos, paso Torre Plaza otra vez. La agencia Suzuki. Decido detenerme pasando el grupo de negocios de micheladas porque el próximo retorno queda muy apartado y no vi más locales que parecieran servir sushi de ahí hasta Superama. Doy vuelta a la derecha en una calle con camellón que me recuerda las calles de las colonias Loma de algo en SLP. Tenía un compañero que vivía ahí y decía que salía a pie de su casa y se le hacía raro no ver a nadie en la callo, si acaso una que otra sirvienta. La noche es fría y se ven un par de edificios interesantes adelante. No tienen nada que ver con lo que estoy buscando pero siempre me ha gustado la arquiectura y camino media cuadra para echarles un vistazo. Pienso que tiene gracia, al salir de casa me lamentaba para mis adentros por no tener ningún plan para el fin de semana, nadie con quien verme, con quien platicar. Si viniera con alguien más o hubiera quedado en algún lugar, ya se estarían quejando por la demora y muy seguramente no me acompañarían a caminar por la calle en esta noche helada solo para ver construcciones raras.

Uno resulta ser edificio de departamentos con grandes ventanales, y de unos cuatro pisos. Tiene un letrero que anuncia disponibilidad y la preventa y “pre-renta”. No están mal ubicados y tienen mucho espacio pero “pre-rentar” un departamento es un concepto de lo más extraño para mi. Lucen muy bonitos los departamentos, de todos modos, arquitectura moderna y funcional. El otro edificio que había llamado mi atención es una construcción de ladrillo de tres o cuatro pisos. No estoy seguro pero intenta imitar un estilo europeo antiguo, con ventanas con arcos en el último piso. En la planta baja hay una tienda que me imagino de manualidades o algo así porque dice “El desván de Annie” y en una ventana hay un letrero hecho a mano, muy decorado, que dice “Se solicitan clientes”. Es tan cursi que me hace sonreír. Las ventanas están cerradas con cortina metálica, así que lo único que sé es que Annie tiene una letra bonita, muy de niña.

En ese rato no vi a nadie en la calle, incluso pude tomar una foto del letrero de la pre-renta para pasarle el número a un amigo que quiere saber cuanto cuesta un departamento por esta zona. Todo está desierto excepto por una pareja que se baja de un auto con una bolsa de minisuper con lo que parecen ser bebidas, y tocan en la puerta de un domicilio. Regreso a Avenida Universidad y retrocedo sobre mis pasos. No encuentro el número en los locales desocupados, tampoco en donde venden micheladas. Paso frente a un restaurante de mariscos cerrado que anuncia su nueva dirección. Llego a la agencia Suzuki y me fijo que un auto tiene el color amarillo marcatextos exacto de la Lamy Safari edición limitada 2013. Me llama la atención que la agencia esté cerrada tan temprano y que dejen todas las luces encendidas. Son luces HQI, de lo más poderoso. Realmente hay pocas otras opciones para iluminar un showroom automotriz pero el recibo de luz debe ser impresionante.

Aún no distingo números, me pregunto cómo le hace el cartero. Hay otro grupo de locales con fachadas de crista, creo una agencia de viajes y un distribuidor de fotocopiadoras. Estoy pensando en la correspondencia cuando veo un angosto edificio de oficinas… que tampoco tiene número. En otro horario me imagino que habría un vigilante o recepcionista al que pudiera preguntar pero está ahora todo oscuro y cerrado. La única otra persona que vi, aparte de los que estaban consumiendo micheladas, fue a un tipo que pasó caminando en sentido contrario junto a mi y se me quedó viendo. Se veía medio cholo. El edificio tiene un buzón de plástico transparente en el portal, se ve que hay varias cartas dentro. Se me ocurre la idea de tomar un sobre y ver la dirección, pero me imagino a un vigilante apareciendo de pronto y apuntándome con su spray lacrimógeno. Finalmente llego a un centro de copiado que dice el numero mil cien.

Regreso sobre mis pasos y vuelvo a pasar por los locales de micheladas. Veo en uno a un par de muchachas comiendo un platillo no identificado que parece empanizado ¿será ahí? La verdad ya me aburrí un poco y decido irme. Pero al pasar por los locales desocupados ahí lo veo: el número 1201. No lo había visto por la oscuridad. Me fijo y distingo que todo lo ancho de la manzana es una sola fachada, un solo edificio. Regreso a local donde vi a las muchachas y efectivamente ahí es el restaurante japonés más pequeño que conozco. Me pregunta el mesero si estoy esperando a alguien y le digo que no. Antes me daba pena ir a un restaurante yo solo pero ya estoy bastante acostumbrado. Me dan el menú y me avisan lo que está en promoción al 2×1. No se ve muy elegante y está sospechosamente barato, me pregunto si enfermaré pero para eso momento ya invertí mucho tiempo en dar con el lugar como para irme y me convence la madre de familia que parece que ya conoce el lugar, llega con tres niños y pide montones de comida para llevar. Al final la comida está más o menos, aunque me regalaron un par de pequeñas empanadas de queso que estaban muy sabrosas mientras esperaba que me sirvieran. Me quedé escuchando un podcast de temática bastante nerd mientras en una pantalla pasaban un partido de futbol.

Me quedo pensando qué lugar ocupará este pequeño restaurante en mi agenda de lugares así. Al principio de mi noche me desanimaba la idea de estar solo pero la verdad es que de haber estado acompañado hubiera sido muy distinto. Seguramente no habría dado una segunda vuelta para localizar la dirección exacta ni andado a pie viendo esos lugares raros. No me habría quedado a probar que tal estaba la comida. No lo sé, supongo que así es mi vida. Me quedé pensando en la sensación de caminar por esas calles frías y solitarias, con casas muy bonitas para habitar a cada lado pero nadie que parezca transitar por ahí. El edificio de departamentos disponibles, esperando a llenarse de vida. Me quedo pensando en el guante que me hizo falta todo el día y el que se quedó abandonado no sé donde. En este recorrido, esta pequeña e insignificante aventura, una de tantas, de la que nadie nunca sabrá nada.

Me quedo pensando en el lugar que anduve buscando, el número lo dice todo: Uno-dos.

Cero.

Uno.

Coffee drinkers Vol. 2

Estaba recordando blogs y posts viejos y me quedé pensando en el tema que se trató hace unos años (¡qué rápido pasa el tiempo!) en Pipotweets. Y es que en este tiempo para mí las cosas han cambiado un poco y actualmente consumo café regularmente.

Es una costumbre que comenzó casi sin darme cuenta pero creo que tiene que ver con el hecho de que hace unos tres o cuatro años, dejé de tomar refrescos altamente azucarados. Esto fue en parte porque he tenido un par de extracciones de muelas que han necesitado de tiempo para sanar. Después de unas semanas de esto, las bebidas refrescantes convencionales se me hicieron absurdamente dulces, incluso los jugos jumex no parecen muy recomendables. Y no me refiero a sus beneficios para la salud, sino al simple hecho de que me di cuenta que las bebidas que tomaba habitualmente me dejaban en los dientes (que en ese tiempo tuve muy sensibles) una sensación incómoda, como de traerlos embarrados de dulce, que luego se iba transformando en acidez si no me lavaba los dientes inmediatamente.

Esto es normal, de hecho casi todo lo que comemos se va transformando en ácido en la boca y hace que proliferen las caries. Pero nunca me había resultado tan molesto. Así fue como dejé de tomar la Coca Cola de (casi) todos los días… y me dí cuenta que estaba muy acostumbrado a la energía extra que me daban esas bebidas. Así que, una vez recuperado de mis molares extraídos, fui dejando de tomar esos refrescos y probé otras cosas.

Aquí quiero hacer un paréntesis para hablar de las bebidas energéticas, que al menos en mi familia y círculo social de aquellos tiempos, está en una situación similar a la de las sopas Maruchan: no te puedes tomar una sin que alguien salte a decirte lo malísimos que son esos productos para la salud y que incluso provocan adicción y problemas del corazón. No quiero decir que eso no sea cierto, sobre todo si las consumes en exceso pero definitivamente no es mi caso. Para empezar también son generalmente muy empalagosas y algunas saben muy raro, como la Monster sin azúcar o el muy publicitado Red Bull, que aparte es bastante caro. Lo curioso es que noté cuando iba al Oxxo a cierta hora que mucha gente realmente consume esos productos regularmente. A mi me gustó el Monster sabor café, que parece ya no venden y lo sustituyeron con las variedades sabor té que no me gustaron. Y para no hacer el cuento largo, sí llegan a tener efectos sorprendentes estas bebidas energéticas. Después de una media hora sí sentía un mayor estado de alerta, más concentración y menos cansancio. Pero creo que las presentaciones en las que se venden son demasiado grandes para mí, yo con una lata pequeña de Boost tengo suficiente energía.

Cuando me empecé a fijar en estas cosas noté la curiosa mezcla precisamente de Boost con bebidas alcoholicas, que tiene que ser una de las mejores peores ideas que he visto. Se me quedó muy grabada la frase de una persona con la que hablé de esto que me dijo “El Boost con vodka está divino“. Yo me quedé pensando que mezclar el alcohol que “deprime” el sistema nervioso, con un estimulante es, cuando menos, raro.

Ahora que he estado en Aguascalientes noté que en las semanas de la Feria de San Marcos no es raro que mis compañeros de trabajo llegaran a la oficina muy desvelados y consumieran bebidas energéticas. Uno en particular se bebía hasta tres latas de Monster y, por mucho que quiera evitar juzgar a las personas, no me parece prudente. Creo que si yo me tomara tal cantidad acabaría temblando y posiblemente tendría una taquicardia. Lo gracioso de este compañero en particular es que nunca consumía café y de hecho decía que la cafeína no produce ningún efecto y lo que “levanta” tus niveles de energía es el azúcar.

Pero ya me adelanté un poco. Mi trabajo llegó a ser muy monótono y comencé a escuchar podcasts y a tomar café de la cafetera de la empresa para combatir la somnolencia resultante. Debo decir que si tienen oportunidad de escuchar podcasts regularmente, es una excelente oportunidad para practicar y mejorar la comprensión de idiomas extranjeros. El caso es que en dos años ha cambiado mucho mi apreciación del café. Del café de la empresa pues no era la gran cosa, tengo que coincidir  en parte con lo que decía Kwz en su viejo post del tema en que sí puede llegar a tener un sabor bastante desagradable y yo, no habiendo probado mucho café, llegué a pensar que esto era normal (respecto a ese post no estoy de acuerdo en que la cafeína se considere un veneno). No soy ningún nerd del café, pero si descubrí que el de cafetera de oficina generalmente está preparado sin cuidado, fácilmente se quema y puede tener una acidez muy alta. Al principio también le echaba azúcar para combatir esos efectos desagradables pero creo que mis dientes quedaron muy sensibles y me quedaba una sensación desagradable en la boca. Incluso en las raras ocasiones que tomé más de una tasa de café me sentí mal y tuve que acudir al médico, que me dijo que me estaba provocando una irritación fuerte del tracto digestivo.

De modo que empecé a probar poco a poco otras fuentes de café y encontré que puede llegar a venderse muy cara una simple taza de esta bebida y que es muy variable su sabor. Conocí una cafetería que desconozco si sea franquicia o qué, pero maneja un café veracruzano bastante sabroso (adjetivo que antes no hubiera pensado que aplicara al café) y una cafetería móvil (es como esos remolques que salen en las películas de Nueva York) que vende uno decente pero muy sobrepreciado. Incluso probé distintos cafés en casa, entre los que destaca uno que un familiar trajo de un viaje que hizo a Brasil y que es increíblemente fuerte. Bastan un par de tragos para sentir los efectos de la cafeína casi inmediatemente.

Pero lo más importante que aprendí es que el café no tiene por qué tener un sabor desagradable. Según he podido hacerme una idea de cómo se toma normalmente el café, descubrí que a la gente se le hace un poco raro que yo lo tome sin azúcar y un poco fuerte. Incluso un compañero que me llegó a ver servirme de la cafetera se me quedó viendo raro y me dijo con incredulidad “¡¿Sin azúcar?!”

Ahora bien, en cuanto a mi experiencia con la cafeína puedo decir que el principal efecto que siento es que te “despierta” y facilita la concentración mientras que, en exceso, me provoca irritación del sistema digestivo. Como dato adicional, no padezco de gastritis ni nada parecido y es raro que tenga ese tipo de problemas. Creo que para mí la dosis correcta sería como de media taza pero es inevitable y termino tomándome una entera. Algunas personas dicen que la cafeína puede influir en tu estado de ánimo y hasta provocar cambios de humor, pero eso no me ha pasado. No me gusta el café tan caliente, de hecho lo prefiero tibio aún cuando el clima es frío. Esto provoca que esté yo peleado con los vasos térmicos que tanto se usan para transportar el café, pues siento que fácilmente lo conservan caliente por varias horas más de lo que me gustaría. Normalmente yo mantengo mi recipiente destapado un rato hasta que el café está un poco más caliente de lo que me gusta y luego lo tapo. Hablando de eso con un amigo me contó historias de horror de gente que se molesta mucho cuando el café está frío, cosa que no es mi caso. Así que lo que aprendí al final es que media taza tibia en la mañana sí me ayuda a desempeñarme mejor.

Sin embargo en ocasiones de mucho trabajo o que no he podido dormir bien del todo, he llegado a abusar de la cafeína y mi experiencia ha sido muy similar a la de Roosh: me siento bien por un rato pero en las noches se siente como tu cuerpo te cobra el sueño y cansancio que el café había enmascarado. Esto llegó a ser particularmente notorio los fines de semana, en que sentía mucho cansancio y no me levantaba hasta muy tarde. No es una experiencia muy agradable y es la que considero la mayor desventaja de la cafeína. Así que la conclusión a la que he llegado es que el café es útil y provechoso mientras no se abuse de él… como con todo. No es de sorprender que exista una industria tan grande y diversa en torno a él.

Ahora ¿qué alternativas existen? pues algunas personas dicen que la nicotina en el cigarro tiene un efecto similar, aunque yo nunca lo he sentido y no me parece una alternativa muy saludable, además de que trae otras molestias como el olor penetrante que se impregna en todo y que cada vez es peor visto. No pueden faltar, claro, las bebidas azucaradas pero, incluso dejando de lado sus efectos en la salud, ya no me resultan agradables. Algunos dicen que tomar un multivitamínico o algún suplemento (¿o era complemento?) te ayuda a sentirte con mayor energía. Otros dicen que eso es totalmente falso pero, aunque nunca he consumido esos productos, en mi experiencia puedo decir que una nutrición más efectiva y regularizar tus horas de comida sí me ha hecho sentir más despierto y a reducir el cansancio. Mentiría si dijera que conozco el mecanismo por el que esto sucede pero no creo que haga falta analizarlo demasiado para ver que tiene sentido. Supongo que aquí algunos podrían señalar otras alternativas y drogas de su preferencia, pero esto es lo que me ha funcionado a mí.

Por ahí hace un par de años anduvo circulando un video a manera de infografía del café (que no encontré, pero hay muchos videos parecidos) que decía que no tiene efectos secundarios dañinos y puedes consimir toda la que quieras. Otras personas dicen que eso constituye una adicción y que, aún cuando no produzca ningún daño al cuerpo, nunguna adicción es buena. Solo puedo decir que ambos puntos de vista me parecen extremos.

Sin embargo algo que he notado es que en la actualidad adolescentes y niños de temprana edad ya están consumiendo café desde edades que me parecen muy tempranas. Se supone que esto no causa ningún problema de salud pero yo recuerdo claramente que en mi casa de niño nunca me dejaron tomar café y me sigue pareciendo lo más apropiado. De todas formas, cuando veo que en el Starbucks la mamá le compra a sus niños de 8 años un frappé enorme con crema y todo, me pregunto qué nos deparará el futuro. A esa edad el cuerpo consume calorías a velocidades asombrosas pero de todas formas una parte de mí siente que no está bien. Sobre todo porque a esa edad yo no recuerdo haber necesitado de los efectos de la cafeína. Quizá la verdad sea que ahora tampoco son indispensables.

Fui a la Plaza de la Tecnología con mi tía, que es una tía de la tercera edad un poco distraída y que hace cosas muy locas. Me dijo que la llevara porque había dejada una pulsera de oro en un local de ahí para que le repararan un problema que tenia en el broche. Esta tía es muy especial para mí, así que la llevé. Dada su forma de ser lo que me imaginé fue que se refería a alguna joyería en el centro histórico de la ciudad que quedaba cerca o frente a la Plaza de la Tecnología. Desafortunadamente había extraviado la nota, así que no teníamos forma de comprobar la dirección del lugar o el valor de la joya. Ella no es una mujer de presunción, pero sus joyas son siempre o muy antiguas y de valor, o “de fantasía” pero “de buen ver”, así que en cualquier caso valía la pena hacer el esfuerzo por recuperar la pulsera.

Llegamos a la Plaza de la Tecnología (o de la memoria USB y el celular, como también se le conoce) y no vi joyería alguna en las proximidades, así que me preparé para lo peor ¿sería esto como la vez que la acompañe a la relojería a preguntar por el cucú de la abuela… que en realidad nunca había estado ahí? Para mi sorpresa un costado de la Plaza de la Tecnología estaba totalmente remodelado y ahora era el Centro Joyero; básicamente la misma idea de una serie de locales diminutos, pero ahora con joyería y relojes provenientes “de lejanas tierras de oriente”.

Por suerte mi tía encontró la nota en las misteriosas profundidades de su bolso de mano de señora en ese momento (no me pregunten… señoras que…), así que ya solo fue cuestión de ir caminando hasta llegar al local adecuado. No tenía nada digno de mención, un triste mostrador con unos cuantos relojes Casio más o menos económicos, el más interesante era quizá uno de la serie Edifice (relojes análogos de manecillas, grandes y pesados, hechos de metal y varoniles que no se ven mal cuando quieres verte bien y están a precios muy accesibles) que creo que ni la fecha mostraba, y una serie de extensibles de plástico aquí y allá. No reparé en el local en primera instancia, de hecho no lo vi hasta que venía de regreso. Casi todos los localitos tenían la misma lámpara de mesa de brazo ajustable con lupa y aquí no vi limpiadores ultrasónicos ni herramienta para abrir/cerrar relojes finos ni para hacer electroplateado con rodio. Ni anillos de plata había a la vista, lo cual al principio me dio cierta desconfianza. Pero hace poco me hicieron ver que vivo en un mundo de fantasía en el que las plumas finas con partes de oro macizo y chapa de paladio son cosas de todos los días, así que me tragué mi orgullo y dirigí a mi tía a ese lugar.

El señor que la atendió era bajito, moreno y de cara redonda, me hizo pensar en Armando Manzanero. Mi tía me dijo que había ido a dejar su pulsera ahí unas semanas antes acompañada de una amiga suya que se lo recomendó, que según tenía muchos años de tener tratos con el señor y siempre había quedado muy satisfecha.

“Vengo por una pulsera” le dijo mi tía al tiempo que le daba la nota, y el señor lo primero que le preguntó fue hace cuanto tiempo la había dejado. Sonaron mis alarmas internas al pensar que el señor iba a decir algo del tipo “después de treinta días no nos hacemos responsables” y me preparé psicológicamente para una acalorada discusión. Pero luego me di cuenta que no lo había preguntado en ese senido, más bien el señor intentaba hacer memoria mientras veía un mueblecito con infinidad de pequeños cajones sin marcas ni etiquetas, como tratando decidir cuál abrir. Por un momento me pregunté por qué no se fijaría en la nota, pero vinieron a mi mente imágenes de mi papá y mamá de la tercera edad tratando de leer letras pequeñas y ya no dije nada.

El señor abrió un par de los pequeños cajones y rebuscó en su interior, cuando mi tía dijo algo que se me hizo muy extraño “¿quién es el de la foto” le preguntó. El señor no volteó ni nada, siguó buscando y solo dijo “mi hermano”. Yo apenas entonces noté una foto enmarcada colgada de una pared del localito, mostraba a dos hombres sonriendo, uno más alto que el otro. Me pareció distinguir que uno era el señor que nos estaba atendiendo, además de un cierto parecido con el otro hombre. Me preparé para algún comentario extra como “anda de mojado” o “falleció el año pasado” pero para mi sorpresa mi tía dijo muy animada “le voy a robar esa foto” y me desconcertó completamente. Examiné detenidamente la foto y uno de los hombres era definitivamente el joyero. No comprendía yo nada, estaba yo pensando como le iba a decir a mi tía que ese comentario sonó inadecuado ¿se le estaba insinuando ella al joyero o algo así?

Pero entonces el señor lo aclaro todo al preguntar “¿a poco Cuauhtemoc Blanco es también su ídolo?”. Y ella le dijo que sí y me acordé que desde siempre ha sido americanista. El señor nos atendió muy amable y alegremente, hasta le pregunté por un extensible para uno de mis relojes Casio Twincept (relojes que combinan displays digitales con banco de datos que “flotan” sobre maquinaria analógica de manecillas de forma única y que fueron descontinuados porque ahora a la gente le importa más el letrerito que dice Calvin Klein o Donna Karan que la sofisticación electromecánica) pero me dijo que solo tenía extensible de plástico; le dije que esos no me gustan, los prefiero de metal o nylon, y me dijo que pasara en unos días, que le iban a llegar unos muy bonitos.

El joyero entregó la pulsera, mi tía la examinó y quedó satisfecha. Yo la vi por todos lados y no distinguí que se le hubiera hecho ninguna modificación, lo cual supuse que era buena señal. Le dimos las gracias al señor y nos fuimos.

Fue curioso ver los lejanos caminos que toma la mente al enfrentarse a algo que no comprende pero trata desesperadamente de encontrarle sentido; sentir el nivel de paranoia y lo fácil que es creer que las cosas están tomando un rumbo peligroso sencillamente porque uno está acostumbrado a estar a la defensiva todo el tiempo, esperando a ver de donde viene el primer golpe.

Lo interesante es que en realidad se trata e un ejemlo muy claro e algo que decía Dale Carnegie en “How to win friends and influence people”, que algo muy importante para hacer amigos y caerle bien a la gente es hablarle de cosas que le interesan. Así de sencillo. Si me conocen saben que no soy bueno para eso, y rara vez ha quedado mejor demostrado que en esta ocasión.