“Apocalipsis Z” de Manuel Loureiro

He reseñado las tres partes de esta trilogía:
Apocalipsis Z
Apocalipsis Z: los días oscuros
Apocalipsis Z: la ira de los justos

La historia de cómo terminé leyendo este libro es bastante similar a lo que me pasó con Rec. Escuché de la novela en cuestión y al principio no le presté mucha atención porque no olía a nada original, empezando por el título. Luego me fui topando aquí y allá con breves menciones del libro, que de hecho empezó como una historia publicada a modo de crónica en un blog, factor que contribuyó a que no la tomara muy en serio (y que ya se ha hecho en repetidas ocasiones, como es el caso de Monster Island). Después apareció en uno de mis sitios de descargas de confianza y, como tengo la mala costumbre de bajar montones de libros y películas que quizá nunca vea/lea, la descargué. Eso fue hace varios meses hasta que hace unos días me volví a topar con la novela y dije ¿por qué no?. Este es tan buen momento como cualquiera para mencionar que Loureiro es abogado y gracias a esta historia se volvio escritor, pueden anotar eso en la lista de razones que me daban cierta desconfianza.

La verdad es que al principio el libro no me atrapó, me refiero únicamente a las primeras páginas. Quizá se toma con calma el planteamiento de la situación en la que se encuentra el mundo y nuestro protagonista (que, curiosamente, también es abogado… ¿cuántos personajes de Stephen King son escritores? ¿eh? ¿eso que tiene que ver?), contando como a traves de las noticias y periódicos poco a poco se ve venir la catástrofe. Me decidí a seguir leyendo hasta que apareciera el primer zombie pero antes de que eso pasara, ya estaba enganchado.

Todo el libro viene narrado en primera persona, a manera de diario, lo cual sirve para darle una inmediatez e intensidad tremendas. También ayuda que el escritor sea español y por ello el texto no haya pasado por una traducción. Esta estructura ante la cual estaba yo un tanto escéptico realmente me pareció muy bien utilizada, el libro está lleno de cliffhangers y siempre se queda uno queriendo saber qué sigue. También sirve para ocultar algunas carencias que el autor pudiera tener como escritor (no, yo no le encontré ningún problema muy serio por ese lado pero no creo que vaya a ganar ningún premio de literatura) y es un factor que ayuda a concentrar la narrativa de una manera creíble y accesible, pues el protagonista se centra en contar lo interesante.

Me pareció que Loureiro acierta en grande con su protagonista, pues se trata de una persona común y corriente, un abogado viudo que vive en Galicia,  con su gato y un buen día todo se pone patas arriba. Debido a la narrativa en primera persona nunca conocemos su nombre, detalle curioso que al final no tiene mucha importancia pues le conocemos por su determinación para mantenerse con vida a sí mismo y a Lúculo, su gato y única compañía por buena parte de la historia. A lo largo de su penosa travesía en una España invadida por los no muertos (la palabra con Z no menciona jamás y es para bien) le conocemos de una manera más íntima, más personal. Somos testigos cercanos de la transformación que sufre el abogado, como lo que antes le hubiera resultado inimaginable, insoportable y le hubiera paralizado de terror o hecho vomitar al instante poco a poco va dejando de despertarle cualquier emoción.

Debo mencionar que algunos detalles me gustaron bastante, como que el protagonista es una persona promedio que en su vida ha disparado un arma y tiene que ingienárselas para sobrevivir con lo que tiene al alcance de la mano. Los escenarios que describe, las situaciones y las mil y un complicaciones me parecieron muy bien logradas. En especial me gustó que el dramatismo y las lágrimas están en la dosis exacta y no se convierte en una telenovela en ningún momento. La manera en que se van conociendo los personajes, los encuentros con otros sobrevivientes (en especial Pritchenko) son creíbles y sobre todo, la lectura del libro en ningún momento deja de ser entretenida. Otro punto a favor son los encuentros cercanos con los no muertos, que nunca son gratuitos y están muy bien logrados.

El mundo que nos pinta Loureiro es oscuro, casi color de hormiga. Todo tiene consecuencias y razón de ser, cada paso hay que pensárselo porque el más mínimo descuido puede significar una muerte segura, reforzando así la intensidad del relato.

En cuanto a lo malo únicamente puedo señalar un par de cosas. Si bien el protagonista no carece de sentido del humor, creo que había lugar para conocer alguna faceta más de los personajes, aquí casi todo es de vida o muerte. La otra cuestión se refiere a los clichés, antes que nada señalar que cae en pocos pero cae en unos que en lo personal me parecen gastadísimos. Por ejemplo, en algún punto el abogado conoce a un grupo de sobrevivientes que lo reciben muy bien y lo invitan a una cena de manteles largos a modo de celebración, para luego revelar que lo necesitan para una misión y no es una pregunta (esta situación se da en 28 days latter por ejemplo y se remonta a Drácula e incluso historias más viejas). No sé cual sea la fascinación de los escritores con eso pero lo bueno es que pasa rápido. El segundo cliché no podría señalarlo sin revelar mucho de la trama, solamente diré que se trata de un maletín que acaba siendo poco más que un pretexto para que la historia se prolongue.

En fin, no es mi intención quitarle a nadie las ganas de que lo lea, al contrario, lo recomiendo ampliamente. Sonará muy “gastado” pero una vez que lo empecé a leer me atrapó y no pude dejarlo. Mi parte favorita sin duda fueron los personajes, uno los acaba queriendo y lo último que quiere es verlos morir.

Debido a lo conocida que es esta novela en el mundillo de los blogs no creo que tengan problemas para conseguirla. Sobra decir que el libro ha tenido éxito y ya tiene una secuela, esta vez narrada de forma más tradicional con el título de “Los dias oscuros”, cuya lectura comienzo en este momento.

Zombies del internet

Anoche tuve un sueño bastante extraño pero que me divirtió mucho. A continuación intento contarlo de la mejor manera que me es posible..

Este post está dedicado a Chuckless & Mike.

Todo comenzaba con un un viaje en tren. No un tren de pasajeros, más bien era un tren de carga y yo iba como polizón junto con un pequeño grupo de otras personas en un vagón sin ventanas. En algún momento notábamos que las cosas no estaban bien, se empezó a tocar el tema de rumores que habían surgido recientemente sobre extraños acontecimientos en lugares apartados y bueno, no habiendo más opción, abandonábamos la seguridad de nuestro vagón  y nos aventurábamos a lo desconocido.

Para nuestra mala fortuna, el tren se había detenido en un desértico paraje a mitad de una carretera, cerca de unos puentes y algo apartado de unos viejos almacenes y talleres del ferrocaril. Nos dirigíamos hacia los talleres, pensando que constituirían un refugio decente por su relativa lejanía de las ciudades cercanas. En el camino notábamos que todo estaba sospechosamente tranquilo y solitario, como en las películas cuando los personajes se dan cuenta de que están pasando por un momento de silencio sospechosísimo. Vehículos abandonados con las puertas abiertas, carreteras desiertas, trenes que deberían pasar pero simplemente no se les ve por ninguna parte. En algún momento, cerca de un túnel por el que debíamos cruzar, nos encontramos con los primeros humanos que veíamos desde que abandonábamos el vagón. Por el miedo de ser descubiertos nunca averiguamos qué fue de la tripulación del tren habíamos huído rápidamente y no llevábamos nada con nosotros. Nos acercamos a las personas, creo que en esas circunstancias sería más que nada una reacción inconsciente, tal vez inevitable. Naturalmente había una cierta desconfianza por lo que no nos pareció extraño que el acercamiento se diera en silencio y sin demostrar emociones. Entonces surgieron más hombres y nos rodearon. Su rostro y su expresión ya no eran humanos. Corrimos en todas direcciones y el grupo se dispersó para jamás volver a saber unos de los otros. Únicamente alcanzamos a escuchar los gritos y el sufrimiento de la mujer a la que lograron atrapar e intentamos no mirar atrás.

Los zombies quizá no eran “zombies” en el sentido tradicional de muerto viviente en ropas andrajosas y piel podrida. Lucían más o menos normales, eran como “The crossed” del comic homónimo de Garth Ennis: seres humanos vivos pero que de alguna manera han caído en la perversión y depravación extremas, viviendo ahora dedicados a la violencia y destrucción de los demás y de sí mismos.

Al llegar a territorio tranquilo yo decidía dejar de correr y caminar a ritmo constante, cuidándome la espalda. Tenía la idea de que así llegaría más rápido. Lograba alcanzar los talleres del ferrocarril luego de varios días de caminata, era un lugar imponente simplemente por el tamaño de las puertas corredizas que permitían la entrada y salida de los trenes. Alto, con pocas ventanas. El refugio ideal. Para mi enorme consternación, el taller no estaba deshabitado. Apenas cruzar las cortinas de metal, que se hallaban ligeramente abiertas, me daba cuenta de que el lugar estaba extrañamente limpio. No parecía haber sido saqueado pues los vagones en su interior estaban perfectamente cerrados y en buen estado. Entonces un grupo de hombres salía de no sé donde y fui sometido bajo amenaza de armas de fuego. No era difícil entender la situación: había yo invadido su cuartel y sin duda me habían visto aproximarme sin saber si sería aliado o enemigo. Estaba claro que yo no constituía peligro alguno y que podría resultar un aliado valioso debido a mi juventud pues, apenas dieron la señal, se abrieron los vagones de carga y salieron mujeres y niños, quienes me examinaron con curiosidad. Se trataba de hombres de familia cuidando de los suyos. ¡Dios! estaría yo salvado si podía congraciarme con ellos. En ese momento sentí un alivio y una obligación moral enormes. Había encontrado a mi nueva familia.

No se sabía mucho de la situación en el resto del mundo, no había comunicaciones. Disponíamos de ciertos recursos por lo que cosas como el alimento no eran una preocupación inmediata pero existía una terrible incertidumbre por el futuro. Mi familia adoptiva estaba bien organizada, me “sugirieron” que me uniera a un grupo de jóvenes voluntarios que se encargaban de vigilar desde unos pasillos elevados que había en el amplio taller, portando las pocas ametralladoras de las que disponíamos. Eran en su mayoría varones que apenas pasaban de la adolescencia y que, o se habían ofrecido buscando adrenalina, o los habían convencido de alguna manera, haciéndoles ver que ellos no tenían compromisos más que el cuidar de su familia. Tal agrupación servía sin duda para el doble propósito de mantenerlos ocupados y alejados de ocurrencias peligrosas que puderan pasar por sus cabezas. Imagino que la idea era que el grupo sirviera como carne de cañón, en caso de que fuéramos víctimas de una invasión masiva y repentina que los escasos francotiradores no lograran manejar… y orar por que pudiéramos cuando menos ahuyentar al enemigo con palos, piedras, herramientas y estacas. El plan era simple: mantener secreta nuestra ubicación y, en caso necesario, refugiar mujeres y niños en los vagones de carga, que defenderíamos  hasta el último aliento. Sé que es fácil juzgar e inevitable hacerse la pregunta de qué pasaría si el plan fallase, si en algún momentos nos vencieran… ¿no habría sido un error imperdonable el dejar a toda esa gente presa en los vagones? Se puede cuestionar qué haría con un arma como aquella un muchacho, que apenas ayer era un niño,  en caso de saber próxima la extinción de su vida. Pero ahí no se hablaba de esas cosas, al menos no las hablábamos los jóvenes.

Fin de la primera parte.