Me sentì mal y decidì acostarme para descansar un rato. Soñé que empeoraba.

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Horrorosísimos sucesos

Anoche tuve un sueño terrible. Yo era superman y mi papá era batman. Si, ya sé que seuena ridículo y freudiano pero no era mi papá de la vida real, era un hombre desconocido (y con muchos kilos menos que mi papá verdadero, lo cual tenía sentido considerando que el era batman) y yo en el sueño sabía que era mi padre.

Los superpoderes y los hombres de acero no eran algo común en ese universo. Nosotros trabajábamos para el gobierno de los Estados Unidos en colaboración con el departamento de defensa y el ejército, quizá simplemente éramos utilizados al más puro estilo del Dr. Manhattan. Un día nos llamaban a una zona de conflicto en el medio este, piensen Irak/Afghanistan. Al bajarnos del helicóptero en medio del desierto (lo sé ¡¿supeman en helicóptero?!), en medio de un gentío, protestas y el torbellino de tierra levantado por las hélices, corríamos hacia la base militar. Mi padre, batman, iba por delante. En medio de la confusión y justo frente a mis narices, el desaparecía. Yo me sentía estúpido.

Un rato después me mandaban llamar, lo habían encontrado y estaba ahora en una habitación segura dentro de la base militar. Yo corría y lo encontraba demacrado. Lo habían secuestrado y estaba golpeadísimo y llorando desconsolado. En ese momento yo sabía que era un sueño, pero aún así me embargaba una tristeza profúndisima y rompía a llorar. Sabía que era un sueño, pero la tristeza era real y tan, tan grande…

Yo te maldigo, internet.

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#lunesFAIL

En la madrugada tuve un sueño extraño, de esos que no estás seguro de estar despierto o dormido todavía porque son demasiado vívidos y todo transcurre en un ambiente demasiado inmediato y familiar. Estaba en la cama, recién despertando porque tenía necesidad de ir al baño. Hacía frío y estaba muy oscuro (el hecho de que en mi cuarto tenga cortinas extra gruesas no ayuda mucho). Por suerte siempre tengo en mi mesita de noche un grupo de linternas de mano (muy útiles en apagones además soy coleccionista) de las cuales se supone al menos cuatro son siempre funcionales. Ninguna encendió. No lo hizo la confiable Garrity de goma (hey, viene garantizada de por vida), no funcionó la Energizer fluorescente, tampoco la Mini Handy de SLI y la Husky no corrió con mejor suerte. Busqué a tientas otra alternativa pero no encontré nada, bastante extraño y, en medio del desconcierto, me desperté. Resultó que se trataba de un sueño aunque en la vida real sí tenía que ir al baño. FAIL

Luego de la jornada laboral venía alegre en mi carro de regreso a caso cuando en un crucero de una calle secundaria venida a menos, un Tsuru se “asomó” y se detuvo para cederme el paso. Noté claramente que el conductor establecía contacto visual conmigo y tranquilamente seguí adelante. Habrían pasado unos cuatro segundos, estaba yo como a un metro de distancia del Tsuru cuando, de la nada, un conductor que andaba distraído (me gusta pensar que estaba distraído, lo prefiero a creer que tuvo un infarto súbito o algo asi) choca a velocidad media al Tsuru por detrás, proyectándolo hacia adelante, hacia… mí. FAIL. Si alguna vez he estado en una situación REALMENTE inesperada creo que fue esa. Quizá había todavía tiempo de frenar, no lo sé, instintivamente di un volantazo en dirección opuesta. Afortunadamente nadie iba a alta velocidad. Seguí mi camino como si nada, viendo por el retrovisor como el conductor del Tsuru se baja fúrico. Por un momento me pregunté si debía bajarme a verificar mi teoria del infarto repentino pero seguí adelante, dándola por absurda. Unos metros después sentí el rush del susto, totalmente injustificado, claro está, pero igualmente me afectó.  Llegué a la casa sintiendome raro.FAIL.

Supongo que la moraleja es siempre usar el cinturon de seguridad y tener los frenos a punto. Ah, y mantengan cargadas sus baterias.

Zombies del internet

Anoche tuve un sueño bastante extraño pero que me divirtió mucho. A continuación intento contarlo de la mejor manera que me es posible..

Este post está dedicado a Chuckless & Mike.

Todo comenzaba con un un viaje en tren. No un tren de pasajeros, más bien era un tren de carga y yo iba como polizón junto con un pequeño grupo de otras personas en un vagón sin ventanas. En algún momento notábamos que las cosas no estaban bien, se empezó a tocar el tema de rumores que habían surgido recientemente sobre extraños acontecimientos en lugares apartados y bueno, no habiendo más opción, abandonábamos la seguridad de nuestro vagón  y nos aventurábamos a lo desconocido.

Para nuestra mala fortuna, el tren se había detenido en un desértico paraje a mitad de una carretera, cerca de unos puentes y algo apartado de unos viejos almacenes y talleres del ferrocaril. Nos dirigíamos hacia los talleres, pensando que constituirían un refugio decente por su relativa lejanía de las ciudades cercanas. En el camino notábamos que todo estaba sospechosamente tranquilo y solitario, como en las películas cuando los personajes se dan cuenta de que están pasando por un momento de silencio sospechosísimo. Vehículos abandonados con las puertas abiertas, carreteras desiertas, trenes que deberían pasar pero simplemente no se les ve por ninguna parte. En algún momento, cerca de un túnel por el que debíamos cruzar, nos encontramos con los primeros humanos que veíamos desde que abandonábamos el vagón. Por el miedo de ser descubiertos nunca averiguamos qué fue de la tripulación del tren habíamos huído rápidamente y no llevábamos nada con nosotros. Nos acercamos a las personas, creo que en esas circunstancias sería más que nada una reacción inconsciente, tal vez inevitable. Naturalmente había una cierta desconfianza por lo que no nos pareció extraño que el acercamiento se diera en silencio y sin demostrar emociones. Entonces surgieron más hombres y nos rodearon. Su rostro y su expresión ya no eran humanos. Corrimos en todas direcciones y el grupo se dispersó para jamás volver a saber unos de los otros. Únicamente alcanzamos a escuchar los gritos y el sufrimiento de la mujer a la que lograron atrapar e intentamos no mirar atrás.

Los zombies quizá no eran “zombies” en el sentido tradicional de muerto viviente en ropas andrajosas y piel podrida. Lucían más o menos normales, eran como “The crossed” del comic homónimo de Garth Ennis: seres humanos vivos pero que de alguna manera han caído en la perversión y depravación extremas, viviendo ahora dedicados a la violencia y destrucción de los demás y de sí mismos.

Al llegar a territorio tranquilo yo decidía dejar de correr y caminar a ritmo constante, cuidándome la espalda. Tenía la idea de que así llegaría más rápido. Lograba alcanzar los talleres del ferrocarril luego de varios días de caminata, era un lugar imponente simplemente por el tamaño de las puertas corredizas que permitían la entrada y salida de los trenes. Alto, con pocas ventanas. El refugio ideal. Para mi enorme consternación, el taller no estaba deshabitado. Apenas cruzar las cortinas de metal, que se hallaban ligeramente abiertas, me daba cuenta de que el lugar estaba extrañamente limpio. No parecía haber sido saqueado pues los vagones en su interior estaban perfectamente cerrados y en buen estado. Entonces un grupo de hombres salía de no sé donde y fui sometido bajo amenaza de armas de fuego. No era difícil entender la situación: había yo invadido su cuartel y sin duda me habían visto aproximarme sin saber si sería aliado o enemigo. Estaba claro que yo no constituía peligro alguno y que podría resultar un aliado valioso debido a mi juventud pues, apenas dieron la señal, se abrieron los vagones de carga y salieron mujeres y niños, quienes me examinaron con curiosidad. Se trataba de hombres de familia cuidando de los suyos. ¡Dios! estaría yo salvado si podía congraciarme con ellos. En ese momento sentí un alivio y una obligación moral enormes. Había encontrado a mi nueva familia.

No se sabía mucho de la situación en el resto del mundo, no había comunicaciones. Disponíamos de ciertos recursos por lo que cosas como el alimento no eran una preocupación inmediata pero existía una terrible incertidumbre por el futuro. Mi familia adoptiva estaba bien organizada, me “sugirieron” que me uniera a un grupo de jóvenes voluntarios que se encargaban de vigilar desde unos pasillos elevados que había en el amplio taller, portando las pocas ametralladoras de las que disponíamos. Eran en su mayoría varones que apenas pasaban de la adolescencia y que, o se habían ofrecido buscando adrenalina, o los habían convencido de alguna manera, haciéndoles ver que ellos no tenían compromisos más que el cuidar de su familia. Tal agrupación servía sin duda para el doble propósito de mantenerlos ocupados y alejados de ocurrencias peligrosas que puderan pasar por sus cabezas. Imagino que la idea era que el grupo sirviera como carne de cañón, en caso de que fuéramos víctimas de una invasión masiva y repentina que los escasos francotiradores no lograran manejar… y orar por que pudiéramos cuando menos ahuyentar al enemigo con palos, piedras, herramientas y estacas. El plan era simple: mantener secreta nuestra ubicación y, en caso necesario, refugiar mujeres y niños en los vagones de carga, que defenderíamos  hasta el último aliento. Sé que es fácil juzgar e inevitable hacerse la pregunta de qué pasaría si el plan fallase, si en algún momentos nos vencieran… ¿no habría sido un error imperdonable el dejar a toda esa gente presa en los vagones? Se puede cuestionar qué haría con un arma como aquella un muchacho, que apenas ayer era un niño,  en caso de saber próxima la extinción de su vida. Pero ahí no se hablaba de esas cosas, al menos no las hablábamos los jóvenes.

Fin de la primera parte.

Relativismo

Por algún motivo inexplicable, pero que seguramente daría mucho material de qué hablar a un psicoanalista, acostumbro tener sueños en los que la trama ocurre en un baño. Sí, el sanitario es un tema recurrente en mi inconsciente. No ligado a nada en particular, vamos si he tenido uno o dos en los que estoy haciendo mis necesidades, pero eso es irrelevante, lo único que tienen en común es que por cualquier motivo una parte del sueño ocurre en el baño, y los cuartos de baño en mis sueños acostumbran ser bastante extraños. En ocasiones son como una enorme fila de casilleros de acero, en otros, parecen una lujosa instalación del más finísimo gusto o el más descuidado baño industrial con la tubería al descubierto. Y aunque sea de pasadita o con motivo de esconderme, en el caso de los casilleros, algún momento del sueño sucede en el baño.

El otro día soñé que tenía que ir a un compromiso familiar, todos en casa estaban corriendo de aquí para allá y llegaba mi turno de darme un baño. Cuando entraba, la regadera estaba ubicada en una litera. Entre colchón y colchón tenía que meterse uno, no me pregunten a donde corría el agua porque era una litera común y corriente. El detalle está que no cabe uno de pie en el colchón de abajo de una litera, si acaso muy apenas cabe sentado. Entonces yo batallaba porque no había cómo ponerme de pie y yo furioso porque solo pensaba ¿y cómo rayos se supone que me bañe? Y ahí en cuclillas metía esponja por aquí y por allá mientras otros miembros de la familia me apresuraban con sus acostumbrados gritos, no se nos fuera a hacer tarde.

Desperté un poquito molesto por la frustración de no haberme podido bañar bien en el sueño y ahora que lo pienso me da risa, creo que la solución era obvia: debí bañarme acostado.

Maybe just one of many

Sabía que era un sueño porque estaba de vuelta en ese mundo mío donde los espacios son más grandes, donde hay bosques, donde soy eternamente un niño de edad indefinida o quizá incluso un adolescente. Esta vez me encontraba en una especie de internado, yo y otros vivíamos en cuartos con puerta a un patio central, eran más bien como cabañas. Como todas las noches, cerraba con llave mi puerta. No sé por qué pero sentía que era algo que debía hacerse siempre. Poco a poco comenzaban a llegar otros, nos acomodábamos en el piso para dormir. No me sorprende que me lo tomara como lo más natural.

De pronto a una de las mujeres (tal vez debería decir “una de las niñas”) que estaban durmiendo en la cama parecía más bien estar en un estado comatoso, le brotaba un hilillo de sangre de la boca y su cuerpo comenzaba a mostrar un ligero temblor. Todos se empezaban a poner tensos. Más tarde otra persona en la habitación mostró los mismos síntomas, aunque en mucho menor grado. Ahora todos estaban francamente asustados pero a la vez parecían saber exactamente lo que estaba pasando y estaban manejando la situación de acuerdo a cierta metodología lógica pero extraña, pues no se movían de su lugar, con la única esperanza de llegar hasta el amanecer. No me extrañó que nadie hablara de ir a pedir ayuda ni de salir de la cabaña, sin duda abrir la puerta no era una opción.

Entonces las vi. Frente a mi ventana había una especie de salón de dos aguas sin muros, totalmente de madera. Quizá estaba yo en una especie de campamento y ese era el comedor o el atrio, no lo sé. Pero ahí estaban, dos mujeres adultas corriendo depavoridas y horrorizadas, huyendo de nada. Iban tropezándose en los escalones porque no dejaban de mirar atrás y señalar al aire*. “¡Están aquí! ¡Están aquí!” gritaba alguien que saltaba de un lado al otro de la habitación, apuntando con su dedo a los rincones. Entonces es verdad, existen los monstruos invisibles y tal vez, con mucha suerte, en nuestra habitación solamente logró entrar uno de muchos. Creo que era lógico desde el principio.

*Este detalle de los monstruos que son invisibles para los niños pero visibles para los adultos obviamente debe estar inspirado en los espectros que aparecen en “The subtle knife”, el segundo tomo de la trilogía “The golden compass” de la que ya hablé un poco. La única diferencia es que en esas novelas los espectros solamente hacen daño a los adultos. También puede tener algo que ver que comencé a leer “Invisible monsters” de Chuck Palahniuk. No cabe duda que mis sueños pueden ser muy raros.

Pinokio

Nightmarish

Cuando duermo bien mi ciclo normal de sueños consta de tres capítulos. Con suerte logro recordarlos todos, pero normalmente olvido lo que sueño. A veces los sueños tienen relación y cada capítulo es una continuación del anterior, únicamente cambia un poco la ambientación y el estilo visual, con esto me refiero principalmente a los colores y a lo que podríamos denominar los movimientos de la cámara. Otras veces los sueños no tienen ninguna relación. Lo que más me gusta es que, aún y cuando llegan a ser perturbadores, mis sueños nunca me decepcionan. Anoche en el primer capítulo era un niño de unos diez años, vivía con mi familia en un basurero y nos refugiábamos en la vieja carrocería de un auto oxidado. Yo me encontraba unos tenis muy desgastados pero que eran mi gran tesoro porque tenía una herida en el pie de caminar descalzo ahí. Muy apenas sobrevivíamos, creo que no era un basurero en sí sino una zona de guerra. Mi hermana pequeña andaba por ahí y todos cuidábamos de todos. Ese sueño era verde.

El segundo capítulo fue el más flojo, estaba con unos viejos amigos. Primero en mi casa, donde tres cosas mugrosas andaban flotando y yo tenía que deshacerme de ellas antes de que desataran la desgracia que sólo yo sabía que podían traer. Tenía un hermoso pastor alemán, que solo aparecía en el fondo, nunca hizo nada realmente. El más pesado de mis amigos encontraba muy gracioso el verme perseguir aquellas cosas mugrosas así que las aventaba de un lado al otro hasta que fueron a parar a un lugar fuera de mi alcance. Lo maldije, porque en lo que tardamos en alcanzarlas comenzó la desgracia. Las cosas mugrosas se transformaron en un pequeño monstruo, inofensivo pero de aspecto terrible. Mi amigo lo tomó con sus manos y se desarmó, pieza por pieza. Creo que era porque él no le tenía miedo, aunque comprendía lo terrible que era. Por ahí en alguna parte había un templo hindú en miniatura. Después teníamos que rescatar a mi hermana, que estaba prisionera en una casa azul. Mi perro estaba desaparecido pero al llegar a la casa veíamos que estaba atrapado en un nicho del muro de la azotea, de cabeza. Lo liberábamos usando un pequeño tejado como resbaladilla. Un amigo y yo entrábamos a la casa, el otro se quedaba afuera con el perro. Al asomarnos por la ventana del patio trasero escuchábamos a mi hermana y veíamos su silueta por las cortinas de encaje. Intentábamos entrar pero todo estaba muy bien cerrado, entonces nos atrapaba una anciana. Ese sueño era azul y café.

El tercer capítulo es el que más me gustó. Estaba de nuevo en la casa azul, aún veía la silueta de mi hermana por las cortinas de tul pero todo era diferente. La casa ahora en vez de ser de interés social era amplia, enlomada y con ese toque de arquitectura práctica de los ricos de los sesentas. Estaba solo, era un adolescente y vestía como si fuera un despojo social. Usaba el cabello corto, como me gusta pero casi nunca lo llevo. Sabía que habían descubierto mi presencia y huía descolgándome de la barda azul con orilla blanca, estaba oscureciendo y escuchaba a los perros cada vez más cerca, bajaba por la colina a un lugar desconocido, suburbano. Un camino de pasto llevaba hacia dos casas, una encantadora, limpia y muy ordenada, sin ningún lugar para ocultarse. La otra tenía la cerca abierta y había una cochera o un granero abierto, lleno de piezas mecánicas y recovecos. Estaba sucia y desordenaba. Me ocultaba ahí. Los perros no me encontraban pero al atardecer un hombre me atrapaba y me hacía prisionero. Era Gepetto, el demente. En su taller me convertía en un muchacho de madera. Evitaba que huyera diciéndome que si lo hacía jamás volvería a ser de carne y hueso. Recuerdo haber sentido los tornillos de mis rodillas. Me amenazaba con que si lo desobedecía me lanzaría a la hoguera y todo el día y toda la noche tenía encendido el fuego. Ese sueño era azul, negro y verde, siempre en claroscuro. Jamás me atrevía a huir, me desperté con un una opresiva sensación de miedo. Fue increíble.