Avenida Universidad #1201

En la mañana no encontré uno de mis guantes para el frío. Normalmente no me gusta usar guantes, hacen que mis dedos se sientan torpes. Es difícil hacer cosas simples con ellos como escribir a mano, comer con cubiertos, teclearo o usar el teléfono. Mi oficina es fría, así que es un mal necesario. Hoy me la pasé con una mano fría y otra no.

Llego a casa y me reciben tres piezas de lo que sólo se me ocurre clasificar como correspondencia: un sobre de cuentas por pagar, publicidad personalizada de una de esas populares tiendas de oportunidad y un pequeño volante de un restaurante de comida japonesa que no conozco pero dice tener promociones. La culpa de que me guste la comida japonesa la tiene el desaparecido @iDarkHero y ya he conocido los principales establecimientos de la ciudad, aunque supongo que existe en algún rincón uno que no conozco donde sirvan arroz con ikura, platillo que no he probado aún. A veces me pregunto si para un japonés ver la comida “japonesa” que sirven en este país será equivalente a cuando nostros vemos un “taco” de Taco Bell. ¿Qué pensarán los italinos de la pizza americana?

No le doy mucha importancia, hasta que veo que en casa no hay mucho que comer. Empieza el fin de semana, ese fin de semana en que todas las series se tratan del día de acción de gracias y veo el especial de “Regular Show”. Aún no es muy tarde así que decido salir a comer. Dar con la dirección no puede ser tan difícil y al menos será una distracción en esta noche en que estoy solo y sin mucho que hacer. El volante dice “Avenida Universidad #1201”. Av. Universidad, como su nombre sugiere, pasa frente a la universidad de esta ciudad y del otro lado tiene colonias “bien”, donde proliferan muchos negocios, además de que une varios puntos de la ciudad. No es nada raro que haya ahí un restaurante nuevo.

Aunque seguido circulo por la avenida, no tengo ni idea de los números de domicilio. Voy en un sentido esperando que sea el correcto para llegar a mi destino y me alegro un poco al ver que así es cuando en un edificio distingo un número cuatrocientos y luego un quinientos. La suerte de la casualidad. Pero descubro que es difícil distinguir la numeración en las fachadas de tanto edificio comercial. ¿Alguna vez hab visto el número ocupar posición prominente en un centro comercial? Paso frente a Soriana Universidad lo más lento que puedo pero procurando no alterar el tránsito de los autos que vienen atrás de mi. Estoy seguro que Torre Plaza con su arquitectura ochentera tiene grandes números dorados en alguna parte, pero tendría que buscarlos a pie y esa zona es de las más problemáticas que conozco para estacionarse. Sigo adelante y paso el edificio de ladrillo que tiene muchos locales abajo pero no se le ve el número. Paso una agencia de Suzuki que ni sabía que existía, y luego un grupo de locales muy angostos; la mitad están desocupados y la otra mitad parecen ser expendios de micheladas uno junto a otro.

Para entonces ya quedó atras la universidad pero no pierdo la esperanza porque no creo haber pasado setecientos números tan rápido. Llego a Superama sin encontrar el lugar, aquí ya no es zona de restaurantes. Lo único que hay son farmacias Similares, Guadalajara y del Ahorro. Aunque me acuerdo que hay un Subway más adelante y hace no mucho abrieron unos nuevos locales con una velaria. Pero resulta ser un bar, junto a otro bar más escondido en el fondo. Doy vuelta en “U” cuando distingo un número dos mil.

Regreso más o menos hasta donde vi el número quinientos, paso Torre Plaza otra vez. La agencia Suzuki. Decido detenerme pasando el grupo de negocios de micheladas porque el próximo retorno queda muy apartado y no vi más locales que parecieran servir sushi de ahí hasta Superama. Doy vuelta a la derecha en una calle con camellón que me recuerda las calles de las colonias Loma de algo en SLP. Tenía un compañero que vivía ahí y decía que salía a pie de su casa y se le hacía raro no ver a nadie en la callo, si acaso una que otra sirvienta. La noche es fría y se ven un par de edificios interesantes adelante. No tienen nada que ver con lo que estoy buscando pero siempre me ha gustado la arquiectura y camino media cuadra para echarles un vistazo. Pienso que tiene gracia, al salir de casa me lamentaba para mis adentros por no tener ningún plan para el fin de semana, nadie con quien verme, con quien platicar. Si viniera con alguien más o hubiera quedado en algún lugar, ya se estarían quejando por la demora y muy seguramente no me acompañarían a caminar por la calle en esta noche helada solo para ver construcciones raras.

Uno resulta ser edificio de departamentos con grandes ventanales, y de unos cuatro pisos. Tiene un letrero que anuncia disponibilidad y la preventa y “pre-renta”. No están mal ubicados y tienen mucho espacio pero “pre-rentar” un departamento es un concepto de lo más extraño para mi. Lucen muy bonitos los departamentos, de todos modos, arquitectura moderna y funcional. El otro edificio que había llamado mi atención es una construcción de ladrillo de tres o cuatro pisos. No estoy seguro pero intenta imitar un estilo europeo antiguo, con ventanas con arcos en el último piso. En la planta baja hay una tienda que me imagino de manualidades o algo así porque dice “El desván de Annie” y en una ventana hay un letrero hecho a mano, muy decorado, que dice “Se solicitan clientes”. Es tan cursi que me hace sonreír. Las ventanas están cerradas con cortina metálica, así que lo único que sé es que Annie tiene una letra bonita, muy de niña.

En ese rato no vi a nadie en la calle, incluso pude tomar una foto del letrero de la pre-renta para pasarle el número a un amigo que quiere saber cuanto cuesta un departamento por esta zona. Todo está desierto excepto por una pareja que se baja de un auto con una bolsa de minisuper con lo que parecen ser bebidas, y tocan en la puerta de un domicilio. Regreso a Avenida Universidad y retrocedo sobre mis pasos. No encuentro el número en los locales desocupados, tampoco en donde venden micheladas. Paso frente a un restaurante de mariscos cerrado que anuncia su nueva dirección. Llego a la agencia Suzuki y me fijo que un auto tiene el color amarillo marcatextos exacto de la Lamy Safari edición limitada 2013. Me llama la atención que la agencia esté cerrada tan temprano y que dejen todas las luces encendidas. Son luces HQI, de lo más poderoso. Realmente hay pocas otras opciones para iluminar un showroom automotriz pero el recibo de luz debe ser impresionante.

Aún no distingo números, me pregunto cómo le hace el cartero. Hay otro grupo de locales con fachadas de crista, creo una agencia de viajes y un distribuidor de fotocopiadoras. Estoy pensando en la correspondencia cuando veo un angosto edificio de oficinas… que tampoco tiene número. En otro horario me imagino que habría un vigilante o recepcionista al que pudiera preguntar pero está ahora todo oscuro y cerrado. La única otra persona que vi, aparte de los que estaban consumiendo micheladas, fue a un tipo que pasó caminando en sentido contrario junto a mi y se me quedó viendo. Se veía medio cholo. El edificio tiene un buzón de plástico transparente en el portal, se ve que hay varias cartas dentro. Se me ocurre la idea de tomar un sobre y ver la dirección, pero me imagino a un vigilante apareciendo de pronto y apuntándome con su spray lacrimógeno. Finalmente llego a un centro de copiado que dice el numero mil cien.

Regreso sobre mis pasos y vuelvo a pasar por los locales de micheladas. Veo en uno a un par de muchachas comiendo un platillo no identificado que parece empanizado ¿será ahí? La verdad ya me aburrí un poco y decido irme. Pero al pasar por los locales desocupados ahí lo veo: el número 1201. No lo había visto por la oscuridad. Me fijo y distingo que todo lo ancho de la manzana es una sola fachada, un solo edificio. Regreso a local donde vi a las muchachas y efectivamente ahí es el restaurante japonés más pequeño que conozco. Me pregunta el mesero si estoy esperando a alguien y le digo que no. Antes me daba pena ir a un restaurante yo solo pero ya estoy bastante acostumbrado. Me dan el menú y me avisan lo que está en promoción al 2×1. No se ve muy elegante y está sospechosamente barato, me pregunto si enfermaré pero para eso momento ya invertí mucho tiempo en dar con el lugar como para irme y me convence la madre de familia que parece que ya conoce el lugar, llega con tres niños y pide montones de comida para llevar. Al final la comida está más o menos, aunque me regalaron un par de pequeñas empanadas de queso que estaban muy sabrosas mientras esperaba que me sirvieran. Me quedé escuchando un podcast de temática bastante nerd mientras en una pantalla pasaban un partido de futbol.

Me quedo pensando qué lugar ocupará este pequeño restaurante en mi agenda de lugares así. Al principio de mi noche me desanimaba la idea de estar solo pero la verdad es que de haber estado acompañado hubiera sido muy distinto. Seguramente no habría dado una segunda vuelta para localizar la dirección exacta ni andado a pie viendo esos lugares raros. No me habría quedado a probar que tal estaba la comida. No lo sé, supongo que así es mi vida. Me quedé pensando en la sensación de caminar por esas calles frías y solitarias, con casas muy bonitas para habitar a cada lado pero nadie que parezca transitar por ahí. El edificio de departamentos disponibles, esperando a llenarse de vida. Me quedo pensando en el guante que me hizo falta todo el día y el que se quedó abandonado no sé donde. En este recorrido, esta pequeña e insignificante aventura, una de tantas, de la que nadie nunca sabrá nada.

Me quedo pensando en el lugar que anduve buscando, el número lo dice todo: Uno-dos.

Cero.

Uno.

Coffee drinkers Vol. 2

Estaba recordando blogs y posts viejos y me quedé pensando en el tema que se trató hace unos años (¡qué rápido pasa el tiempo!) en Pipotweets. Y es que en este tiempo para mí las cosas han cambiado un poco y actualmente consumo café regularmente.

Es una costumbre que comenzó casi sin darme cuenta pero creo que tiene que ver con el hecho de que hace unos tres o cuatro años, dejé de tomar refrescos altamente azucarados. Esto fue en parte porque he tenido un par de extracciones de muelas que han necesitado de tiempo para sanar. Después de unas semanas de esto, las bebidas refrescantes convencionales se me hicieron absurdamente dulces, incluso los jugos jumex no parecen muy recomendables. Y no me refiero a sus beneficios para la salud, sino al simple hecho de que me di cuenta que las bebidas que tomaba habitualmente me dejaban en los dientes (que en ese tiempo tuve muy sensibles) una sensación incómoda, como de traerlos embarrados de dulce, que luego se iba transformando en acidez si no me lavaba los dientes inmediatamente.

Esto es normal, de hecho casi todo lo que comemos se va transformando en ácido en la boca y hace que proliferen las caries. Pero nunca me había resultado tan molesto. Así fue como dejé de tomar la Coca Cola de (casi) todos los días… y me dí cuenta que estaba muy acostumbrado a la energía extra que me daban esas bebidas. Así que, una vez recuperado de mis molares extraídos, fui dejando de tomar esos refrescos y probé otras cosas.

Aquí quiero hacer un paréntesis para hablar de las bebidas energéticas, que al menos en mi familia y círculo social de aquellos tiempos, está en una situación similar a la de las sopas Maruchan: no te puedes tomar una sin que alguien salte a decirte lo malísimos que son esos productos para la salud y que incluso provocan adicción y problemas del corazón. No quiero decir que eso no sea cierto, sobre todo si las consumes en exceso pero definitivamente no es mi caso. Para empezar también son generalmente muy empalagosas y algunas saben muy raro, como la Monster sin azúcar o el muy publicitado Red Bull, que aparte es bastante caro. Lo curioso es que noté cuando iba al Oxxo a cierta hora que mucha gente realmente consume esos productos regularmente. A mi me gustó el Monster sabor café, que parece ya no venden y lo sustituyeron con las variedades sabor té que no me gustaron. Y para no hacer el cuento largo, sí llegan a tener efectos sorprendentes estas bebidas energéticas. Después de una media hora sí sentía un mayor estado de alerta, más concentración y menos cansancio. Pero creo que las presentaciones en las que se venden son demasiado grandes para mí, yo con una lata pequeña de Boost tengo suficiente energía.

Cuando me empecé a fijar en estas cosas noté la curiosa mezcla precisamente de Boost con bebidas alcoholicas, que tiene que ser una de las mejores peores ideas que he visto. Se me quedó muy grabada la frase de una persona con la que hablé de esto que me dijo “El Boost con vodka está divino“. Yo me quedé pensando que mezclar el alcohol que “deprime” el sistema nervioso, con un estimulante es, cuando menos, raro.

Ahora que he estado en Aguascalientes noté que en las semanas de la Feria de San Marcos no es raro que mis compañeros de trabajo llegaran a la oficina muy desvelados y consumieran bebidas energéticas. Uno en particular se bebía hasta tres latas de Monster y, por mucho que quiera evitar juzgar a las personas, no me parece prudente. Creo que si yo me tomara tal cantidad acabaría temblando y posiblemente tendría una taquicardia. Lo gracioso de este compañero en particular es que nunca consumía café y de hecho decía que la cafeína no produce ningún efecto y lo que “levanta” tus niveles de energía es el azúcar.

Pero ya me adelanté un poco. Mi trabajo llegó a ser muy monótono y comencé a escuchar podcasts y a tomar café de la cafetera de la empresa para combatir la somnolencia resultante. Debo decir que si tienen oportunidad de escuchar podcasts regularmente, es una excelente oportunidad para practicar y mejorar la comprensión de idiomas extranjeros. El caso es que en dos años ha cambiado mucho mi apreciación del café. Del café de la empresa pues no era la gran cosa, tengo que coincidir  en parte con lo que decía Kwz en su viejo post del tema en que sí puede llegar a tener un sabor bastante desagradable y yo, no habiendo probado mucho café, llegué a pensar que esto era normal (respecto a ese post no estoy de acuerdo en que la cafeína se considere un veneno). No soy ningún nerd del café, pero si descubrí que el de cafetera de oficina generalmente está preparado sin cuidado, fácilmente se quema y puede tener una acidez muy alta. Al principio también le echaba azúcar para combatir esos efectos desagradables pero creo que mis dientes quedaron muy sensibles y me quedaba una sensación desagradable en la boca. Incluso en las raras ocasiones que tomé más de una tasa de café me sentí mal y tuve que acudir al médico, que me dijo que me estaba provocando una irritación fuerte del tracto digestivo.

De modo que empecé a probar poco a poco otras fuentes de café y encontré que puede llegar a venderse muy cara una simple taza de esta bebida y que es muy variable su sabor. Conocí una cafetería que desconozco si sea franquicia o qué, pero maneja un café veracruzano bastante sabroso (adjetivo que antes no hubiera pensado que aplicara al café) y una cafetería móvil (es como esos remolques que salen en las películas de Nueva York) que vende uno decente pero muy sobrepreciado. Incluso probé distintos cafés en casa, entre los que destaca uno que un familiar trajo de un viaje que hizo a Brasil y que es increíblemente fuerte. Bastan un par de tragos para sentir los efectos de la cafeína casi inmediatemente.

Pero lo más importante que aprendí es que el café no tiene por qué tener un sabor desagradable. Según he podido hacerme una idea de cómo se toma normalmente el café, descubrí que a la gente se le hace un poco raro que yo lo tome sin azúcar y un poco fuerte. Incluso un compañero que me llegó a ver servirme de la cafetera se me quedó viendo raro y me dijo con incredulidad “¡¿Sin azúcar?!”

Ahora bien, en cuanto a mi experiencia con la cafeína puedo decir que el principal efecto que siento es que te “despierta” y facilita la concentración mientras que, en exceso, me provoca irritación del sistema digestivo. Como dato adicional, no padezco de gastritis ni nada parecido y es raro que tenga ese tipo de problemas. Creo que para mí la dosis correcta sería como de media taza pero es inevitable y termino tomándome una entera. Algunas personas dicen que la cafeína puede influir en tu estado de ánimo y hasta provocar cambios de humor, pero eso no me ha pasado. No me gusta el café tan caliente, de hecho lo prefiero tibio aún cuando el clima es frío. Esto provoca que esté yo peleado con los vasos térmicos que tanto se usan para transportar el café, pues siento que fácilmente lo conservan caliente por varias horas más de lo que me gustaría. Normalmente yo mantengo mi recipiente destapado un rato hasta que el café está un poco más caliente de lo que me gusta y luego lo tapo. Hablando de eso con un amigo me contó historias de horror de gente que se molesta mucho cuando el café está frío, cosa que no es mi caso. Así que lo que aprendí al final es que media taza tibia en la mañana sí me ayuda a desempeñarme mejor.

Sin embargo en ocasiones de mucho trabajo o que no he podido dormir bien del todo, he llegado a abusar de la cafeína y mi experiencia ha sido muy similar a la de Roosh: me siento bien por un rato pero en las noches se siente como tu cuerpo te cobra el sueño y cansancio que el café había enmascarado. Esto llegó a ser particularmente notorio los fines de semana, en que sentía mucho cansancio y no me levantaba hasta muy tarde. No es una experiencia muy agradable y es la que considero la mayor desventaja de la cafeína. Así que la conclusión a la que he llegado es que el café es útil y provechoso mientras no se abuse de él… como con todo. No es de sorprender que exista una industria tan grande y diversa en torno a él.

Ahora ¿qué alternativas existen? pues algunas personas dicen que la nicotina en el cigarro tiene un efecto similar, aunque yo nunca lo he sentido y no me parece una alternativa muy saludable, además de que trae otras molestias como el olor penetrante que se impregna en todo y que cada vez es peor visto. No pueden faltar, claro, las bebidas azucaradas pero, incluso dejando de lado sus efectos en la salud, ya no me resultan agradables. Algunos dicen que tomar un multivitamínico o algún suplemento (¿o era complemento?) te ayuda a sentirte con mayor energía. Otros dicen que eso es totalmente falso pero, aunque nunca he consumido esos productos, en mi experiencia puedo decir que una nutrición más efectiva y regularizar tus horas de comida sí me ha hecho sentir más despierto y a reducir el cansancio. Mentiría si dijera que conozco el mecanismo por el que esto sucede pero no creo que haga falta analizarlo demasiado para ver que tiene sentido. Supongo que aquí algunos podrían señalar otras alternativas y drogas de su preferencia, pero esto es lo que me ha funcionado a mí.

Por ahí hace un par de años anduvo circulando un video a manera de infografía del café (que no encontré, pero hay muchos videos parecidos) que decía que no tiene efectos secundarios dañinos y puedes consimir toda la que quieras. Otras personas dicen que eso constituye una adicción y que, aún cuando no produzca ningún daño al cuerpo, nunguna adicción es buena. Solo puedo decir que ambos puntos de vista me parecen extremos.

Sin embargo algo que he notado es que en la actualidad adolescentes y niños de temprana edad ya están consumiendo café desde edades que me parecen muy tempranas. Se supone que esto no causa ningún problema de salud pero yo recuerdo claramente que en mi casa de niño nunca me dejaron tomar café y me sigue pareciendo lo más apropiado. De todas formas, cuando veo que en el Starbucks la mamá le compra a sus niños de 8 años un frappé enorme con crema y todo, me pregunto qué nos deparará el futuro. A esa edad el cuerpo consume calorías a velocidades asombrosas pero de todas formas una parte de mí siente que no está bien. Sobre todo porque a esa edad yo no recuerdo haber necesitado de los efectos de la cafeína. Quizá la verdad sea que ahora tampoco son indispensables.

Hiatus – “We can be ghosts now”

Para mi, musical/audiovisualmente, el año se resume en esto.

“I thought that they would turn in to a plane at the end and fly away…. but they can be ghosts now…”

Más información (en inglés) aquí.

Bury everything you own
On a hill in Peckham Rye
Say a prayer for those you’ve known
As tracer fire scars the sky

A heaven of abandoned stars
River running black and red
Fight your way through crowds and cars
As rockets flower overhead

Meet me in the dust cloud
As The Towers topple over ground
We can be ghosts now
We don’t ever have to make a sound

Meet me in the white light
As the city slowly lifts away
We can be a ghost now
With the memory of another day

Meet me in the white light,
in the white light now…

Tres libros de John Hornor Jacobs

Lo primero que leí acerca de este autor fue un post de Boing Boing. El nombre no me sonaba de ningún lado y encontré que solo tiene unos cuantos libros publicados desde hace pocos años. Lo curioso fue que, aparte del libro recomendado, sus otras dos novelas también me llamaban la atención y no eran demasiado largas, así que decidí echarles un vistazo. Fue una agradable sorpresa ver que cada libro era mejor que el anterior. Así que me gustaría comentarlos en orden cronológico de publicación. Desconozco si están disponibles en español, aunque creo que no todavía.

“Southern Gods”

El alto y fuerte “Bull” Ingram, veterano de la segunda guerra mundial, hace las veces de ajustador de cuentas de un prestamista. Entonces un DJ de una estación de radio de blues lo contrata para encontrar a un amigo suyo que desapareció misteriosamente en un viaje de negocios. Se cree que esto tiene que ver con Ramblin’ John Hastur, un personaje del que solo se sabe que transmite blues desde una estación de radio pirata, cuya música se rumora que tiene el poder de volver locos a los vivos y hacer que los muertos se levanten.

La búsqueda de Ingram se entrelaza con una subtrama más grande que involucra antiguas deidades. El relato es un tanto lovecraftiano y me gustó mucho la manera en que se imagina la maldad de esos dioses que no tienen contemplaciones hacia el ser humano. Este libro me recordó a “American Gods“, aunque tiene un estilo más siniestro y, a mi gusto, mucho más directo y digerible. En lugar de las elaboradas escenas cinematográficas y la cotidianeidad americana que usa Neil Gaiman y que poco tienen que ver con la trama central, aquí vamos acercándonos a encontrar al misterioso Hastur, haciendo aliados y descubriendo secretos cada vez más siniestros que suponen un peligro inminente. Se nota que se trata de un autor primerizo que ha leído muchas historias de terror, pero sin que resulte ningún obstáculo. Me gustó mucho la manera en que explica mitos como el del golem y la biblioteca de libros prohibidos de el Vaticano. Muy entretenido si les gustan este tipo de relatos.

“This Dark Earth”

Una novela de zombies muy intensa, con la particularidad de que conforme el libro avanza se va narrando desde distintos puntos de vista. Comenzamos con Lucy, una doctora que está trabajando un día más en un hospital cuando la plaga zombie se desata. Emprende entonces el peregrinaje hacia su hogar con la esperanza de encontrarse con su marido y su hijo Gus. Después vemos la versión de Knock-out, un camionero que se une a Lucy. Entonces entramos a la parte más larga del libro que está narrada por Gus unos años después, cuando es un adolescente endurecido por los rigores de la vida que ha tenido que enfrentar en este mundo post apocalíptico.

El grupo de sobrevivientes se ha refugiado en “Bridge City“, una especie de fuerte construído en un puente, que se ha elegido por ser una de las estructuras más defendibles (una idea muy interesante). Tras un tiempo de relativa paz y seguridad nos encontramos con que la mayor amenaza no son los muertos vivientes sino otro grupo de sobrevivientes esclavistas que han escuchado de Bridge City y vienen a tomarla por la fuerza. El último recurso es un arriesgado plan que no sale del todo bien. Lo que más me sorprendió fue la efectividad con que relata algunas cosas muy crueles que le pasan a los personajes, personajes que como lectores llegamos a querer bastante y a preocuparnos por ellos. Uno de los libros de zombies más intensos que he leído.

“The Twelve Fingered Boy”

Shrev es un chico listo y bienintencionado, pero problemático, en un centro de detención juvenil. Si bien no es lo que preferiría estar haciendo, tiene sus ventajas respecto a el hogar de su madre alcohólica y él se dedica al tráfico de dulces entre sus compañeros. Entonces a Shrev le asignan un nuevo compañero, Jack, un muchacho tímido y flaco que tiene 6 dedos en cada mano y cada pie, y pocas posibilidades de sobrevivir en ese ambiente. Shrev se identifica con Jack y trata de protegerlo del abuso de sus compañeros, aunque sin mucho éxito. Pero puede que Jack tenga superpoderes que no comprende del todo y necesita dominar. La mayor amenaza es Mr. Quincrux, un hombre misterioso de una agencia del gobierno que tiene el poder de controlar mentalmente a los guardias y viene por Jack.

Esta es una gran novela, con tintes de terror y superpoderes. Me gusta mucho que se reconoce que no solo los adultos maldicen y tienen malos pensamientos. El espíritu de cada uno de los protagonistas está lleno de vida y muy bien retratado, Quincrux es un enemigo temible formidable… ¿o no es un enemigo? Todo forma parte de algo más grande y siniestro. Shrev y Jack escapan del centro de detención y se mantienen huyendo a la vez que adquiriendo el dominio sobre sus poderes (y con esto creo que ya revlé demasiado) mientras son perseguidos por un adversario que puede ser cualquiera, pues cualquiera puede estar controlado psiquicamente por Quincrux. La única opción es mantenerse fuera del rango de su alcance y dirigirse hacia un lugar donde en el pasado sucedió algo terrible, su única pista para tratar de armar el rompecabezas.

Además de ser sumamente entretenido, me pareció sorprendente en varios momentos. “The Twelve Fingered Boy” es la primera parte de la trilogía “Incarcerado”, próximamente estará disponible la segunda parte “The Shibboleth”. De lo más recomendable que he leído últimamente.

“The Walking Dead”, tercera temporada.

Ya es otra vez esa época del año en que toca hablar de esa serie de zombies que veo nadamás porque aún no pierdo la esperanza de que sea mejor. Y de verdad que esta tercera temporada ha sido una sorpresa agradable que me ha dejado con solo un par de cosas que decir.

Lo primero: mucho se habló de la salida de Frank Darabont como productor de la serie al terminar la segunda temporada, a la vez que se anunció un recorte en el presupuesto de cada episodio, que rondaba el 20%. Afortunadamente no sentí esa reducción por ningún lado (si acaso puedo quejarme de que la prisión en ocasiones no se ve muy real), todo luce completo y convincente. Además, la historia fue mucho más entretenida y ató cabos con lo que había pasado en temporadas anteriores. ¡Bravo!

Lo segundo: el primer episodio de esta temporada arranca muy lento y toda esa situacion con el Gobernador y Andrea se volvió una telenevolita de acostones en la que el malo no es tan malo y el bueno no se decide a ser totalmente bueno. Aunque aquí el Gobernador es mucho más humano y está mejor desarrollado el personaje que en el comic, sentí como si estuviera viendo “Melrose Place”. Definitivamente no me está gustando que se prolongue tanto lo del Gobernador. Pero los demás personajes sí estuvieron envueltos en aventuras, planes, misiones y decisiones difíciles. Incluso la forzada amistad-romance entre Daryl y Carol fue reivindicada y el reaparecido Merle quedó muy bien justificado y se fue con un destello de gloria.

No podía quedarme sin señalar algunos puntos extra…

Lo feo: T-Dog sobrevivió dos temporadas, a veces solamente con diálogos de unas pocas palabras y todo para morir solo porque es negro.

Lo más feo: el virus, ya quedó muy claro que no tiene sentido y no se está buscando realismo en esta área. No que eso esté mal en sí. Pero creo que los intentos por explicar “científicamente” cómo funciona y el porqué aunque no es mortal, la mordida de un zombie ocasiona invariablemente la transformación, son francamente ridículos. Mejor que no intentaran explicar nada.

Yo me quedo con dos episodios, el viaje al pueblo en “Clear” donde vemos cómo enfrenta su destino Morgan, así como a Michonne integrarse realmente al grupo de sobrevivientes; y ese juego del gato y el ratón entre Andrea y el Gobernador en “Prey“.

Mis múltiples máquinas del tiempo

¿Por dónde empezar? Un cuento de Cortázar.

Mi primer reloj lo tuve en la primaria, era azul, totalmente de plástico. Recuerdo que fue de alguna promoción de Pepsi. Estaba muy mal hecho y no me duró mucho. Cuando se me caía, la tapa trasera salía rodando, como una moneda. Por aquel entonces también había un reloj de promoción de Coca Cola que era más grande y de plástico traslúcido que me llamaba más la atención pero no pude conseguir.

Más adelante tuve un Casio medio básico, que tenía cronómetro y alarmas y luz para leer la pantalla en la oscuridad. Todavía venden ese mismo modelo, el F91W, ahora famoso por ser el favorito de Bin Laden. Hace poco un compañero llego al trabajo con uno que es el mismo “módulo” (así le llama Casio a la pequeña computadora que va dentro de la carcasa y tiene ya definidas sus funciones. El módulo se puede vestir, por decirlo así, en distintas carcasas y extensibles y a la combinación de ambos les llama “modelo”. Si quieres saber el módulo de tu Casio, es generalmente un número de cuatro digitos que trae grabado en la parte de atrás, rodeado por un rectángulo) pero diferente modelo; el suyo es de acero y el mío era el más simple de plástico. Me lo compró mi papá ya no me acuerdo por qué y sí lo tuve un buen tiempo, hasta que la pantalla dejó de funcionar.


Me acuerdo que me costó mucho trabajo aprender a leer la hora en los relojes tradicionales que no son digitales ¿por qué carambas se dice que son las cuatro y veinte cuando ambas manecillas apuntan más o menos hacia el cuatro? ¿No son las cuatro cuatro?, así que los relojes digitales fueron para mí una gran revelación. Al principio me resultaba muy incómodo llevar puesto el reloj y no toleraba ponermelo en el brazo izquierdo, que es lo más correcto porque soy diestro y el reloj va en el brazo no dominante. Así que era de esos raritos que llevan el reloj en el brazo derecho.

El pequeño reloj Casio se fue desgastando y estrellando y rompiendo hasta que dejó de funcionar. Luego mi papá sacó de quién sabe donde un Alnima muy lindo (marca de la que no he vuelto a saber nada). Era verde militar y con extensible de nylon, que se me hacía mucho más cómodo. Originalmente se lo dió a mi hermana pero era un reloj muy grande y tosco para una mujer así que me lo pasaron a mí. Me gustó mucho y lo tuve la mayor parte de la secundaria, pero me lo robaron en una ocasión que me asaltaron.

Ya estaba muy acostumbrado a llevar reloj siempre, no me lo quitaba para dormir, incluso lo usaba para nadar, ocasiones en que gente que ni me conocía usualmente me aconsejaba que me lo quitara. Pero el reloj decía “Water Resist” y nunca tuve problema (más tarde aprendí que el “Water Resist” solamente indica resistencia a salpicaduras). Cuando murió mi Casio me resultaba muy desconcertante no saber la hora y no me gustaba nada andar preguntando a propios y extraños. Creo que fue en ese momento cuando me di cuenta de cuanto dependía de mi reloj y lo mucho que checaba la hora durante el día. También me había acostumbrado mucho a usar el cronómetro. En aquel entonces caminaba con frecuencia largas distancias por la ciudad y usaba mucho el transporte público. Tenía memorizado el tiempo que tomaban la mayoría de mis trayectos usuales y salía con el debido tiempo de anticipación, ya sabía cuando iba a llegar tarde y por cuanto tiempo o que ruta alternativa tomar en caso de calles cerradas o cualquier cosa. Incluso descubrí que correr unos cuantos metros cuando se te hace tarde es un sinsentido, estadísticamente totalmente insignificante. Ahora lo uso siempre para tomar el tiempo a parquímetros y estacionamientos de paga, a cuanto me tardo en correr un kilómetro, al hacer ejercicio, al caminar por rumbos desconocidos sencillamente para saber cuánto me tomará volver sobre mis pasos.

Estaba yo empezando la preparatoria cuando mi papá me regaló un reloj por tercera vez, ahora se trataba de un Citizen “analógico” o de manecillas. Era mecánico, de color plateado con la carátula dorada y automático. Recuerden esa última palabra, se refiere a una máquina del tiempo estrictamente mecánica que sigue trabajando indefinidamente mientras la lleves puesta. Era el reloj que mi papá tenía un tiempo usando y estaba ya maltratado. Lo más importante es que no tenía cronómetro ni alarmas ni luz y pesaba bastante a comparación de mis relojes de plástico. Además ¡hacía ruido al trabajar! Un tic-tac constante, varias veces por segundo. Ahora sé que se traba de un Citizen Eagle 7 y era una máquina bastante respetable.

Lo recibí con bastante escepticismo, hacía varios años habia usado ocasionalmente un reloj mecánico de Mickey Mouse que mi mamá guardaba celosamente (debió ser caro) y me prestaba de vez en cuando. Lo frustrante era que si se me olvidaba darle cuerda un día, se detenía y perdías tu hora, tu brújula en esta tormenta oscura y terrible que es el tiempo y en la que todos estamos perdidos…

¿En qué estaba? Ah, oh si. Acostumbrado a los displays digitales, yo era de esas personas que piensan que leer las manecillas es más “complicado” que leer la hora “directamente”. Pero para mi sorpresa descubrí que me era mucho más agradable dar un rápido vistazo al reloj y sencillamente determinar si era tarde o temprano. Esto es algo importante y resulta muy difícil de creer si toda su vida han usado relojes digitales. Créanme, he estado ahí y sé de historias de incrédulos que se han convertido.

Un compañero de la prepa, por casualidad, tenía un reloj muy similar, incluso de la misma marca aunque el suyo se veía nuevo y más lujoso por que tenía la carátula blanca (o de otro color menos pretencioso) y el extensible tenía eslabones dorados en el centro. Creo que nunca hablamos de nuestros relojes, a pesar de que convivimos mucho, pero siempre pensé para mis adentros “este tipo tiene suerte de tener un reloj tan bueno como o mejor que el mío”. Yo usaba mi reloj muy ajustado al brazo, de modo que casi no se moviera de lugar y mi compañero era delgado y larguirucho y lo usaba bastante suelto, de modo que cuando gesticulaba o se recargaba, el reloj se deslizaba una buena distancia y la carátula nunca estaba posicionada en el plano del dorso de la mano. No comprendía yo como podía aguantar traer el reloj así, hasta que más de una década despues descubrí que es bastante fresco y cómodo y es la manera que prefiero ahora.

El Citizen automático terminó gustándome bastante, incluso me motivó a aprender un poco más del tema de los relojes, hasta que un día se me cayó y golpeó muy feo en el piso. El cristal (realmente era cristal) se rompió y las manecillas se atoraron con los pedazos, ocasionando que el reloj se desajustara. A pesar de que se mandó arreglar, ya nunca dió la hora correctamente, adelantándose varios minutos al día. Ahora sé que de todos los escenarios, este, el de apresurarse, es el más benigno en los desastres de relojería: lo peor que puede pasar es que llegues temprano a tus compromisos. Pero en aquel entonces era un ignorante y descarté aquella máquina

Aquí es buen momento para abordar uno de los temas más escabrosos y contradictorios del mundo de la horología: ningún reloj es exacto, especialmente si se trata de uno mecánico. Se adelantan o se atrasan varios segundos al día, algunos hasta medio minuto. En los relojes mecánicos esta discrepancia incluso va variando según la edad y el uso que se le de al reloj. Golpes, acelaraciones, cambios de temperatura y campos magnéticos pueden interferir. Esto no suele ser mucho problema, en especial si se trata de un reloj que marque la fecha porque, a menos que se trate de un modelo lujoso y complicado, el calendario contará siempre del dia 1 al 31, es decir, hay que ajustar la fecha cada dos meses aproximadamente y se aprovecha tal ocasión para corregir también posibles desviaciones en la hora. Los relojes electrónicos o llamados de cuarzo suelen ser mucho más exactos, por eso no faltará quien diga que el Casio más barato es mejor que el reloj suizo más caro (aunque en realidad los relojes de cuarzo super económicos tienen un margen de error bastante similar… y no estén hechos para durar mucho).

Este detalle, sin embargo, lleva a algo importante: un reloj , ya no digamos mecánico, uno que te resulte valioso porque te gusta o cualquier otra razón, generalmente hace que te involucres más con él. Hay que quitárselo y ponérselo, cuidarse de no perderlo o dañarlo, ajustarle la hora y la fecha, darle cuerda o cambiarle la pila, etcétera. Recuerdo claramente un concurso de alguna clase en la secundaria. El profesor estaba clavando unas maderas para algún propósito que ahora tengo borroso y, antes de dar el primer martillazo, se quitó el reloj. ¿Por qué, si lo llevaba en el brazo izquierdo y el martillo lo tomaba con el derecho? Porque le importa. Porque está consciente que se trata de una máquina importante y delicada. Es una de esas cuestiones que solo se pueden abordar en consciencia de su subjetividad. ¿Por qué se siguen fabricando automóviles de transmisión manual cuando los automáticos hacen la vida más fácil? ¿Porqué sigue habiendo revólveres cuando claramente no hay vuelta de hoja después de las armas automáticas? ¿por qué crece el negocio de los videojuegos cuando es más fácil y en apariencia bastante similar simplemente ver una película? Se trata de una experiencia, una que ya han vivido muchos pero que cuando tú la vives, es tuya y especial.

No puedo evitar salirme un poco del tema y mencionar que una vez que te acostumbras a usar plumas fuente, es absurdo todo eso de las plumas deshechables. ¿No es más lógico entintar una pluma cuando se acaba la tinta que deshacerse de ella y comprar una nueva? “Se le acabó la gasolina a mi coche, ahora tengo que tramitar el crédito a varios años para uno nuevo, porque rellenar el tanque es cosa de traumados pretenciosos”. En fin, grandes misterios del tercer milenio…

Claro que al igual que con las plumas, autos y armas, con los relojes después de cierto nivel se pasa de la calidad y funcionalidad a la exageración y los lujos innecesarios, pero la gente está acostumbrada a pagar precios elevadísimos por unos simples calzoncillos de marca, así que no me preocupa demasiado. No se me ocurre un ejemplo, una situación, en que un reloj de ocho mil dólares sea peor o menos conveniente que uno de cinco, a menos que estemos hablando de el horror paralizante en caso de perderlo.

Después del Citizen automático compré otro Casio, uno bonito con manecillas analógicas y pantalla digital que “flota” sobre ella. Tiene la otrora codiciada elecroluminiscencia “Illuminator” que es realmente muy útil, además de cronómetro y un monton de alarmas y funciones extra como “banco de datos” y reloj mundial que nunca utilicé. Gracias a la pantalla flotante, la fecha puede aparecer o desaparecer cuando quiera. Fui muy feliz con el y no salió nada caro. Una de esas funciones que al principio me resultaron absurdas pero ahora me son indispensables es la del tiempo “dual”: la capacidad de llevar dos horas distintas. Generalmente esto está pensado para gente que viaja y le resulta conveniente estar al tanto de la hora en dos zonas horarias distintas. Para mí esto significó llevar el tiempo “normal”, la hora que anuncian en la radio a la vez que una hora personal, como la de el reloj de la escuela o la de la sucursal más cercana de Cinépolis. Ahora para mí la hora exacta no es un número, es un rango entre esa hora “pública” y la hora que marcan mis eventos y compromisos personales. Quizá no sea tan fácil de explicar, quizá sí y simplemente suene ridículo, pero es el punto donde he estado varios años.

Después de un tiempo, mi preciado Casio se empezó a “bloquear”, un horrible estado en que los botones dejan de responder y la pantalla muestra todas las funciones una tras otra en un bucle. El único remedio es abrirlo, retirar la pila para reiniciarlo, volverla a instalar y hacer contacto entre dos puntos clave de la maquinaria para “activarlo”. Es como una especie de seguro que traen esos relojes para protegerse en caso de eventos peligrosos como golpes fuertes y posibles descargas al cambiar la batería. Es una enorme molestia para el usuario y en lo personal le agradecería a Casio si dejara de implementar tal seguro. Luego esto comenzó a suceder bastante seguido, varias veces al año sin razón aparente. La tragedia de perder tu hora, tu tiempo personal, es grande a nivel emocional, si bien no impacta mucho en términos prácticos. Pero un reloj que no marca la hora ¿sigue siendo un reloj?

Decidí impulsivamente comprar otro Casio, uno con “caja” (cuerpo, pues) de acero. Hasta entonces todos mis Casio habían sido de plástico y debo reconocer que si hace gran diferencia el material, el metal es mucho más resistente a rayones, golpes y no se va a romper con un jalón del extensible. No creo poder volver a los relojes de plástico. Es un modelo algo excéntrico, quizá no muy estético ideado para pescar. Muestra la fase lunar de acuerdo a la fecha, hora y zona horaria, haciendo una estimación de las mareas. Esto es algo que ya se hacía a mano y da resultados aproximados, pero el reloj lo automatiza completamente. Ahora bien, me encantan los peces tanto vivos como en el plato, pero yo nisiquiera sé pescar. Nunca voy a hacer uso de esas funciones, pero siempre había querido un reloj que indicara la fase lunar. Es algo que se ofrecía en relojes mecánicos caros pero que la electrónica asiática abarató hasta el absurdo. Y me gusta mucho. Y ahora puedes tener si quieres hasta una calculadora o un control remoto de TV miniaturizado en tu muñeca. Hay infinidad de funciones para todo propósito y es una gran ventaja de los tiempos que vivimos. Incluso mi reloj en cuestión con luz y esas funciones innecesarias promete una vida de batería de 10 años, que es un gran logro y hace que el costo de operación sea ínfimo.

Todo alegría y felicidad hasta que, luego de poco más de un año, mi querido reloj que tanto amé, comienza a apagarse repentinamente. Es como me sucedió con el anterior. Pierdo mi hora, mi fase lunar, mis ajustes de zona horaria, mi hora dual… es cuando decido darme por vencido con los Casio.

Porque para mí un reloj es un montón de metal, circuitos y resortes al que le he confiado algo de mi consciencia, guardián de una parte de mi vida. Fiel sirviente que me quita de encima el peso de llevar un conteo minucioso de las horas. Depositario de mi hora privada que me guía en todo momento. Confidente que me ayuda a discernir cuando planear un escape para observar las luces de la ciudad por la ruta panorámica cuando es propicio en luna nueva, o a evitarlo cuando la luna llena lo arruinaría.

¿Ahora qué? Un rápido vistazo en las tiendas de prestigio me hace darme cuenta que los tiempos han cambiado. Ahora los relojes mecánicos son aves raras, ni hablar de un automático de bajo costo. (quiero señalar que el reloj Swatch del enlace anterior es muy probablemente una maravilla… imposible de conseguir en México). Pareciera que los diseñadores de ropa ahora controlan el mercado. Los chicos de ahora no usan reloj, están acostumbrados a ver la hora en el teléfono o la computadora. La era de la hora personal se ha acabado. Por un tiempo intento ver la hora en el celular, pero es ridículo. Resulta absurdo cuando vas conduciendo un auto, impráctico cuando estás corriendo o haciendo ejercicio, indiscreto y maleducado en medio de juntas laborales y conversaciones íntimas. Es incluso peligroso en los bajofondos de la ciudad. Doloroso en los ojos a mitad de la noche. No solo me siento incómodo, no me ayuda cuando en las tiendas de prestigio siento que sé más del tema que los empleados que me intentan vender un reloj y me dicen barbaridades como “Nautica es mejor marca”, “acá trae un taquímetro, pero… no lo sé usar” o “no es un cronómetro, es un cronógrafo”.

Extraño mucho mis pequeñas, fiables, mágicas y amadas máquinas del tiempo. No sé qué voy a hacer.

En las fotos, el inolvidable y grande Nicolas Hayek.