“Y Pese a Todo…” de Juan de Dios Garduño

No es usual encontrarse con novelas que logran resultados tan buenos a partir de tan poco. Solo se me ocurre la saga “Apocalipsis Z” (que fue la que dio origen a la serie Z de esta misma editorial). Por eso y más creo que, de entre los muchos títulos que Editorial Dolmen ha publicado en torno a la temática zombie, este sin duda ocupa un lugar especial.

En un mundo que ha caído a causa de la guerra química, conocemos a Peter y a su hijita Ketty, y Patrick que vive cruzando la calle con su perro. Son los únicos supervivientes de los que se tiene noticia en Bangor, Maine. Y por lo que ellos saben, podrían ser las únicas personas vivas en todo el mundo.

En medio de un invierno nevado, lo más lógico sin duda sería formar una alianza, pero Patrick y Peter compartieron en el pasado una cercana amistad que no terminó bien y ahora no les permite reconciliarse. Esto los conduce a un aislamiento total del mundo, donde incluso su único semejante con vida es considerado hostil, a la vez que proporciona un cierto alivio al saberse, en cierta forma, acompañado en el apocalipsis.

La historia no es muy larga y se lee con auténtico interés por los personajes. Es en realidad un tributo muy grande a las clásicas novelas de terror de Stephen King, no únicamente por el lugar en que se ubica. Hay que mencionar que los seres humanoides con los que Garduño puebla este escenario de pesadilla no son precisamente zombies, pero en definitiva comparten mucho y si te gustan las historias de este tipo no me cabe duda disfrutarás esta novela. Yo no podría pedirle nada más.

Una maravillosa sorpresa que exuda verdadero amor por las novelas de terror y que actualmente se está convirtiendo en película bajo el título “Welcome to Harmony“.

Manuel Loureiro – “Apocalipsis Z: la ira de los justos”

He reseñado las tres partes de esta trilogía:
Apocalipsis Z
Apocalipsis Z: los días oscuros
Apocalipsis Z: la ira de los justos

La tercera entrega de la saga era inevitable, considerando el boom de literatura zombie que inició en España la primera novela y el creciente interés del público actual en todo lo que tiene que ver con no muertos.

Llegué con sentimientos encontrados a “La ira de los justos” pues el volumen anterior no me convenció del todo y lo sentí como un producto más del marketing tanto por el cambio de editorial que hizo Loureiro, tanto como por el desenlace que apunta tan descaradamente a una continuación.

Sin embargo me resulta asombroso el rumbo que sigue esta última parte de “Apocalipsis Z”. Comenzamos con la noticia de que la Korea comunista ha sobrevivido gracias a la mano dura que ha aplicado su líder, quien gracias al hermetismo en el que mantiene a la población, ha limitado el conocimiento de la catástrofe mundial y ha logrado que el país siga funcionando. La historia principal se retomada inmediatamente donde se quedó la anterior, con Lucía, Pritchenko, Lúculo y el abogado siendo rescatados por un buque petrolero con una tripulación muy preparada para cumplir con su misión: transportar combustible a la que puede ser la última comunidad de los Estados Unidos de América.

Nuestro grupo de sobrevivientes es invitado a unírseles, pero el alivio y la sensación de seguridad no duran mucho pues pronto descubrimos que existe una severa división de clases en esta sociedad. Los koreanos interceptan comunicaciones por radio del petrolero y lanzan una arriesgada misión para apoderarse del petróleo del otro lado del charco.

Así es como nos dirigimos a la República Cristiana de Gulfport, Mississippi, gobernada por el Reverendo Greene y donde se procura que la vida siga tan normalmente como es posible y sin que falten lujos. Al menos así es para las clases privilegiadas, que deben su cómoda existencia a la esclavitud de los ilotas. Nuestros protagonistas, que al principio apenas pueden creer su suerte, no tardan en darse cuenta de los horrores que se viven en esta comunidad pero realmente no hay muchas alternativas: ser cómplice o probar suerte en tierras salvajes fuera de las murallas.

Pero hay algo más siniestro aún: se ha desarrollado lo que parece ser una cura y se le utiliza para el genocidio en nombre del Señor.

A la par de esta trama, seguimos la misión Koreana en su penoso recorrido hacia la República Cristiana, así como a la planeación de una revolución por parte de los ilotas, conjugándose todo en un desenlace lleno de peligro y acción.

A mi me costó trabajo al principio seguir los distintos hilos con los que se va tejiendo la historia, pero al final creo que Loureiro satisface a sus lectores con un desenlace bastante digno donde cada pieza encaja en su lugar. Tenemos a una Lucía que deja de ser la princesa rosa para convertirse en una aguerrida superviviente, al Viktor Pritchenko dispuesto a cualquier sacrificio y a más de un villano con sed de poder.

Si algún defecto puedo señalar es que el comentario social y político no es para nada sutil, pero creo que queda bien compensado con el tratamiento digno de los personajes, que pasan por el infierno mismo con tal de sobrevivir. Hay de verdad momentos escalofriantes y planes macabros.

El final no resulta del todo blanco o negro, es más bien agridulce pero con la medida justa de esperanza en medio del apocalipsis, lo cual fue una agradable sorpresa, al igual que finalmente descubrir un detalle del protagonista que se había mantenido oculto.

No puedo dejar de hacer una reevaluación de esta trilogía pues al momento de terminarla y habiendo leído ya otros famosos libros de zombies, ha cambiado la valoración que le doy, subiendo varios peldaños. Es en verdad una de las sagas mas entretenidas y satisfactorias que he leído en el género.

Del porque todo este texto no forma parte de mi reseña de “Dead Set” (2008) pero a la vez sí

“Debido a mis fuertes convicciones personales, deseo enfatizar que este post de ninguna manera apoya la creencia en lo oculto.”

El tema zombie se ha popularizado tanto que hasta Brad Pitt hizo una película que descaradamente buscó convertirse en el estreno veraniego apto para toda la familia. No voy a decir que es señal inequívoca de la decadencia (o será simplemente una saturación) de este tipo de historias que se está viendo actualmente ni nada por el estilo. Lo que me llama la atención es que mucho de lo que se ha visto en los últimos años no ha sido otra cosa que una especie de “reimaginación” de otras historias y que desafortunadamente siento que han perdido algo importante en este salto al cine y la televisión.

Entre estos ejemplos se encuentra “The walking dead”, comic que me impresionó mucho al principio (y que siento que se ha extendido de más a estas alturas, lo digo acabando de leer el recién salido número 113, ya hablaré de eso en otra ocasión), pero que en su adaptación a serie de TV me despierta un montón de emociones encontradas que en mi caso no se parecen a la sensación que me deja en su formato (blanco y negro, estático, bidimensional) original. Pero para quejarme de eso ya le he dedicado espacio a reseñas de cada temporada y me temo que lo seguiré haciendo.

Al hablar de esta “popularización” no podemos dejar de mencionar “28 days later” (2002), película más que suficientemente entretenida que por momentos no se decide ni por donde va y que nisiquiera es de zombies, pero que indudablemente ha tenido una influencia tremenda. Esto es algo bastante curioso pues los creadores de esta película siempre dijeron que se basaron en el relato-novela de 1951 “El día de los trífidos”, que cuenta un apocalipsis más o menos semejante solo que en lugar de zombies las “temibles criaturas” eran plantas… plantas que por alguna razón podían moverse y atacar a los humanos. Dichas plantas se combinan con un extraño brote de ceguera, lo que significa el final de la sociedad inglesa. Por ahí en una rama lejana podemos acomodar la novela de José Saramago y su respectiva película “Blindness” (2008), que no viene realmente al caso pero está relacionada. Si algo encuentro interesante en “Blindness” es quizá el hecho de que el desastre es temporal y al final se puede regresar (más o menos) a la normalidad cuando la extraña plaga desaparece de forma tan misteriosa como inició, cosa que la relaciona más a la temática de apocalipsis express, donde comparte parentesco con “The Happening” (2008) y en donde la rama del árbol genealógico zombie ya se rompe bajo su propio peso… al menos en cierta forma.

Creo necesario pasar por esta maraña de historias, tradiciones y “tropes” porque, si bien no abordan precisamente la temática zombie, comparten muchos elementos y similitudes, detalles que amo y que me entretienen mucho y que creo es el caso para muchas otras personas que consumismos estos subgéneros del entretenimiento. Son esos detalles los que hacen tan entretenido “Thriller” de Michael Jackson (no me acordaba que fuera tan largo) o el video de “Everybody” de Bacstreet Boys (que se les acabó el presupuesto y por eso disfrazaron a Nick de momia).

Después llegó el año 2004 donde se puso en evidencia cierto debate con “Shaun of the Dead” y “Dawn of the dead”, donde la primera es algo así como una carta de amor a la temática y que se dedica a contrastar todos esos elementos y reglas, mientras que la segunda es un remake que le “sube el nivel” a la tensión y la amenaza que representan los zombies. Para mi no hay un lado correcto o incorrecto.

En 2008 llegó una serie inglesa de TV llamada “Dead Set” que a mi me parece de lo más entretenida y que de hecho acabo de ver por tercera ocasión y que disfruté igual que la primera vez. Desgraciadamente siempre me toma por sorpresa la reticiencia de algunos a verla o a considerarla en serio, en parte por este debate inverosimil (al menos para mí) y por el simple hecho de que la historia se desarrolla en la casa del conocido reality show “Big Brother”. A mi no me interesan estos debates, pero pueden checar:

– Lo que escribió Simon Pegg al respecto.

Lo que le contestó Charlie Brooker, creador de “Dead Set”.

Está bien la metáfora de la muerte lenta que se ha manejado tradicionalmente con los zombies, pero no por eso está mal la alternativa de los que son rápidos (o la posibilidad de ignorar y reescribir reglas y mitologías). La verdad no soy tan purista ni tan fan al respecto; por mucho que me gusten las sagas de “terror” e historias claustrofóbicas y apocalípticas, no veo al zombie como algo muy diferente a otros subgéneros y seres de mitologías periféricas (momias, vampiros, hombres lobo…). Están ahí para ser el punto de partida de otras historias y nuevos personajes y lo último que quiero es ver el mismo relato una y otra vez.

“Apocalipsis Z” de Manuel Loureiro

He reseñado las tres partes de esta trilogía:
Apocalipsis Z
Apocalipsis Z: los días oscuros
Apocalipsis Z: la ira de los justos

La historia de cómo terminé leyendo este libro es bastante similar a lo que me pasó con Rec. Escuché de la novela en cuestión y al principio no le presté mucha atención porque no olía a nada original, empezando por el título. Luego me fui topando aquí y allá con breves menciones del libro, que de hecho empezó como una historia publicada a modo de crónica en un blog, factor que contribuyó a que no la tomara muy en serio (y que ya se ha hecho en repetidas ocasiones, como es el caso de Monster Island). Después apareció en uno de mis sitios de descargas de confianza y, como tengo la mala costumbre de bajar montones de libros y películas que quizá nunca vea/lea, la descargué. Eso fue hace varios meses hasta que hace unos días me volví a topar con la novela y dije ¿por qué no?. Este es tan buen momento como cualquiera para mencionar que Loureiro es abogado y gracias a esta historia se volvio escritor, pueden anotar eso en la lista de razones que me daban cierta desconfianza.

La verdad es que al principio el libro no me atrapó, me refiero únicamente a las primeras páginas. Quizá se toma con calma el planteamiento de la situación en la que se encuentra el mundo y nuestro protagonista (que, curiosamente, también es abogado… ¿cuántos personajes de Stephen King son escritores? ¿eh? ¿eso que tiene que ver?), contando como a traves de las noticias y periódicos poco a poco se ve venir la catástrofe. Me decidí a seguir leyendo hasta que apareciera el primer zombie pero antes de que eso pasara, ya estaba enganchado.

Todo el libro viene narrado en primera persona, a manera de diario, lo cual sirve para darle una inmediatez e intensidad tremendas. También ayuda que el escritor sea español y por ello el texto no haya pasado por una traducción. Esta estructura ante la cual estaba yo un tanto escéptico realmente me pareció muy bien utilizada, el libro está lleno de cliffhangers y siempre se queda uno queriendo saber qué sigue. También sirve para ocultar algunas carencias que el autor pudiera tener como escritor (no, yo no le encontré ningún problema muy serio por ese lado pero no creo que vaya a ganar ningún premio de literatura) y es un factor que ayuda a concentrar la narrativa de una manera creíble y accesible, pues el protagonista se centra en contar lo interesante.

Me pareció que Loureiro acierta en grande con su protagonista, pues se trata de una persona común y corriente, un abogado viudo que vive en Galicia,  con su gato y un buen día todo se pone patas arriba. Debido a la narrativa en primera persona nunca conocemos su nombre, detalle curioso que al final no tiene mucha importancia pues le conocemos por su determinación para mantenerse con vida a sí mismo y a Lúculo, su gato y única compañía por buena parte de la historia. A lo largo de su penosa travesía en una España invadida por los no muertos (la palabra con Z no menciona jamás y es para bien) le conocemos de una manera más íntima, más personal. Somos testigos cercanos de la transformación que sufre el abogado, como lo que antes le hubiera resultado inimaginable, insoportable y le hubiera paralizado de terror o hecho vomitar al instante poco a poco va dejando de despertarle cualquier emoción.

Debo mencionar que algunos detalles me gustaron bastante, como que el protagonista es una persona promedio que en su vida ha disparado un arma y tiene que ingienárselas para sobrevivir con lo que tiene al alcance de la mano. Los escenarios que describe, las situaciones y las mil y un complicaciones me parecieron muy bien logradas. En especial me gustó que el dramatismo y las lágrimas están en la dosis exacta y no se convierte en una telenovela en ningún momento. La manera en que se van conociendo los personajes, los encuentros con otros sobrevivientes (en especial Pritchenko) son creíbles y sobre todo, la lectura del libro en ningún momento deja de ser entretenida. Otro punto a favor son los encuentros cercanos con los no muertos, que nunca son gratuitos y están muy bien logrados.

El mundo que nos pinta Loureiro es oscuro, casi color de hormiga. Todo tiene consecuencias y razón de ser, cada paso hay que pensárselo porque el más mínimo descuido puede significar una muerte segura, reforzando así la intensidad del relato.

En cuanto a lo malo únicamente puedo señalar un par de cosas. Si bien el protagonista no carece de sentido del humor, creo que había lugar para conocer alguna faceta más de los personajes, aquí casi todo es de vida o muerte. La otra cuestión se refiere a los clichés, antes que nada señalar que cae en pocos pero cae en unos que en lo personal me parecen gastadísimos. Por ejemplo, en algún punto el abogado conoce a un grupo de sobrevivientes que lo reciben muy bien y lo invitan a una cena de manteles largos a modo de celebración, para luego revelar que lo necesitan para una misión y no es una pregunta (esta situación se da en 28 days latter por ejemplo y se remonta a Drácula e incluso historias más viejas). No sé cual sea la fascinación de los escritores con eso pero lo bueno es que pasa rápido. El segundo cliché no podría señalarlo sin revelar mucho de la trama, solamente diré que se trata de un maletín que acaba siendo poco más que un pretexto para que la historia se prolongue.

En fin, no es mi intención quitarle a nadie las ganas de que lo lea, al contrario, lo recomiendo ampliamente. Sonará muy “gastado” pero una vez que lo empecé a leer me atrapó y no pude dejarlo. Mi parte favorita sin duda fueron los personajes, uno los acaba queriendo y lo último que quiere es verlos morir.

Debido a lo conocida que es esta novela en el mundillo de los blogs no creo que tengan problemas para conseguirla. Sobra decir que el libro ha tenido éxito y ya tiene una secuela, esta vez narrada de forma más tradicional con el título de “Los dias oscuros”, cuya lectura comienzo en este momento.

Zombies del internet

Anoche tuve un sueño bastante extraño pero que me divirtió mucho. A continuación intento contarlo de la mejor manera que me es posible..

Este post está dedicado a Chuckless & Mike.

Todo comenzaba con un un viaje en tren. No un tren de pasajeros, más bien era un tren de carga y yo iba como polizón junto con un pequeño grupo de otras personas en un vagón sin ventanas. En algún momento notábamos que las cosas no estaban bien, se empezó a tocar el tema de rumores que habían surgido recientemente sobre extraños acontecimientos en lugares apartados y bueno, no habiendo más opción, abandonábamos la seguridad de nuestro vagón  y nos aventurábamos a lo desconocido.

Para nuestra mala fortuna, el tren se había detenido en un desértico paraje a mitad de una carretera, cerca de unos puentes y algo apartado de unos viejos almacenes y talleres del ferrocaril. Nos dirigíamos hacia los talleres, pensando que constituirían un refugio decente por su relativa lejanía de las ciudades cercanas. En el camino notábamos que todo estaba sospechosamente tranquilo y solitario, como en las películas cuando los personajes se dan cuenta de que están pasando por un momento de silencio sospechosísimo. Vehículos abandonados con las puertas abiertas, carreteras desiertas, trenes que deberían pasar pero simplemente no se les ve por ninguna parte. En algún momento, cerca de un túnel por el que debíamos cruzar, nos encontramos con los primeros humanos que veíamos desde que abandonábamos el vagón. Por el miedo de ser descubiertos nunca averiguamos qué fue de la tripulación del tren habíamos huído rápidamente y no llevábamos nada con nosotros. Nos acercamos a las personas, creo que en esas circunstancias sería más que nada una reacción inconsciente, tal vez inevitable. Naturalmente había una cierta desconfianza por lo que no nos pareció extraño que el acercamiento se diera en silencio y sin demostrar emociones. Entonces surgieron más hombres y nos rodearon. Su rostro y su expresión ya no eran humanos. Corrimos en todas direcciones y el grupo se dispersó para jamás volver a saber unos de los otros. Únicamente alcanzamos a escuchar los gritos y el sufrimiento de la mujer a la que lograron atrapar e intentamos no mirar atrás.

Los zombies quizá no eran “zombies” en el sentido tradicional de muerto viviente en ropas andrajosas y piel podrida. Lucían más o menos normales, eran como “The crossed” del comic homónimo de Garth Ennis: seres humanos vivos pero que de alguna manera han caído en la perversión y depravación extremas, viviendo ahora dedicados a la violencia y destrucción de los demás y de sí mismos.

Al llegar a territorio tranquilo yo decidía dejar de correr y caminar a ritmo constante, cuidándome la espalda. Tenía la idea de que así llegaría más rápido. Lograba alcanzar los talleres del ferrocarril luego de varios días de caminata, era un lugar imponente simplemente por el tamaño de las puertas corredizas que permitían la entrada y salida de los trenes. Alto, con pocas ventanas. El refugio ideal. Para mi enorme consternación, el taller no estaba deshabitado. Apenas cruzar las cortinas de metal, que se hallaban ligeramente abiertas, me daba cuenta de que el lugar estaba extrañamente limpio. No parecía haber sido saqueado pues los vagones en su interior estaban perfectamente cerrados y en buen estado. Entonces un grupo de hombres salía de no sé donde y fui sometido bajo amenaza de armas de fuego. No era difícil entender la situación: había yo invadido su cuartel y sin duda me habían visto aproximarme sin saber si sería aliado o enemigo. Estaba claro que yo no constituía peligro alguno y que podría resultar un aliado valioso debido a mi juventud pues, apenas dieron la señal, se abrieron los vagones de carga y salieron mujeres y niños, quienes me examinaron con curiosidad. Se trataba de hombres de familia cuidando de los suyos. ¡Dios! estaría yo salvado si podía congraciarme con ellos. En ese momento sentí un alivio y una obligación moral enormes. Había encontrado a mi nueva familia.

No se sabía mucho de la situación en el resto del mundo, no había comunicaciones. Disponíamos de ciertos recursos por lo que cosas como el alimento no eran una preocupación inmediata pero existía una terrible incertidumbre por el futuro. Mi familia adoptiva estaba bien organizada, me “sugirieron” que me uniera a un grupo de jóvenes voluntarios que se encargaban de vigilar desde unos pasillos elevados que había en el amplio taller, portando las pocas ametralladoras de las que disponíamos. Eran en su mayoría varones que apenas pasaban de la adolescencia y que, o se habían ofrecido buscando adrenalina, o los habían convencido de alguna manera, haciéndoles ver que ellos no tenían compromisos más que el cuidar de su familia. Tal agrupación servía sin duda para el doble propósito de mantenerlos ocupados y alejados de ocurrencias peligrosas que puderan pasar por sus cabezas. Imagino que la idea era que el grupo sirviera como carne de cañón, en caso de que fuéramos víctimas de una invasión masiva y repentina que los escasos francotiradores no lograran manejar… y orar por que pudiéramos cuando menos ahuyentar al enemigo con palos, piedras, herramientas y estacas. El plan era simple: mantener secreta nuestra ubicación y, en caso necesario, refugiar mujeres y niños en los vagones de carga, que defenderíamos  hasta el último aliento. Sé que es fácil juzgar e inevitable hacerse la pregunta de qué pasaría si el plan fallase, si en algún momentos nos vencieran… ¿no habría sido un error imperdonable el dejar a toda esa gente presa en los vagones? Se puede cuestionar qué haría con un arma como aquella un muchacho, que apenas ayer era un niño,  en caso de saber próxima la extinción de su vida. Pero ahí no se hablaba de esas cosas, al menos no las hablábamos los jóvenes.

Fin de la primera parte.

REC

Hola, que tal. Interrumpimos la no-transmisión de este blog para comunicar una nota de último minuto.

Todo comienza cuando fui, la semana pasada, a ver la (¿muy esperada?) película de los expedientes equis. Al salir del cine fui al baño, todo bien (aunque no había toallitas de papel, the horror), y cuando ya me iba, me topé con el póster de una película llamada así, “REC”, que tenía algo así como la imagen de un zombie ensangrentado y el círculo rojo, símbolo internacional de “grabar”. Leí un poco el cartel “corre, pero nunca dejes de grabar”. Creo que no decía eso exactamente. “Otra película estilo Blair Witch” pensé. Y para acabar, era española. Asco.

Y luego una copia vino a dar a mi escritorio. Me tomé el asunto con reticencia, la verdad eso de las películas estilo gonzo nunca me ha acabado de gustar. Puede que alguna vez haya sido una buena idea, hasta que lo arruinaron los reality shows. Y “Cloverfield”, maldita “Cloverfied”, estuvo muy tonta. Exageró con eso del “realismo”. Además cuando la cámara se mueve como loca, sin ton ni son, me mareo un poco. Y las imágenes salen borrosas y yo tengo un prejuicio: no me gustan las imágenes borrosas, me parecen descuidadas. Bueno, dos prejuicios. El movimiento caótico de la cámara no me parece ni bonito ni artístico ni interesante. Los cineastas deberían de aprender a Gans o a Fincher o Argento, con sus tomas estudiadísimas, su uso extensivo de las grúas mecanizadas y el control obsesivo del movimiento. Ideas mías.

Tengo yo la costumbre de ver los primeros diez minutos de cada película que pasa por mis manos. Quién sabe, si uno se deja llevar por los prejuicios tal vez se pierda de algo.  Anoche tenía tiempo, y en vez de ver diez minutos, decidí ver veinte. Para entonces ya estaba enganchado.

“REC” llega en un momento más o menos adecuado en que las películas de terror de alto presupuesto no tienen mucha presencia en la cartelera nacional. Además el público tiene buenas referencias del cine en español, cosa que viene más o menos desde “El laberinto del fauno”. También tiene que ver un poco “El orfanato”, película bastante respetable y que, en España, salío más o menos por la misma época que “REC”. Incluso puede estar jugando agún papel “Kilómetro 31”, pero no quisiera hablar de esa. No, ni por asomo. Ahora bien, es obvio desde el principio que se trata de una película de zombies. La campaña publicitaria no ha hecho nada por ocultarlo, cosa que se agradece. No hay nada peor que esperar una película de espantos y descubrir que era en realidad de zombies. Bueno, si hay algo peor: enterarse que salió una buena película de zombies y nos la perdimos.

La película retoma, por todos lados, muchos elementos tradicionales del subgénero de zombies. Desde lo clásico, que los protagonistas se encuentran repentinamente con una situación desconocida que resulta ser la llegada de los muertos vivientes (si hice referencia al título de alguna peícula con esa frase, que alguien me diga, fue sin querer), la aparición de fuerzas policiacas (que, lógicamente como es tradición, no podrán hacer mucho) y el “héroe en grupo”, particularmente importante en un ejercicio audiovisual de este tipo porque si no ¿quién se va a transformar en zombie en el momento más inoportuno?

La historia empieza con una reportera y su camárografo, filmando un reportaje en una estación de bomberos para el programa “Mientras usted duerme”. La noche está floja, obvio que todos esperan que haya un incendio porque sería lo más interesante para el programa pero nada de acción, la única llamada que llega es para ayudar a una anciana que se ha quedado encerrada en su departamento. Y ahí vamos. Es interesante que al camarógrafo nunca se le ve realmente, quizá en un esfuerzo enfático para poner al espectador en sus zapatos. Y ahí, al intentar ayudar a la viejecita, es cuando se va descubriendo el verdadero problema. Ante el desconcierto de todos, todos los accesos al edificio son bloqueados por el ejército sin explicación alguna y no se permite la salida de nadie, bajo ninguna circunstancia. El pánico se apodera de todos cuando se dan cuenta que están en cuarentena militar y el asunto se convierte en una cuestión de supervivencia.

Sencilla, modesta, al grano. “REC” constituye un esfuerzo concentrado, enfocado. Al principio sentí que estaba perdiendo un poco el tiempo con la introducción, muchas veces innecesaria en una historia de este tipo. Pero no, lo que pasa es que pertenece a la “reimaginación” de los zombies, es decir, a las películas en las que los muertos vivientes no son caracterizados como lentos y tontos comedores de cerebros, sino como portadores de una terrible enfermedad que han perdido a conciencia y el comportamiento humano. Al estilo de “28 days later”.

Sencilla, modesta y al grano, porque está filmada casi totamente dentro de un edificio de departamentos con la cámara sostenida a mano y transcurre en una sola noche, casi en tiempo real. No se pierde tiempo presentando mucho a los personajes y su circunstancia, me gusto que se es relativamente ambiguo a respecto y que a pesar de eso lo que se muestra es realista y tiene algunos detalles que despiertan una que otra sonrisa. Pasa lo que tiene que pasar y aún así logra sorprender, en ocasiones. Violencia, muertes (¿o debería decir “no muertes”?) brutales, transformaciones oportunísimas (o tal vez, todo lo contrario) y una ejecución francamente impecable, al principio llegué a creer que todo estaba coreografiado hasta el más mínimo detalle, hasta que me enteré que los directores, porque son dos, dejaron mucho a la suerte. Intensa hasta el útimo segundo. Y un buen final, adecuadísimo si bien no espectacular.

Mi única crítica podría ser que se insistió un poco de más en la resistencia de ciertas personas a los “medios”, pero bueno, tal vez si tenga mucho de cierto. La película se presta mucho para ser filmada en “planos” (en mi época se llamaban “tomas”) largas, y sí las hay aunque no es ninguna “Children of Men”. Le dan más realismo y ritmo. Ahora, hay dos cosas importantes que me gustaría señalar.

La primera es ¿”REC” asusta? y tendría que contestar, invariablemente, que un poquito sí. No creo que se trate de una película para hacer saltar al público, aunque si tiene algunos momentos muy efectivos para ese fin. Pero para empezar las películas de zombies no se tratan de eso precisamente. “REC” puede presentarse y venderse como una cinta de terror tal vez, tal vez el justificar de esa manera a los zombies ayude al propósito, incluso para permitir tomarse la licencia de presentarla como una cinta de terror un tanto inteligente, o más bien dicho, menos boba que el promedio. En ningún momento recurre a secuencia de suspenso predecible seguida de estruendo sonoro injustificado para asustar al espectador, y eso se agradece. Tal vez no sea genial, de hecho dudo que sea especialmente sobresaliente en algún aspecto en particular, pero puesta toda junta es buena, divertida, original y entretenida. Preguntémonos realmente si se necesita más. Por si se lo preguntan, las actuaciones son buenas, los efectos especiales, aceptables y terroríficos, aunque no se dejan ver mucho tiempo en pantalla. No se necesita revolucionar nada para hacer algo bueno, aunque aquí creo que si hay cierta innovación.

La otra cuestión tiene que ver con el final, cuando se revela el origen de los zombies. Esto es algo reativamente reciente, recordemos que el clásico de Romero no intenta siquiera darle explicación alguna. Pero es necesario, como ya mencioné, para darle ese toque de historia menos boba. Y la verdad que aquí “REC” se luce, no quiero dar más detalles pero basta con saber que el desenlace es (prepárense porque sé que muchos no esperaban esto) al más puro estilo de Silent Hill. Se nota la influencia, visualmente, conceptualmente, incluso en el delicado entrelazado con la cultura. Particularmente en la última imagen. Original y fresco. Da gusto que se dibuja al zombie consumado de una manera que nunca había visto yo antes, realmente decadente y terrible. Y muy peligroso.

“REC” me recuerda la época en que ver una historia de zombies, de horror o como quieran llamarle, no tenía por qué ser un placer culpable, cuando podíamos ver una historia sencilla, con cierta supensión de la incredulidad, sí, pero tampoco sintiéndonos tratados como estúpidos (“The ring”, te tengo en la mira) y hecha con pocos recursos pero mucha imaginación. Y después de verla quedarnos pensando “sería horrible que eso me pasara”. Yo siempre me pregunto ¿por qué no se puede hacer una película así en México?

Como nota adicional, me pareció interesante esta entrevista a los directores. También es interesante porque uno de ellos habla en catalán y es verdad lo que dicen “la primera vez que uno oye a alguien hablar en catalán, piensa que no escuchó bien”.