¿Hay alguien ahí?

Llamada de larga distancia, mi madre está preocupada y odia tener que hacerlo pero sabe que mi papá es muy mañoso y normalmente sus consejos resultan útiles, así que le platica que en la nueva casa rentada a la que se está mudando un familiar todo está perfecto salvo por por un pequeñísimo detalle: cuatro misteriosos agujeros en el patio trasero, más o menos a un metro de distancia uno del otro, por donde bien podría caber sin esfuerzo un gato casero grande y bien nutrido. Es obvio que algo vive ahí, se ven bastante frescos. Dicen que una rata, topo o quizá un tejón, yo creo que es un tlacuache, los vecinos dicen haber visto varios rondando un río cercano y yo mismo vi uno muerto a un lado del camino, a menos de 10 minutos de aquí.

¿Que o quien habita ahi debajo?

¿Saben que contestó mi papá todas y cada una de las veces que se tocó el tema?

“Que le pregunten al dueño en cuánto le deja la renta con animal y en cuánto sin animal. O a lo mejor el animal también está pagando renta”.

Le digo a mi madre que le de las gracias y cuelge el teléfono. Hablar con mi papá siempre ayuda a esclarecer las cosas.

Tueni

Era de madrugada y, por consejo de mi madre, le pedí a mi papá que me pasara a recoger. En el camino me pregunta cuanto dinero traigo “Veinte pesos” contesto casi sin pensarlo, solo vino a mi mente el cambio del Oxxo. Mi papá se detiene en la gasolinería, sin avisarme siquiera, y pide que le despachen veinte pesos. Como es de esperarse, me los pide a mi. Salen $18 de mi cartera y ni un centavo más. Se los doy y me dice que él no trae absolutamente nada. El empleado de la gasolinería se acerca a la ventana a pedir el pago, yo busco entre mis cosas, sabiendo* que no voy a encontrar ningún dinero extra. Mi papá busca frenéticamente por el piso del auto y encuentra un peso. No hay más. Le ofrece al empleado dos frascos de café, que trae a la mano, en lugar del peso. El empleado cambia totalmente de expresión y le lanza una mirada asesina de esas que solo se ven en películas de terror. Rechaza el café y le dice que se vaya.

Mi papá no dijo nada en el camino de regreso. Me pregunto si dejará de cobrarse a lo chino, aunque sea la gasolina. Total, no es asunto mío. La vergüenza no la pasé yo.

*En realidad traía lo equivalente a mi quincena, íntegro, debido a un depósito que no alcancé a realizar durante el día.

Mi pie izquierdo

shoeComprarme zapatos siempre había sido una tarea difícil, yo los elegía con mucho cuidado. Mis padres se desesperaban pero ellos mismos habían sido la causa, me habían acostumbrado a menos de un par de zapatos al año así que cualquier error en la elección habría que soportarlo por mucho tiempo. Yo siempre veía con asombro la colección de zapatos de mi padre, que llegó a llenar dos barriles en algún tiempo, literalmente. Siempre ha terminado heredando zapatos de otros miembros de la familia, excepto míos, regalados de amigos o hasta comprados usados. Ahora las cosas son distintas, puedo tener más zapatos de los que necesito y a pesar de eso no suelo usar nada muy presentable más que en ocasiones especiales. Cuando necesité algo más adecuado para las entrevistas de empleo me vi obligado a buscar unos zapatos del tipo que normalmente evito. Necesitaba algo formal pero no demasiado, cómodo pero muy discreto. Que pudiera llevar al trabajo y usar de vez en cuando fuera de él. De calidad y sin que el precio fuera problema. Por años he oído de mi familia maravillas de los zapatos Flexi pero a mi nunca me han gustado. La suela es demasiado suave, muchos vienen con agujeros para las cintas que solo permiten usar agujetas redondas y todos sabemos que esas se desabrochan fácilmente, los diseños tienen el estilo típico de la marca y a la vez son muy extraños, las suelas ahora vienen con pequeños defectos que me parecen inaceptables por el precio. Eso último no afecta en la práctica pero me deja con la impresión de que al comprarlo me han visto la cara, cuando buscaba un traje vi unos modelos muy a la moda pero las costuras estaban mal hechas, decidí comprar uno que, aunque fue más barato, considero de mejor de calidad.

Salí a buscar mis zapatos y terminé comprándome unos Flexi. Me recuerdan a los BMW: gritan a los cuatro vientos la marca pero a diferencia de los autos, lo hacen sin gracia. En fin. Fueron los que cumplieron con todos los requisitos y que son socialmente aceptables. De eso se trataba desde el principio. A mí me tienen sin cuidado, veremos por cuanto tiempo siguen viéndose fancy. Ahora que ya los he usado reconozco que son suficientemente cómodos pero como con el traje, el mejor valor por el dinero está en otra parte.

Cuando me pruebo zapatos pasa algo curioso: normalmente pido que me los muestren en mi número y suelen darme el zapato derecho, me lo pongo y me queda bien pero a la hora de probarme el izquierdo lo siento más ajustado. Quizá tengo el pie izquierdo más grande o tal vez en esas ocasiones aprieto más la agujeta izquierda de manera inconsciente, no lo sé. Al comprar este par Flexi mi papá me acompañó y me señalaba modelos aceptables pero que me recordaban lo poco que se fija en mis gustos. Nada raro en él. Los pedí de mi número y la señorita, como reticente a dejar que mis manos impías ensuciaran su preciosa mercancía (bah, en mejores tiendas me he probado cosas más finas y me he ido sin comprarlas), muy apenas se mostró dispuesta a mandar pedir a la bodega el zapato derecho. Naturalmente no los compraría sin que pasaran la prueba del pie izquierdo y le pedí el otro zapato. Cuando lo trajo, sorpresa: me quedaba ajustado. No tardó mi papá en sugerirme que pidiera el número siguiente; se sentían muy grandes y, a pesar de las insistencias de él, me quedé con los de mi medida. Tampoco me convenció su propuesta de sacarles una segunda vida comprándolos en café para después pintarlos de negro. En ese momento no lo consideré pero luego entendí lo que había pasado: mi papá, que tiene en muy alta estima los Flexi y que jamás se ha comprado un par nuevo de esa marca, nunca ha heredado zapatos míos porque calzo más pequeño. En realidad tenemos el pie del mismo tamaño pero los suyos son más gordos y mis zapatos le aprietan. Los necesita del número siguiente al mío.  No será esta la primera vez que unos zapatos míos terminen en su barril, cuando ya no sean presentables o me aburran irán a parar directo a la basura.